En medio de un país que se desangra entre discursos triunfalistas y cuerpos desaparecidos, la oración parece el último ministerio sin corrupción. “Señor Jesús…”, comienzan, y lo que sigue no es una súplica celestial sino una crónica política con sotana: leyes que amenazan la fe, polarización que se disfraza de democracia, violencia que se multiplicó más rápido que los rezos.
El gobierno habla de progreso y transformación mientras los fieles llenan iglesias —porque las oficinas de transparencia no escuchan, pero la Virgen sí. La plegaria, sin autor confirmado, circula como panfletos de esperanza, o como pasquines del desencanto. Y no, no la escribió ningún partido: la escribió el miedo colectivo, ese que no entra en los informes matutinos ni en los spots de campaña.
La presidenta, desde su escritorio climatizado, pide la visita del Papa como quien pide refuerzo simbólico: si Roma no interviene, que al menos su bendición nos libre del próximo titular sangriento. Mientras tanto, en los barrios la gente prende veladoras y murmura que la justicia se volvió una promesa electoral. En el altar de México, ya no se espera al Mesías; se espera un milagro con presupuesto.
En las iglesias, los sermones se parecen cada vez más a ruedas de prensa sin preguntas. Los sacerdotes hablan de falta de trabajo, de desaparecidos, de frustración. La misa se vuelve mitin, pero sin micrófono ni partido; con la ventaja de que aquí nadie interrumpe. “Virgen santísima, salva a nuestra patria”, suplican. Afuera, los autos pasan acelerando, como huyendo del mismo país que los produce.
Al final, el rezo es también un acto de resistencia. Cuando todo falla —las instituciones, la policía, los hospitales, el Congreso— queda solo la fe, que no paga impuestos ni rinde informes. México se sostiene gracias a sus plegarias, colgado del rosario de los desesperados. La religión, ese espejo que refleja el fracaso del Estado, se convierte en trinchera cívica. Y ante tanto silencio oficial, el “Amén” resuena como el único voto que aún creemos contar.
Con informacion: Diario Español/ EL PAIS/ ELIA CASTILLO/ ZEDRIK RAZIEL
2025 fue el año en que el gobierno habló de “pacificación” mientras el país olía a carne quemada, pólvora húmeda y gasolina regada en el piso de los bares.
País en modo campo de tiro
En los spots, México era potencia moral; en el mapa criminal, era tablero de guerra con fichas llamadas Jalisco, Guanajuato, Michoacán, Hidalgo y CDMX, todos marcados en rojo fosforescente. Más de 2 mil 500 atrocidades en seis meses —torturas, descuartizados, linchamientos— quedaron archivadas en la carpeta más exitosa de la burocracia: la de los eufemismos.
2025 fue el año en que el gobierno habló de “pacificación” mientras el país olía a carne quemada, pólvora húmeda y gasolina regada en el piso de los bares.
País en modo campo de tiro
En los spots, México era potencia moral; en el mapa criminal, era tablero de guerra con fichas llamadas Jalisco, Guanajuato, Michoacán, Hidalgo y CDMX, todos marcados en rojo fosforescente. Más de 2 mil 500 atrocidades en seis meses —torturas, descuartizados, linchamientos— quedaron archivadas en la carpeta más exitosa de la burocracia: la de los eufemismos.
Mientras Claudia Sheinbaum y Omar García Harfuch estrenaban año completo en el poder federal, los grupos criminales estrenaban temporadas de terror entre cárteles nacionales y regionales. El Estado hablaba de coordinación, pero en el terreno lo que se coordinaba era el fuego cruzado, los coches bomba y las alianzas tejidas desde las prisiones.
Jalisco: el infierno como entrenamiento
En el Rancho Izaguirre, la realidad alcanzó al narco-horror: un supuesto centro de adiestramiento y exterminio, con casi 500 indicios de ropa, restos y objetos personales esparcidos como inventario de lo inconfesable. Las autoridades se apresuraron a aclarar que eso no significaba víctimas identificadas ni confirmadas, como si el problema fuera semántico y no que colectivos hallaron un rancho del horror bajo la nariz del Estado.
