En García, Nuevo León, alguien confundió la “revisión de rutina” con un cateo a madrazos y dos policías —más inspirados en el “Manual de Chingadazos” que en el Código Nacional de Procedimientos Penales— decidieron que era buena idea tumbar a un chavo en bicicleta por negarse a dejarse revisar. El video que circula lo deja clarísimo: esto no fue prevención, fue una paliza institucionalizada bajo el disfraz del deber.
El joven, menor de edad según los vecinos, apenas tuvo tiempo de entender qué ocurría cuando uno de los uniformados le vació un golpe directo al abdomen, una especie de “pase de inspección” sello de la casa.
Lo tiraron al suelo, y solo se frenaron cuando escucharon que los testigos gritaban: “¡Es menor!”. Ahí, por fin, hicieron caso al artículo 19 de la Constitución, aunque les costó entenderlo a puro grito vecinal.
Y por si faltara algo, uno de ellos —armado y con ínfulas de censor— se acercó a la vecina que grababa todo y la amenazó con la joya del día:“Deja de estar grabando tú”. Error garrafal. Porque ese teléfono fue la única autoridad presente.
El artículo 6 constitucional protege el derecho a la información y la libertad de expresión; lo que ese uniformado intentó hacer fue censura con pistola en mano, prohibidísima por la Convención Americana sobre Derechos Humanos.
El artículo 22 de la misma Constitución prohíbe la tortura y “cualquier otra pena inusitada” —como lo sería convertir una supuesta inspección en sparring callejero—. Y para rematar, el artículo 16 dice, clarito, que nadie puede ser molestado en su persona ni en sus posesiones sin mandamiento escrito fundado y motivado. Traducción al cristiano: los policías no pueden revisar, detener ni golpear a nadie solo por intuición o capricho, menos si va en bici.
Así que no, esto no fue una “revisión de rutina”. Fue una violación de rutina, un abuso de autoridad con respaldo institucional y una demostración de cómo algunos agentes aún creen que el uniforme otorga permiso para repartir miedo. Ojalá la “investigación interna” no acabe como siempre: interna y sin consecuencias.
En esta foto trascendida en redes, de la Presidenta Claudia Sheinbaum y del Senador Felix Salgado Macedonio, no hay caminata casual: hay una coreografía de poder mal ensayada, donde quien debería mandar aparece literalmente conducida por el padrino local, por el cacique, por el sempiterno aliado del crimen organizado con quien comparte el poder en dos gobiernos, aunque uno, el de mas poder gobierna al otro, porque gobiernan todo y a todos.
El contexto : el mismo senador que hoy abraza y conduce a la presidenta es el que sueña con heredar, vía urnas, el gobierno que todavía encabeza su propia hija en Guerrero.
La dinastía en escena
Evelyn Salgado llegó a la gubernatura en 2021, tras la caída de la candidatura de su padre, y concluirá su mandato en 2027, es decir, el “efecto familia” ya definió una elección completa en el estado.
Ahora el senador pretende cerrar el círculo: primero hija gobernadora, luego papá gobernador, todo dentro de la misma marca partidista y del mismo grupo de poder.
La ley que llega tarde
La reforma constitucional contra reelección y nepotismo ya fue aprobada y prohíbe que familiares inmediatos se sucedan en cargos de elección, pero el Congreso pactó que entre en vigor hasta 2030, no en 2027 como planteaba originalmente Sheinbaum.
Ese aplazamiento abrió una ventana perfecta para casos como el de Guerrero: legalmente el senador puede intentar suceder a su hija antes de que el candado constitucional se active.
Lo que Sheinbaum dice vs lo que muestra
Sheinbaum ha insistido públicamente en que está contra el nepotismo y que la prohibición debería aplicarse cuanto antes, incluso pidió a Morena que no postule familiares aunque la ley arranque en 2030.
Por eso la imagen duele doble: mientras su discurso presume fin de dinastías políticas, el cuerpo de la presidenta se deja guiar, literalmente, por uno de los principales beneficiarios del retraso en la entrada en vigor de esa misma reforma.
La mano en la espalda
Ese brazo por detrás es el clásico gesto de dominación blanda: “yo marco el rumbo, tú te dejas llevar”, un truco muy documentado en manuales de lenguaje corporal político.
