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miércoles, 17 de mayo de 2017

"MEXICO en GUERRA o GUERRA a la MEXICANA"...una víctima es una tragedia, miles ya les parece mera estadística.


En 2013, el semanario inglés The Economist se dio a la tarea de establecer cuantitativamente la definición de un estado de guerra civil. “No cada lucha que involucre a grupos armados es una guerra civil”, apunto. “Varias medidas cualitativas pueden ayudar un simple conflicto de una guerra: ¿tienen los rebeldes apoyo político? ¿tienen posibilidad de ganar? ¿buscan sólo dinero? En la academia también se hacen distinciones cuantitativas. 

El problema es escoger el número. ¿Debería de ser la marca 25 muertos al año? ¿O 100? ¿O mil?”. Y agregó: “Arriba de la marca de mil, pocos dudan que es una guerra”. Sin embargo, no todos los conflictos violentos son percibidos como una guerra civil. México es un caso típico. Más de 50 mil muertos durante el gobierno de Felipe Calderón no fueron suficientes para que se pensara en México que había una guerra civil. Una suma que será mayor en el de Enrique Peña Nieto, seguramente tampoco será percibido como un conflicto que marcó al país. Pero eso es lo que tenemos.

En un análisis de Virginia Page en la Universidad de Columbia en Nueva York sobre paz y guerras civiles, la autora establece cinco criterios que definen un conflicto armado como guerra civil que, en México se cumplen todos: la guerra ha causado más de mil muertos; representa un desafío a la soberanía de un Estado internacionalmente reconocido; ocurre dentro de las fronteras de ese Estado; involucra al Estado como uno de los principales combatientes; y los rebeldes son capaces de mantener una oposición militar organizada y causar víctimas significativas al Estado. Como recordatorio, durante el primer trimestre de este año hubo seis mil 511 denuncias de homicidio doloso en el país; es decir, seis veces más de la cantidad estándar para calificar un conflicto como una guerra civil. 

Las autoridades han negado, desde el gobierno de Calderón, que se viva una guerra civil. Es una guerra contra criminales, dijo siempre el ex presidente. En el gobierno de Peña Nieto, mientras las fuerzas de seguridad federales dejaron de combatir criminales durante ocho meses, se hizo algo que sólo se había visto en la guerra de Bosnia en los 90’s: el gobierno armó a un grupo (las autodefensas en Michoacán) para combatir y aniquilar a otro grupo (Los Caballeros Templarios). El gobierno peñista no tiene en su vocabulario político la palabra “guerra”, pero las acciones extra constitucionales en Michoacán entran en la tipología del genocidio, razón por la cual se está armando un expediente en Estados Unidos contra el presidente Peña Nieto, para llevarlo a una corte internacional, acusado de crímenes de lesa humanidad.

Por sus omisiones y negligencias, con sus estrategias fallidas e ilegales como apoyar a miembros de la delincuencia organizada para limpiar de criminales a Michoacán, el gobierno ha contribuido a la creación o consolidación de zonas donde la guerra es abierta. El testimonio de Jorge Alberto Martínez, corresponsal de la agencia Quadratín donde describe lo que sufrieron él y otros seis colegas el sábado en la zona guerrerense de Tierra Caliente, dibuja detrás del drama personal escenas que sólo se ven en los ecosistemas bélicos: retenes militares y de grupos antagónicos a las fuerzas gubernamentales; enfrentamientos armados en las calles, con vehículos incendiados como barricadas para frenar los ataques de los adversarios y servir de trinchera, y capas de colaboradores dentro de la población, sometida por adoctrinamiento, complicidad o miedo, para que los apoyen con información, vigilancia y acciones armadas.

Lo que vivieron los periodistas en la zona de Arcelia el sábado pasado, es similar a como se vivía la guerra civil en El Salvador, donde a la zona de conflicto se llegaba en automóvil y se pasaban retenes militares y de las fuerzas de oposición, para adentrarse a tierra de nadie y llegar al corazón del conflicto del día. La diferencia con El Salvador, es que mientras en Guerrero y otras regiones del país los periodistas pueden atestiguar la guerra que se vive de manera cotidiana, con una frecuencia que aterra, en El Salvador un corresponsal, si tenía suerte, podía cubrir personalmente no más de tres enfrentamientos entre el Ejército y la guerrilla, al año. Ni esa, ni otras guerras civiles en el mundo han producido, en tan corto tiempo, tantos periodistas muertos como durante el gobierno de Peña Nieto en la guerra civil no declarada: seis en los cinco meses que lleva el año, y siguen contando.

