¡En Sinaloa, la «ola de violencia» no es un tsunami que pasa, sino un lodazal eterno de impunidad que ahoga a todos mientras los capos se reparten el pastel y las autoridades hacen lo que pueden mientras las circunstancias demandan que hagan lo necesario que claramente no pueden.
La carnicería acumulada
Desde el 9 de septiembre de 2024 hasta el 31 de enero de 2026 —16 semanas de guerra interna que huele a eternidad—, el saldo chorrea sangre y despojo: 2,746 homicidios dolosos (5.4 por día, como si fueran matanzas programadas), 3,176 personas privadas de la libertad (6.2 diarias, levantones express para extorsionar o peor), 9,488 vehículos robados (18.6 diarios, un saqueo rodante).
Enero cierra en rojo sangre
Noroeste confirma el desastre: enero 2026 acumula 159 homicidios, un 12% más que en enero 2024, con 5.1 diarios según el SESNSP; el sábado 31 sumaron 4 más y 7 carros volados en la Zona Centro. Las privaciones de libertad superan a los muertos (3,173 denuncias FGE), y robos de vehículos promedian 18.5 diarios —¡otro ángulo del fracaso total de la estrategia».
Despojo empresarial: el robo que paraliza
En Culiacán, hay empresas que han reportado haber sido víctimas del robo hasta en 4 ocasiones.

Mas de 6,810 robos denunciados en 2025 (¡69.9% más que 2024!), impulsados por la guerra Guzmán-Zambada; Canaco clama por software de placas y equipo, pero nada cambia mientras el miedo frena el consumo —88.1% de culiacanenses se sienten inseguros, segundos a nivel nacional.
Las tres violencias: levantón, muerte y robo
Este trío infernal —levantones para aterrorizar, muertes para dominar y robos para financiar— resume 16 semanas de caos: promedio diario de homicidios en 5.4, privaciones en 6.2 y vehículos en 18.6, pese a 3,254 detenidos que no frenan nada.
Sinaloa como laboratorio de la ley de la selva
Estas cifras y el permanente estado de inseguridad que se describe no suenan a “estado mexicano moderno”, suena a versión tropicalizada de guerra civil lenta: un país formalmente en paz, pero operando con las reglas de Haití, Ecuador o Trinidad y Tobago cuando se trata de violencia cotidiana e impunidad.
- Con homicidios diarios, levantones y robos masivos de vehículos, Sinaloa se parece menos a una democracia funcional y más a esos territorios donde el Estado es un rumor y la ley es el rifle: Haití con bandas dueñas de barrios enteros, Ecuador con tasas de asesinatos disparadas por el narco, Trinidad y Tobago con niveles de homicidios que compiten con zonas de conflicto.
- La diferencia es que aquí todavía se organizan ruedas de prensa, informes de “resultados” y fotos de gobernantes sonriendo, mientras los indicadores se codean en los rankings de países más violentos y con mayor impunidad del planeta.
Analogías brutales
- Es como vivir en un “Haití administrado por notarios”: papeles, sellos y discursos encima, pero abajo un ecosistema donde manda quien tiene más hombres armados y más carros robados para moverlos.
- O un “Ecuador antes del colapso, pero en cámara lenta”: territorios capturados por el crimen organizado, homicidios en aumento, empresas quebrándose por el robo sistemático de vehículos y una población que normaliza la idea de no salir porque afuera la jungla manda.
Ya sin anestesia:
Si nos preguntamos ; “¿a qué país se parece esto?”, la respuesta honesta es incómoda: se parece a cualquier estado fallido que encabeza mapas de homicidios y de impunidad, solo que aquí se vende el guion de “gobernabilidad” mientras las cifras cuentan otra historia.
En resumen: es un híbrido perverso entre república bananera y zona roja de manual de guerra irregular, donde la ley de la selva no es metáfora; es el reglamento interno no escrito, pero perfectamente entendido por todos.
Con informacion: REVISTA ESPEJO/ NOROESTE/

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