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lunes, 27 de octubre de 2025

«DESAPARECIDO el MUERTO,CADAVER NO CUENTA ?»:»CHAYITO NO esta EMBRIAGADA de la VERBODIARREA NUMERICA de HARFUCH y PIDE CAUTELA»…si se quita el bagazo, queda muy poco jugo.


Rosario Robles,la ex-jefa de gobierno de la CDMX, ahora en modo periodista,nos comparte un interesante artículo en El Universal que no tiene desperdicio, pues lo mismo aborda el sospechoso descenso de los asesinatos en Mexico,paralelo al incremento de los desparecidos, al mismo tiempo que nos pide cautela al asumir las cifras estadísticas del gobierno que chorrean puras victorias que no se traducen en seguridad.

Que dice Chayito: 

La confirmación de que la política de “abrazos no balazos” fue un fracaso corrió a cargo del Secretario de Seguridad durante su comparecencia en el Senado. Las cifras proporcionadas desmintieron la narrativa construida durante los seis años de López Obrador

En esta ocasión se habló de la reducción de los homicidios dolosos (lo que hay que asumir con cautela), del desmantelamiento de 1,500 laboratorios (que en el discurso lopezobradorista no existían), más de 35 mil detenidos (lo que no es creíble pues estaría colapsado el sistema penitenciario), incautación de toneladas de droga y decomiso de millones de litros de combustible provenientes del huachicol (ése que se presumió había ya terminado), entre otros indicadores relevantes. 

Ya sea que este golpe de timón se haya dado por la presión del gobierno de los Estados Unidos o por convicción, propios y extraños reconocen que hay un viraje en la política de seguridad que todos desean sea más realidad que propaganda. Porque estas cifras se dan en el contexto en el que las y los mexicanos siguen considerando el tema de la inseguridad como su mayor preocupación. 

Según la encuesta mensual de México Elige, 41.4 por ciento considera a la inseguridad como su principal problema y en la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del INEGI, el 63% de personas mayores de 18 años que viven en zonas urbanas se siente inseguro. El discurso oficial contrasta con la percepción ciudadana

La prueba es que, en la misma semana de la comparecencia, fueron asesinados dos líderes citrícolas —Bernardo Bravo en Michoacán y Javier Vargas en Veracruz— por denunciar el cobro de piso que exprime a ese sector agrícola. De acuerdo con EL UNIVERSAL, tan solo en la Tierra Caliente el crimen organizado se lleva al año una tajada de 3,600 millones de pesos producto de la extorsión a los limoneros.

Pero lo más grave está en el aumento de las desapariciones lo que lleva a pensar que, con el ánimo de mejorar la estadística, se esfuman los cadáveres para disminuir el número de homicidios. 

Una especie de “desaparecido el muerto, el homicidio no cuenta”. Para muestra basta un botón: durante el primer año del actual gobierno las desapariciones aumentaron un 77% con relación al último de López Obrador. 

El problema es tal que mientras el secretario comparecía, en la ONU se dio inicio al procedimiento para analizar si en México las desapariciones son generalizadas y sistemáticas por una sencilla razón: este hecho dejó de ser excepcional en nuestro país ya que no es normal que más de 134 mil personas hayan desaparecido, como no es normal que las madres, familiares y colectivos tengan que realizar la búsqueda sin apoyos oficiales o que las y los buscadores sean asesinados impunemente. La ecuación es sencilla: si disminuyen los homicidios dolosos pero las desapariciones aumentan, la violencia sigue siendo una espiral sin freno. 

Para acabarla de rematar, el presidente Trump al estilo de “con todo respeto” dejó caer de nuevo la afirmación de que México está gobernado por los cárteles

La realidad es que regiones enteras viven bajo el dominio de la delincuencia organizada, que nuestro país se ha convertido en una fosa común, y que el miedo sigue siendo un sentimiento dominante en una amplia mayoría de mexicanos. Algo que las cifras oficiales no pueden ocultar.

Con informacion: ELUNIVERSAL+/ROSARIO ROBLES

EL «AJUSCO en 23 FOTOS»: LA «RESERVA NATURAL de los DESAPARECIDOS que NO es NATURAL que DESAPAREZCAN»…un pais con 134 mil victimas y contando,con un gobierno cuenteando.


Las familias organizan brigadas de búsqueda en los 61,000 metros cuadrados del bosque del Ajusco en Ciudad de México, acompañadas de la Fiscalía de Ciudad de México y la Comisión de Búsqueda capitalina, ante la crisis de desapariciones en la zona.

