Visitanos tambien en:

viernes, 17 de abril de 2026

«TE PARECES TANTO a MI ?»: AL «VIENTO de CAMBIO y el HUMANISMO TRANSFORMADOR solo los DIFERENCIA el NIVEL de SINVERGUENZAS»…electorado terminó eligiendo versiones distintas del mismo problema.


En Tamaulipas, la alternancia política terminó pareciéndose más a un relevo de estilos que a una ruptura de fondo. Francisco Javier García Cabeza de Vaca (PAN) y Américo Villarreal Anaya (MORENA-EX-PRI), aunque se presentan como antítesis ideológicas, comparten un rasgo incómodo: ambos cargan con señalamientos persistentes sobre la forma en que ejercen —o han ejercido— el poder de manera política y criminalmente organizada en perjuicio de gobernados.

El primero llegó vendiéndose como el “Viento de Cambio”, pero ya traía cola financiera antes de tocar Palacio de Gobierno. De acuerdo con El Financiero, su patrimonio creció de manera significativa durante su trayectoria como servidor público, acumulando bienes por cientos de millones de pesos, lo que desde entonces levantó sospechas sobre el origen de esa prosperidad repentina. 

CDV no era precisamente un sujeto pobre que venia de fuera a tocar la puerta del poder, sino otro nuevo rico de los que fabricá la politica y que vivió endeudado e hipotecado y que ahora aparte de dinero,acumula preguntas sin resolver.

El 11 de Marzo de 2008,el periódico CRONICA  difundia una nota que ya borró, que  el “Rancho Valle Hermoso”, modesto por cierto, le fue hipotecado a la madre y el padre del ex-mandatario por cuyo incumplimiento de pagos salio a remate en el mes de diciembre de 2007,cuando Cabeza de Vaca, fiel a su inmoralidad y pese al adeudo,”YA lo HABIA VENDIDO”.

Pero,yaa en el gobierno, el discurso de orden y seguridad convivió con una narrativa paralela mucho más oscura: la de un estado marcado por mensajes del crimen organizado —narcomantas— que, lejos de disiparse, se volvieron parte del paisaje político. 

A eso se suman antecedentes incómodos que sus críticos no han dejado de recordar, como el episodio juvenil en Texas en los años ochenta, utilizado como símbolo de una biografía que, dicen, nunca terminó de cuadrar con la investidura.

Americo Villarreal ; cuando la reversa también es cambio

Pero si alguien pensó que el relevo traería limpieza, el “humanismo transformador” de Américo Villarreal ha demostrado que el problema no era solo de partido, sino de sistema.

Porque Villarreal tampoco llegó con las manos limpias en términos de percepción pública, aunque si con las arcas vacías si atendemos su declaración patrimonial previa como Senador ,donde asentó por escrito que no tenia nada.

Pero desde antes de asumir el cargo ya acumulaba señalamientos graves, fue indagado por delincuencia organizada en informes militares que nunca llegarón a nada, pues eran un ejercito «Moreno», como nos lo explico con manzanas el «Jefe Diego» en 2022.

Pero en vez de estarse quieto, Americo decidió multiplicar sus ganancias lo mismo que la conducta criminal,pues ya en el poder de gobernador de Tamaulipas,fue aliado de la Delincuencia Organizada en eso de traficar con el contrabando de combustibles desde Texas y con ayuda militar en las aduanas, llenas de uniformes con estrellas embarradas de chapopote por los derrames de dolares.

Ni que decir de las acusaciones de su estrecha cercanía con otros liderazgos de grupos de crimen organizado,como la llamada “Columna Armada”— aliada del Cartel del Golfo ,cuyo vinculo es respaldado en audio difundido y donde nos quedó mas que clara su incipiente conducta criminal, que al igual como ocurrió con CDV, los ciudadanos emocionados desestimarón.

Ni quien olvide la cena con el «Gerry», mando Zeta desparecido junto con dos marinos que lo escoltaban luego de disfrutar de comilona en el restaurante «Cambalache» de CDMX,donde también estuvo el ex-militar Mario Guitian Rosas,alias La Chispa,lugarteniente del Cartel del Golfo ligado al «Primito» en Reynosa y que abraza en imagen al gobernador sonriente.

La vida criminal de «Don Americo» difícilmente puede resumirse en este espacio digital,o al menos en una sola entrega, pero debe aterrizarse en una carpeta federal para indiciarlo por delincuente politicamente organizado mas que por presunción, y encarcelarlo en Mexico antes de extraditado a EE.UU.

