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viernes, 11 de julio de 2025

“DETRAS de REPROCHE de SHEINBAUM a EE.UU por NEGOCIAR con el RATON YA NO se ESCONDEN las GANAS de que NO HABLE”…pero verdadera delincuencia organizada de cuello guinda esta intacta.


La presidenta Claudia Sheinbaum ha intensificado su discurso crítico hacia Estados Unidos, especialmente tras revelarse negociaciones entre autoridades estadounidenses y miembros o familiares del Cártel de Sinaloa, como Ovidio Guzmán. 

Este contexto ha generado una polémica en la que la mandataria mexicana exige coherencia al gobierno estadounidense, que por un lado declara no negociar con terroristas y, por otro, otorga beneficios judiciales a criminales a cambio de su colaboración como testigos protegidos.

El doble discurso y la presión de las delaciones

Sheinbaum ha cuestionado abiertamente que EE.UU. clasifique a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas, mientras negocia acuerdos judiciales con sus líderes o familiares. La presidenta señala la incongruencia en la política estadounidense, exigiendo transparencia y respeto en la relación bilateral. 

No obstante, su insistencia en este tema ha sido interpretada por analistas como una estrategia para desviar la atención de posibles revelaciones incómodas que con seguridad van a surgir de las delaciones de Ovidio Guzmán y otros miembros de “Los Chapitos”, quienes estarían dispuestos a colaborar con la justicia de EE.UU. a cambio de beneficios y protección para sus familias.

Negociar para desmontar estructuras criminales

En contraste con la postura de Sheinbaum, la práctica de negociar con testigos protegidos es vista en EE.UU. como una herramienta eficaz para desmantelar estructuras criminales. 

El caso de Ovidio Guzmán es paradigmático: su posible colaboración podría implicar información clave sobre rutas de tráfico, vínculos políticos,gubernamnetales,policiales o militares ademas de empresariales en México, así como los mecanismos de lavado de dinero y el financiamiento de campañas. Esta estrategia, aunque polémica, ha sido utilizada en otros contextos internacionales para debilitar organizaciones criminales desde adentro.

Resulta inevitable percibir cierto tono de urgencia y hasta de incomodidad en la narrativa de la presidenta, quien, entre la ironía y la seriedad, parece más preocupada por lo que puedan decir los testigos que por el fondo de las negociaciones a las que se refiere hoy Joaquin Lopez Doriga.

La colaboración de Ovidio Guzmán y otros miembros del Cártel de Sinaloa con la justicia estadounidense va abrir una caja de Pandora sobre la corrupción y la complicidad institucional en México, tema que la presidencia prefiere mantener bajo control discursivo.

Con informacion: CONTRALINEA/

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