Luego de la décima «visita de Doctor chafa» del estratega Omar García Harfuch a Sinaloa, con su gabinete de IN_Seguridad y la selfie institucional con libreto choteado de “seguimiento” y la promesa reciclada de que ahora sí la violencia iba entrar en cintura,la terca realidad ,como siempre, se encargó de arruinar ayer mismo el montaje: mientras el gobierno presume coordinación, en Culiacán un ataque armado dejó un muerto y tres heridos, entre ellos una mujer embarazada y un menor de edad.
La estrategia de la foto
Ya son tantas visitas que la gira empieza a parecer castigo administrativo: Harfuch regresa, se sienta, posa, repite las mismas frases y se va dejando atrás el mismo paisaje de balaceras, desplazamiento y terror.
La “estrategia” se vende como refuerzo federal, pero en la práctica parece una administración del desastre con boletín optimista y final abierto.
El C5 como amuleto caro
Ahora el nuevo fetiche es el C5, presentado como si unas cámaras fueran a exorcizar la violencia que el Estado no ha querido enfrentar de fondo.
El problema no es la falta de pantallas, sino la vieja enfermedad de siempre: complicidad, impunidad y una autoridad que llega a supervisar el incendio cuando ya lleva meses devorando la casa.
La realidad no coopera
Mientras Harfuch y compañía hablan de avances operativos, en Culiacán la noche del 17 de abril terminó con un hombre asesinado y tres personas heridas en Paseo Alameda.
La agresión ocurrió tras un despojo de vehículo, en una ciudad donde la violencia ya no sorprende, solo confirma que la narrativa oficial vive en un universo paralelo.
El saldo que desmiente todo
La gira oficial intenta vender normalidad, pero el parte de guerra sigue hablando por sí solo: muertos, heridos, vehículos robados y comunidades enteras viviendo bajo la lógica del miedo.
Cada visita del gabinete federal parece diseñada para producir titulares, no resultados; para blindar el discurso, no la vida de la gente.
Harfuch puede regresar diez veces más, veinte veces más o las que quiera y seguir tirando rollo de alto impacto, que socialmente no impacta y que no se puede traducir en satisfactores de seguridad, pues cualquier plan que se digne en serlo, pasa por mejorar,no empeorar o no estancarse.
Pero mientras sigan matando a plena luz del día, mientras un ataque en Culiacán deje muertos y heridos tras un despojo, y mientras el gobierno siga vendiendo cámaras como milagros, la verdadera estrategia seguirá siendo la misma: simular control sobre un territorio donde la violencia ya le ganó la partida al espectáculo.
En San Luis Potosí ya se cocina una nueva división de la SSPC, diseñada —según el libreto oficial— para vigilar los accesos al estado. La idea, nos dicen, es reforzar la seguridad en los puntos de entrada; aunque, con el nivel de violencia y descomposición que suele motivar estas genialidades, uno no puede evitar la pregunta incómoda: ¿la medida es para que no entren bandidos o para que no se salgan?
El secretario Jesús Juárez Hernández explicó que el proyecto ya está en fase de formación con cadetes de la Academia Estatal y que todavía ni nombre tiene la criatura, ni número definitivo de elementos, ni decreto publicado. Es decir: todavía no nace formalmente, pero ya presume vocación de frontera, porque mientras se redacta el andamiaje jurídico, ya se levantan los puntos de atención ciudadana y los arcos de seguridad en los accesos carreteros.
La orden viene directo del gobernador Ricardo Gallardo Cardona,si ,el mismo que estuvo preso 11 meses en un penal de alta seguridad en 2015 y que ahora pretende una división con “proximidad social” y vigilancia en 15 puntos de atención junto a esos arcos que prometen orden, control y, con suerte, algo más que pura escenografía institucional.
La promesa es que opere en 2026, dentro de este mismo año, como si la urgencia de blindar entradas no fuera también el reconocimiento tácito de que el territorio ya necesita retenes de manual y una dosis de contención política.
En el papel, suena a estrategia. En la práctica, parece otra de esas respuestas gubernamentales que aparecen cuando el problema ya dejó de ser rumor y comenzó a estacionarse en los límites del estado.
