El PRI cumplió 85 años, y en Tamaulipas no parece vivir
su mejor momento.
No tiene las senadurías.
Tiene solo 2, de 8 distritos en la Cámara de Diputados.
En las alcaldías, ya no tiene Nuevo Laredo ni Matamoros.
6 curules de voto directo en el Congreso del Estado
dejaron de estar en sus manos.
El priismo gobierna Tamaulipas, pero hoy menos que nunca
existe la certeza de que así seguirá siendo en 2016.
El PRI tiene 35 municipios de 43, pero se dejó ganar dos
de los más estratégicos. Recuperarlos, se ve complicado, ni Carlos Cantúrosas
ni Leti Salazar están resultando malos presidentes municipales.
No hace mucho, Tamaulipas tenía un PRI que ganaba 8 de 8
en la Cámara de Diputados. Ese mismo PRI era capaz de ganar todos los asientos
de voto directo en el Congreso del Estado.
¿Qué le pasó al PRI que no pudo ni hacer ganar a Enrique
Peña Nieto en la entidad?
El priismo tamaulipeco parece lucir más débil que nunca.
Ya ni decide candidatos.
Pero eso sí, está obligado a hacer ganar a los candidatos
que le impusieron.
Lo traen “en salsa” desde 2012.
Si pierden los candidatos del tricolor, desde el DF van a
endosar la culpa al PRI estatal. Si ganan, será con candidatos que no fueron
los suyos.
Ahora es más difícil para el PRI estatal, lo que no
lograron en 2012, cuando tenían mucho a favor. Tendrán que remar contra
corriente esta vez.
¿Cómo piensan convencer a un electorado molesto? ¿Creen
echarse al plato a la gente aplaudiendo los saldos de hoy? ¿Defender lo
indefendible será la estrategia mejor?
El PRI contiende contra sí mismo.
Contra nadie más.
Sus sombras, son su peor obstáculo. El enemigo a vencer.
En las urnas termina ganando el contrario al que encarna
al partido que más hace enojar al electorado. Ese tipo de voto es el que
decidiría el 7 de junio.
Para Tamaulipas, la apuesta fue por reciclar candidatos
con colmillo legislativo como Paloma Guillén, Alejandro Guevara, Edgardo Melhem
y Miguel González Salum que ya saben cómo se mueve el pandero en la Cámara
Baja. Baltazar Hinojosa se inserta en la misma línea.
Lo que de plano no se entiende, es que hayan mandado a
los candidatos más débiles justamente a distritos hostiles. Huele a que los
mandan a perder.
Chuchín de la Garza en Matamoros y Yahleel Abdala en
Nuevo Laredo, no hacen click ni con sus compañeros de partido que van por los
otros distritos…
Ah, y el
priismo tamaulipeco llegó también a sus 85 añitos, sin un prospecto local
fuerte en quien pueda recaer la nominación por la gubernatura. No hay una
apuesta contundente para hacer valer que el candidato a la gubernatura lo
decide el priismo de casa.Fuente.-Milenio/Cristina Gomez

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