La reciente visita de la Presidenta Sheinbaum a Sinaloa, acompañada por anuncios de una mayor presencia federal y la promesa de que el Gabinete de Seguridad acudirá cada 15 días, exige un análisis más allá de la superficie. Frente a la crudeza de los hechos —cuerpos abandonados, ejecuciones, levantones a nivel industrial,robos al por mayor,extorsiones y una ola de violencia que amenaza incluso al personal humanitario o policias que ya contabilizan 41 ejecutados— la ciudadanía merece respuestas tangibles, no solo presencia simbólica.
El contraste entre discurso y realidad
- Profusión de anuncios, escasez de resultados: A pesar de la incorporación de 10 mil elementos federales y la inminente llegada de 500 efectivos más, la violencia no ha cedido. Las cifras oficiales son contundentes: en junio, Sinaloa registró 207 homicidios dolosos, superando a Guanajuato y representando el 10.5% del total nacional. Es la realidad la que desmiente la eficacia de las “nuevas” estrategias respaldadas por ruedas de prensa y sesiones anunciadas con bombo y platillo.
- Reiteración de promesas incumplidas: No es la primera ocasión en que se asegura la continuidad de mandos —como la permanencia de García Harfuch— “hasta resolverlo”, y la experiencia demuestra la volatilidad de esos compromisos. El discurso institucional ha dejado de traducirse en resultados palpables.
Violencia cotidiana: Sinaloa no solo arde en cifras, sino en hechos diarios: cuerpos abandonados, ejecuciones públicas, balaceras y ataques que paralizan servicios esenciales como la Cruz Roja. El dolor y la inseguridad permean todos los rincones del estado.
¿Estrategia o simple administración de la crisis?
El Gabinete de Seguridad federal —SEDENA, Marina, FGR, Guardia Nacional, Segob, SSPC— sesionará en Sinaloa cada 15 días para “perfeccionar el combate a los delitos de alto impacto”. Sin embargo, las propias autoridades reconocen que no se ha resuelto el problema. Esto sugiere que la estrategia continúa siendo reactiva y fragmentada, no integral ni de fondo.
La narrativa oficial frente a la exigencia ciudadana
Combatir la violencia con el discurso no es estrategia, es parte del problema. La criminalidad organizada ha demostrado que no basta el despliegue numérico ni la agenda mediática del Gabinete. Mientras los gobiernos privilegien el anuncio sobre el resultado y confundan la visibilidad política con la eficacia, la inseguridad persistirá.
En conclusión: No, no podemos darnos el lujo de dejar de preocuparnos. Los hechos exigen políticas consistentes, autocrítica y resultados medibles, no giras ni conferencias. La violencia no se combate con la retórica del poder sino con el ejercicio responsable, transparente y constante de la autoridad. El pueblo sinaloense, y el país en su conjunto, merecen mucho más que una estrategia mediática disfrazada de solución.
Con informacion: ELNORTE/

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