Se pueden trazar otras analogías. En Belfast, cuando la guerra de colonización en Irlanda del Norte –con tintes religiosos-, estaban perfectamente determinados los dos bandos en conflicto y dentro de la violencia había un orden. Más peligroso era en Beirut, en la guerra civil en Líbano, pero la única frontera de terror era la línea verde que dividía a musulmanes de cristianos; una vez en cualquiera de los dos territorios, había certidumbre sobre la vida. México es más como los Balcanes en la partición de Yugoslavia, donde cruzando la frontera de los Cascos Azules de la ONU, todo era como en las zonas calientes mexicanas: posibilidades de ejecución sumaria, desapariciones, violencia dentro de las ciudades y el sólo orden de quien tenía las armas para decidir quién vivía y quién moría. Aquí, los periodistas se han convertido, como en otros conflictos en el mundo, en objetivos y daños colaterales. Igual que miles de mexicanos, hay que decirlo, atrapados también en este clima que mata.

Fuente.-twitter: @rivapa



ESTRATEGIA ANTICRIMEN "CHINGONA",TRIPLICA HOMICIDIOS del PROMEDIO MUNDIAL...lo malo también cuenta y "cuenta mas",porque lo bueno es su obligación.


El número de homicidios intencionales en México se asemeja al de una zona de conflicto armado, lamentó la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Según revela un nuevo informe de la OMS sobre estadísticas sanitarias mundiales, en 2015 murieron por homicidio intencional 19 personas por cada 100 mil habitantes en el País.

Es decir, que por cada millón de personas, 190 murieron asesinadas.

"(El número de homicidios) es muy alto (en México) si lo comparas con el promedio mundial, que es de 6. Eso quiere decir que el número de homicidios en México es 3 ó 4 veces más que el promedio mundial'', dijo a REFORMA Colin Mathers, Coordinador de la Unidad de Mortalidad y Carga de Enfermedad del Sistema de Salud e Innovación de la Organización Mundial de la Salud.

"Y si ves, por ejemplo, en la región de Europa, puedes ver que es de 3 homicidios (por cada 100 mil habitantes)'', agregó Mathers.

En México, explicó, el número es 7 veces más alto.

El experto de la OMS refirió que un gran número de los homicidios registrados en México se asocia a la violencia causada por el narcotráfico.

"Hay un número sustancial de las muertes asociadas con los cárteles de la droga, bandas criminales y una falta absoluta de gobernanza en varias partes del País ", inquirió.

Explicó que ahora en la base de datos que utiliza la OMS para hacer sus estimaciones de muertes en un conflicto armado se incluyen los homicidios por cárteles de drogas y crimen organizado.

"Porque cuando los grupos criminales controlan poblaciones completas o territorios, uno se pregunta ¿cuál es la diferencia con una guerra civil o un conflicto (armado)?", observó.

"La fotografía en algunas partes del País es como la de una zona de guerra", añadió Mathers.

Sin embargo, reconoció que a pesar del clima de violencia y de otros factores la expectativa de vida en México sigue mejorando.

En los países que sufren conflictos armados, la OMS estimó que, entre 2011 y 2015, el número de muertos oscilaba entre 309 por cada 100 mil habitantes en Siria, con 6 años de guerra civil, y en países como Irak (83.6); Afganistán (40.9); Somalia (35.8); República Centroafricana (25.6); Sudán del Sur (21.1); Libia (19.6); Yemen (14.3), y Sudán, con 7 muertos por cada 100 mil habitantes.

Según el informe de la OMS, América Latina se lleva el mayor número de muertes por homicidios intencionales en el mundo.

Para el 2015, la OMS contabilizó en Honduras 85.7 homicidios por cada 100 mil habitantes; en El Salvador, 63.2; en Venezuela, 51.7; en Colombia, 48.8; en Belize, 37.2; en Guatemala, 36.2, y en Brasil, 30.5, según el informe de la OMS.