La Fiscalía General de la República volvió a hacer lo que mejor sabe: anunciar que ahora sí, ahora sí, las cosas van a cambiar. Esta vez, bajo la batuta de Ernestina Godoy, el nuevo Plan Estratégico de Procuración de Justicia 2026-2029 promete enfocar baterías en tres de los delitos más devastadores del país: extorsión, feminicidio y desaparición forzada. Es decir, los mismos frentes donde el Estado lleva años acumulando deudas, estadísticas maquilladas y expedientes empolvados donde funcionarios de la misma FGR,son los acusados.
Y no solo eso,de acuerdo con ADN Noticias, el ex-militar Mario Guitian Rosas,alias La Chispa,lugarteniente del Cartel del Golfo en Reynosa,no solo tiene contratos con el gobierno de Americo Villarreal,tambien con la Fiscalia General de la República (FGR):
«La joya empresarial se llama Llantires, creada en 2019 por Mario Guitián, su esposa Ana María y sus hijos Brian y Shirley, primero como negocio todólogo (servicios generales, automotriz, construcción, seguridad, transporte, servicios empresariales) y en 2021 convenientemente ampliada a “Prestación de Seguridad Privada”.
Esta empresa tiene cuatro contratos por adjudicación directa con la Fiscalía General de la República, entre septiembre de 2022 y noviembre de 2023, por un total de 662,120 pesos: el Estado comprándole seguridad a un presunto operador del Cártel del Golfo.»
En que consiste la nueva estrategia de FGR
La novedad —si es que se le puede llamar así— consiste en reacomodar personal en 61 municipios y crear “unidades de élite”. Sí, otra vez la narrativa del grupo selecto, altamente capacitado, certificado en inteligencia y operaciones, que ahora sí vendrá a “desmantelar de raíz” las redes criminales. Una fórmula que ya hemos visto desfilar sexenio tras sexenio, con resultados que suelen quedarse en abusos, boletines de prensa y no en sentencias firmes.
Godoy asegura que la FGR abandonará el “individualismo institucional” y dejará atrás la reacción improvisada para adoptar una persecución “sistemática”. Traducido al castellano de la calle: que ahora sí habrá coordinación, estrategia y visión de largo plazo.
El problema es que ese mismo diagnóstico lleva años repitiéndose, como si cada administración descubriera el hilo negro mientras recicla los mismos parches y fracasan en Sinaloa.
En el evento —rodeada de gobernadores, fiscales y el Gabinete de Seguridad— la fiscal prometió que la víctima ya no tendrá que peregrinar kilómetros para buscar justicia. Una declaración que, en un país donde denunciar sigue siendo un acto de fe, suena más a aspiración que a política pública verificable.
La reingeniería de la Agencia de Investigación Criminal también entra en escena: más análisis táctico, más “capital humano de alta especialización”, más despliegue operativo. En otras palabras, más estructura sobre una base que históricamente ha fallado en lo esencial: investigar bien, integrar casos sólidos y sostenerlos ante los jueces sin que se caigan por errores elementales, el sello de la casa.
Y como no podía faltar, llegó la frase que intenta cerrar el círculo narrativo: “esta Fiscalía no fabricará culpables, pero tampoco habrá impunidad”. Una línea que busca marcar distancia del pasado… mientras se apoya en las mismas lógicas institucionales que hicieron posible ese pasado.
El cierre es de manual: donde haya violencia, habrá Estado; donde haya impunidad, habrá investigación. El problema es que, en México, esa promesa lleva años pronunciándose con solemnidad mientras la realidad insiste en desmentirla con fosas clandestinas, carpetas sin resolver y víctimas que siguen esperando.
La FGR, fiel a su tradición, no rompe con la historia: la administra. Cambia el discurso, reordena el organigrama y bautiza nuevas unidades, pero mantiene intacta la estrategia de fondo: ensayo y error… con la impunidad como única constante comprobada.
El video de “soy un simple empresario de Reynosa” es, jurídicamente hablando, la carta de presentación en sociedad del ex-militar Mario Guitian Rosas, alias La Chispa,reconocido lugarteniente del Cartel del Golfo que se sabe intocable, sin aportar una solo prueba de inocencia.