Porque su colusión no solo ha sido con capos de talla local ,bastaría con esculcar a Norberto Barrón ,su Secretario particular,constituido en la pieza que Mexico no quiere, pero que Washington necesita, (…aunque ya no tanto, ya tienen todo), para desenredar mas la madeja de complicidades.

Claro esta, sin dejar de soslayar que el sujeto que le pagaba su sueldo el Cartel del Golfo antes de ser estrella de la política y convirtió a su mama que era enfermera, ahora en Subsecretaria de Salud,un puesto inventado, guarda estrecha cercanía sentimental con joven funcionaria ligada al área de giras de la presidenta Sheinbaum.

En Sinaloa ,el apellido Villarreal es conocido por Los Chapitos,pues en su calidad de Delegado del Partido en 2021,fue parte del lodazal que llevó a Ruben Rocha Moya al poder y que ahora los ciudadanos pagan con cuota de sangre saldo de una primera traición que antecedió a la del Mayo Zambada.

El caso más reciente de la inmoralidad delictiva de Villarreal Anaya, esta vinculado a su ex-asesor Juan Pablo Penilla,un personaje señalado por autoridades estadounidenses por actividades relacionadas con el crimen y volvió a colocar al gobernador en medio de la podredumbre que sigue dejando explicaciones pendientes. Porque cuando los nombres se repiten —abogados, operadores,lugartenientes, intermediarios— y orbitan cerca del poder, la duda deja de ser anecdótica y se convierte en patrón.

Pese al cumulo de evidencias,el calculo politico convertido en inacción ,se esconde detras de una presidenta beneficiaria indirecta del desorden institucional que le antecedió ,este ha impedido las carpetas y las eventuales sentencias firmes que cierren el caso en términos judiciales. 

Pero en política, la acumulación de indicios, versiones y escándalos termina pesando tanto como una resolución legal. Y ahí es donde la narrativa oficial empieza a hacer agua.

Así, Tamaulipas pasó de un gobernador que prometía barrer la corrupción a otro que prometía humanizar el poder… pero ambos atrapados en la misma sospecha estructural: la del poder político entreverado con intereses oscuros y que ya ha desmenuzado la brillante profesora Ma. Guadalupe Correa-Cabrera, catedratica de la Universidad de George Mason en EE.UU.

La especialista en el fenomeno del crimen organizado hizo un puntilloso señalamiento cuando de manera coloquial hablaba en torno a Francisco Javier Garcia Cabeza de Vaca y de por qué el crimen organizado en Tamaulipas y el pais, «no se explica sin la relación con los políticos» y «nadie puede ocupar un cargo publico sin el permiso del Cartel». 

El resultado es una constante que los tamaulipecos conocen demasiado bien: cambian los colores, cambian los discursos, cambian los slogans… pero el tufo permanece.

Y quizá la tragedia no es solo que los gobernantes fallen, sino que el electorado termine eligiendo entre versiones distintas del mismo problema: uno que se presenta como cambio y otro como transformación, pero que en el fondo reproducen la misma lógica de opacidad, complicidades y poder sin rendición de cuentas.

Porque si el primero fue un “viento” que nunca cambió nada, salvo la impune cantidad de ceros de la chequera,el segundo es un medico que prometió curar… y terminó administrando la enfermedad de la que ha sido parte del problema,en vez de la solución.

Con informacion: Medios/redes/

«NO son INVERSIONES…son GASTOS»: LAS «BODYCAM de TRANSITO en SAN PEDRO de las EJECUCIONES N.L resultan de ADORNO cuando HAY BALAS de VERDAD»…no hay video, no hay audio, no hay evidencia.


En San Pedro de las «Ejecuciones» Garza García,N.L —ese escaparate donde la seguridad se presume en gráficas nacionales del INEGI— las cámaras corporales de los policías viales parecen cumplir una función más estética que operativa: existen en el reglamento, se pagan con presupuesto público… pero desaparecen justo cuando más se necesitan.

Porque aunque el manual es clarísimo —el agente debe encender su bodycam en cada interacción—, en el caso del hombre ejecutado a balazos afuera de Arboleda no hay video, no hay audio, no hay evidencia. Nada. Como si la tecnología se hubiera esfumado en el momento exacto en que podía incomodar a alguien.

¿Falla técnica? ¿Olvido conveniente? ¿O simple cultura de impunidad con artefacto incluido?

Una fuente cercana al caso lo resume sin rodeos: ese material no está en la carpeta de investigación. Y lo verdaderamente delicado no es solo su ausencia, sino la duda que abre: o el agente no activó la cámara —violando el reglamento— o alguien decidió que esas imágenes no debían ver la luz.

