¡Vaya que este cartón, el de Camacho en El Norte, no se anduvo con rodeos y menos por las ramas! Directo y sin escalas, la tira ilustra la pregunta: “¿Cuál es ‘La Bestia’?” y pone sobre la mesa varias opciones —como si de examen de civismo gringo se tratara— pero no con cualquier lista, no señor: tenemos las caricaturas de un presidente de Estados Unidos y otro de Rusia, en medio del cuadro, a la verdadera protagonista del anecdotario político-automovilístico: la descomunal limusina presidencial apodada “La Bestia”.
La irreverencia aquí no es casualidad. “La Bestia” es el apodo informal con el que se conoce a la limusina presidencial blindada del gobierno de EE.UU., un tanque disfrazado de Cadillac de lujo. No es cualquier coche: hablamos de un automóvil literalmente a prueba de balas, explosivos, ataques químicos y sus puertas pesan lo mismo que las de un Boeing 757. Mide cerca de 5.5 metros de largo, pesa hasta 9 toneladas y, entre otras curiosidades dignas de una película de James Bond, lleva armas, sangre del tipo del presidente, cámaras infrarrojas y sistemas de comunicación ultrasecretos.
Mientras tanto, la caricatura le saca jugo al doble sentido y a la tradición de los apodos y el carton se luce con una pregunta con respuestas de opcion múltiple: “¿Cuál es ‘La Bestia’?” Y las opciones son,un presidente de Estados Unidos (claramente Donald Trump) ,otra el inconfundible Vladimir Putin (presidente de Rusia) y el famoso vehículo presidencial blindado de Estados Unidos… y claro, para rematar, la opción “todas las anteriores”.
Si alguna vez una ilustración quiso dejarle claro al lector que en el ambiente político la palabra “bestia” puede calzarse como saco de múltiples tallas, es ésta. El cartón juega a la ironía fina —y no tan fina—, burlándose de la fama, el estilo bravucón y las decisiones polémicas de personajes conocidos por su poder y su mano dura. ¿El guiño de poner a Putin y Trump en la misma encuesta que “La Bestia”? Pura sátira internacional.
Eso sí, la caricatura no da puntada sin hilo y aprovecha el apodo para sugerir que, en el mundo real, algunas figuras políticas también tienen su propia dosis de “bestialidad”: por sus acciones, discursos o simplemente por la percepción pública. En este cartón, todos pueden ser “La Bestia”: por fama, por poder, o por blindaje (del bueno o del otro).
Así que la respuesta, sin pelos en la lengua y con ese toque de sarcasmo:
¡Aquí todos califican para el título de “La Bestia”, pero sólo el auto se llevó el apodo oficial!
Con informacion: CAMACHO/ELNORTE/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: