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miércoles, 23 de diciembre de 2015

EL "GENERAL GALVAN" y el "PACTO de IMPUNIDAD"...el "JUICIO contra la OPERACION CONJUNTA CHIHUAHUA".


¿En qué momento un ex secretario de Estado se sigue asumiendo como “alto funcionario” para evitar comparecer ante la justicia? Desde enero del 2013 cuando el caso Ojinaga ―que involucra a 19 militares en delitos de tortura y homicidio de tres civiles dentro de la Operación Conjunta Chihuahua―, pasó del fuero de guerra al ámbito federal por fallo de la Corte, las solicitudes para que altos mandos del ejército testifiquen se han incrementado. 

El caso del general Guillermo Galván Galván, ex secretario de la Defensa Nacional, citado desde julio pasado por el juzgado décimo de distrito en Chihuahua para que se presente a una diligencia del caso Ojinaga, ilustra el llamado “pacto de impunidad” que de momento mantiene como “intocable” al militar que firmó las directivas que dieron sustento al despliegue de tropas en aquella entidad. 

El juicio contra la Operación Conjunta Chihuahua, que dejó desapariciones, asesinatos y un sinnúmero de denuncias por violaciones a los derechos humanos, tiene abierto varios frentes en diferentes juzgados federales. El proceso por lo sucedido en Ojinaga es el primero donde se ha pedido al juez que lleva el caso, se pronuncie sobre el sustento legal que aduce la procuraduría de justicia militar para evitar que el ex secretario testifique.

 Una disposición administrativa esgrimida como argumento legal por el Procurador de Justicia Militar ante el juez décimo de distrito en Chihuahua, ha servido para que en los últimos seis meses el general de división Guillermo Galván Galván evite comparecer ante un juzgado federal por su papel en la Operación Conjunta Chihuahua.

El ex secretario de la Defensa Nacional estaba citado desde julio pasado por un juez federal para que respondiera sobre las disposiciones que dictó, y el sustento legal en que se basó la operación en el frente de Ojinaga, Chihuahua, sede de la Tercera Compañía de Infantería No Encuadrada (C.I.N.E.), algunos de cuyos ex integrantes son procesados por homicidio, tortura y delitos contra la salud.

El caso Ojinaga es el primero que por fallo de la Suprema de Justicia de la Nación (SCJN) se ventila en el fuero federal desde el año 2013. Es un juicio donde están involucrados el general de brigada Manuel de Jesús Moreno Aviña, ex comandante de la Guarnición Militar de esta ciudad fronteriza, el teniente coronel José Julián Juárez Ramírez ex comandante de la 3ª C.I.N.E., el mayor Alejandro Rodas Cobón, ex segundo al mando, seis oficiales y 10 integrantes de tropa.

El pasado 12 de octubre el general brigadier Jesús Gabriel López Benítez, procurador de justicia militar, envió un documento al juzgado donde explicó la situación que dentro de la normativa castrense tiene el general Galván, y la razón por la que no puede testificar ante tribunales dentro del juicio 49/2012.

El funcionario militar citó el decreto del 29 de enero de 1976, publicado en el Diario Oficial de la Federación el 30 de enero del mismo año, donde el entonces Presidente Constitucional de “los Estados Unidos Mexicanos de la República (sic) Luis Echeverría Álvarez”, dispuso que los generales que hayan desempeñado el cargo de Secretario de la Defensa Nacional, continúen en servicio “no obstante que opere alguna causal de retiro”. La razón es que durante el desempeño de sus “elevadas funciones”, adquieren un “contacto mayor con los problemas relacionados con la conservación del orden interno del país, capacidad ésta que debe ser aprovechada constantemente cooperando como órganos de consulta de los que en lo sucesivo desempeñen ese cargo”. De esa manera, se reconoce su mérito por el Gobierno de la República.

