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lunes, 5 de octubre de 2026

«EN MEDIO del NARCOCOCHINERO: CONGRESO de AMÉRICO CONVIERTE el PRESUPUESTO en GARROTE PRESUPUESTAL al ESTILO de CABEZA de VACA»… escamotean las obras a Reynosa.


Antes de sacar la calculadora para revisar Reynosa, que revisen a quién le pagan en su propia casa. Ese fue el reclamo del edil de Reynosa, Carlos Peña Ortiz al diputado Humberto Prieto: acusó al Congreso de mantener proveedores vinculados al crimen organizado, pese a las advertencias que asegura haber hecho durante cinco años. Y remató con una precisión presupuestal: pide obras para la ciudad, no un cheque para el Ayuntamiento. Primero aclaren sus contratos; después presuman superioridad moral.

Peña puso los puntos sobre las íes: fiscalizar no es repartir dinero, y auditar no es montar circo político

El alcalde de Reynosa respondió asi a los llamados del ex-diputado federal panista, ahora neomorenista, Humberto Armando Prieto Herrera para “revisar números y presupuestos” con una precisión que, aunque dicha con la vehemencia de quien ya se cansó de explicarle peras a quienes insisten en vender manzanas, toca un punto institucional central: una cosa es revisar cuentas públicas y otra muy distinta es convertir el presupuesto de obra estatal en garrote político.

Peña sostuvo en reciente entrevista, que el Congreso local “no es un ente fiscalizador”. Traducido al idioma de la ley —sin fanfarrias ni conferencias de prensa—, el Congreso no debe presentarse como auditor operativo, ministerio público financiero ni brigada de cateo presupuestal.

La revisión técnica de ingresos, egresos, contratos y cuentas públicas corresponde a la Auditoría Superior del Estado (ASE), órgano técnico de fiscalización, control y evaluación gubernamental que debería contar con autonomía técnica, presupuestal y de gestión, aunque en la práctica no sea así e igual que el resto, obedecen el mandato del gobernador.

El Congreso interviene a través de su Comisión de Vigilancia, recibe informes, supervisa el desempeño de la Auditoría y ejerce sus atribuciones de control político; pero no sustituye al auditor ni puede convertir cada discrepancia presupuestal en una sentencia emitida desde la tribuna. 

Dicho con más claridad: el diputado puede pedir explicaciones, impulsar revisiones y exigir cuentas; lo que no puede es disfrazar una disputa política de auditoría concluyente. Para eso existe un procedimiento, una institución técnica y, si aparecen delitos, autoridades competentes que deben investigar y sancionar.

El alcalde también reclamó que, antes de salir a fiscalizar municipios, el Congreso revise su propia casa. La frase no es un adorno retórico: es un emplazamiento político y jurídico. Peña acusa que proveedores relacionados con organizaciones criminales habrían seguido prestando servicios al Poder Legislativo, incluso después de que —según su dicho— el municipio lo advirtió durante años. 

Aunque no dio nombres,también afirmó que personal de seguridad en eventos del Congreso habría resultado ser jefe o integrante de estructuras criminales, y que esas personas o redes conservarían vínculos como proveedores.

En materia presupuestal, Peña también hizo una distinción que conviene tatuarle a quienes simulan no entenderla: Reynosa no está pidiendo una transferencia discrecional para engordar la caja del Ayuntamiento. Está exigiendo mayor proporción de un paquete de obra pública estatal que, de acuerdo con su planteamiento, asciende a 4 mil millones de pesos. La petición es que el Gobierno del Estado ejecute infraestructura en la ciudad: continuidad del viaducto, presas y universidades, entre otras obras. 

La diferencia importa. El dinero destinado a obra estatal no necesariamente ingresa a la tesorería municipal ni queda para libre disposición del alcalde. Puede ser ejercido por dependencias estatales mediante procedimientos de planeación, contratación y ejecución de infraestructura. 