Mientras tanto, las cámaras privadas del sector sí hicieron su trabajo. Esas, que no dependen del discurso oficial, captaron lo que incomoda: el policía no estaba en su patrulla, como se dijo inicialmente, sino frente a frente con la víctima, conversando durante al menos 20 minutos a través de la ventanilla de la Grand Cherokee blindada. Es decir, no fue un encuentro casual ni fugaz: hubo tiempo, contexto… y negociación.

Porque esa es la otra capa del asunto. El propio agente, al ser interrogado, tuvo que ajustar su versión: primero dijo que revisaba documentos; después admitió lo que todos sospechan cuando un tránsito se toma demasiado tiempo: estaba gestionando un “arreglo”. Un moche, para decirlo sin eufemismos.

Y en medio de esa negociación informal —fuera de reglamento, pero dentro de la costumbre— llegaron los disparos.

Aquí el problema ya no es solo la corrupción cotidiana, sino el colapso total del modelo de seguridad “tecnológico”. Porque además de la bodycam inexistente, la patrulla 701 también contaba con cámaras. Varias. Todas igual de invisibles al momento clave.

La pregunta es inevitable: ¿cuánto cuesta equipar a una policía con tecnología que nunca aparece cuando hay que rendir cuentas?

El reglamento municipal no deja espacio a interpretaciones: no portar o no usar la bodycam conforme al protocolo es motivo de sanción. Pero en la práctica, la norma parece ser decorativa, como tantas otras en el catálogo institucional.

Mientras tanto, la administración del alcalde Mauricio Farah guarda silencio selectivo. Dice colaborar con la Fiscalía, pero evita explicar por qué su modelo de vigilancia falló en cadena: no hubo prevención, no hubo reacción, y ahora tampoco hay evidencia.

Para rematar, el Secretario de Seguridad ofrece una explicación que roza lo insultante: el agente no actuó porque “entró en shock”. Una justificación que especialistas desmontan con facilidad: cualquier policía mínimamente entrenado está obligado a reaccionar, no a paralizarse, especialmente cuando está armado y en medio de un ataque directo.

Así que el balance es brutalmente simple: tecnología que no registra, protocolos que no se cumplen, versiones que cambian y una ejecución a plena luz del día con un policía como testigo… y posiblemente como parte del contexto.

Pero eso sí: la inversión en seguridad sigue fluyendo.

Aunque la evidencia no.

Con informacion: ELNORTE/

LA «CARAVANA del HUMO»: «HARFUCH REGRESA a la ESCENA del CRIMEN pero a TOMARSE la FOTO,NO a RECOGER los MILES de CADAVERES»…ahora venden el C5 como si fuera un exorcismo tecnológico contra la violencia.


El sesudo estratega de curricula «non sancta» ,Omar García Harfuch volvió a Sinaloa con el gabinete federal como quien regresa a la escena del crimen… pero a tomarse la foto, no a recoger los cuerpos. Otra gira de “estrategia” y “refuerzo federal” mientras el parte de guerra citado por Noroeste ,grita que la Ola Violenta sigue arrasando y el gobierno insiste en venderla como brisa ligera de estadísticas controladas.

La caravana del humo

Según el guion oficial, Harfuch aterriza en Culiacán a “evaluar avances operativos” y a “dar seguimiento” a la estrategia federal, en lo que ya es su décima vuelta al estado en menos de un año. Diez visitas, diez mesas, diez comunicados y cero paz: la guerra interna del Cártel de Sinaloa ya cruzó año y medio, con picos de 6 o 7 asesinatos diarios que el parte oficial reduce a “hechos aislados”.

Rocha Moya posa sonriente junto al gabinete de seguridad y celebra, con la solemnidad de quien inaugura una cancha de usos múltiples, que “Sinaloa continuará con el apoyo total de la Federación”. Traducción: seguirán llegando soldados, marinos y Guardia Nacional para custodiar casetas, carreteras y reuniones de élite, mientras los pueblos ponen los muertos y los desaparecidos.

El milagro del C5 y las cámaras milagrosas

El nuevo tótem de la fe oficial se llama C5, un sistema de vigilancia que el gobernador vende como si fuera un exorcismo tecnológico contra la violencia. Promete más cámaras en Culiacán y Mazatlán, “inteligencia” integrada y monitoreo permanente, como si el problema hubiera sido siempre que al Estado le faltaban pantallas, no voluntad de tocar a los patrocinadores de campaña.