Testimonios recopilados por Sandra Romandía describen más de diez años de captación por falsas ofertas de trabajo, despojo de celulares, videos de “adhesión voluntaria” al cártel, entrenamiento brutal, descuartizamientos, incineraciones y, por si faltaba algo, episodios de canibalismo. Oficialmente, el caso está “atraído” por la FGR y “asegurado” el predio; extraoficialmente, el mensaje es claro: la desaparición masiva ya ni siquiera necesita discreción, sólo trámites.
Capital y estados: la normalización del espanto
En la CDMX, la ciudad que presume cámaras, inteligencia y “contención”, mataron en Tlalpan a la secretaria particular y al coordinador de asesores de la jefa de Gobierno, vigilados 20 días, emboscados con dos autos y una moto. El crimen aun se pasea entre versiones: CJNG, La Unión Tepito, venganza política o intento de desestabilización; lo único estable es que el móvil real no se ha explicado y la percepción de seguridad se derrumbó a balazos.
En Hidalgo, dos agentes que iban a notificar una medida de protección terminaron torturados 15 horas en la catedral del Angelito Negro 666, marcados con signos y rematados en hospitales, mientras el culto luciferino operaba como negocio esotérico y centro criminal. Decomisaron armas, droga, un auto y una cabra negra, pero lo que quedó en claro es que ni una orden de aprehensión previa impidió que “El Padrino” convirtiera una colonia marginada en laboratorio de sadismo impune.
Guanajuato y Michoacán: guerra a cielo abierto
En Irapuato, una fiesta patronal se volvió carnicería: 12 muertos y 20 heridos, ataque indiscriminado captado por la transmisión en vivo de la banda, con una madre protegiendo a su bebé mientras los proyectiles dictaban la liturgia. La disputa entre CJNG y Cártel Santa Rosa de Lima no sólo llenó nota roja, sino cementerios, mientras el estado acumulaba masacres en bares, casas y festejos, con “motosicarios” como símbolo de la modernización del sicariato.
OFAC sancionó al CSRL y a “El Marro”, y de paso soltó el dato: reclutaron exmilitares y paramilitares colombianos para su guerra contra el CJNG, porque la globalización también llega al outsourcing de la violencia. Todo eso en una entidad descrita como “uno de los estados más peligrosos de México”, mientras se mantiene el teatro de la gobernabilidad y las mesas de seguridad.
En Michoacán, un coche bomba frente a la base de la Policía Comunitaria en Coahuayana dejó seis muertos y al menos 12 heridos, con la carga detonada a distancia, posible dron incluido. La FGR primero habló de terrorismo y luego reculó a “delincuencia organizada”, como si la etiqueta modificara el hecho de que el CJNG prueba formatos de guerra irregular en la costa mientras el Estado ensaya comunicados.
El país de las fosas y las cifras que no caben en un tuit
Jalisco, además del rancho del horror, siguió encabezando la crisis de desapariciones, con cientos de bolsas con restos humanos encontradas cerca del Estadio Akron, futura vitrina mundialista. Organismos como Amnistía Internacional pidieron investigar los múltiples hallazgos de fragmentos óseos, mientras colectivos excavan a pico y pala donde el Estado llega tarde, mal o sólo para acordonar.
Causa en Común documentó al menos 2 mil 517 atrocidades en el primer semestre: torturas, descuartizamientos, feminicidios agravados, linchamientos y un catálogo que haría vomitar a cualquier comité de derechos humanos contemporáneo. En el discurso oficial, todo eso cabe en dos palabras: “hechos aislados”; en el territorio, es la política real de control, miedo y administración del terror, tercerizada a grupos armados mientras el gobierno vende paz en horario estelar.
Apenas cuatro días después de que la narcoviolencia dejó tres muertos y al menos seis heridos en Escuinapa, en este Municipio de la región sur de Sinaloa se registró otra ola de violencia durante la mañana de este domingo.
Se reportó que, alrededor de las 7:00 horas, comenzaron a registrarse balaceras en la cabecera municipal de esta ciudad ubicada cerca de Mazatlán, lo cual dejó por lo menos 2 muertos, ambos víctimas colaterales de la violencia.
De manera extraoficial, se reportó que en la Colonia Centro un adulto mayor, quien circulaba en su motocicleta, murió atropellado por unos sicarios que conducían una camioneta por la zona.
Asimismo, que un taxista fue alcanzado por una bala en la Colonia Paredones.
También se reportaron cierres en la Autopista Tepic-Mazatlán, a la altura del kilómetro 183+100, donde una unidad de carga pesada fue incendiada; también en laCarretera Libre 15, a la altura de Loma Atrasada, y también otro narcobloqueo más en la vía estatal Escuinapa-Teacapán.
