El diario español El Pais,expone hoy cómo el cruce reciente de 17 familiares de Ovidio Guzmán a California, realizado en secreto y sin conocimiento previo del gobierno mexicano, evidencia las tensiones y desequilibrios en la relación bilateral entre México y Estados Unidos en materia de seguridad y crimen organizado.
Este movimiento, resultado de una negociación entre Ovidio Guzmán -preso en EE. UU. y acusado de narcotráfico- y las autoridades estadounidenses, volvio a sorprender a las autoridades mexicanas, pero ademas ,puso en entredicho la narrativa oficial de cooperación y diálogo entre ambos países.
El artículo destaca que mientras el gobierno mexicano suele hablar de entendimiento y colaboración, en la práctica, decisiones clave como esta se toman unilateralmente desde Washington, dejando a México fuera de la información y el control sobre procesos que afectan directamente a su seguridad nacional.
El secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, que presume “inteligencia y coordinacion,tampoco supo”, pero ya reconocio públicamente el cruce y lo atribuye a la negociación por la colaboración de Ovidio Guzmán con la justicia estadounidense, pero reclama la falta de comunicación y transparencia por parte de EE. UU., especialmente considerando los esfuerzos y sacrificios hechos por México en la captura y extradición del capo.
Que viene echo la mocha
Pero este movimiento inédito -la entrega de 17 familiares directos de “El Chapo” Guzmán al FBI en la frontera de San Isidro, poco después del acuerdo de Ovidio Guzmán con el Departamento de Justicia-,nos deja ver el tamaño de un acuerdo de alto impacto, cuyos resultados podrían ser explosivos para la política nacional.
La dinámica es clara: las definiciones sobre cómo, cuándo, quién y dónde se confabularon con el Cartel de Sinaloa desde el gobierno federal, incluidos los militares, estan en camino y se deslizarán de manera fluida, casi laxa desde Washington, no desde la narrativa oficial mexicana.
El gobierno de Trump ha aprovechado estos movimientos para reforzar su discurso de fuerza y exigir más resultados, mientras minimiza o ignora la cooperación mexicana, apropiándose de los “laureles” y dejando a México en una posición reactiva.
En conclusión, este éxodo y las negociaciones asociadas,pueden verse como el avance de un reloj que marca el momento en que Estados Unidos -particularmente bajo Trump- definirá públicamente el papel del gobierno mexicano en la lucha (o complicidad) con el narco, con consecuencias políticas que podrían ser profundas y cuyos detalles saldrán a la luz según convenga a la estrategia estadounidense, que ya tiene en sus el el poder inconmensurable de administrar y/o dosficar esa informacion, que chorrea pudrición del “primer piso” ,y el “segundo” como beneficiario directo del desorden,de ahi las desconfianzas.
Trump como jugador de ajedrez:
La jugada de Trump en el tablero del narcotráfico y la relación bilateral con México puede describirse como una partida de ajedrez estratégica, donde cada movimiento busca maximizar presión, control y ventaja política tanto interna como internacional.
- Apertura agresiva: Desde el inicio de su mandato, Trump designa a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas, lo que le otorga nuevas facultades legales y militares para actuar dentro y fuera de su territorio. Esta jugada es equivalente a avanzar los peones centrales, ocupando rápidamente el centro del tablero y marcando el ritmo de la partida.
- Presión constante: Al declarar públicamente que México está gobernado por el narco y que, si quisiera ayuda, se la darían, Trump coloca a México en jaque mediático y diplomático, obligando a su gobierno a responder y a actuar bajo sus términos. Es como situar una torre o una dama en una columna abierta, presionando las piezas rivales y restringiendo sus opciones.
- Amenaza de incursión: Con la designación de los cárteles como terroristas y la autorización de operaciones militares o de inteligencia (como drones y presencia de fuerzas especiales), Trump deja abierta la amenaza de un jaque doble: intervención directa y presión económica (aranceles y restricciones comerciales. Así, mantiene a México en constante defensa, sin posibilidad de desarrollar su propio juego.
- Uso del tiempo y el discurso: Trump maneja el “reloj” de la partida, acelerando o frenando los tiempos según convenga a su narrativa electoral y de seguridad. Cada extradición, decomiso o captura de capos es presentado como resultado de su presión, no de la cooperación bilateral. Es el clásico control del tempo en ajedrez, donde el rival se ve forzado a responder y nunca puede atacar.
- Jaque a la soberanía: Al elevar la presión y condicionar la relación bilateral a resultados inmediatos en la lucha antidrogas, Trump coloca al gobierno mexicano en una posición de constante vulnerabilidad, con la amenaza latente de una jugada de mate: la intervención o la ruptura comercial.
En resumen, Trump muy habilidoso juega con piezas de poder (militar, mediático, económico) y usa la narrativa del narco como pretexto para avanzar posiciones, obligando a México a moverse siempre a la defensiva y bajo sus reglas. Cada movimiento suyo -sea una declaración, una orden ejecutiva o una amenaza- es parte de una estrategia de presión total, donde el objetivo final es controlar el tablero y definir unilateralmente las reglas del juego binacional.
Y esto que no ha querido el “segundo piso” que pase,finalmente va a pasar,asi que no tiene caso tanto salto ,ni tanto brinco y una que otra rabieta.
Con informacion: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/PABLO FERRI

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