Participación electoral: los números reales detrás del “éxito” oficial
La presidenta ha calificado como un “éxito” que 13 millones de personas hayan votado en la jornada electoral. Sin embargo, al contrastar esta cifra con los datos oficiales más recientes, el panorama es abrumadoramente distinto.
Cifras oficiales (corte al 10 de abril de 2025):
Lista nominal del electorado: 100,537,828 ciudadanos habilitados para votar (INE).
Ciudadanos que no votaron: 100,537,828 – 13,000,000 = 87,537,828 Es decir, más de 87.5 millones de mexicanos con derecho a voto no acudieron a las urnas.
Porcentaje de participación: \frac{13,000,000}{100,537,828} \approx 12.9\% Apenas uno de cada ocho ciudadanos en la lista nominalparticipó en la elección.
Porcentaje de abstención: frac{87,537,828}{100,537,828} \approx 87.1\% La abstención alcanzó un 87%, una cifra que evidencia el desinterés o desencanto social ante el proceso electoral.
Un fracaso garrafal disfrazado de éxito
Pese al discurso triunfalista, los datos duros muestran una realidad alarmante:
Solo el 13% del electorado participó, mientras que el 87% decidió no votar.
La narrativa oficial ignora que más de 87 millones de ciudadanos dieron la espalda a las urnas, lo que representa una de las tasas de abstención más altas registradas.
“Presentar como éxito la participación de 13 millones, cuando la lista nominal supera los 100 millones, es en realidad la confirmación de un fracaso garrafal en la movilización ciudadana y en la legitimidad democrática del proceso.”
La brecha entre el discurso y la realidad es insalvable: la inmensa mayoría de los mexicanos con derecho a voto decidió no participar, dejando en evidencia una crisis de confianza y representatividad que el gobierno no puede ocultar con cifras maquilladas.
Legitimidad del Poder Judicial es Nula
La legitimidad del nuevo Poder Judicial, surgido de una elección con apenas un 13% de participación ciudadana, es prácticamente nula desde la perspectiva política y social, aunque conserve validez legal.
1. Legitimidad política:
El proceso electoral judicial no requería un mínimo de votos para ser legal, pero la legitimidad no se mide solo en términos jurídicos, sino en la aceptación y respaldo social.
La participación fue abrumadoramente baja: solo uno de cada ocho ciudadanos habilitados acudió a votar, lo que significa que el 87% del padrón electoral decidió abstenerse.
Expertos y observadores nacionales e internacionales coinciden en que este nivel de abstencionismo “plantea un problema de legitimidad política que va a debilitar el nuevo sistema” y genera “incertidumbre sobre el futuro de la justicia” en México.
2. Percepción ciudadana y contexto:
La reforma judicial y su elección directa no nacieron de una exigencia social, sino de una imposición política, lo que se refleja en el desinterés masivo y la falta de información sobre candidatos y cargos.
Organizaciones como COPARMEX y analistas advierten que este modelo electoral es “opaco”, “no responde al interés ciudadano” y “debilita el Estado de Derecho.
La elección fue percibida por amplios sectores como un intento de capturar el Poder Judicial y eliminar contrapesos democráticos, más que como un avance en la justicia.
3. Consecuencias institucionales:
El nuevo Poder Judicial inicia su gestión con un “pecado original” de ilegitimidad social, lo que compromete su autoridad, independencia y capacidad de ser un verdadero contrapeso democrático.
El proceso, lejos de fortalecer la justicia, la deja sumida en la incertidumbre y el descrédito, tanto dentro como fuera del país.
“Por más que la elección sea válida en lo jurídico, en lo político y en lo ético va a ser muy difícil defenderla”.
