Al expanista y neomorenista Humberto Prieto Herrera, presidente de la Junta de Gobierno del Congreso de Tamaulipas, le salió un incómodo recordatorio en medio de su defensa del Legislativo: mientras exige pruebas sobre los presuntos proveedores vinculados con el crimen organizado, el alcalde de Reynosa Carlos Peña Ortiz, le responde que revise su WhatsApp.
Y no se refiere a cualquier conversación: el alcalde de Reynosa señala un mensaje del 3 de agosto, en el que asegura haberle comunicado personalmente la denuncia.
El intercambio ya llegó a la prensa nacional. El Universal recogió tanto el señalamiento del alcalde como la respuesta del diputado morenista, que calificó las declaraciones de “muy desafortunadas” y aseguró: “En mi administración, que lleva dos años, te aseguro que no hay ningún proveedor que pertenezca al crimen organizado”. Una certeza rotunda que merece algo más sólido que el tono de quien da por clausurado el asunto, sobre todo en un gobierno como el de Américo Villarreal, que transpira ligas con el crimen organizado y genera una desaprobación ciudadana que lo sitúa en la tabla de la mediocridad nacional, además de estar en la mira de EE. UU.
La patria del “mi Congreso”
Prieto quiso defender a la institución que le pagaba sospechosamente a su esposa y terminó hablando como si enseñara las escrituras: “En mi Congreso eso no sucede”.
Él mismo aclaró que decía “mi Congreso” por un asunto de administración. Se acepta la precisión; lo que no se compra es que el posesivo funcione como certificado de limpieza. El Congreso no necesita un propietario indignado: necesita una explicación verificable sobre las contrataciones cuestionadas.
Su defensa incluye otro escudo: los auditan la Auditoría del Estado y la de la Federación, dijo. Pero mencionar auditorías no responde por sí mismo al señalamiento concreto. ¿Qué proveedores cuestiona Peña? ¿Qué servicios prestaron? ¿Qué revisión se hizo sobre ellos? En la respuesta publicada, Prieto invoca el escrutinio institucional, pero no identifica una revisión específica que despeje estas acusaciones que tienen sobrada evidencia de un gobierno corrupto en grado sumo y exhibido hasta el cansancio.
Porque una cosa es decir “nos auditan” y otra, muy distinta, mostrar qué se revisó. La transparencia no es un sahumerio: no basta con agitarla frente al escándalo para que desaparezcan las preguntas.
El WhatsApp que incomoda
Peña Ortiz,por ahora mesurado, tampoco se quedó en la primera acusación. Según Tiempo Ahora, contestó: “Siempre hemos denunciado. Lo invito a que cheque su WhatsApp del 3 de agosto de este año, para que vea dónde claramente le denuncié personalmente”. El medio también le atribuye el reproche: “No puede decir que no sabe, porque ahí está por escrito; es una sinvergüenzada”.
Aquí la discusión deja de ser solamente un concurso de declaraciones. El alcalde introduce una referencia concreta: una fecha, un canal de comunicación y un destinatario con una pregunta que no se resuelve con cara de ofendido: ¿recibió Prieto ese mensaje y qué hizo con la información?
La nota no reproduce el mensaje ni permite conocer sus anexos o su contenido completo, por ahora.
Menos valentía de micrófono
Prieto invitó al alcalde a presentar pruebas y ofreció acompañarlo a denunciar. Hasta ahí, una respuesta atendible. Pero agregó: “Si no le da miedo, con gusto yo le acompaño”. El expediente convertido por prieto en concurso para ver quién denuncia, quién se atreve y quién posa mejor frente al micrófono.
Si el diputado quiere desmontar el señalamiento, el camino no pasa por medirle el valor a Peña, sino por confrontar la acusación con información comprobable.
Peña aseguró en video, que durante los últimos cinco años habían advertido sobre proveedores ligados al crimen organizado, y sostuvo que personas encargadas de acomodar invitados en eventos del Congreso eran jefes criminales, algo que, según su mismo relato, supo posteriormente.
El Congreso no se absuelve solo
La retórica de Prieto tiene un problema elemental: pedir pruebas es legítimo; pretender que su propia garantía cierre el asunto, no. “Te aseguro que no hay” es una declaración de parte, no el resultado público de una investigación. Y si Peña sostiene que ya le había advertido por escrito, la respuesta debe abordar ese antecedente, no limitarse a invitarlo a empezar de nuevo.
No hace falta diagnosticarle “demencia” al diputado para exhibir la inconsistencia. Basta contrastar la certeza de su discurso con las preguntas que siguen sin respuesta. La crítica pega más cuando apunta al comportamiento público y no se disfraza de diagnóstico médico.
Porque el Congreso no es “de Humberto”, la fiscalización no es un favor y el crimen organizado no se descarta por decreto verbal bajo un gobierno que ha entregado contratos al crimen organizado.
Con información: ELUNIVERSAL/ EL TIEMPO AHORA/