A nivel mundial, la cifra estimada de homicidios fue de 468 mil personas, con una variación de 1.7 por cada 100 mil en la Región del Pacífico Occidental y 18.6 en la Región de las Américas.


Si bien es difícil tener un número exacto de muertes por homicidios o en un conflicto armado, las cifras plasmadas en el informe dado a conocer en Ginebra, sede de la OMS, son una compilación de estadísticas de sus 194 estados miembros y diferentes departamentos técnicos de la agencia de salud de la ONU.
fuente.-

COMANDO de GATILLEROS ASALTAN "CASA de CAMBIO" en REYNOSA al ESTILO del CARTEL del GOLFO....estan financiándose la "guerra interna".


Un VIOLENTO ASALTO cometido en Reynosa esta mañana a la "CASA de CAMBIO ATLAS",podría ser el preludio de "ROBOS COMETIDOS con VIOLENCIA por sujetos empleando "PODEROSO ARSENAL y VESTIMENTA TACTICA" lo que podría presumir la "firma de la casa", el "CARTEL del GOLFO" financiando su guerra de bandos entre la misma banda.


Reynosa,MX.-17/May/2017 Asi se infiere del VIDEO publicado en REDES SOCIALES del ASALTO cometido esta mañana a la CASA de CAMBIO ATLAS   ubicada en las calles de  Rosalinda Guerrero y Rio Purificación de esta ciudad hasta donde llegaron al menos 3 GATILLEROS en una camioneta SUV de la MARCA FORD ESCAPE COLOR PLATA y de reciente modelo portando ARMAS CORTAS y LARGAS donde no hubo necesidad de amedrentar a uno de los empleados que en el exterior de forma dócil se puso contra la pared y levanto las manos.

Los delincuentes, quienes podrian ser SICARIOS del CARTEL del GOLFO toda vez que es esta la organización delictiva que controla y regula las actividades delictivas en esta frontera,una vez cometido el hurto se dieron a la fuga, sin que se conozcan aun mas detalles del robo.











Fuente.-Redes Sociales/Enlace al (VIDEO).

EL VIDEO y el EJERCITO,"COMBATIENDO CRITICAS" con DINERO...36 millones del erario para que hablen bonito.


