Jorge Garcia Orozco,un Tapatío que colabora en el portal @EmeEquis,profesor de Universidad pública, periodista y narrador de historias, acaba de destapar en redes sociales algo que debe escandalizarnos, el nepotismo y clientelismo en el corazón mismo del poder público, justo en donde la transparencia y la meritocracia deberían ser sagradas, el Instituto Nacional Electoral (INE)
Resulta que la familia Taddei—parientes directos y cercanos de Guadalupe Taddei Zavala, presidenta del INE—ha estado tejiendo una red de privilegios a costa del erario, cobrando sueldos que en conjunto superan por mucho los 800 mil pesos mensuales, y todo a la vista de todos, como si fuera su derecho de sangre.
Aquí no hablamos de puestos menores ni de sueldos simbólicos: hablamos de direcciones generales, secretarías, cargos estratégicos en instancias federales y estatales, así como en institutos clave, todos bajo el cobijo de Morena y el actual régimen.
Los salarios van desde los 20 mil hasta los más de 160 mil pesos mensuales, sin considerar posibles prestaciones o compensaciones adicionales. No es solo cuestión de apellidos: ¡los lazos familiares aquí abren puertas y sellan contratos!
Mientras millones luchan por sobrevivir con salarios que apenas dan para lo básico, aquí se heredan plazas como si fueran empresas familiares. Se supone que el INE, la CONADE, los institutos de juventud, las delegaciones federales y congresos locales son baluartes de representación ciudadana, no feudos dinásticos.
El mensaje de este caso es brutal: el “servicio público” se ha transformado en “servicio a la familia”. Así es como se sigue minando la confianza de la gente, lo que alimenta el hartazgo y el descrédito hacia las instituciones. Si esto no es corrupción institucionalizada, ¿entonces qué es?
Lo que debería indignar es que quienes deberían poner el ejemplo de honestidad y pulcritud, arman este tipo de redes como si el país fuera de su propiedad. Hoy son los Taddei, pero esta es la enfermedad crónica de la élite política mexicana: la inmunidad del nepotismo. Mientras tanto, la promesa de cambio y regeneración solo queda en discurso, traicionando a quienes creen en el trabajo honesto y la igualdad de oportunidades. ¿Quién fiscaliza esto? ¿Quién sanciona? ¿Hasta cuándo va a tolerar la sociedad mexicana que los puestos se repartan en la mesa familiar?
Hoy más que nunca, hay que poner el dedo en la llaga y denunciarlo, porque donde debía haber solvencia moral y rectitud, lo único que hay es el viejo y cínico reparto familiar del poder.
El caso de la familia Taddei es el ejemplo perfecto de cómo el poder en México se convierte en patrimonio familiar, como si las instituciones estuvieran hechas para heredar puestos y sueldos descomunales a los parientes más cercanos. No es una acusación ligera, es la realidad contundente respaldada por documentos oficiales: hijos, sobrinos, primos y la propia Guadalupe Taddei Zavala, presidenta del INE, repartiéndose cargos directivos, estratégicos y simbólicos en el aparato estatal y federal, todos enganchados a la misma ubre presupuestaria.
Bajo la bandera del supuesto “cambio”, el régimen actual ha permitido que personajes como la presidenta del INE conviertan su apellido en una llave maestra para obtener privilegios. Aquí no hay meritocracia, hay nepotismo sin pudor. La lista es larga y cada nombre duele al bolsillo ciudadano:
- Director general de Litio para México (más de 161,000 pesos al mes),
- Secretario particular del gobernador de Sonora (más de 133,000 pesos),
- Directores de área y coordinadores estatales cobrando entre 20,000 y más de 120,000 pesos,
- Legisladores y operadores políticos con sueldos de lujo.
Y todo esto, mientras a la ciudadanía se le exige austeridad. El mensaje es claro: en el México de la Cuarta Transformación, el poder y el presupuesto público se reparten en la sobremesa familiar.
Esta es la verdadera dimensión de la corrupción: no solo robar con las manos, sino tejer una red de complicidades que perpetúe los beneficios para los de siempre y deje fuera a quienes sí tienen mérito y vocación de servicio. Hoy, la familia Taddei exhibe lo peor de la política mexicana: la oligarquía de apellido, el desprecio por la ética pública y el saqueo institucionalizado del presupuesto.
Ante este baño de impunidad y descaro, no hay más remedio que denunciarlo y exigir que las instituciones estén al servicio de México, no de una casta de rémoras asidas al poder gracias a la corrupción y el tráfico de influencias. Basta de familias pegadas a la ubre del Estado.
Con informacion: @Redes/










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