El aplauso oficial por “localizar” 3 mil 196 personas no responde la pregunta central: ¿cuántas siguen desaparecidas? Mientras gobierno y prensa complaciente venden operaciones, Tamaulipas arrastra una lista de casi 14 mil personas desaparecidas y no localizadas. El boletín presume movimiento; las familias siguen esperando resultados.
Tamaulipas: el gobierno presume búsquedas mientras casi 14 mil personas siguen sin aparecer
En Tamaulipas el Secretario General del Gobierno de currículo criminal,Hector Joel Villegas,alias El Calabazo, descubrio una fórmula política tan cómoda como indecente: contar lo que se mueve para esconder lo que permanece perdido.
La Comisión Estatal de Búsqueda que opera bajo su responsabilidad, presume que en cuatro años realizó 2 mil 476 operativos y “localizó” a 3 mil 196 personas. La frase circula dócilmente en titulares, como si fuera certificado de eficiencia, como si un gobierno que encuentra a miles de personas tuviera derecho automático a ponerse la medalla y exigir aplausos.
Pero falta la pregunta que la prensa de boletín —esa que confunde periodismo con transcripción— decidió no hacer: si Tamaulipas es tan eficaz en su búsqueda, ¿por qué el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNLO) mantenía, al corte mostrado este 1 de octubre a las 14:51 hrs, 13 mil 771 personas desaparecidas y no localizadas en la entidad ?

Ése es el dato que arruina la fiesta de la propaganda. No el número de operativos. No el contador de “localizaciones”. No la fotografía del funcionario frente al micrófono. El saldo real es el de las personas que siguen sin regresar, sin ser encontradas, sin respuesta, sin expediente resuelto y con una familia convertida a la fuerza en policía, fiscal, perito y brigadista.
La cifra no es una ocurrencia ni una etiqueta opositora: el RNPDNOes la herramienta oficial coordinada por la Comisión Nacional de Búsqueda, alimentada por autoridades federales y estatales y actualizada de manera continua. Su consulta pública distingue precisamente entre personas desaparecidas o no localizadas y personas localizadas. Es decir: el gobierno no puede revolver ambas categorías en una licuadora discursiva, servir el resultado como éxito y esperar que nadie lea la letra grande.
Porque ahí está el truco retórico: hablar de “localizados” no equivale a hablar de “pendientes de localizar”.
Una persona localizada puede corresponder a un caso reciente, a un reporte que se resolvió pronto, a una ausencia voluntaria, a una localización con vida o sin vida. Cada caso importa, desde luego, y encontrar a alguien es una obligación estatal, no un favor administrativo.
Pero esa cifra no borra por arte de magia el universo de quienes continúan desaparecidos o no localizados; mucho menos permite declarar victoria mientras casi 14 mil familias siguen atrapadas en la incertidumbre.
Es como anunciar que se sacaron 3 mil cubetas de agua de un barco, pero callar que el casco continúa abierto y que miles de personas siguen debajo del nivel de flotación. La propaganda cuenta cubetas. Las madres buscadoras cuentan ausencias.
Y la prensa solapada coopera encantada. Recibe el comunicado, copia la frase “más de 3 mil personas localizadas”, adorna con declaraciones oficiales y publica sin contrastar el dato elemental del registro nacional. Nadie pregunta cuántas de esas localizaciones ocurrieron con vida; cuántas fueron sin vida; cuántas corresponden a casos registrados durante la actual administración; cuántas derivaron de una búsqueda efectiva; cuántas se resolvieron por mecanismos distintos; ni, sobre todo, cuántas personas siguen pendientes de ser localizadas.
Eso no es periodismo. Es una gestoría de reputación pagada con silencio.
Tamaulipas no necesita funcionarios celebrando su propio trámite ni reporteros convertidos en acomodadores del evento. Necesita autoridades capaces de explicar, con datos verificables, cómo pretenden reducir una crisis que mantiene a la entidad en el primer lugar nacional de personas desaparecidas y no localizadas, con alrededor de 13 mil 778 registros ya reportados en septiembre y una cifra de 13 mil 771 en la actualización mostrada este 1 de octubre.
La diferencia de unos cuantos registros es normal en una base que se actualiza continuamente. Lo que no es normal —ni aceptable— es que el gobierno pretenda usar ese dinamismo estadístico para esconder la dimensión del desastre: no estamos hablando de una cifra congelada ni de un archivo histórico; estamos hablando de miles de seres humanos cuyo paradero sigue sin esclarecerse.
Por eso, presumir 3 mil 196 localizaciones sin colocar al lado los casi 14 mil pendientes no es informar: es recortar la realidad hasta que quepa en un boletín. Y reproducir ese recorte sin preguntar, sin contrastar y sin poner la cifra completa sobre la mesa no es servir al ciudadano; es servirle de edecán al poder.
El gobierno debería dejar de medir su desempeño por el número de conferencias, operativos anunciados y fichas cerradas. La vara está en otra parte: cuántas personas siguen desaparecidas, cuánto tiempo llevan esperando sus familias, cuántas investigaciones llegan a responsables y cuántas búsquedas terminan en verdad y justicia, no en una diapositiva.
Porque en Tamaulipas no hay nada que celebrar mientras la lista de ausentes siga rozando las 14 mil personas. Hay una emergencia humanitaria. Y entre el gobierno que maquilla y la prensa que no pregunta, lo único que se está localizando con puntualidad es la coartada oficial.
Con información: RNPDNLO/ HoyTamaulipas

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