En política casi nunca se permite que te agarren así en público: te coloca en posición de menor rango, como aprendiz, invitado o, peor, propiedad ajena.
Posturas y jerarquías
Él avanza con el torso ligeramente inclinado hacia delante y el brazo libre ocupando espacio, típico de quien se asume dueño del terreno; ella camina más recta, brazos pegados, postura contenida de visitante que acepta el guion.
El reparto de espacio es brutal: él invade, rodea, señala; ella apenas ocupa la franja asignada de suelo, cuerpo orientado hacia adelante como quien prioriza llegar antes que disputar el mando simbólico.
Escenografía y narrativa
La camioneta negra de fondo, el camino de tierra y el vestido bordado montan la postal perfecta del cacique que presume a la invitada de ciudad en “su” territorio, mezclando SUV de élite con folklorismo calculado.
Todo esto ocurre frente a cámaras, es decir, no es solo afecto espontáneo: es mensaje visual a militantes y élites locales sobre quién tutela a quién en esa plaza.
Género y poder
El gesto refuerza el viejo libreto patriarcal: varón guía, protege y exhibe; mujer poderosa rebajada al papel de acompañante conducida, lo que en clave feminista es dinamita simbólica en pleno siglo XXI.
En lugar de proyectar liderazgo autónomo, la escena reescribe la promesa de ruptura: el cuerpo de la mandataria queda inscrito en la vieja semiótica del caudillo que “presta” su respaldo… y cobra en crédito político.publicaciones.
Lo que grita sin hablar
La caminata no dice “alianza entre iguales”, dice “patriarca territorial llevando del brazo a la jefa nacional”, una inversión peligrosa de jerarquías que cualquier asesor de imagen debería haber frenado en seco.
En lenguaje visual del poder, permitir que te conduzcan por la espalda es regalar capital simbólico: la escena no solo respalda a un personaje cuestionado por su vocación de bandido, también normaliza que el viejo régimen siga agarrando la espalda del nuevo.
La polvareda de la última guerra al interior del Cartel de Sinaloa parece asentarse, dejando ver la forma de lo que queda, las estructuras criminales supervivientes, después de 15 meses de batalla. La lucha entre clanes ha dejado maltrechos a los principales, sobre todo al que comandan los hijos de Joaquín El Chapo Guzmán, viejo capo del narco regional.
De los cuatro hijos originales, solo quedan libres dos, que viven a salto de mata, despojados de sus principales ayudantes, asesinados o capturados. Sus enemigos, hijos y seguidores del antiguo socio del padre, Ismael El Mayo Zambada, han salido fortalecidos de la guerra. Pero el gran ganador del caos violento de todo este tiempo no pertenece ni a una facción ni a otra.
Un nuevo Chapo emerge en Sinaloa, menos mediático que el anterior, pero tan capaz como él de exportar droga al norte. Fuentes de seguridad consultadas por EL PAÍS señalan que el principal beneficiario de la guerra es, sin lugar a duda, el grupo que comanda Fausto Isidro Meza Flores, alias El Chapo Isidro. Uno de los grandes enemigos del Gobierno de Estados Unidos, Meza Flores maneja una importante operación de producción y tráfico de drogas sintéticas, fentanilo y metanfetamina, sobre todo, en la zona norte de Sinaloa, en Los Mochis y Guasave, principalmente. “Exporta más droga que todos los demás”, asegura una de las fuentes. “Es el gran ganador de la guerra, está muy fuerte”, añade, afirmación sorprendente, dadas los acontecimientos de diciembre.
En las últimas semanas del año pasado, autoridades mexicanas acabaron prácticamente con una de las patas de la facción del Chapo Isidro, la familia Inzunza. El 1 de diciembre, marinos abatieron al hijo, Pedro Inzunza Coronel, alias El Pichón, en Choix, un pequeño municipio al interior de la ciudad costera de Los Mochis. “[El Pichón] empezó a tirar contra el helicóptero de la Armada y ellos respondieron”, apunta una fuente al tanto de las reuniones del Gabinete de seguridad federal. En ese operativo hubo además varios detenidos. En el último día del año, la Guardia Nacional detuvo en Culiacán, la capital, al padre, Pedro Inzunza Noriega, alias Sagitario, de 62 años. A diferencia de la anterior, esta captura se hizo sin realizar un solo disparo.