El cuento del “empresario ejemplar”
En su defensa mediática, Mario Guitián Rosas se vende como mártir del éxito: inició con maquinitas, luego agua, taxis, seguridad privada y hasta app tipo Didi, todo a punta de madrugar a las 5:30 y pagar impuestos.
Pero mientras recita el manual del emprendedor modelo, omite que reportes de inteligencia de la DEA,no solo ADN NOTICIAS, lo señalan como operador regional, brazo de ejecución y coordinador de actividades ilícitas del Cártel del Golfo, facción Los Metros, en Reynosa,ligado a politicos de Morena,entre ellos el gobernador Americo Villarreal a quien abraza en imagen.
El discurso victimista pripio de militantes de MORENA no es casual: insiste en que ADN 40, periodistas nacionales y medios digitales lo “difaman”, que sus contratos caen, que los clientes cambian de mesa cuando lo ven entrar, sin mencionar una sola vez la palabra “huachicol”, “extorsión” o “levantones”, que son precisamente los delitos de los que lo acusan testimonios, reportajes y documentos filtrados.
Cuando presume que “no tengo ningún problema legal”, lo que revela no es pureza, sino la obscena comodidad de quien opera bajo un paraguas de protección institucional que mantiene congeladas carpetas que, en un Estado medianamente decente, ya habrían estallado en órdenes de aprehensión y cateos.
La versión de la DEA y la de “La Chispa”
Mientras Mario llora en conferencia que lo “acosa” la prensa, en evaluaciones de inteligencia se lee que funge como subordinado directo y “operational lieutenant” de un senador, catalogado como brazo de ejecución, ejecutor operativo y coordinador regional de actividades ilícitas.
El documento –con nombre, alias, afiliación al Cártel del Golfo, zona de operación y vínculo con un senador bajo investigación federal– no es un meme de Facebook: es el tipo de insumo que en cualquier carpeta contra un ciudadano común bastaría para catear casas y congelar cuentas, si fueras ciudadano de a pie o juan pueblo.
La línea es simple: él dice “soy un empresario de videojuegos y agua purificada”, los informes dicen “exmilitar y operador estrella del CDG, subordinado del huachicolero ‘Primito’ sancionado por el Tesoro de EE.UU., encargado de extorsión y logística criminal en Reynosa”.
La «Chispa» que ya estuvo en prision en 2017 y no lo dice, se victimiza por “ciberacoso”, pero la realidad criminal apunta a un patrón: empresas de transporte, vigilancia y servicios como engranaje de una economía de renta mafiosa, donde cualquier actividad productiva paga diezmo so pena de levantón, mientras sus negocios funcionan como lavandería con razón social y RFC en regla.
El abrazo del gobernador y la complicidad del fiscal
La inocencia de Mario se desmorona no solo por lo que dicen los reportes, sino por quién lo abraza.
Las crónicas de la prensa nacional enumeran cenas, fotos y cercanías entre “La Chispa”, el gobernador Américo Villarreal y operadores de Morena, describiéndolo como “Botox tamaulipeco”: el rostro terso que maquilla la alianza entre campañas políticas y logística de levantones y extorsión.
Aqui aparece Irving Barrios Mogica,el ex-fiscal que al igual que Jesus Eduardo Govea Orozco,el nuevo titular ,cobijan la red de secuestros y cobro de piso que opera el lugarteniente del CDG en Reynosa.
Cuando un fiscal, con deber legal de perseguir delitos de oficio, mira para otro lado ante informes de inteligencia, contratos públicos de empresas fachada y testimonios de víctimas, no es omiso: se vuelve coautor por omisión impropia, socio jurídico de la organización criminal a la que debía combatirlo importa que el gobernador sea parte.
El sistema queda retratado en una ecuación obscena: la misma “justicia a la tamaulipeca” que catearía a un mecánico por un sospechoso motor robado se vuelve repentinamente miope frente a un exmilitar enriquecido, señalado por la DEA, abrazado por el gobernador y blindado por un fiscal que colecciona denuncias de protección a extorsionadores.