El texto concluye: “Es así como el C. General de División Diplomado de Estado Mayor, Guillermo Galván Galván, por decreto presidencial y por acuerdo del actual titular de esta Secretaría de Estado, funge como asesor desde el 1 de diciembre de 2012. Por lo anterior se le considera Alto Funcionario por haberse desempeñado como Secretario de la Defensa Nacional con la responsabilidad de la Seguridad Nacional y Seguridad Interior del país, por lo que las instituciones le conceden el cargo vitalicio de asesor de esas materias para que continúe prestando sus servicios a la nación”. Esta condición de “alto funcionario”, según el procurador militar, es lo que le exime de comparecer ante la justicia federal.

Galván no es el único que ha hecho uso de cualquier recurso a la mano para no responder ante tribunales. Durante el 2015 el comandante de la Operación Conjunta Chihuahua del año 2008 al 2010, el general de brigada Felipe de Jesús Espitia Hernández, ha hecho caso omiso a citatorios judiciales en varias ocasiones para que comparezca ante juzgados federales. De acuerdo a notas periodísticas de varios medios locales en aquella entidad, el hoy coordinador de asesores del director del ISSFAM (Instituto de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas Mexicanas), está involucrado en denuncias de desaparición, tortura y asesinato como los casos de los civiles Saúl Becerra Reyes e Israel Arzáte Meléndez, por los que varios militares de diversas unidades que participaron en el despliegue en Ciudad Juárez, lo han requerido para que declare.
¿Galván “alto funcionario”?
Altos funcionarios de la Federación se le considera al presidente de la república, los gobernadores, los ministros de la Corte, secretarios de Estado, no a los asesores, dice en entrevista telefónica el mayor Alejandro Rodas Cobón, ex segundo comandante de la 3ª C.I.N.E y quien es uno de los militares sujetos a proceso por homicidio y tortura en el caso Ojinaga.

Rodas habló con este blog desde la única caseta telefónica del interior del penal militar de Mazatlán, que se facilita a los internos para que tengan comunicación con el exterior. Dice que el pasado 17 de noviembre el agente del ministerio público federal Francisco Hidalgo Acosta, pidió al juez que el general Galván no comparezca y expuso los motivos del escrito enviado por el procurador militar. Este argumento aun no se da como válido ya que el juez todavía no emite su fallo.

La razón por la que el mayor Rodas pidió comparezca el ex secretario de la Defensa Nacional, fue porque durante la etapa de averiguación previa del caso Ojinaga, quedó privado de su libertad por una orden de arresto, esa sanción que por disposición legal debe estar argumentada se usó para que fuera torturado por la Policía Judicial Militar y aceptara bajo coacción los cargos que se le imputaron.

“El me privó de mi libertad durante la averiguación previa mediante una orden de arresto, dejándome en estado de indefensión, la cita es para que aclare ante el juez de la cause 49/2012 los motivos y quede acreditada semejante violación de mis garantías como inculpado. Esa violación a mis garantías tendría que ser suficiente para obtener mi libertad, ya demostré con la orden por escrito donde me impone el arresto en el mismo periodo de la averiguación previa y más de 10 testigos refieren haberme visto recluido en las instalaciones de la Tercera Compañía durante la averiguación previa, por lo tanto solo me falta exponerlo en una diligencia judicial ante el juez de la causa”, explicó este oficial de infantería.

Aseguró que su arresto estuvo mal aplicado y fue arbitrario. “Por principio de cuentas y suponiendo que estuviera bien aplicada, el habérmela impuesto durante la averiguación previa es violatorio de mis garantías por lo tanto incurrió en delitos que si la ley fuera pareja debería terminar en prisión Guillermo Galván Galván. El motivo dice que violé derechos humanos a la población de Ojinaga, lo hace en forma genérica no dice a quien, en qué fecha y en qué consistieron esas violaciones, ni quien lo dice y con qué pruebas contaba para imponerme el correctivo disciplinario que me recluyó 18 días, no solamente 15 como dice el arresto. Es un acto de autoridad debe estar fundado y motivado, no tiene ninguna de las dos cosas”.

