El General de Brigada José Alfredo Reyes Ortega,hablo ayer durante una conferencia en el Senado sobre las dimensiones de la seguridad nacional, admitió que la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), tradicionalmente encargada del combate al crimen organizado, carece actualmente de un Programa para la Seguridad Nacional y de un Sistema de Seguridad Nacional.
¿Sinceridad o reconocimiento de incapacidad?
La declaración puede interpretarse en dos niveles:
Sinceridad institucional: El General expone abiertamente una realidad que, aunque prevista en la Ley de Seguridad Nacional, ha sido ignorada en la práctica desde 2018. Este acto de transparencia rompe con la inercia de ocultar o maquillar las carencias estructurales del aparato de seguridad nacional.
Reconocimiento público de incapacidad: Al admitir la inexistencia de un programa y sistema, se evidencia la incapacidad del Estado mexicano para cumplir con su propia normativa y garantizar una respuesta coordinada y priorizada ante amenazas internas y externas.
La ausencia de instrumentos rectores revela una crisis de planeación estratégica.
Puntos clave de la intervención
- Reconocimiento de la ausencia de un programa vigente:
Reyes Ortega señaló que, aunque la Ley de Seguridad Nacional menciona la existencia de un Programa para la Seguridad Nacional, este solo ha sido citado formalmente en dos ocasiones:- El primer programa (2009-2012) durante la administración de Felipe Calderón.
- El segundo (2014-2018) bajo el gobierno de Enrique Peña Nieto.
Actualmente, no existe un programa 2019-2024 ni un plan proyectado para 2025-2030, a pesar de que la ley lo exige.
- Falta de un Sistema de Seguridad Nacional:
El General subrayó que, además del programa, tampoco existe un sistema articulado que coordine las acciones de seguridad nacional, lo que genera dispersión y falta de prioridades claras. - Crítica al “gatopardismo” y la dilución del concepto:
Reyes Ortega calificó la situación como un fenómeno de gatopardismo: “cambiar todo para que nada cambie”. Señaló que, al considerar cualquier asunto como de seguridad nacional, se pierde el enfoque y la capacidad de priorizar, dificultando la operación ordenada y efectiva. - Definición bifocal y agenda de riesgos opaca:
Cuestionó la definición “bifocal” del concepto de seguridad nacional (amplia y restringida), que complica la elaboración de una agenda unificada de riesgos. La última Agenda Nacional de Riesgos accesible data de 2012 y es considerada un documento “tan secreto que nadie lo conoce”. - Ejemplos de distorsión del concepto:
Mencionó casos absurdos, como la pretensión de la Lotería Nacional de ser considerada instancia de seguridad nacional, y la clasificación de incidentes locales menores como amenazas nacionales.
Alcances y consecuencias
- Vacío normativo y administrativo:
La ausencia de un programa y sistema actualizados implica que las autoridades operan sin un marco rector claro, lo que puede traducirse en respuestas descoordinadas y poco efectivas ante amenazas reales. - Riesgo de politización y trivialización:
Elevar cualquier tema al rango de seguridad nacional puede ser políticamente útil, pero diluye el concepto y dificulta la identificación de verdaderas prioridades. - Necesidad de reforma y transparencia:
El General sugirió la urgencia de actualizar la Ley de Seguridad Nacional, transparentar la Agenda Nacional de Riesgos y definir con precisión qué asuntos deben considerarse realmente de seguridad nacional.
Conclusión
La intervención del General Reyes Ortega revela una crisis de planeación y conceptualización en la seguridad nacional mexicana. Sin un programa ni sistema vigentes, y con una definición laxa y politizada del concepto, el país enfrenta graves dificultades para responder de manera ordenada y prioritaria a los desafíos de seguridad. Urge una revisión profunda del marco legal, la creación de instrumentos actualizados y la delimitación clara de las competencias en la materia.
Con informacion: ELNORTE/

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