El gobierno de Claudia Sheinbaum prometía limpiar la casa… pero parece que sacaron la escoba para esconder el polvo bajo la alfombra y de paso abrieron nuevas habitaciones para el horror. ¿Solucionar problemas? , ni en sueños: bajo su manto, los problemas no solo se reproducen, se multiplican como cálculos renales en temporada de calor.
En los primeros 10 meses de administración, México le hizo honor a su tradición de cifras escalofriantes: más de 12,000 personas desaparecidas y 227 fosas clandestinas que brotan por todo el país como hongos después de la lluvia de impunidad.
¿Homicidios? “¡Han bajado!”, presume el gobierno. Pero claro, parece que lo resolvieron con magia: simplemente hay más desaparecidos que asesinados en al menos nueve estados —la CDMX, Estado de México y Tamaulipas encabezan el festival de desapariciones, superando por mucho los números de homicidios registrados.
Desaparecer es el nuevo eufemismo nacional para “morir sin cuerpo ni tumba”. La estadística oficial se alegra porque matan menos… pero eso sólo significa que los cuerpos están mejor escondidos.
¿Y la respuesta oficial?
Lo de siempre: promesas de coordinación, plataformas únicas, mapas y bases de datos. Mientras tanto, el Registro Nacional de Personas Desaparecidas se atasca de expedientes y los cementerios clandestinos están tan de moda que hasta los-carteles abren sucursales. La presidenta se limita a calificar de “terrible” los hallazgos —como si el horror fuera una novedad importada y no el pan de cada día nacional.
Más allá del show mediático, esto es un país donde la desaparición equivale casi siempre a muerte y la justicia sólo aparece cuando los familiares excavan con palas, esperanza y rabia.
Los gobiernos pasan, las fosas se multiplican, las familias buscan mientras las autoridades fingen que buscan. Pero tranquilos, la tendencia va a la baja… la de los cuerpos encontrados; la alza imparable es la de los desaparecidos. Así, bajo la sombra del poder, lo que no se ve no cuenta, y lo que se cuenta no importa.
¿Qué nos dice esto?
Que el Estado ya ni siquiera se esfuerza en maquillar la tragedia: la convierte en número, la transfiere de columna (de homicidios a desaparecidos), la cubre de discursos y suelta una frase de consuelo. Pero el pueblo ya sabe leer entre líneas: si matan menos es porque desaparecen más. Y los que desaparecen, desaparecen del mapa, de la memoria y de las estadísticas… hasta del futuro.
¡Bienvenido a México, donde los desaparecidos crecen al amparo del gobierno y las fosas clandestinas rivalizan con las carreteras por ver quién tiene más sucursales!.
Con informacion: ZONADOCS/ REVISTA ESPEJO/

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