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jueves, 7 de agosto de 2025

“KAKA_IJITO ZE_MPUTA”: “CARICATURA DIBUJA al JUNIOR de LOPEZ HABLADOR que NO APRENDIO NADA del HONOR SAMURAI TRAS su REGRESO del PAIS del SOL NACIENTE”…y se practica sin desearlo,el “Harakiri”.


La mas reciente caricatura de Paco Calderon en El Norte,la de Andy López,el hijo de Andres Manuel Lopez “Hablador”, es una verdadera joya de sátira, mezclando el arte samurái con el folclor político mexicano de forma sumamente divertida.

En la caricatura vemos al hijo del ex-presidente ataviado de samurái, en pose dramática y blandiendo aun la katana que lo atraviésa aun ensangrentada, acompañado del título “Kakaijito Zemputa”—una clara burla al apodo en redes a su padre, una mezcla de “Kakas e Hijo”, y “Zemputa” para hacer alusión a la molestia del junior. 

El personaje exclama: “Todo es un complo_”, frase que hizo celebre la psique atrofiada de su padre para culpar de todos los males al conservadurismo en la escena política mexicana apelando al victimismo ,un típico recurso retórico propio de los mediocres.

La referencia a Andy Lopez es con mucha sorna ,esto tras su regreso de su viaje a Japón y su famosa carta de aclaración, sugiriendo que tras cualquier adversidad —¡incluso tras visitar la tierra de los samuráis!— el discurso del “complo_” aun prevalece.

Sin emabargo,de la imagen se infiere el acto de “harakiri” o “seppuku”—el ritual japonés por el cual un guerrero se quita la vida abriéndose el abdomen, generalmente para preservar su honor ante una deshonra o fracaso. La postura del personaje, arrodillado, con la espada en el abdomen y sangre en la katana, representa gráficamente este acto solemne.

Sin embargo, la caricatura lo hace en tono satírico: el personaje sostiene la espada, claramente en la acción ritual, pero acompañado de la leyenda “Todo es un complot”. Esto sugiere que, aunque realiza un acto que en la cultura samurái implica máximo sentido del honor y la responsabilidad personal, aquí lo hace con excusas y justificaciones externas (“complo”), escapando a la autocrítica genuina.

  • En contexto político mexicano, la viñeta lo usa para bromear: el protagonista simula asumir responsabilidad, pero en vez de reconocer fallos propios, lo atribuye todo a un “complot”; es decir, representa una versión farsesca de honor, más cercana al victimismo que a la tradición samurái.

Así, la caricatura combina el dramatismo y el simbolismo del harakiri con el folclor político nacional, generando un potente mensaje satírico sobre la evasión de responsabilidad en la esfera pública.

En resumen: la caricatura transforma el drama político en comedia visual, sugeriendo que ni una travesía por el país del sol naciente cambia el viejo mantra nacional de culpar al “complot” por todo aquello que resulta incómodo enfrentar para esta clase politica con cada ves menos clase.

Con informacion: ELNORTE/PACO CALDERON/

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