Por eso, reducir el debate a “el municipio pide dinero” es una caricatura útil para la confrontación, pero falsa para entender el diseño presupuestal: Reynosa está pidiendo que el Estado invierta en la ciudad, no que le extienda un cheque en blanco al gobierno municipal. Pero las decisiones tomadas con el estómago a nivel estatal lo impiden.

Qué significa cada frase

Dicho de PeñaLectura jurídica y política
“La Cámara de Diputados local no es un ente fiscalizador.”Tiene una base correcta, pero debe formularse con precisión: el Congreso no realiza por sí mismo la auditoría técnica cotidiana; la ASE es el órgano técnico facultado para fiscalizar. 
“Que auditen el Congreso.”Es un desafío de congruencia institucional. Si legisladores demandan transparencia a municipios, deben transparentar con el mismo rigor sus contratos, proveedores, servicios de seguridad, erogaciones y procedimientos de adjudicación.
“Sus proveedores son del crimen organizado.”Es una imputación de extrema gravedad. En términos legales, debe pasar de la declaración pública a la evidencia verificable: contratos, razones sociales, beneficiarios finales, antecedentes judiciales, pagos y denuncias formales. 
“Los mismos de seguridad… eran jefes del crimen organizado.”De comprobarse, no sería una mera falla administrativa: sugeriría riesgo de infiltración criminal en un recinto legislativo y posibles responsabilidades por contratación, omisión, encubrimiento o uso indebido de recursos públicos. 
“No tienen las facultades [para fiscalizar municipios].”Los diputados no sustituyen a la ASE ni pueden auditar a capricho y no pueden operar como auditores técnicos ni dictar culpabilidades sin procedimiento.
“El municipio no pide dinero; pedimos dinero para la ciudad.”Precisión financiera relevante: se plantea inversión estatal en infraestructura urbana y regional, no una entrega libre de recursos al Ayuntamiento. La obra puede ejecutarla el Estado conforme a su presupuesto y reglas aplicables. 
“De 4 mil millones, a Reynosa le deberían tocar 800 millones.”Es un criterio político de proporcionalidad. Peña toma como base que Reynosa concentra alrededor de 20 por ciento de la población estatal y concluye que debería recibir cerca de una quinta parte del paquete. 

La exigencia es razonable como parámetro de equidad territorial. 
“Nos dieron 144 millones” y “200 millones”.Si las cifras y el universo presupuestal son correctos, representan aproximadamente 3.6 por ciento y 5 por ciento de una bolsa de 4 mil millones, respectivamente. 
El argumento de Peña es que la proporción asignada ha quedado muy por debajo del peso demográfico y económico que Reynosa reclama. 
“Queremos viaducto, presas y universidades.”El alcalde está moviendo la discusión del gasto corriente a infraestructura estratégica: movilidad, agua y educación superior. 
Son rubros que rebasan por capacidad financiera y competencia ordinaria a muchos municipios, por lo que la participación estatal y federal resulta determinante. 

El punto fiscal, sin maquillaje

La parte sólida del argumento de Peña es ésta: una asignación de obra estatal para Reynosa no equivale, por sí sola, a financiar al alcalde ni a transferir recursos municipales de libre manejo. Se trata de decidir dónde el Estado construye, con qué proyectos, bajo qué procedimiento de contratación y con qué prioridad territorial.

También es atendible su reclamo de proporcionalidad. Si el paquete referido es de 4 mil millones de pesos, 800 millones representan exactamente 20 por ciento. Las asignaciones que menciona —144 millones y 200 millones— equivalen a 3.6 por ciento y 5 por ciento, respectivamente, de esa bolsa. 

Lo que no es aceptable es esconder la decisión detrás de una niebla burocrática. Si Reynosa representa el peso poblacional y económico que el alcalde invoca, el Gobierno estatal y sus diputados deben explicar —con expedientes, no con consignas— por qué la ciudad recibe una fracción menor en obra estratégica. La discrecionalidad presupuestal puede ser legal; la opacidad, no.

