En México el futbol llanero ha sido deporte de alto riesgo: en siete años, las canchas improvisadas se volvieron campos de tiro donde 56 personas han sido ejecutadas y decenas más quedaron gravemente heridas ,sin que a nadie en el poder se le caiga la cara de vergüenza.
Salamanca, laboratorio del fracaso
Salamanca es el manual ilustrado de cómo se ve un municipio cuando el Estado se rinde: al menos cinco ataques desde 2019, 27 muertos y 25 heridos solo en canchas, casi la mitad de todas las víctimas del país en este escenario de pasto quemado y porterías oxidadas.
El 25 de enero llegaron sicarios a los “Campos de las Cabañas”, dispararon más de un centenar de tiros, dejaron 11 muertos y 12 heridos y todavía tuvieron tiempo de irse en camioneta como quien sale del estacionamiento del súper, mientras las autoridades seguían “analizando su sesuda estrategia”.
La pelea entre “Los Marros” del CSRL y el CJNG convirtió el futbol amateur en tablero de guerra, y el mensaje es claro: aquí manda quien trae el cuerno, no quien presume la “coordinación interinstitucional”.
Futbol blindado, gobierno en la banca
La respuesta oficial fue digna de manual de simulación: cancelan ligas llaneras, paran tercera división, mueven el Irapuato‑Atlante y sacan un comunicado con lenguaje de padrón burocrático sobre “anteponer la seguridad e integridad” de todos, como si suspender partidos fuera una “estrategia de seguridad” y no simple admisión de derrota.
Cierran torneos de barrios, ligas amatuer y de veteranos en Salamanca, Celaya, Juventino Rosas y León, confirmando que la única cancha que el Estado sí puede controlar es la del calendario: patean los juegos para “fecha por definir” porque a los balazos no les pueden sacar tarjeta roja.
Diez estados, mismo guion podrido
Lo de Guanajuato no es excepción, es franquicia: al menos en otras diez entidades las canchas de barrio se han convertido en puntos de ejecución, cobro de piso y exhibición de poder criminal, mientras el discurso oficial insiste en que “los delitos van a la baja”.
En Guerrero, tres ataques dejaron ocho muertos; en Tecpan de Galeana, una mujer llegó con arma larga a la final de la Copa Tecpan 2023, acribilló al jefe de plaza “El 90”, mató también a su escolta y terminó abatida, con un niño de 13 años asesinado por bala perdida como daño colateral de lujo.
En Nuevo León, Zacatecas, Veracruz,Hidalgo, Chihuahua, CDMX, Michoacán, Puebla y Querétaro, los reportes apuntan a lo mismo: cobro de piso, ajustes de cuentas, amenazas a organizadores y el mensaje reiterado de que el crimen cobra entrada a punta de fusil.
La cancha tomada
El detalle más obsceno es que todos los casos comparten la misma coreografía: armas largas, comandos en camionetas y motos, descargas masivas de fuego y huida tranquila, como si trajeran pase VIP para circular entre operativos de “seguridad reforzada”.
El Estado queda reducido a árbitro que llega cuando el marcador ya va 11‑0 a favor del crimen y solo sirve para levantar cuerpos, dictar suspensiones y prometer investigaciones que se van directo a la congeladora burocrática.
Mundial de llanos en clave narco
Mientras se vende la idea de un país listo para albergar eventos internacionales, en Salamanca se firma, a tiros, una advertencia global: en México te pueden masacrar hasta en una cascarita de domingo.
Las canchas de futbol llanero, que tendrían que oler a sudor, fritanga y polvo, hoy huelen a pólvora y terror, y eso no es “percepción de inseguridad”: es el marcador real de una estrategia que perdió el partido, el torneo y hasta la franquicia, pero que insiste en posar en la foto como si hubiera levantado la copa.
Con informacion: ELNORTE/

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