Según la ley de disciplina del Ejército y Fuerza Aérea, el arresto es la reclusión que se hace merecedor el militar que ha infringido disposiciones o reglamentos castrenses, siempre y cuando éstas no constituyan un delito. “¿Acaso violar derechos humanos de la población es una falta? ¿No es un delito? Se funda en los preceptos reglamentarios que se violaron, no hay ningún artículo dentro de nuestras leyes y reglamentos que refiera específicamente un castigo por violar derechos humanos, por tal motivo carece de fundamentación. Con este documento, la orden de arresto, mas los testigos compruebo mi reclusión durante la averiguación previa, independientemente que el arresto no estuvo fundado”, explicó.

Ensayo para el futuro

Rodas recordó que fue detenido el 26 de agosto del 2009 en Ensenada, Baja California donde prestaba sus servicios en la Guarnición, y trasladado a Ojinaga, donde quedó recluido del día siguiente hasta el 13 de septiembre en las instalaciones militares de la Tercera C.I.N.E., mientras agentes judiciales “armaban” con base en torturas y declaraciones ya elaboradas, acusaciones contra sus ex compañeros entre las que estaban delitos contra la salud, robo equiparado, robo agravado, tortura y homicidio calificado. El caso fue “filtrado” a la prensa por la Sedena y fue bautizado mediáticamente como “el pelotón de la muerte”.

“Ya comprobé mi inocencia en los dos primeros me absolvieron, en robo agravado a pesar de que demostré que estuve de vacaciones en Tapachula, Chiapas, me señalan de haber participado en un cateo de un domicilio que el teniente coronel José Julián Juárez Ramírez ordenó vaciaran, es decir, se robaran hasta los perros. El juez de la causa penal 53/2012 aun no me otorga la absolución, lo que podría ocurrir el próximo año. Presenté ocho documentos que demuestran que estuve en Tapachula cuando ocurrió el robo en Ojinaga, además de 10 testigos”. El cargo de homicidio calificado, por el caso de dos civiles que presuntamente fueron detenidos por militares y que después aparecieron los que se aseguran son sus restos, continúa ventilándose en el juzgado décimo en Chihuahua, donde Rodas ha presentado pruebas y testimonios de que las imputaciones no tienen sustento al no haber materia para acusarlo.

El mayor Rodas Cobón es un militar especializado en análisis de inteligencia que se ganó sus ascensos y reconocimientos, como oficial del ejército durante el conflicto armado de 1994 en Chiapas. El caso Ojinaga, explicó, fue “fabricado” por la secretaría de la Defensa Nacional durante la gestión del general Galván, para demostrar a la clase política, a la población civil y a los medios de comunicación, que se actuaba con “apego a la legalidad en la fallida guerra que había implementado el entonces presidente de la república Felipe Calderón Hinojosa contra las organizaciones criminales”.

Por eso la importancia que el general Galván testifique ante el juzgado donde se lleva el caso Ojinaga. Como no está definido en algún ordenamiento legal quién está considerado como “alto funcionario” de la Federación, como refiere el artículo 245 del Código Federal de Procedimientos Penales, el abogado de oficio del mayor Rodas esperará el pronunciamiento del juez para interponer los recursos, en caso de un fallo en contra, que el proceso amerite.

El brigadier López Benítez, no dio una razón de fondo para justificar que el puesto de asesor del general Galván corresponde al de un “alto funcionario”, por lo que se buscará por todos los medios legales para que se presente a declarar. El mayor aseguró que el general de división Salvador Cienfuegos Zepeda, actual titular de la Defensa Nacional, ha intervenido “para evitar a toda costa que Guillermo Galván Galván se siente ante un tribunal civil ahora que el fuero militar ha sido acotado”.