En resumen: al Congreso, dominado por legisladores de Morena,dominados por el gobernador Américo Villarreal, no le toca jugar al auditor de micrófono; tampoco le corresponde al municipio mendigar lo que debería discutirse como inversión pública proporcional.

Pero si hay proveedores criminales orbitando el Poder Legislativo, el asunto ya no es una discusión política: es una prueba de fuego para el Estado de derecho tradicionalmente ausente y el imperio de la ley cooptado por el crimen organizado.

Con información: REDES/ MEDIOS/

¿DE DÓNDE SACA los TANATES la BRAVATA?: DISPAROS del CDG NARCOTERRORISTA del PRIMITO a FEDERALES de EE.UU es MÁS que un DESAFÍO»… la impunidad AVAnza y les infla el pecho.


¿De dónde sacan los tanates los gatilleros del Cártel del Golfo que encabeza César Morfín Morfín, alias «Primito», para disparar contra agentes estadounidenses? ¿Del arsenal? ¿Del dinero? ¿Del control de los pasos clandestinos? ¿De la complicidad con el gobierno de Américo Villarreal? ¿O de tantos años de ver que la autoridad llega tarde, posa para la foto y deja pendiente lo fundamental: detener a quienes aún mandan y, todo parece indicar, aunque se equivoquen, siguen mandando?

La pregunta no es un aplauso a su arrojo. Es una mentada al fracaso institucional. Porque detrás de esa actitud de desafío criminal no necesariamente hay valentía: hay una peligrosa expectativa de salir impunes.

El 26 de septiembre, personal de la Guardia Costera de Estados Unidos recibió disparos desde el lado mexicano del Río Bravo, cerca de Garceño, Texas, durante operaciones conjuntas de interdicción. Los agentes respondieron al fuego. No se reportaron heridos ni daños al equipo estadounidense. 

La investigación continúa y la identidad de quienes dispararon ,pero en la zona el control del delito esta en manos de la facción de Los Metros del Cártel del Golfo, bajo el mando de César Morfín Morfín, alias “Primito”, y su hermano, el “R8”. 

Pero el ataque nos deja una pregunta atravesada en la garganta: ¿qué capacidad de reto y desafio ,ademas de impunidad, ha acumulado este líder criminal para convertir la ribera tamaulipeca en una posición desde la cual se dispara hacia el país vecino o se planea un ataque contra un consulado en Monterrey ?

No son tanates: es poder

El tamaño de una organización criminal no se mide solamente contando camionetas, fusiles o sicarios. La prueba más incómoda está en averiguar cuánto puede hacer sin que nadie consiga impedírselo.

Por eso, ante “Primito”, el “R8” y las estructuras que se les atribuye, las preguntas deben ir más allá del apodo y del corrido: ¿que tanto ha hecho o dejado de hacer Américo Villarreal y el gobierno federal para identificar a quién financia las operaciónes ?, ¿quién les abastece las armas?, ¿quién vigila los movimientos de la autoridad?, ¿quién cobra los cruces?, ¿qué investigaciones han identificado esas redes y cuántas han terminado en sentencias? 

El señalamiento de control sobre esa zona debe convertirse en una ruta de investigación, no quedarse como decoración de una nota roja. 

Porque disparar hacia Estados Unidos no demuestra que puedan derrotarlo. Demuestra algo distinto y suficientemente grave: que alguien estuvo dispuesto a abrir fuego contra sus agentes desde territorio mexicano. No hace falta regalarles una leyenda de invencibles para reconocer el peligro. Basta con mirar el hecho y preguntar qué falló antes de que llegara la primera bala. 

Los tanates no sustituyen a la logística. Y la fanfarronería no explica, por sí sola, la posibilidad de operar. El asunto que debe esclarecerse es qué combinación de recursos, control local y fallas institucionales hace posible semejante desafío.

