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sábado, 15 de noviembre de 2025

"QUE DICE SHEINBAUM y las 48 LEYES del PODER": "PRESIDENTA DEDICÓ FRASES con PUÑO ALZADO a GENERACION Z con MANDIBULA TENSA para PROYECTAR FORTALEZA pero EXHIBIO TENSION y TEMOR"...quien responde defiende, y quien defiende se reconoce vulnerable.


La Presidenta Claudia Sheinbaum afirmó ayer viernes que entre más la critican, más fuerte se pone, pues «no la van a romper» y esta no fue su única frase pronunciada durante la presentación del Plan Campeche, donde la Mandataria respondió a sus adversarios y fijó posición en la víspera de la protesta de la Generación Z, a realizarse hoy en la Ciudad de México.

Ya desmenuzadas las frases:

Las declaraciónes de Claudia Sheinbaum están hechas a la medida del manual político de la autopercepción heroica: “entre más me golpean, más fuerte me vuelvo”. Una frase de puño alzado y mandíbula tensa que busca proyectar fortaleza, pero que revela una tensión más profunda: la necesidad de reafirmarse frente a la crítica. Si vamos ley por ley con las 48 leyes del poder de Robert Greene, se puede diseccionar esta retórica como un acto de poder… y también de vulnerabilidad.

Frase: “Entre más la critican, más fuerte se pone, pues no la van a romper”.

Esta afirmación encarna la Ley 28: entra con audacia en la acción. Sheinbaum convierte el ataque en escenario, la crítica en energía política. Es una jugada típica de quien no solo busca resistir, sino apropiarse del conflicto. Sin embargo, al declararlo en voz alta, transgrede la Ley 38: piensa como quieras, pero compórtate como los demás, porque exhibe una emoción personal (el sentirse atacada) en lugar de mantener la serenidad de la “estadista imperturbable”. La audacia le suma carisma, pero le resta la mística del poder impasible.

Frase: “Una campañita en redes no nos va a romper”.

Ahí asoma la Ley 33: descubre el punto débil de cada quien —pero al revés—: al nombrar el ataque, lo legitima. En el terreno simbólico, quien responde defiende, y quien defiende se reconoce vulnerable. Greene advierte contra esto en la Ley 4: di siempre menos de lo necesario. Sheinbaum, en cambio, explica, desmiente y reafirma: un exceso de palabras que le quita filo a su narrativa de invulnerabilidad.

Frase: “Nos fortalece una sola cosa: gobernamos con el pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.

Aquí activa la Ley 27: juega con la necesidad de la gente de creer en algo, envolviendo su liderazgo en una épica colectiva. Recurre al pueblo como argumento de legitimidad moral, un recurso eficiente en la arena política. Pero hay una tensión con la Ley 1: nunca le hagas sombra al amo, porque al apelar tanto al “pueblo”, desafía tácitamente el legado del viejo amo: la figura de López Obrador. El mensaje parece decir “la fuerza ya no viene del líder, sino de mí y la gente”. Estrategia calculada… pero arriesgada.

Frase: “Nosotros crecimos en la lucha… no nos puso nadie”.

Puro revival de la Ley 34: actúa como un rey para ser tratado como tal. Se reivindica hija legítima de la calle y la protesta, mientras niega toda imposición. Aquí aplica y viola la Ley 7: consigue que otros hagan el trabajo, pero quédate con el mérito. Porque, aunque la narrativa es de lucha y autenticidad, su plataforma de poder proviene del aparato que hoy niega: el que la impulsó a la Presidencia. El discurso busca reescribir su biografía política, borrando el patrocinio de su ascenso.

Frase correlativa de Layda Sansores: “Se acabó el silencio, vamos a defenderla”.

La gobernadora de Campeche,Layda activa en su intervención dejo ver sin matices la Ley 24: juega el papel de cortesano perfecto, mostrando lealtad pública y feroz. Pero esa defensa espontánea, emocional, rompe con la Ley 3: oculta tus intenciones. Cuando los aliados salen al frente a contradecir, atacar y “defender”, muestran que el poder siente que algo se le escapa. Quien está realmente seguro no pide defensa; la tiene implícita.

En resumen, la retórica de Sheinbaum condensa una paradoja: emplea las leyes del poder que exaltan la fuerza simbólica y la conexión popular (10, 27, 28), pero transgrede las que recomiendan contención, misterio y sobriedad (4, 6, 33, 38). Su discurso busca consolidar autoridad moral, no dominio estratégico. La presidenta habla para galvanizar apoyo, no para infundir temor.

Y en eso radica su punto más humano —y más políticamente arriesgado—: ha pasado de jugar el ajedrez del poder a jugarlo con las piezas del afecto.

Con informacion: ELNORTE/

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