Trascendió que las unidades viajaban tanto por la México 15 como por la pista de cobro Tepic-Mazatlán.
Las balaceras y bloqueos coinciden con la llegada de otro “refuerzo” de 180 fuerzas especiales.
El sur parado… y consumiendo
Camiones y autos particulares terminaron estacionados a la fuerza en la cabecera de Rosario por los enfrentamientos y bloqueos en Escuinapa, tanto en la México 15 como en la autopista Tepic–Mazatlán.
Cero circulación por horas; las carreteras convertidas en muro de contención improvisado mientras las balas ponían la agenda matando inocentes.
En La Chalata el caos fue negocio: los viajeros atrapados terminaron alimentando la caja registradora de los puestos de comida, porque si algo no se detiene en Sinaloa es el comercio alrededor de la violencia.
“Refuerzo” de 180 murciélagos
Mientras el sur se congelaba entre bloqueos y balaceras, Defensa presumía el envío de 180 elementos de Fuerzas Especiales a Sinaloa, desplegados desde Santa Lucía para reforzar la seguridad de la Novena Zona Militar.
El contingente llegó a Culiacán, con patrullajes y operativos contra los grupos delictivos en plena guerra interna entre “Chapitos” y “Mayiza”, la nueva narrativa oficial para explicar el desmadre.
En el papel vienen a “inhibir actividades ilícitas” y “generar tranquilidad”, mientras en la realidad la gente queda tirada en gasolineras, casetas y pueblos mágicos esperando a que alguien les diga si ya pueden avanzar sin que les vuelen las llantas.
Seguridad de escaparate
La jornada violenta en Escuinapa incluyó enfrentamientos, bloqueos carreteros y quema de vehículos; el sur de Sinaloa amaneció militarizado… pero no necesariamente más seguro.
Los comunicados hablan de coordinación entre Ejército, Fuerza Aérea y Guardia Nacional, pero en la escena real los primeros en pagar son los viajeros: familias, choferes y comerciantes que se enteran de la “estrategia” cuando ya están atrapados.
El mensaje es claro: los 180 de fuerzas especiales llegan en avión, pero el ciudadano común sigue viajando por carretera, rezando para no quedar varado entre un bloqueo y el siguiente operativo “disuasivo».
López Obrador se fue padeciendo todavía algunos estorbosos contrapesos que no lo dejaban enloquecer a placer, pero Claudia ya no tiene amarraderas, por lo que el viejo cabrón puede enloquecer a través de ella y seguirle partiendo la madre al país, mientras corretea muy ojete de gallinas y pavo realidad. Revisen las perlas del año y así están en la 4T.
Oye, ¿cómo desinflamos el huachicol fiscal, Carl? ¿Cómo desinflamos la barredora, Carl? ¿Cómo diluimos los efectos del asesinato de Carlos Manso, cabrón? ¿Cómo desactivamos el escándalo de Miss Universo con Pemex, el huachicol, el tráfico de drogas? ¿Cómo cubrimos a nuestros queridos compañeros bandidos? ¿Por qué no, mientras hacemos una pinche catafixia en la Fiscalía General de la República, mandamos al carajo a Gertz e imponemos a Ernestina? Vamos a chingarnos al corrupto de Duarte y revíbete un rato la persecución a la metiche de Mariam Paro para que los perros se distraigan con otros huesos.
Bueno, hasta a Batman está aflojando cuando tiene que deslindar a Pedro Aces de su evidente relación con el Limones.
Total, así festinan ellos frotándose las pezuñas y en el Mundial y en el borrote pambolero le ponemos colmillos nuevos al SAT, les dejamos ir doblada la reforma electoral y nos preparamos con tómbola y con acordeones para llevarnos todo en el 27.
Mis chamacos, Claudia vive feliz cumpliendo la misión de seguir el guión obradorista para irle acomodando las naves a Trump, quien tiene a toda la 4T del pescueso y también la tiene de los tanates.Sí, mis chamacos, así de pinche termina el 2025 y perdón, pero se los tengo que decir, el 2026 no pinta mejor. En lo que respecta a la vida nacional, el año 2025 resultó, pues más o menos para decirlo en español correcto, de la chingada. Ese sueño de opio de que Claudia se adueñara del timón se desplomó.
