EL “HOMBRE que MOVIA IMPERIOS y SEMBRABA TERROR con solo CHASQUEAR los DEDOS HOY se AFERRA al TIMBRE de la COMPASION en EE.UU”…ya sin el brío del capo temido y la voz quebrada de quien mendiga lo que nunca supo valorar.
Joaquín “El Chapo” Guzmán,el otrora poderoso y peligroso capo del Cartel de Sinaloa, ex-dueño de vidas y haciendas, corruptor de militares y gobernantes en Mexico,acaba de solicitar la intervención del Juez Brian Cogan, quien lo condenó a cadena perpetua por narcotráfico, para poder comunicarse y ver a su abogado Israel José Encinosa.
Y es que,en una vuelta mas de esas que le dio la vida,que ni los mejores guionistas de narcoseries hubieran imaginado, Joaquín “El Chapo” Guzmán, el hombre que alguna vez movió imperios y sembró terror con solo chasquear los dedos, hoy se aferra al timbre de la compasión… desde el rincón más vigilado del planeta: la prisión ADX Florence, en Colorado.
Aquel responsable de innumerables delitos, ahora traslada en pluma y papel una súplica que –por insólita y humana– nos recuerda la paradoja de todo poder efímero: pide lo que nunca supo valorar cuando recorría el mundo por túneles y pantallas, cuando su nombre era suspiro y sentencia.
Entre errores ortográficos y repeticiones, su carta al Juez Brian Cogan no tiene el brío del capo temido, sino la voz quebrada de quien mendiga el derecho a hablar, a ser escuchado, a ver a su abogado y recibir la noticia de sus hijas mellizas.
Fragmento:
7/15/2025 “enotable Juez Brian M. Cogan de la manera más atenta y respetuosamente le escribo lo siguiente, me mandó decir el abogado Jose Israel Encinosa que ya van 3 semanas que usted autorizó que el Gobierno le permita al abogado Encinosa que me pueda visitar y hablar por teléfono y escribirme, pero hasta el día de hoy no le han autorizado mi llamada por teléfono. El abogado me escribió hace varias semanas pero hasta el día de hoy no me han entregado las 2 cartas que me escribió el abogado Encinosa. El abogado lleva alrededor de 10 meses batallando que le autoricen el Gobierno poder visitarme, hablar por teléfono y hasta ahora que usted ordenó que autoricen al abogado Encinosa que me visite y que me hable por teléfono, pero hasta el día de hoy, al abogado no le han autorizado. Disculpe que lo moleste otra vez de nuevo.”
Tanta fue su destreza para evadir la ley, tanto el cálculo para mandar,desmandar y desmadrar, que resulta casi insólito leer que ahora debe esperar semanas, meses, a que alguien allá afuera reciba el permiso de una llamada, de una visita, incluso de una simple carta. Suplica, agradece, vuelve a pedir, y en medio del alambre de palabras se asoma el reflejo de un hombre que, en la cima de su soledad, por fin entiende lo que no tiene precio: la libertad, el contacto humano, el derecho a una voz al otro lado del vidrio.
Una mordaz ironía pende sobre el escrito: quien nunca dio tregua ni explicación ahora ruega a la misma justicia que puso fin a su reinado. El “juicio del siglo” extinguió el imperio, pero dejó encendida esa mirada —jocosa en su contradicción, seria en su fatalidad, empática en el absurdo— de ver al otrora implacable pedir por lo más simple, lo más esencial… lo que miles de hombres y mujeres, aún en libertad, suelen olvidar valorar. Porque, destronado y aislado, el Chapo nos recuerda (a fuerza de ejemplo, aunque sea negativo), que ningún poder compensa perder lo más elemental: la voz, la compañía, la esperánzala familia.
Quizá, entre rejas y memorandos, está el último narcoaprendizaje: a nadie conviene desoír los pequeños privilegios cotidianos, no importa cuán grande sea el mundo al que uno crea dominar.
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