Las balas activan dos Estados

Aquí se acaba el cuento del pistolero haciendo una grosería y empieza el problema binacional.

Después del ataque se reportó el movimiento de aproximadamente 500 militares estadounidenses al Valle del Río Grande. El Mando Norte confirmó el reposicionamiento de cientos de efectivos y equipo; explicó que formaba parte de preparativos ante incrementos estacionales de actividad ilícita, y citó el encuentro del 26 de septiembre como ejemplo de ese repunte. 

Del lado mexicano, también se reportó el despliegue de 500 integrantes del Ejército y la Guardia Nacional. El embajador estadounidense, Ronald Johnson, señaló que su representación ayudaba a coordinar con las fuerzas mexicanas desplegadas en el área donde se disparó contra la Guardia Costera y que los mandos militares mexicanos mantendrían comunicación directa con las fuerzas estadounidenses. 

Así de peligrosa es la bravata: unos tiradores abren fuego y dos países refuerzan su presencia en ambos lados de la misma frontera.

No estamos hablando de dos fronteras distintas, sino de una frontera compartida convertida en escenario de agresión y respuesta. Tampoco de una guerra declarada. Estamos hablando de un incidente armado que introduce un riesgo de escalamiento y exige coordinación entre fuerzas de ambos países. La investigación abierta y los despliegues reportados obligan a tomarlo en serio, no intentamos venderlo como hazaña del hampa. 

La soberanía no se defiende únicamente dando discursos en la mañanera o gritando en el zocalo de la CDMX, cuando el vecino mueve tropas. También se defiende evitando que hombres armados utilicen tu territorio para dispararle.

Cuatro años, una promesa pendiente

Y aquí entra otra vez Américo Villarreal. No porque el gobernador sea responsable automático de cada gatillo, ni porque pueda atribuírsele sin pruebas una complicidad criminal, aunque estas sobran, sino porque su compromiso público merece contrastarse con los hechos.

En Valor Tamaulipeco tras cuatro años de su administración —iniciada el 1 de octubre de 2022— reprodujimos su promesa: “En mi gobierno no habrá impunidad ni mucho menos tolerancia para aquellos que atenten contra la paz y la tranquilidad de nuestro estado”. Cuatro años después, el contraste editorial es legítimo: la promesa hablaba de consecuencias; el incidente fronterizo y cientos, miles de delitos mas, obligan a preguntar cuáles han sido. 

Porque cumplir años no equivale a cumplir compromisos. El calendario avanza solo; la justicia necesita investigaciones, detenciones, procesos y sentencias.

¿Qué resultados puede exhibir su gobierno contra las estructuras que operan en esa franjas mas allá de meros intentos ? ¿Qué información tenía sobre sus capacidades? ¿Qué hizo para impedir que la ribera se convirtiera en punto de agresión ? ¿Qué parte le corresponde al estado y qué parte debe exigir a la Federación ?

La respuesta no puede ser un álbum de patrullas, por cierto muy escasas. Un despliegue acredita movilización; por sí solo no acredita desmantelamiento. Los refuerzos anunciados a ambos lados del río hacen más urgente conocer los resultados de la investigación, no menos.

El mandatario prometió que no habría impunidad. Ahora le corresponde explicar cómo se traduce esa frase en acciones verificables. Porque “cero tolerancia” con casi «cero resultados» termina pareciéndose demasiado a tolerancia con membrete.

Que el castigo alcance al mando

¿De dónde sacan los tanates? Esa es la pregunta de entrada. La de fondo es más incómoda: ¿qué les permite creer que pueden hacerlo y seguir operando?

No hace falta adjudicarle una orden al “Primito” o al “R8” . Tan solo hace falta esclarecer quién disparó, quién lo ordenó, quién facilitó la operación y quién tenía la obligación de impedirla. 