Nos aseguran que con el C5 “se podrá cuidar cada lugar de Sinaloa”, frase que suena preciosa en boletín, pero grotesca frente a una narco-guerra donde comandos circulan en convoyes, someten comunidades enteras y desaparecen personas a plena luz del día mientras las cámaras —cuando existen— casualmente “no funcionan” o “no captaron nada relevante”. El C5 es la nueva estampita: caro, reluciente, lleno de promesas, inútil contra la complicidad y el miedo.

El parte de guerra que desmiente la foto

Mientras Harfuch y Rocha hablan de “reforzar la seguridad” y “mantener la tranquilidad”, el saldo de la Ola narra otra historia: 3,099 homicidios dolosos desde el 9 de septiembre de 2024 hasta el 15 de abril de 2026, un promedio de 5.3 personas asesinadas cada día. A esa cuenta se suman 3,659 personas privadas de la libertad (6.3 diarias), una estadística que en lenguaje llano se llama secuestros, levantones y desapariciones forzadas normalizadas.

Made with Flourish • Create a chart

La guerra también se mide en patrimonio arrancado a punta de cuerno de chivo: 10,638 vehículos robados, 18.2 diarios, muchos usados como barricada, otros rematados en paz por la economía informal que el Estado finge no ver. En el lado “exitoso” del operativo, el gobierno presume 3,450 detenidos y 183 personas abatidas, sin que nadie explique cuántos son realmente capos, cuántos halcones desechables y cuántos simples daños colaterales ocultos detrás del genérico “presuntos delincuentes”.

La coreografía de la simulación

El libreto se repite:

  • Harfuch aterriza, se reúne en la base aérea, encabeza una mesa con Ejército, Marina y Guardia Nacional, revisa “indicadores delictivos” y anuncia que regresará a supervisar avances.
  • Rocha Moya agradece el respaldo federal, promete coordinación permanente y se compromete a meter más cámaras, más botones de pánico, más “inteligencia”.
  • Los medios alineados encuadran la foto, destacan la palabra “refuerzo” y reducen la narco-guerra a un “contexto complejo”, como si no hubiera 19 meses de balaceras, rutas disputadas y comunidades sometidas por facciones del mismo cártel que el gobierno no se atreve ni a nombrar.

El resultado: una paz de conferencia de prensa, blindada en el discurso pero agujereada en cada ranchería donde la única autoridad visible son los convoyes que no necesitan gafete ni acreditación para ejercer poder. En ese teatro, el C5 aparece como el decorado perfecto: muchas pantallas, cero justicia, toneladas de datos que jamás se usarán para romper las alianzas que realmente mandan.

HarFUCh, estratega de la eterna emergencia

Llamarle “estratega” a García Harfuch en Sinaloa es admitir que la estrategia es precisamente esta: administrar la violencia, dosificar los escándalos y llegar cada cierto tiempo a prometer que ahora sí viene el operativo bueno. La federación mantiene al estado en una especie de terapia intensiva perpetua: siempre intubado a refuerzos militares y anuncios de “coordinación”, nunca lo suficiente como para desactivar a los grupos armados que deciden quién vive, quién muere y quién desaparece.

Porque si la estrategia funcionara, hoy no tendríamos más de tres mil homicidios, miles de desaparecidos y más de diez mil vehículos robados en el periodo de la Ola, mientras el gobernador aplaude la continuidad del refuerzo y el nuevo C5 como si fueran medallas al mérito. Lo que sí funciona, y muy bien, es la narrativa oficial: cada visita del gabinete federal convierte el infierno sinaloense en un PowerPoint optimista, y cada parte de guerra se tapa con una conferencia donde la violencia es solo una gráfica “a la baja” que jamás coincide con la realidad que se escucha en los panteones.

Con informacion: NOROESTE/ DATOS GRAFICA/

«DESPIERTEN SAMPETRINOS ?»: «TRAS EJECUCION de SINALOENSE ATESTIGUADA por TRANSITO de SAN PEDRO APUNTAN a MAÑOSO INFILTRADO en la POLICIA»…un importado al que poco debe importarle.


Una vez más, San Pedro Garza García, en Nuevo León, es el destino de una ejecución del crimen organizado. Y una vez más, los liderazgos de esa comunidad, presumiblemente la más educada, la de mayores ingresos en América Latina, guarda silencio, se paraliza.

Todos saben que el epicentro del conflicto está en la infiltrada policía municipal, comandada por su Secretario de Seguridad, José Luis David Kuri -que no es nuevoleonés, ni es sampetrino-, y quien ya acumula un largo expediente de incompetencias e incluso de complicidades. 

