La Fiscalía General de la República,via su titular,Ernestina Godoy,otra vez nos invita a creer que la justicia mexicana ya se graduó con honores: científica, humana, eficaz y, por supuesto, inmune a los caprichos, los compadrazgos y los sobornos. Qué alivio. Lástima que la realidad nacional, esa grosera costumbre de los hechos, no siempre haya recibido el memorándum.
El mensaje de la fiscal presume al Centro Pericial Forense como si fuera la llave maestra que finalmente cerrará la puerta a la impunidad. Habla de ciencia, cadena de custodia, laboratorios de vanguardia, rigor ético y dictámenes “irrebatibles”: un catálogo institucional tan perfecto que, de no ser porque vivimos en México, casi podría confundirse con la descripción de una agencia forense escandinava. Todo esto, en medio de más de 4,000 fosas y 75,000 cadáveres que precisamente el aparato forense no ha podido identificar.
La propaganda: decirlo no lo convierte en realidad
Hay una diferencia elemental entre tener infraestructura y obtener justicia; entre producir dictámenes y lograr sentencias firmes; entre anunciar eficiencia y demostrarla con resultados verificables. La propaganda institucional suele funcionar así: se enuncia una virtud tantas veces que se espera que el ciudadano termine por aceptarla como evidencia.
Se habla de una eficacia operativa “sin precedentes”, pero no se ofrecen cifras comparables, indicadores públicos, tasas de judicialización exitosas, sentencias condenatorias sostenibles ni informes independientes que permitan saber si el cambio es real o solamente narrativo. Porque una institución no se vuelve eficiente por declararlo desde un atril: se vuelve eficiente cuando las víctimas dejan de peregrinar entre escritorios, cuando las carpetas no se archivan por negligencia y cuando los responsables de delitos complejos terminan ante un juez, no en una conferencia de prensa.
El sesgo: la institución como juez de sí misma
La fiscal presenta a la FGR como una entidad renovada, blindada por técnicos ejemplares y protocolos intachables. Pero una institución no puede otorgarse a sí misma el certificado de excelencia sin que alguien pregunte: ¿quién audita al auditor?
El texto no menciona errores periciales, rezagos, investigaciones fallidas, filtraciones, deficiencias en las cadenas de custodia ni los casos donde la justicia llega tarde, mal o simplemente nunca llega. No porque esos problemas desaparezcan al no nombrarlos, sino porque reconocerlos arruina la fotografía oficial.
La ciencia forense es indispensable, sí. Pero la ciencia no sustituye la autonomía, la transparencia ni la rendición de cuentas. Un laboratorio moderno puede analizar evidencia con precisión milimétrica; lo que no puede hacer es corregir una investigación mal integrada, una orden política, una omisión deliberada o una fiscalía que decida mirar hacia otro lado.
Las buenas intenciones: necesarias, pero insuficientes
También sería mezquino negar que fortalecer el trabajo pericial, capacitar especialistas y modernizar laboratorios son objetivos deseables. México necesita peritos protegidos, bien pagados, independientes y con recursos suficientes. Necesita que cada indicio sea tratado con seriedad y que el debido proceso no sea un adorno retórico reservado para los discursos institucionales.
Pero las buenas intenciones no absuelven resultados deficientes. Prometer una justicia “científica, humana y efectiva” es correcto; cumplirlo es otra cosa. La justicia no se mide por la elegancia de los comunicados, sino por la capacidad del Estado para esclarecer desapariciones, castigar redes criminales, perseguir corrupción de alto nivel y garantizar que la ley no sea severa con el ciudadano común y comprensiva con quien tiene poder.
Menos épica, más evidencia
Si la FGR quiere convencernos de que está lejos de los caprichos, compadrazgos y sobornos, no basta con afirmarlo: debe permitir que se compruebe. Que publique métricas completas, que transparenten sus controles internos, que existan auditorías técnicas independientes y que los resultados resistan no el aplauso oficial, sino el escrutinio público.
Porque la verdad técnica no puede ser el pilar del Estado de derecho solamente cuando conviene al discurso. Debe serlo también cuando incomoda al poder, cuando señala a funcionarios, cuando contradice una narrativa política y cuando obliga a reconocer que, detrás de cada carpeta mal integrada, hay una víctima esperando justicia.
México no necesita una Fiscalía que se felicite por adelantado. Necesita una que rinda cuentas después de entregar resultados.
Asi lo dijo la Fiscal:
«En la procuración de justicia moderna, la prueba científica constituye la columna vertebral de la verdad. Frente a delitos de alta complejidad, la sociedad exige respuestas sustentadas no en meras sospechas, sino en evidencia objetiva, irrebatible y técnicamente impecable. En este horizonte de exigencia ciudadana e institucional, el Centro Pericial Forense (CPF), adscrito a la Agencia de Investigación Criminal, es un baluarte imprescindible para garantizar la efectividad del Ministerio Público Federal en el combate constante a los delitos de orden federal en nuestro país.
Fundamentado en el artículo 154 del Estatuto Orgánico de la Fiscalía General de la República, el Centro Pericial Forense organiza, asesora y supervisa con absoluto rigor la labor pericial en todo el territorio nacional. Su sólida estructura institucional articula la investigación científica con la gestión operativa a través de áreas altamente especializadas. Por un lado, las unidades dedicadas a la investigación cibernética, operaciones tecnológicas y laboratorios criminalísticos transforman indicios complejos en pruebas sólidas. Por otro lado, los equipos especializados en peritajes documentales y médico-forenses brindan un acompañamiento técnico permanente que asegura la correcta preservación de la cadena de custodia y el estricto apego a los protocolos legales. Esta labor se fortalece mediante las áreas de ingenierías forenses y desarrollo tecnológico, orientadas a la innovación constante y a la acreditación de los laboratorios bajo las más exigentes normas de calidad nacionales e internacionales.
Los resultados que nuestra institución entrega hoy a mexicanas y mexicanos son consecuencia directa del trabajo coordinado del Gabinete de Seguridad, instituido por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y del profundo cambio institucional que hemos emprendido en la FGR desde que asumimos su mando el pasado 3 de diciembre de 2025.
Puedo decir que esta nueva etapa se ha distinguido estratégicamente por la eficiencia promovida y la eficacia operativa alcanzada, sin precedentes en la persecución penal. Pero la infraestructura de vanguardia y los métodos modernos que se han promovido, solo cobran verdadero sentido gracias al recurso más valioso de nuestra institución: su personal.
La alta calificación técnica, el profesionalismo ejemplar, la profunda vocación de servicio y el compromiso institucional del cuerpo de peritos, son el verdadero motor que impulsa el éxito cotidiano en la investigación de los delitos.
Cada Dictamen emitido por el Centro Pericial Forense representa un ejercicio de rigor ético y científico que blinda los procesos judiciales, elimina la impunidad y garantiza el respeto al debido proceso. Con un equipo profesional de excelencia, una infraestructura moderna, reforzada y una institucionalidad renovada, desde la Fiscalía General de la República podemos expresar con optimismo que nuestro compromiso por una procuración de justicia científica, humana y efectiva, donde la verdad técnica sea siempre el pilar fundamental del Estado de derecho, es ya la norma. Muy lejos de caprichos, compadrazgos o sobornos.
En lucha permanente por la Justicia y en contra de la corrupción.
Ernestina Godoy/Fiscal general de la República
Con información: ELUNIVERSAL+/

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