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jueves, 1 de octubre de 2026

LAS «17 GRIETAS: MORENA ABRIÓ las ENCUESTAS y ENSEÑÓ las COSTURAS que EXHIBEN PELEA de CAMERINO»...buscaban contener inconformidades.


Durante semanas se especuló sobre la razón por la que Morena no mostraba los resultados de sus encuestas para definir perfiles rumbo a las 17 gubernaturas de 2027. ¿Había trampa? ¿Se trataba de proteger la reputación de algunos aspirantes? ¿O era el hermetismo defensivo de siempre? La dirigencia terminó por publicar los números para contener las inconformidades. Quiso levantar el telón y ofrecer una prueba de unidad; dejó a la vista una pelea de camerino. 

Las cifras admiten una lectura bastante menos triunfal que la ofrecida por el partido. No prueban, por sí solas, que Morena vaya a perder cinco estados ni revelan por qué tomó cada decisión. Sí permiten examinar la distancia entre sus aspirantes, las ventajas concedidas a sus aliados y el tamaño de las heridas que deja una candidatura negada. La amenaza para Morena no siempre está enfrente: en varios estados lleva sus propias siglas.

Tres plazas cuesta arriba

En Aguascalientes y Querétaro, Morena eligió a Nora Ruvalcaba y Santiago Nieto, respectivamente. Ambos encabezaron todos los atributos puntuados en sus encuestas internas; eso no equivale a tener ganada una elección. El argumento crítico es otro: según las cifras citadas en el texto original, ninguno obtiene el voto de siquiera la mitad de quienes lo conocen. Son perfiles que ganaron dentro de Morena, no necesariamente candidatos capaces de ganar fuera de ella. 

San Luis Potosí es un capítulo aparte. Allí no hubo encuesta: Elí César Cervantes fue designado por consenso, mientras Morena dejó el camino libre al Partido Verde para impulsar a Ruth González, esposa del gobernador Ricardo Gallardo. Cervantes puede presentarse con la barbilla en alto y decir «Soy de Claudia Sheinbaum»; el problema es que, en ese tablero, su partido parece haber aceptado el papel secundario antes de que empiece la función. 

Dos decisiones que chirrían

En Nuevo León, la encuesta citada en el texto original atribuye a Waldo Fernández el voto del 43% de quienes lo conocen, frente al 31% de Clara Luz Flores: doce puntos de diferencia en ese indicador. Morena eligió a Flores. Es un dato que exige explicación política, aunque no autoriza a convertir un solo reactivo en pronóstico electoral. Además, su candidatura carga con un antecedente documentado: en 2021 reconoció que había mentido al negar una reunión con Keith Raniere, fundador de NXIVM.

En Zacatecas, la nominación recayó en Verónica Díaz, vinculada al grupo de los Monreal. Se le atribuye el 43% del voto entre quienes la conocen y sitúa a Ulises Mejía Haro cerca del 50%. Si esos porcentajes son comparables, la pregunta es incómoda: ¿qué pesó más, ese indicador de competitividad o los equilibrios internos? De ahí a asegurar que Mejía habría llegado a la gubernatura —o que solo un fraude podría frenarlo— hay un salto que las cifras no sostienen.

Los rivales que dejó dentro

Baja California, Baja California Sur, Chihuahua y Sonora presentan otro riesgo: no basta con escoger a un perfil; hay que convencer al que quedó fuera de que no abandone la campaña. Morena nominó a Julieta Ramírez por encima de Ismael Burgueño, a Manuel Cota por encima de Milena Quiroga y a Cruz Pérez Cuéllar por encima de Andrea Chávez. En Baja California Sur, Quiroga advirtió que no apoyaría a Cota hasta que se aclararan dudas técnicas de la encuesta. No es todavía una ruptura, pero tampoco suena a abrazo de familia. 

Sonora concentra esa tensión. Lorenia Valles fue la elegida frente a Célida López y Javier Lamarque. Valles y López empatan en siete de nueve reactivos, mientras López tiene mayor conocimiento público. Que López se desmovilice o busque otra candidatura son escenarios posibles, no hechos consumados. Pero cuando una aspirante queda tan cerca de la ganadora, la consigna de «unidad» necesita algo más que un micrófono y una fotografía conjunta. 

En Colima, Guerrero y Sinaloa, el diagnóstico es distinto: Morena conserva fuerza, pero sus perfiles exhiben flancos. Imelda Castro, la elegida en Sinaloa, aparece allí como la mejor evaluada del grupo; aun así, el texto le atribuye apenas un 33% en honestidad y un 28% en cumplimiento de la palabra entre quienes la conocen. Ganar la interna con esos números no borra lo que esos números dicen. 

Quedan Campeche, Michoacán, Nayarit, Quintana Roo y Tlaxcala, donde se advierten perfiles comparativamente más atractivos. Tampoco allí desaparece la política de grupos: Pablo Gutiérrez es cercano a Layda Sansores; Carlos Torres Piña, a Alfredo Ramírez Bedolla. En Nayarit, Héctor Santana obtuvo la máxima puntuación de la encuesta, pero la dirigencia nominó a Jasmine Bugarín, del Verde, para cumplir criterios de paridad. En Quintana Roo fue elegido Gino Segura, y en Tlaxcala, Ana Lilia Rivera, cuya designación dejó inconforme a Alfonso Sánchez García. 

Morena publicó las encuestas para cerrar la discusión. Consiguió algo más útil para sus críticos: un mapa de ventajas estrechas, aliados con poder de negociación y derrotados internos cuya cooperación aún tendrá que ganarse. Las encuestas no dictan el resultado de 2027. Pero tampoco basta con llamar «unidad» a una sala llena de aspirantes que todavía están contando los puntos.

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/VIRI RIOS/

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