La aparición en vídeo del chingado verbo descarnado dejó muy en claro a todos los zombies de la secta y a nosotros, los paganos de su pinche delirio, que él es el norte de la puta brújula.
Mi mejor deseo para el nuevo año es que los mexicanos despertemos, cabrón. Que asumamos el dolor que nos corresponde y defendamos como fieras nuestro derecho a gritar ¡Basta! México es mucho más que una pandilla de narcos y corruptos.
Pemex ya no es la “gallina de los huevos de oro”, es el hoyo negro fiscal más caro del Estado mexicano: en 2026, por primera vez, el erario le dará más dinero del que recibe y el saldo para Hacienda será un boquete de unos 31 mil millones de dólares/pesos, mientras la empresa arrastra un ladrillo de deuda cercano a los 100 mil millones de dólares.
Del tesoro nacional al lastre
Durante décadas Pemex llegó a aportar cerca de la mitad de los ingresos públicos; hoy se ha volteado el tablero y la petrolera se ha convertido en uno de los rubros de gasto más pesados del presupuesto federal.
El think tank México Evalúa calcula que en 2026 la Federación recibirá 233 mil millones de pesos de Pemex pero le transferirá 263 mil millones, es decir, no habrá ingresos petroleros netos sino pérdidas por 31 mil millones de pesos, algo inédito en un Presupuesto de Egresos.
Números que cuentan el caos
La compañía ya carga con un pasivo financiero que ronda los 100 mil millones de dólares, volumen que la coloca entre las petroleras más endeudadas del planeta y que ya obligó al gobierno a montar rescates recurrentes.
Para 2026 el gobierno planea inyectar más de 14 mil millones de dólares para cubrir vencimientos de deuda y otros gastos de Pemex, además de estructurar vehículos de inversión y deuda pública que funcionan como respiradores artificiales para una empresa técnicamente asfixiada.
Del contribuyente al rescatista cautivo
Jorge Cano, de México Evalúa, lo resume con bisturí: Pemex dejará de aportar algo significativo a las finanzas públicas y, en la práctica, los contribuyentes pagarán más impuestos no para escuelas u hospitales, sino para sostener una petrolera que no genera utilidades.
Alejandro Schtulmann advierte que esta “reversa estructural” convierte a Pemex en el principal beneficiario de los flujos fiscales mientras el Estado —y el público— quedan como perdedores netos, un modelo de subsidio que huele menos a política energética y más a codependencia presupuestal.
Política, parcheo y fuga
La debacle no es solo de mercado: reformas fiscales recortaron la carga del viejo DUC de 65% a 30%, se simplificó el régimen y se multiplicaron las inyecciones de capital, pero la producción se mantiene en torno a la mitad de su nivel pico y el hoyo financiero sigue agrandándose.
El gobierno de Claudia Sheinbaum promete que Pemex podrá caminar solo hacia 2027, sin nuevas transfusiones de Hacienda, pero entre vencimientos voluminosos, calificaciones crediticias nerviosas y un presupuesto amarrado al respirador de la petrolera, la apuesta suena más a acto de fe que a plan de negocios.
***La nota base de esta triste radiografía es el reportaje de Bloomberg, reproducido por varios medios especializados, sobre cómo Pemex se ha convertido en una de las cargas financieras más pesadas del gobierno mexicano.
Dicen que la educación empieza por el ejemplo, pero en Zongolica parece que las lecciones vienen servidas en vaso corto y con hielo. Bernardino Tzanahua Anastacio, delegado de la Secretaría de Educación de Veracruz y exalcalde con vocación de acróbata automovilístico, decidió desafiar dos leyes en una sola noche: la de tránsito y la federal de armas de fuego. Todo por probar, quizá, si las neuronas también saben nadar en etanol.
El espectáculo tuvo lugar en la Avenida Ignacio Zaragoza, donde su Suzuki Jimmy inocente no pidió participar en el experimento y terminó volcada después de un choque con un poste de la CFE que se le atravesó. Ironías del destino: el funcionario encargado de promover la educación impactó contra la infraestructura que mantiene las luces encendidas. Al menos su caída fue ilustrativa; así se ve, literalmente, cuando el sistema nervioso pierde sinapsis por cada trago mal medido.