Cualquiera diría que la caída de los Noriega, primeros criminales acusados de narcoterroristas por EE UU, ha supuesto un golpe importante para el grupo del Chapo Isidro. El Gobierno de Donald Trump consideraba, de hecho, que los Noriega eran los líderes de la facción. En un comunicado divulgado en mayo, el Departamento de Justicia de aquel país los colocaba al frente de la “organización de los Beltrán Leyva”, apellido de la familia que dio origen a la facción, hace más de 20 años, caída ya en desgracia, muertos o detenidos los hermanos. “Esta organización, bajo el liderazgo de Inzunza Noriega, es presuntamente responsable de algunas de las mayores incautaciones de drogas de fentanilo y cocaína con destino a Estados Unidos de la historia”, dijo entonces el agente del FBI a cargo de la investigación sobre los Noriega.
En México, la lectura es distinta. Para empezar, las autoridades colocan al Chapo Isidro al frente de la facción, por encima incluso del hijo de Alfredo Beltrán Leyva, uno de los hermanos fundadores, que cumple condena en Estados Unidos. El hijo en cuestión, Jesús Alfredo Beltrán, alias El Mochomito, es otro de los objetivos del Gobierno de Trump, aunque no al nivel del Chapo Isidro, que hace unos meses entró en la lista de los 10 fugitivos más buscados por el FBI. Para dar una idea del tamaño del negocio del nuevo Chapo, una de las fuentes consultadas asegura: “Yo no diría que [la caída de los Noriega] haya afectado a su operación. Si acaso fue un golpe anímico”.
Poco se sabe del Chapo Isidro. En una ficha que elaboró hace unos años el Cenapi, un centro de análisis de la antigua Procuraduría General de la República, los investigadores fijaron su nacimiento el 19 de junio de 1982, en Navojoa, justo al otro lado de la frontera regional, en el vecino Estado de Sonora. No se sabe cómo llegó a Sinaloa. “Lo fuerte de él era el fierro viejo, desmantelaba barcos en Guasave, en playa Las Glorias y El Colorado, y vendía el fierro viejo. Estaba en el medio [del narcotráfico], pero no era muy importante”, dice un agente de las fuerzas de seguridad de Sinaloa, consultado sobre su figura.
En algún momento de la primera década de este siglo, Meza Flores empezó a acumular poder. Los hermanos Beltrán Leyva, Arturo, sobre todo, Alfredo, después, y Héctor, por último, primos del Chapo Guzmán, manejaban su propia red de exportación de cocaína, metanfetamina y heroína a Estados Unidos. Su grupo y el de Guzmán operaban en paralelo, sin problemas. Pero a finales de década, la situación cambió. En enero de 2008, las autoridades detuvieron a Alfredo Beltrán, captura que sus hermanos achacaron a una traición del Chapo Guzmán. En mayo de ese año, sicarios acribillaron a uno de sus hijos, Edgar Guzmán, en un centro comercial en Culiacán.
Aquella guerra, como la que han librado en los últimos 15 meses el resto de los hijos del Chapo contra los del Mayo, se saldó con miles de asesinatos, una fragmentación de las estructuras del narcotráfico en el país y su militarización, situación que explica el presente, y los últimos 20 años de violencia desatada. El Chapo Isidro medró en las ruinas de aquella primera guerra. El único superviviente de los Beltrán Leyva, Héctor, se refugió en Nayarit, desde donde rearmó su estructura, célebre en los últimos años, por su presunta relación con el exsecretario de la Defensa, Salvador Cienfuegos, según documentaron las autoridades de EE UU. Héctor fue detenido en 2014 y murió, supuestamente de un infarto, en 2018.
Ya en Sinaloa, El Chapo Isidro creció en el corredor criminal de la costa norte, entre Los Mochis y Guasave, donde las autoridades realizaron el mayor decomiso de fentanilo en la historia reciente del país: más de una tonelada, en diciembre de 2024. Se hizo fuerte de la mano de sus tíos, Agustín y Salomé Flores Apodaca. A la detención del primero, en 2012, y su posterior extradición, este Chapo tomó el mando de la facción. “Él se quedó con todo el negocio de los Beltrán, se encargaba de Guasave y de la sierra de esa zona, hasta León Fonseca y Sinaloa de Leyva”, dice el agente de las fuerzas de seguridad de Sinaloa.