Pero el cuestionado jefe policiaco parece intocable desde que fue designado en ese cargo por Mauricio Fernández Garza Sada, el alcalde que en vida firmó una supuesta “pax narca” para San Pedro, permitiendo que a ese próspero municipio se fueran a vivir prominentes familias del crimen organizado. Lo hizo a cambio de que no operaran en ese territorio, más allá de vender su droga a los jóvenes regiomontanos en los populares antros locales. No es especulación. 

Existen audios de 2009 publicados por Reporte Índigo, con la voz del difunto alcalde panista, en los que él mismo admite que pactó entonces con el cártel de los Beltrán Leyva.

Desde entonces, San Pedro Garza García se transformó en un narco-dormitorio que acabó albergando no sólo a personajes ligados al crimen organizado como “El Nito”, “La Gata”, “La Burra”, “El 34” y “El Socialitos”. También se transformó en la capital nacional de los huachicoleros y de los factureros, que en sus calles pavimentadas de opulencia y frivolidad podían esconder sus excesos de consumo. Autos de lujo, tiendas de marca, restaurantes de gran clase, le dieron patente de legitimidad al gasto del dinero fácil.

San Pedro Garza García es el municipio en donde fue ejecutado a mansalva, en una barbería, Sergio Carmona, el llamado “Rey del Huachicol”. También es el municipio desde donde salieron las órdenespara quitarle la vida a Julio César Luna, el propietario de Tacos del Julio, quien días antes de su ejecución denunció una red de extorsión de la policía sampetrina, que todavía hoy “cobra piso” a decenas de negocios y que, de acuerdo a la incómoda denuncia de Julio, era operada por el segundo de abordo del jefe policiaco José Luis David Kuri.

Es el mismo municipio en el que, hace unos meses, fueron detenidos jóvenes factureros e incluso empresarios serios, a los que se les exigía “cobro de piso” sólo para tener el derecho de desplazarse sin problemas por sus calles en autos Ferrari, Porsche o Maserati. El mismo San Pedro en el que un jóven de 16 años, miembro de una de las más prominentes familias de ese municipio, fue brutalmente golpeado hace unas semanas por policías municipales que le exigían dinero cuando salía de un antro para dirigirse a su casa. ¿Dónde están los policías que lo atracaron?

La siembra del temor en San Pedro Garza García está a la orden del día. La cosecha de silencios, también. Nadie se atreve a denunciar por temor a ser intimidado o incluso victimado.

Y esos silencios incluyen no sólo a las más altas autoridades municipales de corte panista, sino a los enviados federales morenistas, que tenían como consigna pacificar la plaza. El silencio abarca, incluso, a prominentes hombres de empresa y líderes sociales que frente a la pasividad de quienes gobiernan San Pedro deciden hoy callar. Hasta que la pérdida en la vida de algún familiar cercano los alcance.

La ejecución del lunes, en el desarrollo Arboleda, dejó huellas más que evidentes de esas complicidades. Un policía de Tránsito de San Pedro -armado- detiene a un conductor al que le solicita bajar la ventanilla del automóvil para pedirle sus documentos. Y cuando eso sucede, llama por su celular a alguien que se sospecha fue el gatillero, que acabó ejecutando de cinco balazos al conductor. Al más puro estilo de los peores días de las mafias de Chicago o de Sicilia. En medio de calles y avenidas en donde transitan, lo mismo vecinos, que hijos y nietos de las familias que prefirien guardar silencio y no enfrentar esa “pax narca”.

Los servicios de inteligencia advierten que el ejecutado venía de Sinaloa y que él era, en realidad, uno de los brazos operadores de un facturero de aquella región. Iba a recoger en esa zona a una hija de su jefe, quien era el auténtico destinatario de esa ejecución. El jefe lo mandó por su hija en su camioneta y acabó ejecutado en la confusión.

Triste que una comunidad otrora ejemplar, como San Pedro Garza García, esté hoy -por incompetencia, por complicidades o por silencios- como territorio de quienes saben que en su estilo de vida pueden esconder sus lujos, sus excesos y sus familias.

Y peor aún, que el responsable de la Seguridad, José Luis David Kuri, salga públicamente a señalar que medios de comunicación que investigan y publican lo que pocos saben podrían estar involucrados en  los crímenes. “¿Cómo es que saben tanto y tan pronto?”, se pregunta.

Trágico que los líderes de esa comunidad guarden silencios cómplices o decidan emigrar a Estados Unidos o a España, sin exigirle a la autoridad que ponga en orden lo que uno de los suyos, Mauricio Fernández Garza Sada, les dejó como herencia maldita. ¡Despierten sampetrinos!

Con informacion: CODIGO MAGENTA/