Un video destrozó la vida política del ex Diputado René Bejarano, un video acabó con las aspiraciones políticas de la Diputada Eva Morena, otros videos han modificado el rumbo de las historias de funcionarios públicos, líderes partidistas, empresarios y periodistas. El video en el que un civil es ejecutado, supuestamente por un militar, ¿qué tanto afectará a una institución como el Ejército?
El video, como tecnología de grabación, se ha convertido en un instrumento fundamental para documentar hechos. Las imágenes parecen irrefutables frente a los testimonios escritos o verbales que describen otras situaciones. Aunque estas grabaciones pueden ser tan manipulables como en un programa de ficción, hay “datos duros” que corroboran la veracidad de lo que se puede ver y escuchar en aquellas.
Las grabaciones que se hacen de otros, sin que éstos lo sepan, son documentos con valor histórico. Y cuando se difunden públicamente, las repercusiones legales, políticas, éticas y comunicacionales parecen inevitables. Es el caso del video grabado por cámaras de seguridad la noche del 3 de mayo en Palmarito Tochapan, Puebla.
Si ese video no se hubiese conocido, la sociedad se habría quedado con una sola versión de lo ocurrido en ese lugar. Tampoco se habría conocido que ahí alguien fue ejecutado con una frialdad que estremece y que normas básicas de actuación de los militares se violaron, como afirmó José Miguel Vivanco, director de la División de las Américas de Human Rights Watch. Por lo tanto, el video daría la razón a quienes reiteran que en sus operativos el Ejército ha violado los derechos humanos a través de tortura, desapariciones forzadas y, como habría sucedido también en Tlatlaya, con ejecuciones extrajudiciales.
El video contribuyó a que la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) actuara. También la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) ha solicitado que se investigue lo ocurrido y se deslinden responsabilidades.  Hasta ahí -por ahora- lo legal.
En lo político y en lo comunicacional, el video ha sido demoledor.
Ante una imagen deteriorada por su actuación en Tlatlaya, en los operativos de Iguala, Guerrero, que terminó con la desaparición de estudiantes normalistas, y en Aquila, Santa María Ostula, Michoacán, donde un niño murió y fueron lesionadas al menos 10 personas, la Sedena desarrolla desde hace tiempo una intensa y costosa campaña publicitaria en medios de comunicación, que busca revertir la percepción de que los militares han actuado o actúan sin respetar la ley.
El medio digital Al Margen, que dirige el periodista José Pérez Espino, informa que tan sólo en el primer bimestre de este año, la Sedena gastó casi 36 millones de pesos en publicidad gubernamental. Esto representó el 41.5 por ciento del total del gasto del gobierno federal en este rubro, el cual superó los 86.3 millones de pesos.
El portal afirma que estos recursos se ejercieron mientras se incrementaban las críticas por los abusos cometidos por el Ejército en tareas de seguridad y combate al crimen organizado, y cuando en el país se discute una ley de seguridad interior que como lo han dicho organizaciones defensoras de los derechos humanos permite abusos de los militares bajo el concepto de “uso legítimo de la fuerza”.
Un solo video, el de Palmarito, aparentemente tiró a la basura toda esta inversión y polarizó aún más el debate sobre el quehacer del Ejército en sus acciones contra la delincuencia.
En las redes sociales y en los medios de comunicación tradicionales hay rechazo por la ejecución, pero también expresiones de apoyo. La justificación para actuar sin respetar la vida de un ser humano indefenso, se nutre de otro segmento del video, en el que un militar es abatido por la espalda. Es, efectivamente, otra dolorosa parte de la historia, pero que de ninguna manera justifica la ejecución.
ESTRATEGIA POLÍTICA ¿Y DE GUERRA?
La grabación y difusión de videos, como el de Bejarano o el de Palma, no son decisiones ingenuas o siempre basadas en la ética y el bien común. Es una obviedad decirlo, pero quien monta cámaras para videograbar, por ejemplo, un acto de corrupción, lo hace sabiendo que puede utilizar el video para destrozar trayectorias de contrincantes políticos o como instrumento de negociación o chantaje.
Por supuesto, siempre será preferible que la sociedad se entere de un ilícito y que quien lo cometió sea castigado, pero no debemos perder de vista que en muchas ocasiones se graban y se difunden videos con cálculo político. En la videoteca de ciertos personajes deben estar muchos otros videos que quizás nunca conozcamos, aunque sean mucho más reveladores que el de un político recibiendo dinero.
En Palmarito no fue igual… en apariencia. Las grabaciones se hicieron desde una casa que contaba con cámaras de seguridad. Sin embargo, medios locales han informado que la vivienda estaba vacía. ¿Por qué estaban activas las cámaras de una construcción que nadie ocupaba? ¿quién instaló ahí el sistema de videograbación y con qué fines? Otra pregunta necesaria es ¿quién filtró a medios locales y nacionales los videos? ¿con el objetivo sólo de denunciar los abusos del Ejército en este operativo?
Si los videos fueron grabados y distribuidos por la misma delincuencia organizada, hubo una acción comunicacional clara: evidenciar los excesos del Ejército y, como carambola, incentivar la presión política para que los militares salgan de los territorios que dominan. Hay grupos de la sociedad civil, así como ciudadanos y ciudadanas, que piden lo mismo: no más militarización de las calles. Lo que millones vimos en el video lo justifica y obligaría, como se ha insistido, a un cambio de la estrategia gubernamental para combatir los delitos, pero sin perder de vista que una decisión así podría ser también similar a la que desean los delincuentes y desviar el debate nacional en otros temas.
No me gusta la militarización del país. Lo ocurrido en Palmarito no debe repetirse porque independientemente de la violación de derechos humanos y la urgente redefinición de la política de seguridad interna, polariza a nuestra sociedad, nos confronta, nos divide, mientras la confusión y la desazón social son alimentadas por las fake news, algunas como producto de  los mismos videos, y por la aguda lucha político-electoral que estamos viviendo.
fuente.-Gabriel Sosa