Mientras desde el púlpito mañanero la Presidenta Claudia Sheinbaum y su estratega «cuentachiles» Omar Garcia Harfuch ,de curricula manchada ,nos venden un dia si y otro también la utopía de un México en “plena pacificación” ,glorificando el ahorro de formol en la disminución de homicidios, la realidad volvió a dejar su firma ayer martes sobre el asfalto caliente de Guerrero.
Siete hombres, o mejor dicho, siete torsos sin nombre ni rostro, fueron hallados desmembrados en la carretera Tlapa-Olinalá, esa cicatriz de La Montaña donde el Estado solo aparece cuando hay que recoger los pedazos.
A las 8 de la noche, la Fiscalía General del Estado aún realizaba diligencias. O al menos eso dicen los reportes oficiales, esos donde el verbo “investigar” sirve para rellenar comunicados, no para atrapar asesinos. En las fotos filtradas —que ya circulan entre reporteros acostumbrados al horror— se ve el entronque de “Tres Caminos” decorado con lo que parece el mensaje más claro de los cárteles: la impunidad tiene dueño, y no está en fuga.
Dos botes, una caja, y ropa ensangrentada al costado del camino hacen las veces de altar improvisado a la descomposición institucional. En el lenguaje burocrático esto se llamará “hecho de violencia”, como si el eufemismo limpiara la sangre.
En el lenguaje real: otra masacre anónima en un país donde los muertos ya no caben en las cifras, pero sí en la narrativa triunfal del gobierno.
Mientras tanto, la fiscalía sigue “sin identificar a las víctimas”. Claro, ¿cómo hacerlo cuando ni el Estado sabe quiénes son sus vivos?
El discurso oficial hablará de “Inteligencia + coordinación interinstitucional”, pero en Guerrero la única coordinación efectiva sigue siendo la de los grupos armados que reparten territorio, miedo y muerte con precisión de administración pública.
La montaña arde, los funcionarios inauguran ferias de paz, y los comunicados del gobierno federal siguen usando el verbo resistir, como si resistir fuera lo mismo que existir.
Quizá en algún próximo evento oficial digan que esto es “parte del cambio”, porque en efecto: cambiaron los nombres, pero no las fosas.
Con informacion: ELNORTE/

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