Conclusión: El resultado de la elección judicial no otorga legitimidad real al nuevo Poder Judicial. Al contrario, lo deja gravemente debilitado, con una autoridad cuestionada desde su origen y una profunda desconfianza ciudadana. La baja participación no solo es un síntoma de fracaso democrático, contrario a los dichos sesgados y engañosos de Sheibaum,es la evidencia de que el nuevo sistema judicial nace sin el respaldo social indispensable para ejercer justicia en un Estado de Derecho.
Luego de recientes estallidos de violencia en Reynosa y Matamoros, “ambos casos ya resuelto$” por su majestad el Cartel del Golfo,el General Sergio Chavez García, titular de la IN_Seguridad Pública de Tamaulipas, bajo el gobierno profunda y arraigadamente mañoso de Morena y Americo Villarreal , destacó los avances significativos en la seguridad del Estado y precisó que la mayoría de los homicidios registrados corresponden al fuero común, como riñas, crímenes pasionales y robos, mientras que los enfrentamientos entre grandes bandas criminales han disminuido considerablemente.
“La mayoría de los homicidios son del fuero común, son riñas, son homicidios pasionales, son robos, pero que reitero, son entre dos personas la mayoría, los autores son detenidos y consignados y es una gran noticia”, detalló.
“Hemos tenido detenciones importantes que han venido a contribuir a que esta violencia disminuya y que seguiremos sumando esfuerzos para que Tamaulipas, la sociedad, la gente, la niñez tenga el futuro que merece”, puntualizó.
Desconexión y falta de empatía en la narrativa oficial sobre la violencia en Tamaulipas
La verborrea del general,como una mera operación mediática pagada ,tras los recientes escándalos de violencia en Reynosa y Matamoros, es una respuesta oficial que evidencia no solo una profunda desconexión cerebral,tambien una desconexión de la realidad que viven ciudadanos.
Por que desconexión cerebral
La desconexión cerebral que subyace a pensamientos y conductas carentes de empatía, como las que se observan en sus respuestas oficiales ante la violencia, tiene una base biológica clara y documentada.
Redes cerebrales de la empatía y su disfunción
La empatía depende de la integridad funcional de varias regiones cerebrales, principalmente la corteza prefrontal medial, la corteza cingulada anterior, la ínsula anterior, la amígdala y regiones temporales. Estas áreas permiten no solo reconocer el dolor ajeno, sino también responder emocionalmente a él y tomar perspectiva sobre la experiencia de otros.
Cuando estas redes están dañadas, desconectadas o inhibidas —ya sea por lesiones, estrés crónico, exposición repetida a violencia o mecanismos de defensa institucionalizados—, la capacidad de resonar con el sufrimiento ajeno disminuye drásticamente. Esto se traduce en respuestas frías, despersonalizadas y carentes de humanidad frente a tragedias reales como las del General y su gobernador, tan solo basta escucharlo sin dejar de escuchar el tableteo de metralletas.
Desensibilización y habituación: el cerebro ante la violencia
La exposición constante a la violencia o a situaciones traumáticas genera en el Gobernador y su general retirado,un fenómeno conocido como desensibilización: el cerebro reduce progresivamente su respuesta emocional ante el dolor ajeno como mecanismo de defensa. Estudios han demostrado que esto implica una menor activación de las áreas cerebrales vinculadas a la empatía, especialmente en la corteza prefrontal y la amígdala, lo que se traduce en una menor capacidad para sentir y actuar con compasión.
En contextos militares o institucionales, este proceso puede verse reforzado por la obediencia a órdenes y la necesidad de mantener una distancia emocional para operar en ambientes hostiles, lo que a nivel neural disminuye la respuesta empática ante el sufrimiento de otros. El uso de uniformes, la coerción y la exposición repetida a situaciones dolorosas contribuyen a este aplanamiento emocional, como lo muestran estudios de potenciales evocados cerebrales.