“La razón es que en el futuro tendrá que responder también ante dichos tribunales por los casos Iguala (los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa), Tlatlaya (los 22 presuntos secuestradores abatidos), Calera y Ostula. Impedir que Galván comparezca ante un juez federal, es una forma de amarrarse el dedo antes de ser cortado y perpetuar ese pacto de impunidad que sexenio tras sexenio tienen todos los secretarios de Defensa”.

El procurador militar actúa por órdenes del general Cienfuegos, añadió Rodas, porque como órgano del fuero guerra la dependencia que preside López Benítez depende del secretario de la Defensa Nacional. En ese sentido el general Galván va a hacer todo lo posible por no comparecer ante un tribunal civil.

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Juan Veledíaz
@velediaz424


TRIBUNAL de CONCIENCIA en E.U "CULPA al ESTADO MEXICANO" de CRIMENES de LESA HUMANIDAD.


Durante el juicio público, el Tribunal –compuesto por académicos y activistas– expuso casos como la masacre de Acteal, ocurrida en Chiapas el 22 de diciembre de 1997; la masacre de 2010 en San Fernando, Tamaulipas, donde fueron encontradas fosas con decenas de cuerpos de migrantes, así como los distintos casos de violencia de género y feminicidios y la desaparición de los 43 normalistas.

