El ex-senador de morena,Alejandro Rojas Díaz Durán, le dio una entrevista a Meganoticias para enseguida hacer algo que en Morena se considera sacrilegio: decir en voz alta lo que todos murmuran en corto y que ya son investigaciones formales en EE.UU, que mas pronto que tarde, llevaran al gobernador de Morena en Tamaulipas,Americo Villarreal ,entre muchos otros próceres a una prision federal con aire acondicionado en EE.UU.
El huachicol sexenal y la “honestidad valiente”
Rojas básicamente dice que el huachicol como negocio industrial, protegido y aceitado por el poder político, no es herencia del “pasado neoliberal”, sino criatura de la 4T, apadrinada desde Palacio y operada por marinos cercanos al exsecretario de Marina, ascendidos con bendición presidencial. No habla de changarritos con manguera, habla de una caja chica de 700 mil millones de pesos que, según él, terminó financiando campañas de Morena de 2021 para acá, incluida la del jefe máximo.
A ese ecosistema lo bautiza con humor negro: “los Carmonizados”, discípulos del empresario asesinado Sergio Carmona, retratados abrazados de dirigentes morenistas como Mario Delgado, Américo Villarreal y compañía, felices de posar con el cajero automático del sexenio. Rojas asegura que lo denunció desde el Senado y ante la Comisión de Honestidad y Justicia, esa oficina que sirve para expulsar disidentes, no para tocar a los untados.
AMLO, el presidente que “todo sabía”
El exsenador revienta uno de los dogmas centrales del lopezobradorismo: el cuento de que “el presidente no sabía”. Repite la frase del propio AMLO —“no hay negocio importante en México que el presidente no conozca”— y la voltea como arma homicida: si el huachicol era un negociazo, entonces el presidente sabía, era cómplice o de mínimo encubridor.
A partir de ahí, la narrativa se pone más incómoda: Rojas dice que el esquema no sólo necesitó marinos huachicoleros, sino protección en aduanas, SAT y toda la estructura para colocar la gasolina robada como si fuera legal, mientras en público se hablaba de “abrazos, no balazos”. Abrazos para la tele, impunidad para la caja registradora.
Trump, Rubio y la pesadilla de las extradiciones selectivas
Luego Rojas cruza la frontera del análisis clásico y entra al terreno de la geopolítica de la extorsión legalizada: asegura que, con el retorno de Trump, Washington ya no se conforma con capos, ahora quiere estructuras políticas completas y narcopolíticos con fuero, cargo y escoltas. Según su dicho, el FBI está liderando operaciones binacionales —porque la DEA fue “corrida” por AMLO— y ya tiene el menú de políticos mexicanos, de todos los partidos, listos para ser rebanados.
La clave, dice, es que Estados Unidos le está “dando chance” a Claudia Sheinbaum de que primero los procese en México, para luego pedir su extradición con las pruebas cruzadas con lo que cuentan los capos que ya están encerrados allá. En la lista suelta apellidos pesados: gobernadores como el de Sinaloa, Tamaulipas, Michoacán, y figuras como Adán Augusto López, a quienes vincula con cárteles y con la industria del huachicol.
Ahí suelta la frase que le da título al desastre: si en Venezuela pudieron “extraer” a Maduro armado hasta los dientes, en México —dice— un operativo de extracción de narcopolíticos sería “como un picnic”. Picnic en el infierno, pero picnic.
Claudia entre Trump y Palenque
Para Rojas, Claudia Sheinbaum no está entre “el pueblo” y la Constitución, sino entre Trump y Palenque: o rompe con la narcoprotección que heredó de AMLO, o se convierte en daño colateral de un Trump urgido de “big bangs” mediáticos para ganar la Cámara de Representantes. Su tesis: todo el poder de Sheinbaum se sostiene sobre la “moral” prestada de López Obrador; si se cae el mito del prócer impoluto, se derrumba la legitimidad política y se viene el tsunami de reformas electorales para blindar el régimen.
Rojas pinta a la 4T como una maquinaria que en cinco años pasó de “no tener nada” a tener gubernaturas, Congreso, presidencia y sucesión, lubricada con dinero del huachicol y de cárteles regionales de Michoacán, Sinaloa, Nayarit, Baja California, Guerrero, Veracruz, Puebla y demás. La multiplicación de espectaculares, precampañas adelantadas y “corcholatas” bañadas en propaganda, según él, no se pagó con cooperacha de boteo, sino con billetes que olían a gasolina robada y amapola.
El converso que dice que siempre lo dijo
Cuando la conductora le pregunta qué lo hizo “romper el velo”, Rojas se indigna: asegura que no se convirtió tarde, que lleva años denunciando el huachicol político, la judicialización de la política, la “moronización” del Poder Judicial y el desvío de la llamada Cuarta Transformación hacia un régimen autoritario, militarista y enemigo de la libertad de expresión. En su relato, Morena no transformó nada, sólo maquilló una regresión histórica con discurso de izquierda y contratos de nueva élite.
Remata con una especie de acto de contrición laica: dice que su lucha, como la de millones, era por un país democrático, seguro, con Estado de derecho parejo, no este sistema con una ley para los de arriba y otra para los de abajo, administrada por un partido que se ostenta como pura virtud mientras sus cuadros, excompañeros incluidos, se hacen millonarios en seis años.
En resumen: Rojas Díaz Durán no dio una entrevista, tiró un misil narrativo contra el relato fundacional de Morena y dejó flotando una frase que debería quitarle el sueño a más de uno en la 4T: Estados Unidos no quiere ya narcos; ahora quiere narco políticos con boleto de ida, aunque el picnic de extradiciones empiece en Palenque.
Con informacion: @REDES/

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