Las respuestas que circularon ayer tras la publicación del nombre de Arturo Garza, relevo de Ernesto Cuitlahuac Vazquez Reyna,Delegado de FGR ejecutado el pasado 4 de Agosto de manera brutal por ordenes de Cesar Morfin Morfin,alias “primito” ,lider del Cartel del Golfo desde la sierra de Jalisco,detonaron comentarios que aunque no tienen cara de prueba plena, no deben desestimarse porque retratan con un cinismo brutal a la FGR.

Descrita como paraiso de corrupción, traiciones y arreglos mafiosos que empantanan a la Fiscalía General de la República (FGR) en Reynosa,Tamaulipas, donde su majestad el Cartel del Golfo solapado, que no ha sido castigado,ya se tornó mas osado y va por mas miembros del muladar.
Análisis y contexto
Las reacciones tienen un comun denominador, exhibir la podredumbre que impera y que fue causante de la ejecución del importante funcionario federal, pues la FGR en Reynosa esta convertida en un mercado donde lo unico que se vende es complicidad a los matones, dolidos por la insubordinación del ejecutado, de tal suerte, que subordinación es lo que tendrian que dar los sobrevivientes para conservar la vida, pues aunque no tienen el miedo que suele acompañar a la “charola mañosa” de Omar Hamid García Harfuch,tampoco tienen el nivel de su escolta.
Es lo que el Cartel espera y ya recibe de la otra Fiscalia,la General del Estado a cargo de Irving Barrios Mojica,bajo el gobierno de Morena y Americo Villarreal.
Las capturas de pantalla de las delaciones y denuestos,muestran a presuntos miembros, operadores y hasta “empleados” del narco/gobierno ventilando sus trapos sucios como si fuera charla de cantina. Los apodos rimbombantes caen por todos lados: “El Rey Arturo”, “El Rey Midas”, “El Primito”, “Ernesto Vázquez Reyna”. Nadie se salva de ser señalado como pieza movediza en el ajedrez sangriento del Cartel del Golfo y su infiltración institucional.
¿Qué revelan exactamente estas reacciones?
- La Fiscalía es descrita como franquicia, negocio, carrusel de malandros disfrazados de autoridad —un “grupo cerrado” de nuevos ricos con el poder para extorsionar, traficar expedientes, asignar precios a la impunidad y, claro, hacerse de autos de lujo y “putas de mejor calidad”.
- La corrupción tiene nombres y apellidos, sin miedo de ser mencionados: Tinajero, Aldo Varela, Quintero, Quiroga, Uvalle… presumidos como fiscales pero “marionetas” y prospectadores del narco. Lo que debería ser una institución de justicia se describe como un sueldo criminal con charola oficial.
- Las amenazas ya no son veladas. Son advertencias directas:“ya todos sabemos dónde viven”, “es la indicación, de la cúpula de hierro: deshacer ese grupo a la brevedad”. Humillación pública, reclamos por dinero no pagado puntualmente y la exhibición de cómo el huachicol es la caja chica del poder corrupto.
- Incluso el crimen organizado se queja del mal trabajo de sus funcionarios metidos en el sistema jurisdiccional. No hay una línea divisoria clara entre el criminal y el funcionario; todos participan del mismo “mierdero”, como lo llaman ellos mismos.
- El show corre en círculos: traición, sustituciones, asesinatos con sello de Estado y el “reacomodo” institucional como si fuera una simple reestructuración de empresa. “Ya se acabó su pedo… cada uno tiene precio a su cabeza”, sentencia uno de los autores.
Contexto: ¿por qué importa este retrato?
Porque exhibe la podredumbre absoluta de la FGR tamaulipeca (y, por extensión lógica, sus réplicas en otros estados): los fiscales son vistos no como defensores de la ley, sino como mercenarios al mejor postor. El narco tiene mano en sus movimientos y sabe perfectamente quienes son sus títeres. Las amenazas que antes circulaban en la sombra ahora van en foros públicos, ventilando una guerra interna cargada de odios, rencores y luchas de poder que sólo pueden terminar de una manera: con sangre y más corrupción.
Remate
En suma: la FGR señalada en estos mensajes no es más que el brazo financiero y operativo de las mafias que dice combatir. Los comentarios recogidos en el enlace y las imágenes exhiben sin tapujos el teatro grotesco de una justicia secuestrada por la violencia, el dinero sucio y los intereses de grupo.
El verdadero peligro para estos operadores ya no viene del Estado “enemigo”, sino del ajuste de cuentas entre los suyos: “ya se acabó su pedo… cada uno tiene precio a su cabeza”.
El nivel de desparpajo y violencia verbal en esas reacciones deja claro que, cuando el narco se pelea con la Fiscalía, es porque ya no hay ningún pudor ni temor. El Estado y el crimen son comparsas, y la audiencia somos todos, obligados a ver cómo arreglan sus cuentas a la mala.
Con informacion: REDES/MEDIOS





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