Un jurado internacional conformado en Nueva York por académicos y defensores de derechos humanos encontró que el Estado mexicano es culpable de crímenes contra la humanidad; de una guerra de exterminio contra los migrantes; de violar sistemáticamente los derechos económicos, sociales y culturales de su población; de un patrón generalizado de terror estatal y ataques a la seguridad pública, del mal uso de sus recursos públicos, de omisiones en materia de violencia de género y de complicidad trasnacional.
El pasado 26 de septiembre de 2015, en el marco del primer aniversario de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, se conformó en la Ciudad de Nueva York el Tribunal Internacional de Conciencia de los Pueblos en Movimiento. El jurado lo integraron 19 catedráticos, expertos y defensores de derechos humanos, entre ellos Jorge Bustamante, ex Relator Especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para los Derechos de los Migrantes y Cruz Reynoso, ex Magistrado adjunto del Tribunal Supremo de California.
Los integrantes del jurado escucharon los testimonios sobre graves violaciones de los derechos humanos en México, y en contra de los mexicanos y otros latinos en los Estados Unidos. En el Tribunal se expuso la masacre de Acteal, ocurrida en Chiapas el 22 de diciembre de 1997; la masacre de 2010 en San Fernando, Tamaulipas, donde fueron encontradas fosas con decenas de cuerpos de migrantes centroamericanos; la muerte de la menor ecuatoriana Noemí; los distintos casos de violencia de género y feminicidios en el país, así como el caso Iguala.
Los testigos fueron voceros de las organizaciones de derechos de los inmigrantes, como el Movimiento por Justicia del Barrio, la Asamblea Popular de Familias Migrantes. También habló el sacerdote Alejandro Solalinde, director fundador del albergue para migrantes “Hermanos en el Camino” en Ixtepec, Oaxaca, quien testificó sobre la corrupción y los abusos de las autoridades mexicanas.
Los testigos también incluyeron a representantes de grupos de derechos humanos con sede en Chiapas y Oaxaca, y otros de la región de la frontera entre Estados Unidos y México en Las Cruces, El Paso y Ciudad Juárez.
En su veredicto, el cual se dio a conocer de manera preliminar en un documento, el jurado encontró que el Estado mexicano es culpable de crímenes contra la humanidad por casos de desaparición forzada como es el caso de los normalistas de Ayotzinapa ocurrido el 26 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero.
“La evidencia presentada al jurado establece claramente la presencia de los tres niveles de gobierno (municipal, estatal y federal) en las escenas del crimen, su participación activa en los crímenes, la acción coordinada, y el fracaso/ rechazo para prevenir estos crímenes a pesar de distintas oportunidades para hacerlo”, dice el veredicto con respecto al caso Iguala.
Destaca la necesidad de “una investigación creíble, completa e independiente sobre el papel de las fuerzas armadas en la comisión de los delitos, y el papel de la Procuraduría General de la República en comprometer la investigación y encubrir evidencia crítica”.
El veredicto menciona, además, que se tiene constancia, mediante testimonios, de “la persecución sistemática, la deportación, el encarcelamiento y la violencia sexual contra los migrantes”.
El jurado dijo que en lo referente a ”la guerra de exterminio contra los migrantes”, de la que acusa al Estado mexicano, halló “indicios de posible genocidio social contra los migrantes como grupo objetivo”, con base a los testimonios detallados sobre la masacre de los 72 migrantes en San Fernando y las fosas comunes que contienen cerca de doscientos cuerpos, “donde quedó demostrada la participación del gobierno en estos crímenes”.
“También [la acusación] se basa en abusos, como extorsión, violación, tortura y la falta de protección de, principalmente, pero no exclusivamente, los migrantes centroamericanos en su tránsito por México. También tomamos nota de la violación de los derechos sociales, económicos y culturales básicos en sus países de origen, que fallan sistemáticamente para proporcionar una vida decente y derechos básicos a las comunidades, en particular a las poblaciones indígenas y campesinas”, dice el veredicto.
El veredicto dice que el Gobierno de Estados Unidos es el responsable de promover la guerra contra las drogas dentro de sus propias fronteras, y en México a través de la Iniciativa Mérida con más de 3 mil millones de dólares y el apoyo político incondicional a las administraciones de Felipe Calderón Hinojosa y de Enrique Peña Nieto. “La financiación apoya la militarización, un factor importante en muchos de los casos que revisamos”, dice el documento.
Los testigos presentaron ante el Tribunal de Conciencia “pruebas convincentes” de que en México el Instituto Nacional de Migración (INM) es cómplice de violaciones sistemáticas de los derechos humanos de los migrantes y sus familias, incluyendo el secuestro, la extorsión, el abuso sexual y la violación, detención arbitraria, y homicidio”.
“Funcionarios del INM coludidos con el crimen organizado facilitan o permiten que individuos u organizaciones criminales tengan acceso a los migrantes para sus propios fines ilícitos. [...] Las organizaciones criminales se dedican sistemáticamente a secuestrar, extorsionar, a la trata de personas, la prostitución forzada, la esclavitud, el asesinato e incluso al tráfico de órganos en el mercado negro”, dice el documento.
El padre Alejandro Solalinde dijo ante el jurado que los migrantes son tratados como mercancía en México. Mencionó que funcionarios estatales, y otros actores que no operan bajo el manto de la Ley, participan en el uso de personas como “mercancías desechables, con precios que ponen sus vidas y cuerpos con poca consideración a su humanidad o la de sus familias”.
El jurado también halló al Estado mexicano culpable de la violación sistemática de los derechos económicos, sociales y culturales de su población.
“Encontramos que la pobreza y la pobreza extrema, la inseguridad alimentaria, la falta de servicios básicos, el desempleo y el subempleo, y la escasez de vivienda son resultado de la desigualdad inherente en el modelo económico neoliberal, que entró a México desde el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN)”, dice el veredicto.
“Estamos de acuerdo con otros expertos que el fracaso del Estado para garantizar estos derechos humanos básicos es una grave violación que también deben ser caracterizada como un crimen contra la humanidad. La pobreza implica la violación individual y colectiva del derecho a la libre determinación, y una violación de los derechos sociales, económicos y culturales, incluido el derecho a la alimentación, el derecho a una vivienda digna y el derecho fundamental a la vida, todos los cuales son reconocidos formalmente en la Constitución de México”, dice el documento.
El Tribunal de Conciencia también encontró que el Estado mexicano es culpable de realizar “un patrón generalizado de terror estatal y de ataques a la seguridad pública”. Menciona que el Gobierno de México está acusado de este patrón entendido como la complicidad del Estado con la delincuencia organizada en actos de violencia en contra de distintos sectores poblacionales. “Esta acusación se apoya en el testimonio creíble, sobre todo en los casos de Ayotzinapa, San Fernando y las masacres de Acteal”.
Indicó que también es responsable del mal uso de los recursos públicos. “Estamos de acuerdo con las conclusiones del Tribunal (Capítulo México) Permanente de los Pueblos que el Estado mexicano es culpable de un masivo ‘desvió de poder’ para servir a los sectores de élite y aliados transnacionales en lugar de atender las necesidades básicas y garantizar los derechos básicos de su población.
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“Esta violación del pacto social se caracteriza por el fortalecimiento del aparato y las acciones represivas contra la población, mientras que, de manera simultánea, las instituciones se debilitan para proteger y cumplir los derechos civiles, políticos, económicos, culturales y sociales de las personas”, dice el texto.
El jurado dijo que hay constancia de omisiones del Gobierno de México en materia de violencia de género, en especial contra las mujeres y niñas. “El Gobierno de México está acusado de no investigar y procesar a la gran mayoría de los feminicidios en la ciudad fronteriza de Ciudad Juárez, donde se han encontrado cientos de cuerpos de mujeres con evidencia de violación y  tortura, mientras el feminicidio en el resto del país se ha disparado desde que comenzó la guerra contra las drogas”, dice el veredicto.
Finalmente se menciona que el Estado es responsable de “complicidad transnacional” debido a la desigualdad que se ha intensificado en gran medida en las economías más pobres de México y otros países centroamericanos bajo el TLCAN y el CAFTA.
“Una consecuencia directa de estas condiciones económicas es la migración forzada de personas procedentes de América Central y México hacia el norte por una cuestión de supervivencia. La hostilidad a la migración abiertamente declarada por las políticas y los políticos estadounidenses no se refleja por los empleadores estadounidenses que buscan mano de obra migrante como una fuente de mano de obra barata y explotable”, menciona el texto.
Dice que la imposición del modelo económico es una causa directa de graves violaciones de los derechos humanos, incluyendo el desplazamiento forzado, la criminalización y la consiguiente vulnerabilidad de los migrantes que los hace presa de la violencia, la extorsión, el reclutamiento forzoso y la trata de personas, así como la prostitución forzada. “Esto refleja patrones de complicidad transnacional entre los gobiernos y las élites económicas en contra de los derechos e intereses de las personas”, dice el veredicto.

