La caricatura de Paco Calderon,en El Norte,es un cañonazo directo a la instrumentalización educativa y política en México.
Nos encontramos en un salón de clases donde, para la SEP, lo importante no es que los niños aprendan materias clave —¡ese detalle menor llamado educación!—, sino que memoricen quién es el malo de moda: Lorenzo Córdova, tildado de racista por reírse de un falso indígena en una conversación privada. Aunque el escándalo no fue porque el ex presidente del INE se burló de un indígena real (¡hubiera faltado más!), sino de un vividor disfrazado que hablaba como “piel roja de película de Hollywood”. Pero el detalle no importa, ¡lo políticamente correcto es gritar “¡Racista!” y punto!

La Suprema Corte no respaldó el show, lo que desató la furia oficial y su coro de aplaudidores prepagados. Pero—dice el monero—eso es lo de menos. Lo verdaderamente indignante es cómo la gloriosa “Nueva Escuela Mexicana” usa la educación pública no para formar ciudadanos con criterio, sino como fábrica de adoctrinados listos para la propaganda política para “apendejarnos mas”, les conviene, como le ha convenido al resto.
Encima, la presidente o presidenta con “A”, Claudia Sheinbaum usa el chisme,su especialidad, como cortina de humo para tapar la corrupción rampante de su partido (nada nuevo bajo el sol azteca…). Y lo triste, dice la caricatura, es que una anécdota infantil termine ensuciando la transición democrática.
Lo peor de todo es, según el cartón, que la democracia mexicana acabe solo como un capítulo amarillento en los libros de historia… mientras los niños aprenden menos matemáticas, pero más lecciones de linchamiento mediático propio de las castas mediocres.
En resumen: Calderón mete el dedo en la llaga de un país donde la educación se convirtió en taller de propaganda, el poder se defiende con chismes de vecindad, y la democracia está en peligro… ¡Pero, eso sí, todos muy políticamente correctos!
Con informacion: PACO CALDERON/ELNORTE/

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