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domingo, 8 de noviembre de 2026

«YA VAN CASI 51 MIL CADÁVERES: ¿APLAUDIMOS o ESPERAMOS que GRÁFICAS de COLORES y la PACHORRA de HARFUCH REVIVAN los MUERTOS?»… Si no te mata el crimen, te mata estrategia, como en Tamaulipas.


Mientras en los escritorios del poder se desviven por presumir ahorro de formol con porcentajes sin pudor, en la calle la realidad no lee boletines oficiales. Por más que maquillen o presuman su cuestionada «reducción de homicidios», hay una verdad con plomo que ningún discurso puede tapar: la estrategia de seguridad no les ha quitado a los criminales ni un gramo de su capacidad de matar.

Para entender el tamaño del cinismo basta con ver la radiografía de TResearch tras el corte del viernes 6 de noviembre de 2026: 34 asesinatos en un solo día y un acumulado sexenal de 50,639 víctimas de homicidio doloso. Pero el dato que verdaderamente desnuda el fracaso es el ritmo de la carnicería: un muerto cada 22 minutos.

Piénsalo un segundo. En lo que te tomas un café, en lo que esperas el transporte o en lo que un político tarda en repetir que «vamos requetebién», el reloj marca otros 22 minutos y a alguien más le apagan la vida en México. No es pacificación, es una línea de ensamblaje de ataúdes funcionando con puntualidad suiza.

Y para que no nos cuenten que «solo se matan entre ellos», ahí está Sinaloa poniendo los cadáveres de inocentes que salpican sus alegres estadísticas. Este sábado 7 de noviembre, el cronómetro de los 22 minutos le tocó a Enrique Quiñones. Tenía 57 años, fue un histórico exlanzador de los Tomateros de Culiacán —el primer pitcher en lanzar un juego sin hit ni carrera para la franquicia— y hoy se ganaba la vida honestamente trabajando como chofer de plataforma digital.

¿De qué le sirvió a Quiñones la famosa «reducción» en las tablas del Gabinete de Seguridad? De absolutamente nada. Sujetos armados llegaron en un vehículo en Villa Unión, le dispararon a quemarropa a un costado de su auto de trabajo y se fueron con la misma impunidad de siempre. Cero detenidos, una cinta amarilla más y otro inocente sumado a la cuenta.

Los criminales siguen siendo dueños del gatillo, de la calle y del reloj. Podrán seguir festejando sus porcentajes en las conferencias, pero mientras la impunidad sea la regla y el país siga sangrando a razón de un mexicano asesinado cada 22 minutos, su estrategia no es más que un mal chiste contado sobre un cementerio de más de cincuenta mil personas.

Con informacion: NOROESTE/

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