De 2011 a 2020, las autoridades mexicanas le detuvieron al menos cuatro veces, según la ficha del Cenapi, por delitos graves como delincuencia organizada, narcotráfico, privación ilegal de la libertad y portación de armas. Por algún motivo, ninguno de esos delitos hizo que se quedara en prisión. La Fiscalía General de la República tiene abiertas al menos 15 investigaciones en su contra. En Estados Unidos, las oficinas de la Fiscalía en el sur de California y el Distrito de Columbia llevaron ante el juez sendas acusaciones, por conspirar para traficar cocaína, metanfetamina y heroína a aquel país, y por usar armas en esa conspiración. Pero, de momento, sigue siendo un objetivo.
En Sinaloa, donde los muertos siguen sin nombre y los desaparecidos son legión, una parte de la militancia de Morena decidió alzar la voz… pero no por ellos. No, la causa urgente del día fue defender a Venezuela.
Mientras en Culiacán la violencia sigue dictando la rutina —una balacera aquí, un levantón allá— y muertos mas alla en medio de 48 despojos de autos en par de dias, estos cruzados de la “soberanía nacional” marcharon con pancartas y consignas importadas, dispuestos a proteger a un país que tiene jodidos a sus ciudadanos y ni siquiera comparte frontera, ni balas, ni miedo con el nuestro.
El doble discurso roza lo grotesco: quienes guardan silencio ante los feminicidios, el desplazamiento forzado y la impunidad estatal, provocada por una primera traicion entre narcos provocada por su mismo partido, encuentran de pronto voz, bandera y megáfono cuando se trata de Maduro. El sufrimiento ajeno —pero convenientemente lejano— parece más cómodo que mirar el horror local de frente.
En resumen, Sinaloa arde, pero algunos prefieren incendiarse de indignación por Caracas. Y así, entre consignas de “solidaridad latinoamericana”, la omertà doméstica sigue intacta.
En el mismo Sinaloa donde la gente aprende a contar el año en balaceras, desapariciones y despojos, el “balance” es una radiografía brutal: 2 mil 642 homicidios dolosos, es decir, 5.4 asesinatos diarios, como si cada amanecer trajera sus muertos asegurados.
La aritmética del muerterío
3 mil 132 personas privadas de la libertad, a razón de 6.4 diarios, normalizaron el levantón como trámite administrativo: un recurso cotidiano del crimen y una estadística que ya nadie se toma la molestia de desmentir.
9 mil 218 vehículos robados, 18.9 al día, convierten las calles en sala de exhibición del despojo, mientras el ciudadano descubre que tener coche es sólo una forma más elegante de renta al crimen.
2 mil 030 personas detenidas (4.2 diarias) apenas maquillan la escena: por cada detenido, la lista de víctimas de homicidio y desaparición recuerda quién manda el territorio y quién sólo rellena la conferencia de prensa.
164 personas abatidas cierran el cuadro de barbarie: ni vivos, ni juzgados, ni investigados, sólo cuerpos sumados a una guerra que se administra como si fuera inventario, mientras la clase política se concentra en marchar “por la soberanía” y en defender a Maduro desde la plazuela Obregón.
En Chihuahua, mientras el gobierno federal insiste en “pacificar” el país, en Guadalupe y Calvo —territorio Morena— el Año Nuevo se celebró con pólvora, plomo y un toque institucional. El video que circuló en redes muestra a una funcionaria municipal, identificada extraoficialmente como parte del equipo de la alcaldesa Ana Laura González Ábrego (Morena), disparando un rifle de asalto de alto poder.
Ante el escándalo, doña Ana Laura quiso aplicar la vieja técnica del “esa no es de mi equipo”, pero el fuego amigo vino desde dentro: el senador Juan Carlos Loera de la Rosa (Morena) la señaló públicamente y, de paso, la balconeó por ni siquiera vivir en el municipio que gobierna.
La gobernadora de Chihuahua Maru Campos (PAN),remató la escena y con sonrisa de revancha política soltó el gancho: “esas son las que luego van a llorar con Harfuch y Sheinbaum pidiendo apoyo en seguridad”. Golpe seco al ego y directo al video viral.
Por qué gatilleras peligrosas
En la imagen se aprecia un rifle de estilo AR-15 con guardamanos largo y cargador tipo STANAG, es decir, un fusil semiautomático para cartuchos como .223 Remington o 5.56×45 mm, considerado arma de alto poder en el uso civil.