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"DESAPARECIDOS": RELATOS de ANGUSTIA en TAMAULIPAS....ya "suman miles" y cada vez mas.



Uno estaba trabajando, otra andaba de paseo, una era una policía que había ido a comer con una amiga. Ellos, y miles más, han desaparecido en los últimos años en el estado mexicano de Tamaulipas (este), golpeado por la violencia de los cárteles de las drogas.

El estado fronterizo con Estados Unidos tiene la infamia de ser la región con más desapariciones en México, con 5 mil de las 26 mil contabilizadas a nivel nacional por el gobierno.

Pero para miembros del Colectivo Familiares y Amigos de Desaparecidos en Tamaulipas, la cifra real es de 11 mil casos.

La desaparición de 43 estudiantes en Guerrero (sur) en 2014 ha puesto un foco sobre el drama de los desparecidos en México, pero hay muchos otros en todo el país.

En Ciudad Victoria, capital del estado, miembros del colectivo recibieron en una humilde vivienda a la AFP para relatar angustiados la desaparición de sus seres queridos en un estado atemorizado por los carteles de Los Zetas y del Golfo.

Raquel, 19 años. Estaba en su casa
El 1 de septiembre de 2011, un comando armado irrumpió en la casa de Guillermo Gutiérrez Riestra y "levantó" (secuestró) a su hija Raquel, de entonces 19 años, y a un amigo que estaba con ella. Estaba por entrar a la universidad, soñaba con ser abogada.