Porque sí, el cerebro ebrio entra en modo “morsa filosófica”: las neuronas se comunican a gritos, pero el etanol, cual saboteador molecular, bloquea los receptores GABA y glutamato, responsables del equilibrio y la memoria.
En cristiano: el juicio se va de vacaciones y la coordinación motora es sustituida por la inspiración de “a mí no me pasa nada,yo soy el delegado” y soy de Morena». Cuando el alcohol se asienta en la corteza prefrontal —esa región encargada de decirte “no lo hagas, compa”—, la advertencia se disuelve, y lo que queda es puro impulso, torpeza y, en este caso, una pistola rodando al piso sin permiso.
Según testigos, el funcionario respiraba con aroma a caña y valentía líquida. Los policías, seguramente, no sabían si ponerle el alcoholímetro o un detector de cuentos. Al pedirle la licencia del arma, Bernardino descubrió otra verdad universal: el etanol no otorga cartillas de portación, aunque dé mucho valor para portarlas.
Ahora, será la Fiscalía la que evalúe su “aprendizaje vivencial”. Tal vez en la declaración repita que solo tomaba “lechita” para el estrés burocrático. Pero lo cierto es que el alcohol, aunque disfrazado de alivio, convierte a las neuronas en zombies electroquímicos: enlentecidas, vacilantes y propensas a las malas decisiones. Una de ellas, por ejemplo, pensar que borracho se puede desafiar la ley con la misma elocuencia con la que se brinda.
Veracruz tiene nuevos modelos educativos: los que enseñan, sin querer, lo que nunca se debe hacer.
Ya se vera si la justicia se vuelve benevolente y lo libera (…lo mas seguro) o lo deja en prision como lo mandatan las nuevas leyes ideadas en el legislativo y promulgadas por el oficialismo MORENO».
En un nuevo episodio de la disputa entre los dos principales cárteles del narcotráfico en México, el Cártel de Sinaloa (CDS) colocó varias mantas en el municipio de Villaflores, en la región de la Frailesca, para retar a sus adversarios del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y del llamado Cártel Chiapas y Guatemala (CCyG), con quienes se disputa el control territorial del estado y de paso burlarse del gobierno.
El episodio de las narcomantas y violencia previa en Villaflores, retratan un gobierno reducido a brigada de limpia pública: llega, quita la lona, se toma la foto mental… y se va, mientras los grupos armados dictan el boletín oficial a base de tela y cinchos.
El gobierno, espectador con uniforme
Hombres armados se pasean de madrugada, cuelgan lonas frente a un penal y en un parque rural, y nadie ve nada hasta que amanece, pero luego sí alcanzan a llegar Ejército, Guardia Nacional y Policía Estatal… a retirar la evidencia como si fueran empleados de mantenimiento urbano.
No hay detenidos, no hay responsables, no hay ni siquiera un detenido por estorbar la vía pública; sólo un Estado que aparece después del show, barre el escenario y finge que controla la función.
El “Villaflores tiene dueño”
Cuando una manta afirma que “Villaflores tiene dueño” y que incluso “El Amate tiene dueño”, lo que queda claro es que el mensaje no es sólo para el cártel rival, sino para las autoridades que ya fueron degradadas a simples inquilinos tolerados.
Que un grupo criminal se permita marcar territorio justo junto a un Centro de Reinserción Social sólo subraya que la reinserción es un chiste cruel y que el verdadero control del entorno del penal no lo tiene el Estado, sino el que firma “Atte CDS”.
La frontera como tierra de nadie
Mientras el gobierno presume “operativos de seguridad” en la región fronteriza, los comandos cruzan a Guatemala, matan, hieren, queman casas y se enfrentan con soldados como si se tratara de un torneo regional de guerra privada.
México y Guatemala despliegan fuerzas y estrategias, pero a la hora de los hechos los que siguen moviéndose con comodidad por ambos lados de la línea son los mismos grupos que cuelgan mantas y se reparten plazas como si fueran franquicias.
Autoridades: reacción, no acción
La narrativa oficial se reduce a dos verbos: “retirar mantas” y “reforzar vigilancia”, como si la crisis fuera decorativa y no estructural; el Estado reacciona a la lona, no al poder que la hace posible.
Cuatro años de escalada de violencia en Chiapas no han producido una estrategia visible, pero sí una rutina muy clara: los cárteles ocupan el territorio de madrugada y el gobierno llega después a borrar las huellas… hasta la siguiente manta.