El activista que habló… y lo mataron
A la puesta en escena del “empresario perseguido” le falta el personaje que ya no puede responder: el activista Gabriel Hernadez y empresario que lo señaló en video y terminó acribillado.
En la nota “VOTOS a CAMBIO de LEVANTONES”, el empresario plagiado acusó públicamente al fiscal Barrios Mogica de “fingir” de procurador de justicia y a “La Chispa”, advierte que si lo matan responsabiliza a ambos y denuncia el respaldo político que blinda al lugarteniente golfo recién usado para apuntalar campañas.
Poco después, el denunciante es asesinado, confirmando lo que el propio modus operandi de la extorsión en Reynosa deja claro: quien se atreve a romper el pacto de silencio firma, en los hechos, su sentencia.
Mientras tanto, Mario se queja ante cámaras de que en los restaurantes la gente “se levanta y se mueve de lugar” cuando lo ve, como si el problema fuera el prejuicio social y no el historial de levantones, cobros de piso y vínculos con una estructura criminal a la que él llama, eufemísticamente, “pérdidas económicas” por malos comentarios.
El contraste es brutal: un ciudadano que denuncia secuestro y extorsión termina en una carrocería perforada, y el señalado por la víctima aparece luego rodeado de abogados, hablando de “derecho de réplica” y “ciberacoso”, sin que el aparato de justicia se tome la molestia mínima de encuadrar los hechos en una carpeta por homicidio y delincuencia organizada.
La ley grita procesenlo_s y
Hoy, “La Chispa” intenta convertir su video en salvoconducto moral: se declara víctima, empresario modelo, devoto de la madrugadora cultura del esfuerzo y creyente en el “marco legal”.
Pero la suma de indicios –informes de inteligencia, vínculos con un senador bajo investigación, cercanía obscena con el gobernador, testimonios de víctimas, exhibiciones de riqueza putrefacta, denuncias públicas seguidas de balas– configura exactamente lo que cualquier manual de derecho penal clasifica como cúmulo de datos de prueba suficiente para abrir carpetas, pedir órdenes de aprehensión, cateos y aseguramiento de bienes.
Si el fiscal Jesus Govea se resiste, no es por falta de materia jurídica, sino por exceso de compromisos políticos.
La realidad criminal desmiente cada frase del video: donde él ve campañas de difamación, hay reportes de la DEA; donde habla de “trabajo y esfuerzo”, hay historia de levantones y huachicol; donde presume protección de la ley, lo que se ve es protección del aparato de justicia a un lugarteniente que ya forma parte del escrutinio nacional.
En un Estado medianamente funcional, el discurso que hoy usa para limpiarse sería reproducido, pero como prueba en el expediente: muestra de cómo un operador del crimen organizado se parapeta en la fachada empresarial y en la complicidad institucional para seguir diciendo “soy inocente” mientras el cementerio de Reynosa acumula la lista de quienes se atrevieron a señalarlo por su nombre.
Juan Carlos García Nuñez no solo era “el ejecutado afuera de Arboleda” en San Pedro; también llevaba una vida de videoclip de corrido tumbado de medio pelo, pero con aspiraciones de Spotify Star.
Faceta “artista de corridos”
En su versión más glam, el muchacho de Culiacán se vendía como cantante amateur de corridos, compositor autoproclamado y héroe de sus propios videos caseros.
Subía clips donde aparecía cantando o aporreando el acordeón, a veces solo, a veces rodeado de cuates igual de fascinados por la estética buchona que por la afinación.
Uno de sus temas incluso rebasó el millón y medio de reproducciones en Spotify, suficiente para inflar el ego, pero no para explicar de dónde salía la vida de lujo que presumía en pantalla.
Postales de la vida aspiracional
En las imágenes, el “artista” posaba en yates, autos y destinos turísticos, como si cada fin de semana fuera video oficial y cada amigo, extra de relleno.
En uno de los videos se regodeaba enseñando el reloj y las cadenas al cuello, incluida la infaltable medalla de la Santa Muerte, accesorio favorito del narco-kit espiritual del norte.
Todo cuidadosamente curado para las redes: corridos, lujos y devoción a la Santa Muerte, la trilogía perfecta del influencer de la narcoestética que cree que la vida es un reel eterno sin consecuencias.