Si alguien pensaba que el “huachicol fiscal” era solo un delito de contrabando cometido por criminales que han saciado su apetito de fortuna al amparo del mismo gobierno, los Farías Laguna,sobrinos de ex-Secretario de Marina, nos recordaron que también tenia apellido naval y aroma a escándalo federal.
Mónica Gámez, cuñada del vicealmirante Manuel Roberto Farías Laguna (hoy huésped del Altiplano), apareció frente a la Presidenta Sheinbaum con una carta en la mano y la bandera de la indignación en la otra. Le dijo que su cuñado es un “chivo expiatorio”. Y no cualquiera: uno con 33 años de servicio en la Marina, sobrino del mismísimo exsecretario Rafael Ojeda Durán, y hermano de un prófugo por el mismo caso. El árbol genealógico de los Farías parece más un organigrama de estructura criminal que un álbum familiar.
Mientras Gámez asegura que la carta llegó directo a manos de la mandataria —“me dijo que la va a revisar”, afirmó—, Sheinbaum juega al esquivo institucional: “No la he recibido”, sentenció días antes en conferencia. Al parecer, la misiva viajó por un agujero negro burocrático donde se extravían los favores, las promesas y las pruebas incómodas.

En la carta, escrita de puño y letra desde su celda, el vicealmirante Farías jura que su proceso está “fabricado” y huele a venganza. Dice que lo bajaron del barco de la Marina antes de que sonara la campana del juicio, sin pruebas y con rencores al timón. En pocas palabras: un operativo de ajuste de cuentas, no de justicia.
A estas alturas, el caso tiene todos los ingredientes del clásico guiso institucional: un sobrino político de alto rango, acusaciones de huachicol, contradicciones desde Palacio y una familia dividida entre el prófugo, el preso y la cuñada con vocación de emisaria presidencial. Lo único que falta es que alguien en la Semar diga que “no sabía nada”.
Con informacion: ELNORTE/



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