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domingo, 17 de agosto de 2025

“AZOTE de ESPAÑA en…LA MORALEJA ?”: “PRENSA EUROPEA FUSTIGA MUDANZA de LUJO de ESPOSA de AMLO a SUBURBIO EXCLUSIVO de MADRID”…choque brutal de congruencia y conveniencia dejó gravemente herida la credibilidad.


La ex-primera dama de Mexico,Beatriz Gutierrez Müller,esposa de Andres Manuel Lopez “hablador”, cronista de agravios históricos y protagonista de exilios voluntarios, nos volvio a demostrar que para algunos especímenes la congruencia es solo un eslogan y la memoria, un recurso literario.

La ex primera dama quien acaba de fincar sus residencia en España,ahora dibuja con sus pasos por Madrid el retrato perfecto de una élite que, mientras exige disculpas por la conquista, goza de las ventajas de la metrópoli.

Entre la exigencia de disculpas y el confort de La Moraleja, Beatriz Gutiérrez Müller confirma que la dignidad patria, a veces, cabe en una maleta de lujo.

Defensora del pasado, habitante del privilegio: Gutiérrez Müller como buena escritora, sigue escribiendo la crónica de la contradicción mexicana, donde la historia y la comodidad marchan de la mano.

Mientras desde el púlpito oficial se fustigaba al “neocolonialismo español”, se exigian disculpas históricas y se azuzaba al pueblo con una narrativa de independencia y orgullo nacionalista, en los hechos vemos cómo los que sostenian ese discurso no titubearon en buscar en Madrid —el corazón del “viejo enemigo”— la comodidad, exclusividad y proyección que su propio país parece no garantizarles.

Y es que,para los fundadores del humanismo transformador,mas bien depredador,la moral sigue siendo un “árbol que da moras”,según sea la conveniencia del momento, sin importarles la coherencia ni la congruencia. Exigen y exgigina a otros lo que ellos mismos jamás estarían dispuestos a cumplir o predicar con el ejemplo. Aun se desgañitan hablando de dignidad y soberanía, pero hacen mutis cuando los que les heredaron el poder no dudan en mudarse a una de las zonas más lujosas de Madrid, o en rodearse de la élite política y diplomática de ese país “opresor”.

¿Y la congruencia? Bien, gracias. Aquí pesa más la narrativa que la consistencia ética. Se censura el pasado, pero se disfruta plenamente el presente —especialmente si es rodeado de privilegios en la capital española—. Y mientras tanto, el mensaje hacia afuera sigue siendo uno de confrontación, como si las acciones personales y familiares no tuvieran ninguna implicación pública.

El verdadero desafío es para quienes todavía esperan alguna clase de integridad por parte de su clase política. 

El choque brutal de congruencia y conveniencia 

El choque entre conveniencia y congruencia es una de las colisiones más brutales —y frecuentes— de la vida política y pública. La conveniencia prioriza el beneficio personal, la comodidad, las oportunidades exclusivas y el cálculo inmediato, mientras que la congruencia exige coherencia ética, fidelidad al discurso y respeto a los valores que se proclaman en público.

En el caso de figuras públicas como Beatriz Gutiérrez Müller, la tensión explota con estruendo: por un lado, la narrativa de orgullo nacionalista, reclamo de agravios históricos y distanciamiento de la herencia colonial; por el otro, la mudanza a una urbanización de lujo en Madrid y la vida cosmopolita, aparentemente incompatible con el relato de dignidad nacional.

¿Quién sale lastimado de este choque? Principalmente, la credibilidad:

  • Sale herida la confianza pública, porque la gente percibe la incongruencia entre palabra y acción.
  • Se lastima el ejemplo, el referente ético, pues los líderes y sus círculos cercanos dejan de ser modelos aspiracionales.
  • Resulta dañado el discurso transformador, que se vacía de contenido y se vuelve puro artificio retórico.

Al final, cuando la conveniencia vence a la congruencia, lo que se desgasta y erosiona es la legitimidad, la esperanza en el cambio real y la capacidad de inspirar a otros para buscar un país más justo y auténtico. Lo que queda es una ciudadanía más cínica, resignada o —esperemos— más vigilante e irreverente ante las narrativas oficiales.

Lo que nos queda, es mantenernos irreverentes, cuestionar todo y señalar todo —aunque resulte incómodo— esas contradicciones. Porque señalar la doble y triple moral de gobernantes y ex-gobernantes es una obligación frente a quienes creen que el poder los exime de la decencia, la coherencia y la congruencia.

Con informacion: ABC/ESPAÑA/ELNORTE/

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