Detrás de la fuga de “El Chapo” hay una cadena de engaños. Y una gana muy grande de no enterarse. En esto hay más de un responsable.
Baste citar el tema del “brazalete” que, supuestamente,
usaba el interno para poder localizarlo en cualquier sitio.
Al agobiado titular de Gobernación alguien lo engañó peor que a alguno de
sus ancestros. Y al citarlo en conferencia de prensa, como quien pretende
agarrarse de todo para “justificar” la vigilancia oficial sobre el señor
“Chapo”, ofendió la inteligencia de quienes conocen el sistema penitenciario
del país.
Esto porque la cárcel del Altiplano, conocida como Almoloya, primera que
existió en el país para albergar a criminales peligrosos, está concebida como
un submarino con compuertas que impiden el paso de una zona a otra. O, si se
prefiere, como una cápsula situada dentro de otra y otra.
De esta forma, aseguraron los especialistas hace más de 20 años, se evita
cualquier intento de fuga. Se cierran compuertas, para que sea comprendido.
Por lo tanto resultaría absurdo, una burla, que el interno Guzmán utilizara
un brazalete de localización que se les proporciona a quienes pueden estar en
su domicilio pagando una condena, justamente para que no salgan de una zona geográfica
acordada de antemano.
En el Cefereso del Altiplano no hay necesidad de saber dónde está alguno de
los internos porque los tienen monitoreados 24 horas, porque no salen de su
celda sino cuando, una vez al día, la puerta es abierta desde la Dirección o
por un custodio, para la hora que puede tomar el sol o hacer ejercicio en un
patio pequeño, también bajo la mirada de los custodios y el control de las
cámaras.
Todavía peor, dicho brazalete no podría utilizarse en Almoloya por el
inhibidor de señales que existe.
Y no fue encontrado en su celda ni en la casa donde terminaba el túnel.
¿Por qué es importante reflexionar sobre esto? Porque el secretario de
Gobernación, titular y responsable de las prisiones federales, así lo dice la
nueva organización del Gobierno federal, no estuvo enterado de la naturaleza de
éstas. No las conoce.
Lo que no debe sorprendernos porque, al frente de un extraño “Órgano
Desconcentrado” que las atendía, estaba un abogado que no había pisado una
cárcel y que se cansaba de expresar su descontento por estar ahí. Juan Ignacio
Hernández Mora era subprocurador en Cancún cuando estalló un motín en la cárcel
estatal, y desde su automóvil, porque era “muy peligroso” entrar, hizo su
trabajo.
Nunca fue a Almoloya en el año que estuvo al mando.
Quien haya visitado, yo lo hice más de 10 veces, el hoy llamado Penal del
Altiplano, antes Almoloya, sabe que es humillante al extremo la aplicación de
medidas de seguridad. Para poder reunirse conmigo, previo permiso especial del
entonces titular de la Secretaría de Seguridad Pública, el general Gutiérrez
Rebollo debía desnudarse y hacer varias sentadillas en presencia del jefe de
custodios de su área, antes y después de nuestros encuentros, obviamente
grabados por las cámaras.
Las mujeres que entran a esa “cárcel de alta seguridad” para hacer una
visita conyugal deben pasar una revisión vaginal. Los hombres deben desnudarse,
y no se puede introducir ningún objeto, ni siquiera se pueden usar relojes o
aretes.
Los internos, al menos eso era el reglamento anterior a este sexenio, no
pueden tener periódicos ni artículos personales ni dinero ni papeles en su
celda. Las medicinas deben ser recetadas y otorgadas personalmente por los
médicos ahí asignados.
La situación, lo que fue la realidad anterior, de los internos es de una
limitación extrema a su libertad de movimientos.
Entonces, quiero insistir, para qué ponerle un brazalete de localización.
Quién le dijo eso al secretario Osorio Chong lo engañó y demostró una falta
total de conocimiento de los reglamentos de las cárceles federales bajo su
jurisdicción. Doblemente grave que esto haya sido objeto de una declaración
oficial frente a un país necesitado de verdades.
Habrá quien opine que no es justo para Miguel Osorio Chong, lo cierto es
que quien acepta una responsabilidad tan complicada, tiene también obligación
de analizar con seriedad si hay forma de cumplir. Son demasiados los temas que
la Secretaría de Gobernación pretende controlar, de la seguridad interior a la
política, al Gabinete, a las policías federales, las relaciones institucionales
con gobernadores y partidos políticos… además de las cárceles.
El error ha sido rodearse de enemigos e ineptos, apáticos por lo menos, que
lo arrastran al ridículo, para decir lo menos.
Fuente.- Isabel Arvide
@isabelarvide.

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