"La levantaron en un operativo aquí en la ciudad, fueron ellos, los Zetas. Quemaron la casa, el carro. Eso mismo hicieron todo el día. Yo creo que nada más ese día levantaron como a 50 jóvenes. Pensamos que fue como una leva para forzar a la gente a entrar a su organización", relata.

Dalia, 26 años. Trabajaba en San Fernando
Lo último que Alma Miriam Ruiz supo de su hija Dalia, de 26 años, fue que estuvo en la estación de autobuses de San Fernando (170 km al norte de la capital del estado), días después del 27 de agosto de 2010, cuando 72 migrantes centroamericanos fueron brutalmente asesinados por Zetas en ese poblado.

Trabajaba en San Fernando para mantener a sus hijos, a quienes dejó en Ciudad Victoria al cuidado de su madre. Quería volver a casa.

"No sé mucho de la desaparición de ella. Dicen que un fulano de esos (un narcotraficante) la tenía a la fuerza, incomunicada. Pienso que se las llevan para tenerlas trabajando, como pareja", explica.

Gladys, 35 años. Era policía
Gladys, de 35 años, estaba orgullosa de ser policía estatal. Detestaba el trabajo de escritorio, amaba los operativos. Su madre, María Luisa Silva, muestra una fotografía donde la joven aparece sonriente con su uniforme y arma larga en mano. El 14 de mayo de 2014 salió a comer con una amiga y nunca regresó.

"No sabemos qué amiga fue", comenta. Sospecha que su desaparición pudo ser una represalia ligada a su trabajo policial. "Nueve días antes mataron a un jefe (policial) en una balacera. Detuvieron como a nueve policías (...), ella detuvo a uno de los delincuentes".

Zaida, 17 años. Paseaba
"A mi hija se la llevaron de 17 años", dice al borde del llanto María Guadalupe Ramírez al recordar la tarde del 1 de septiembre de 2011, cuando su hija salió con otros cuatro chicos en un automóvil a pasar el día en un río cercano.

"El único que apareció fue el muchacho que llevaba el carro. Apareció en el cerro, hecho pedacitos, pero los otros no", explica Ramírez. A un familiar de los otros chicos le pidieron un rescate por todos. "Se pagó pero no regresaron a ninguno".

Isidro, 32 años. Estaba descansando
La noche del 5 de abril de 2011, Isidro, de 32 años, hijo de María Natividad Banda, se encontraba descansando. Unos hombres armados "se metieron dentro de la casa. Estaba su suegro y a él también se lo llevaron y a un cuñado de él. Había mujeres y niños pero gracias a Dios no se las llevaron", recuerda la mujer.

Conocidos cuentan que lo han visto aquí o allá. "Pero lo hemos buscado y nada. La última vez fue en enero, nos dijeron que estaba en la plaza de Ciudad Mante. Que andaba muy limpio, bien", dice.

José, 42 años. Estaba trabajando
Cirila Maldonado lleva cuatro años y cuatro meses en busca de su hijo José, quien se encontraba trabajando en un taller de soldadura cuando unos hombres llegaron en un auto y se lo llevaron. En este caso la familia pagó rescate.

"A su esposa le pidieron mucho rescate, mucho. Pedimos dinero, en dos días lo juntamos. Ella entregó el dinero, pero a la mera hora no nos lo entregaron", explica.

Andrea, 28 años. Estaba en su negocio
Andrea estaba en su negocio de paletas de frutas congeladas a un lado de su casa cuando, el 1 de noviembre de 2012, una vecina, esposa de un policía, la llamó para pedirle que saliera a la calle. "Y salió y llegó la troca (camioneta) y se la llevó", narra su esposo, Guillermo Robledo. Detuvieron a dos sospechosos. "A uno lo mataron en el penal. Nunca dijeron qué le hicieron".

Fuente.-