Y una vez que se pruebe, no hace falta inventar figuras legales. La Ley Federal contra la Delincuencia Organizada castiga a quienes, siendo tres o más, “se organicen de hecho” para cometer de forma permanente o reiterada delitos como el narcotráfico, el lavado de dinero, el acopio y tráfico de armas, el secuestro, el robo de hidrocarburos o la extorsión. Y los castiga “por ese solo hecho”. Para responder por pertenecer a la estructura no es necesario haber apretado el gatillo.

La ley reserva su castigo más pesado para quien “tenga funciones de administración, dirección o supervisión”. 

Dicho de otra forma: si el “Primito” manda, la ley lo trata como jefe, no como uno más de la nómina.

Porque si la investigación alcanza solamente al tirador y deja intacta la estructura que lo arma, lo financia y lo reemplaza, como lo hace actualmente la estrategia,el problema seguirá teniendo nómina.

El mismo artículo 5 contiene una advertencia para el gobierno. Las penas aumentan hasta en una mitad cuando participa un servidor público, y además este queda destituido e inhabilitado. Si los tanates salen de la protección, la ley también alcanza al protector.

Así que la pregunta del título ya tiene una respuesta jurídica. Los tanates les salen del expediente que no se abre, de la orden de aprehensión que no se ejecuta y de la promesa de Américo Villarreal de “cero tolerancia” que no ha pasado del podio. 

Aqui está el verdadero epicentro: no admirarles los tanates, sino auditarles el poder. Y auditar también a la autoridad que prometió ponerles límite y claramente no ha cumplido.

Porque los criminales que se acostumbran a no pagar consecuencias pueden terminar confundiendo la impunidad con permiso. Y cuando esa expectativa cruza el Río Bravo en forma de balas, la factura ya no se queda en Tamaulipas.

Con información: @redes/medios/

«MAPA del PODER TERRITORIAL EXHIBE a TAMAULIPAS en el 77% del CONTROL y DESCONTROL CRIMINAL en MÉXICO»… solo un 23% con predominio de instituciones.


En el mapa del poder criminal, Tamaulipas, gobernado por Américo Villarreal, de Morena, aparece entre las 14 entidades donde el control se clasifica como «compartido o disputado»: instituciones y organizaciones criminales pugnan por el predominio en un territorio de fronteras inestables.

Así lo ubica el análisis independiente «¿Quién controla México? Mapa térmico del control del narcotráfico y del cobro de piso por estado y ciudad», con corte al 25 de septiembre de 2026, citado por El Norte de la Agencia Reforma y retomado por El Imparcial. 

Su estimación dibuja un país incómodo para cualquier discurso triunfalista: alrededor del 30% del territorio tendría predominio criminal, el 47% estaría bajo control compartido o disputado y apenas el 23% mostraría predominio claro de las instituciones. 

Para Tamaulipas, la etiqueta describe una categoría en la que distintos actores criminales compiten por imponer condiciones, con diferencias entre regiones, municipios y comunidades. 

El punto más incómodo del análisis es que el poder criminal no se mide únicamente contando cadáveres o casquillos. También se expresa mediante cuotas, retenes, restricciones a la movilidad, control de mercados e influencia sobre autoridades locales. 

Puede haber menos estruendo sin que haya menos sometimiento: una comunidad no necesita vivir entre balaceras para sufrir reglas impuestas por delincuentes. 

Por eso, la pregunta para Tamaulipas y el gobierno de Morena de Américo Villarreal , no debería quedarse en cuántas patrullas aparecen en la fotografía, sino en quién sigue imponiendo condiciones sobre la vida cotidiana. 

El mapa no permite responderlo calle por calle, pero sí coloca al estado en una categoría donde el predominio institucional no se considera claro. 

Pero es innegable que esta clasificación se robustece con otros indicios de la casi nula aplicación de la ley y merece explicaciones, no confeti discursivo. 

Con información: ELIMPARCIAL/ REFORMA/ INDICE/