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sábado, 8 de noviembre de 2025

«YA HABIA FRACASADO en MICHOACAN»: «BALANCE TERRORIFICO en SINALOA EXHIBE GENERAL y MAS de 30 AÑOS de RECURRENTE INEPTITUD del EJERCITO HACIENDOLE al POLICIA»…no solo no resuelven la violencia, la recrudecen.


Uno pensaría que después de su periplo por Apatzingán, donde el General del Ejercito Óscar Rentería Schazarino pasó sin pena ni gloria al frente de la 43 Zona Militar, el Ejército habría aprendido la lección: el uniforme verde olivo no convierte mágicamente a nadie en estratega civil. Pero no. Lo “ascendieron” (…siempre lo hacendase premian la ineptitud) a jefe de la seguridad pública de Sinaloa, como si cambiar el color del uniforme y la placa sobre el pecho fuera sinónimo de resultados.

Un año después, el saldo es tan estridente como los helicópteros que patrullan Culiacán cada madrugada: mil 632 homicidios dolosos, casi seis mil autos robados y una docena de policías estatales caídos. Sinaloa sigue siendo la tierra del miedo, con un toque de discurso marcial y la misma vieja receta: más militares, menos resultados.

La militarización de la seguridad, dicen en los documentos oficiales, garantiza “disciplina y eficiencia”. La realidad huele a pólvora y frustración. Desde su llegada, el general no consiguió frenar la curva ascendente de la violencia; al contrario, junio rompió récords históricos con 241 asesinatos, incluida la masacre del Limón de los Ramos, un horror que ni los comunicados castrenses lograron maquillar.

Y claro, el General Rentería Schazarino tiene currículum: tres décadas de servicio, cursos de guerra, maestrías con nombres solemnes y hasta un discurso de coordinación tripartita. Pero la calle no entiende de grados ni de medallas. La calle solo entiende que, mientras ellos desfilan y anuncian grupos élite como el GOES, los cárteles siguen dictando el ritmo del miedo.

La ironía es cruel: los mismos que dicen “restablecer la paz” terminan normalizando la violencia. No se trata de un fallo aislado, sino de la regla mexicana de los últimos años: usar al Ejército como policía, al precio de socavar la confianza civil y multiplicar los muertos. Y mientras en los comunicados oficiales hablan de avances “graduales”, las cifras siguen gritando lo mismo: Sinaloa sigue sangrando, y el general ha vuelto a fracasar.

Nacidos para fracasar ?

La designación de mandos militares como jefes de policía en México, ha resultado transexenalmente fallida y es un fenómeno que refleja una tendencia recurrente en la política de seguridad del país.

Este tipo de decisiones suelen justificarse en contextos de crisis, como la pugna interna del Cártel de Sinaloa (CDS), la desconfianza hacia la policía municipal y la necesidad de coordinación interinstitucional. Sin embargo, la militarización de la seguridad pública ha sido objeto de debate y crítica desde la academia y la sociedad civil, señalando que, lejos de resolver los problemas estructurales, tienden a reproducir errores y catapultar problemas. 

Un reportaje de «PROCESO» en 2017, ya documentaba la experiencia fallida de la militarización de la seguridad pública en México,luego de que en 2006 militares y marinos salieron a las calles bajo instrucciones presidenciales para combatir el crimen organizado.

El análisis señalaba que en ese momento del tiempo que pese a la presencia de militares en 26 entidades y la designación de altos mandos castrenses como secretarios estatales de seguridad pública, directores de policía municipales o jefes operativos, los resultados habian sido considerados “calamitosos” por las estadísticas oficiales y el Índice de Paz México 2017.

En los estados más afectados por la violencia, como Colima, Guerrero, Nayarit, Oaxaca, Sinaloa y Zacatecas, la seguridad pública ha estado bajo el mando de militares y, paradójicamente, es en esos mismos estados donde más ha empeorado la seguridad en los últimos años. 

De los 50 municipios más violentos del país en esa época, casi todos habian tenido en algún momento a militares al frente de la seguridad pública. Sin embargo, la presencia castrense no logró revertir la tendencia de inseguridad y, según el general retirado Sergio Aponte Polito, se trataba de una estrategia que debia terminar para que los gobiernos estatales asumieran la responsabilidad de capacitar y profesionalizar a sus policías civiles.

El artículo de PROCESO replicado en redes también destaca que la justificación oficial para la intervención militar habia sido el “fracaso de las policías”, pero reconoce que el propio personal castrense asignado a estas tareas no logró resultados satisfactorios,fueron en todos los casos,mediocres.

Aun hay mas

Otro articulo muy ilustrador fechado en 2015,de la periodista Isabel Arvide, especialista en temas del ejercito y desde su portal de «Estado Mayor», profundizó en el análisis de las razones por las que los militares fracasan cuando se les asigna funciones de policía en México, en contraste con casos de éxito internacional como el de Colombia.

Destaca que la diferencia fundamental radica en el manejo de la inteligencia y la investigación. En Colombia, el general Rosso Serrano, considerado el “mejor policía del mundo”, combatió la corrupción y apostó por la inteligencia como eje central para desarticular los grandes cárteles, incluso sin contar con tecnología avanzada. En México, en cambio, la estrategia ha carecido ,aunque la presumen,de este enfoque y ha sido marcada por la corrupción, incluso entre mandos militares que debían combatir al crimen organizado.

El artículo de Arvide puso como ejemplo el caso del coronel Martín Pérez Reséndiz, procesado penalmente por el levantamiento y asesinato de siete personas en Zacatecas. Este caso ilustra cómo la militarización puede derivar en abusos graves, cuando la línea entre lo profesional y lo personal se desdibuja y se pierde el respeto a los derechos humanos. El texto cuestiona la formación y el criterio de los militares asignados a tareas policiales, y señala que no siempre están preparados para actuar con apego a la legalidad y el respeto a la vida.

Otra reflexión relevante es que los militares están entrenados para enfrentar enemigos y proteger la patria, no para investigar delitos, mantener el orden público o garantizar derechos fundamentales. El artículo sugiere que la militarización de la seguridad pública, sin una estrategia clara de inteligencia y control de la corrupción, tiende a reproducir fracasos y a vulnerar los derechos de la población.

En síntesis, el texto enriquece el análisis al mostrar que la militarización no es una solución mágica y que, sin una estrategia integral y un enfoque en la inteligencia y la investigación, solo reproduce errores y agrava los problemas de seguridad y derechos humanos en México,que preludia otro fracaso en puerta.

El ultimo parte de la guerra de bandos de la misma banda

Con informacion: NOROESTEEstado Mayor/PROCESO NOROESTE/

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