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sábado, 8 de noviembre de 2025

EL «PADRE PISTOLAS VOLVIO a DISPARAR»: «CLERIGO que ACUSO a CABEZA de VACA de HUACHICOLEAR con PIPAS que AHORA NIEGA RESPONDIO con SERMON de ALTO CALIBRE Vs GOBERNADORA NUEVA RICA de GUANAJUATO»…es la Teología del Puto Ya Basta.


Otra vez el púlpito se convirtió en trinchera. Alfredo Gallegos Lara, alias el “Padre Pistolas”, regresó a escena para desatar otro vendaval político-religioso. Su blanco esta vez: la Gobernadora panista de Guanajuato, Libia Dennise García Muñoz Ledo. El cura, con la pistola en el verbo y la sotana hecha bandera de protesta, arremetió contra el proyecto del Acueducto Solís-León. Y no se guardó nada. Desde el altar lanzó lo que en cualquier otro país sonaría a llamado a la rebelión: “Nos levantamos en armas si nos quitan el agua”.

Pero Gallegos Lara no es nuevo en el arte de incendiar micrófonos. Hace unos años, cuando Francisco García Cabeza de Vaca todavía presumía de gobernador en Tamaulipas, el sacerdote lo acusó públicamente de “andar contrabandeando con el petróleo ajeno ,que a la mejor es el propio pero refinado en Texas” y lo llamó “huachicolero con fuero”. 

Aquella vez, el clérigo se metió directo al pantano de los intereses petroleros y salió empapado de controversia. “No es pecado decir la verdad”, justificó entonces. Hoy, con el tema del agua, repite la fórmula: provocar, denunciar y desquiciar.

Lo suyo ya no parece homilía, sino un género propio: la Teología del Puto Ya Basta. En sus manos, el Evangelio se mezcla con el hartazgo campesino y la crítica al sistema. Dice defender la soberanía alimentaria del Bajío, denunciando que “la violencia verdadera es la que nos deja sin comer”. Lo cierto es que, entre insultos, risas y biblia abierta, el “Padre Pistolas” se ha convertido en el santo patrono de los que ya no tienen para orar sino para arar.

Mientras la Conferencia del Episcopado Mexicano lo reprende solo por mesura con su clásico “eso no se dice, padre”, él se crece al castigo. Porque en su mente, cada comunicado episcopal es una medalla al mérito de la rebeldía. Del lado político, los panistas corren a los micrófonos para condenar sus dichos, olvidando quizá que a más de uno de sus exgobernadores —como al propio Cabeza de Vaca— este cura también les cantó sus verdades cuando el petróleo corría más abundante que la conciencia, como después corrió igual con el Morenismo traficante y con ayuda del brazo armado de Morena,el ejercito.

El “Padre Pistolas” ya no predica salvaciones: dicta sentencias. Defiende el agua como si fuera su última eucaristía. Dice que los ricos desperdician millones de litros en campos de golf, que la Conagua se vende por un millón y que los secretarios federales son más de escritorio que de campo. En su universo, la Biblia tiene aroma a tierra mojada y el perdón, si llega, será después del grito.

A estas alturas, nadie espera que el cura pida disculpas. Más bien, lo conocen: cada sermón suyo es un cartucho más en su cruzada particular contra corruptos, caciques y políticos de cuello bendecido. Vuelve a oficiar misa en Michoacán, a maldecir el acueducto de Guanajuato y a recordar —como hizo cuando acusó a Cabeza de Vaca— que hay cosas más pecaminosas que decirle una grosería al gobernante grosero: robarle el pan al pueblo.

Con informacion: ELNORTE/

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