Con informacion: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/NAYELLI CRUZ

«SOMETIDO o SOMATADO ?»: «FUE a VER al CRUZ AZUL y la SEGURIDAD de la UNAM lo ENTREGA en BOLSA para CADAVER»…la nota institucional se esmera en limpiar culpas y lavar manos con gel antibacterial.


Tras concluir el partido entre Cruz Azul y Monterrey en el Estadio Olímpico Universitario, un aficionado del equipo celeste perdió la vida en circunstancias aún no esclarecidas la noche del sábado 25 de octubre.

Rodrigo Mondragón Terán —“sometido” por elementos de seguridad de la UNAM tras el partido Cruz Azul vs. Monterrey— no es una simple nota roja, es un escándalo cuya opacidad permite sospechar que aquí no hubo sometimiento, sino un abierto acto de sumisión brutal y fatal.

El eufemismo de “sometido”

Las autoridades universitarias optan por el patético eufemismo: “fue sometido por dichos elementos de seguridad para su entrega a las autoridades”. ¿Sometido? No, señores, aquí no se trató de aplicar protocolos de contención, sino de somatar —en el sentido más violento del verbo— a un hombre que terminó desplomado y sin signos vitales, mientras la nota institucional se esmera en limpiar culpas y lavar manos con gel antibacterial.

Violencia institucional disfrazada de protocolo

La DGAPSU repite la historia vieja: que el hombre iba, al parecer, ebrio, que agredió verbal y físicamente al personal de seguridad, que se limitaban a hacer su trabajo. ¿En serio? ¿Eso justifica la saña, la manada de gendarmes empujando, tirando y asfixiando, mientras asistentes gritan que no le peguen? El colmo, que el video que circula en redes revela lo que el comunicado niega: la crispación del abuso, la impotencia de quienes no pueden —ni deben— ejercer la fuerza descontrolada sobre el cuerpo ajeno.

“Desmayo”, la coartada médica eterna

El hombre “sufrió un desvanecimiento” camino a la custodia y pareció oportuno llamar a paramédicos. El clásico relato: el custodio queda sin vida, pero nadie vio nada, nadie fue, al parecer todo se agotó en un “desmayo”. A la familia, indignada, le queda exigir lo evidente: investigar si hubo abuso de autoridad, exigir que el discurso bonito no desplace la realidad sangrante.

¿Sometido? Fue somatado

Dejar el caso en el cajón de las investigaciones interminables sería normalizar la brutalidad y oscurecer la verdad con un manto de institucionalidad. No, aquí no se sometió a nadie: aquí, todo apunta, se somató hasta arrebatar una vida y, de paso, el poco prestigio que le quedaba a la autoridad universitaria para proteger a su comunidad.

Sospechar no sólo es legítimo, sino necesario, porque cuando el poder se abotona como “seguridad”, la muerte de un hincha se convierte en el eco de un sistema que prefiere el garrote a la rendición de cuentas.

La vida bajo la sombra del poder

Este incidente arroja una reflexión dolorosa y profunda sobre la vida y la muerte en nuestra realidad moderna: la fragilidad extrema de la existencia humana frente al poder y la violencia institucional. Nos recuerda que la vida, aunque única y preciosa, puede ser arrebatada de manera abrupta y cruel, muchas veces bajo la apariencia de control y orden, cuando en realidad se ejerce abuso y deshumanización.

La inseguridad y el control, en lugar de proteger, terminan sofocando la vitalidad y la dignidad de las personas, evidenciando que la vida no siempre se valora ni se protege con equidad. Este hecho nos confronta con la realidad de que, en ciertas circunstancias, la vida puede ser minimizada a un mero obstáculo para el ejercicio arbitrario del poder, donde quienes deberían velar por la seguridad se convierten en portadores de muerte.

La muerte como consecuencia silenciosa y visible

La muerte de Rodrigo Mondragón Terán no es solo el final de una vida, sino también una llamada de alerta sobre las consecuencias invisibles y sistemáticas de la violencia institucional. Aunque ocurre en un espacio público y es grabada, la muerte puede pasar desapercibida en la esfera oficial, relegada a un ‘desmayo’ o ‘incidente,’ mientras sigue resonando fuerte en el sentir popular. Nos muestra que la muerte muchas veces está cargada de injusticias, es un reflejo de fallas sociales que no terminamos de asumir.

Este episodio es un espejo inquietante para nuestra conciencia colectiva, donde la vida y la muerte se entrelazan con la responsabilidad social y política de no permitir que más muertes se sigan consumando en la impunidad.

Con informacion: PROCESO/