Qué dispara ese “juguete”
El cartucho 5.56×45 mm OTAN, habitual en plataformas tipo AR-15, lanza un proyectil de unos 55–62 granos a alrededor de 900–990 metros por segundo al salir del cañón.
Esa velocidad implica una energía capaz de destrozar tejido blando y hueso muy por encima de la de una pistola 9 mm (350–400 m/s), que ya de por sí es letal.
Cuando la bala “sube” y vuelve por obligación
Al disparar al aire, la bala no se desintegra ni se queda flotando: asciende hasta perder velocidad y luego cae por efecto de la gravedad.
En caída libre, los proyectiles pueden alcanzar velocidades terminales de entre 220 y 330 km/h, suficientes para penetrar piel, cráneo y provocar la muerte a una persona que ni siquiera estuvo en la fiesta.
El peligro detrás de lo “ingenuo”
Disparar un fusil de alta velocidad al cielo en una zona habitada convierte cada tiro “de celebración” en una ruleta rusa extendida al barrio entero, porque el punto de impacto es impredecible.
Lo que en el video se vende como “Feliz año” es, en términos forenses, la generación deliberada de balas perdidas con capacidad de matar a varios cientos de metros, usando un rifle diseñado para combate, no para fuegos artificiales caseros.
Así que mientras en Palacio Nacional se debate la moral revolucionaria de la 4T que un dia si y otro también exhibe que es parte de la delincuencia organizada, en la sierra chihuahuense se brinda con metralletas y una alcaldesa que demuestra que, si algo le llueve en su milpa, son balas de alto calibre… y críticas de todos los frentes SIN CASTIGO.
Mientras cientos,miles de soldados, drones y patrullas blindadas desfilan ante las cámaras para presumir el flamante Plan Michoacán que ha fallado todas la veces en que lo han implementado, pues de no ser asi,no se estaría implementando otro,el líder de Revolución Social, René Valencia, protagonizaba su propio «en vivo» de supervivencia en la carretera entre Pátzcuaro y Erongarícuaro. No era un simulacro: un grupo armado los emboscó, agujereando la camioneta mientras el dirigente transmitía en vivo, literalmente esquivando balas y rezando por señal de celular.
“Nos acaban de emboscar… la llanta la traemos toda madreada”, se le escucha decir, todavía al volante, con la serenidad de quien narra un tutorial de mecánica y no una persecución a muerte. Su acompañante, con voz entrecortada, anuncia una segunda ráfaga de disparos: “Nos siguen tirando, este es el segundo ataque de la noche”. Todo en plena operación federal para “recuperar la paz”.
Mientras tanto, la paz brillaba por su ausencia. Ninguna corporación —ni Guardia Nacional, ni Ejército, ni Policía Estatal— se dio por enterada del auxilio que el equipo de Valencia pedía desesperadamente. Literalmente, en medio del operativo más publicitado del sexenio, los únicos que respondieron fueron los internautas del en vivo.
Al cierre de la transmisión, Valencia pidió cortar la señal: “nos están siguiendo por la transmisión”. Su hermano, Memo Valencia, dirigente estatal del PRI, encendió la alarma en redes cerca de las 8 de la noche, rogando por ayuda oficial.
Una hora después, la incertidumbre mandaba más que cualquier mando militar: nadie sabía qué había pasado con los escoltas ni si el ejército blindado del Plan Michoacán se enteró de que, mientras lucían el uniforme, el caos seguía manejando por su cuenta.
Américo Villarreal ahora quiere sentarse a “dialogar” con el pueblo, justo cuando su nombre ya aparece demasiadas veces y no solo en la lista de narcopolíticos fichados,tambien en expedientes que lo ligan al crimen en EE.UU y que solo espera el momento estratégico para echarle el guante, sabedores de que en Mexico es protegido, como protege la mafia italiana a los suyos.
Asi estos diálogos se dan baj calculo politico y no es casualidad que a poco mas de tres destrozos años de su gobierno,quiera convertir este ejercicio de comunicación en control de daños disfrazado de programa “humanista” por radio y televisión públicos.
Dos diálogos, dos escenarios
En un Tamaulipas están los diálogos que nunca se graban: los de campaña, cuando la columna Pedro J. Méndez del Cártel del Golfo se volcó a favor de Américo, con mítines, cartas y respaldo abierto al hoy gobernador que luego para agradecer sacó de la carcel al lider regional del Cartel del Golfo,Octavio Leal Moncada,alias «El Viejo Narco», ahí no había escenografía de estudio ni conductor amable, solo la aritmética simple del poder: votos y luego el pago del proteccion oficial.Tan solo basta escuchar a General ex-Secretario de Defensa presumiendo en la mañanera quien era el narco que Americo Luego liberaría para cumplir el trato.
Tratos que quedaron por demas clarificados cuando se filtraron audios donde una ex-diputada ligada a la facción Pedro J. Méndez asegura que el gobernador “está amarrado con varios cárteles, no nada más nosotros, y tiene que cumplir”.
En el otro Tamaulipas están los “Diálogos con Américo, donde las decisiones se entienden”, un programa semanal hecho a la medida, transmitido por el Sistema Estatal de Radio y Televisión, diseñado para colocar al gobernador como figura cercana, transparente y didáctica.
Ahí el libreto dice “confianza”, “visión humanista” y “liderazgo que transforma”, mientras la realidad sigue oliendo a gasolina contrabandeada,incluso despues de los operativos farsantes de Omar Garcia Harfuch que no aguantan el escrutinio de la impunidad por litro, sin contar los que sus operativos se roban.
Ni se diga de los narconexos zetas o lo miles de desaparecidos, abrazos a lugartenientes del Cartel del Golfo y pactos politicos con «Escorpiones» del CDG,tan solo por citar parte de la pudrición tan extensa que no cabe en un solo texto y que ningún conductor que cobra su cheque en el gobierno, le va a preguntar al aire.
El expediente incómodo
Tan solo la plataforma Narcopolíticos consigna algunas de las lindezas que se atribuyen a Américo Villarreal y que también incluyen a la flamante Magistrada Presidente del Supremo Tribunal de Justicia Estatal,Tania Contreras,tambien aliada del Cartel del Golfo y operadora en materia de justicia del grupo criminal.
Ni quien olvide la fotografía con Gerardo Teodoro Vázquez Barrera, “El Gerry”, operador financiero del Cártel del Noreste, última imagen pública junto con La Chispa del Cartel del Golfo,antes de que desapareciera junto con dos marinos tras aquella reunión que fue su ultima cena y que la prensa nacional cuestiona sin respuestas.
El show ciudadano
En el boletín oficial, el programa de radio se vende como un espacio para que las y los tamaulipecos “se sumen a la conversación” y entiendan el porqué de cada decisión de gobierno. En la prensa local ,mucha de esta al servicio de la paga mensual,lo describen como un canal directo para explicar políticas públicas, reforzar la confianza y “ordenar la conversación” desde un enfoque humanista y transparente.
Pero el ciudadano que no es narco, el que ha vivido bajo su gobierno complice entre balaceras, levantados, ejecutados pagando cuotas cada mes como segundo impuesto , ese no entra a cuadro: su diálogo real es el grito agachado al piso cuando empiezan los tiros, la mudanza forzada y el silencio obligado porque hablar cuesta la vida. Ese ciudadano no recibe micrófono estatal ni edición bonita, recibe estadísticas maquilladas en spots y un gobernador explicándole por qué todo va mejor mientras reza que sus hijos lleguen vivos a casa.
Lavado de imagen en cadena estatal
El formato semanal, en horario estelar de domingo y con distribución por radio, TV y redes bajo el sello Radio Tamaulipas Multicast, es una plataforma privilegiada para que el propio gobernador fije la agenda y dispute el relato público. No es un “diálogo”, es un monólogo con presupuesto público, pensado para barnizar de cercanía a un político exhibido en procesos e investigaciones periodísticas por nexos con al menos dos cárteles, pero como dijo la Diputada; «esta amarrado con todos».
Frente a los señalamientos de financiamiento ilícito, reuniones con operadores criminales para cenar, la respuesta no es rendición de cuentas, sino un programa de radio donde todo se reduce a “explicar decisiones” a una audiencia sin derecho de réplica real. Así funciona la coreografía: los diálogos con el narco se pactan en lo oscurito y plena luz del dia como lo hace este sinverguenza que se encamina rumbo a la prision,los diálogos con el pueblo se transmiten en HD para lavar la cara, justo a tiempo para la próxima elección.