Consecuencias: pensamiento desconectado y falta de humanismo
El resultado es una profunda desconexión cerebral: las áreas responsables de integrar el dolor ajeno y traducirlo en respuestas prosociales en el gobernador y General ya quedaron inhibidas o desorganizadas. Así, sus discursos y decisiones reflejan una lógica fría, tecnocrática y desprovista de sensibilidad, donde la realidad humana de las víctimas se vuelve invisible ante la maquinaria institucional.
En síntesis, la falta de empatía observada en todos sus discursos oficiales no es solo una cuestión de actitud, sino la manifestación de una desconexión real en los circuitos cerebrales encargados de la compasión y la respuesta moral. Esta desconexión, reforzada por la exposición a la violencia y la cultura institucional, explica la ausencia de humanismo y la incapacidad de conectar con el dolor social que terminan convirtiéndo en mera perorata.
Narrativa oficial: tecnocracia y triunfalismo vacío
El mensaje institucional difundido por el General jefe de Seguridad Pública de Tamaulipas, insiste en el fortalecimiento de acciones, la entrega de patrullas, la capacitación de elementos y la coordinación entre dependencias. Se habla de “políticas de humanismo” y de esfuerzos para restituir programas sociales, pero el tono es eminentemente tecnocrático, centrado en la logística, el despliegue y la estadística, no en la experiencia humana de las víctimas.
Realidad en el terreno: violencia y desconfianza
Mientras la retórica oficial presume avances y control, la realidad en Tamaulipas es otra.
Las protestas y reclamos tras detenciones ilegales del caso del Grupo Musical Fugitivo en Reynosa,masacrados por el Cartel del Golfo como organizacion criminal y no como un solo ente individual, volvieron a exhibir a la policia con ayuda del ejercito actuando como miembros de la “GES_TAPO”, buscando tapar responsabilidades del “comandante Mono y el lider criminal Cesar Morfin,alias “Primito”.
Tan asi fue la “opera$ion nego$iada” desde la oficina del Comisario General Olegario Contreras,subordinado ademas del llamado “Mofles y/o licenciado”, intermediario de ordenes del “primito”, que fue notoria la ausencia de “narcobloqueos y ponchallantas”, prueba del tácito acuerdo en la captura consentida y orquestada por el gobierno de Americo Villarreal y su Fiscal Irving Barrios Mojica,con el unico fin y afan de dejar a salvo legalmente al lider criminal que despacha por “Whatsapp” desde la sierra de Jalisco en los limites con Michoacan como buen “gato” del Cartel de Jalisco y a costa de la captura de algunos inocentes de relleno, para que la foto se “viera mas bonita”.
Tras el hallazgo de cinco cuerpos que la Fiscalia de Tamaulipas al servicio del crimen autorizado que pudo y estuvo en sus manos salvar de las garras de sus complices,dice son de los músicos plagiados.Lo que obligo una respuesta mas llena de dudas que de certezas que han exhibido a la misma Fiscalía tras la detención de nueve presuntos integrantes de Los Metros, célula del Cártel del Golfo al mando de “Mono y primito”,pero ni son todos los que estan,ni estan todos los que son.
Familiares de tres detenidos —Alfredo Barajas, Juan Carlos Martínez y Fernando Hernández— protestaron ayer 1 de junio en el puente internacional Reynosa-Hidalgo, argumentando su inocencia y denunciando atropellos, incursiones ilegales y capturas sin pruebas. Según testimonios, los acusados eran trabajadores de una ladrillera y fueron sacados de sus hogares sin mediar explicaciones.
Paralelismos con métodos de la Gestapo
La arbitrariedad en las detenciones sin mandamientos judiciales y el uso de la fuerza sin sustento legal revelan prácticas que evocan mecanismos de control asociados a la Gestapo, la policía secreta de la Alemania nazi de Adolfo Hitler. Este cuerpo, creado en 1933, operaba bajo decretos de emergencia que suspendían garantías individuales, permitian allanamientos, escuchas y arrestos sin órdenes judiciales.
En Reynosa, las detenciones se realizaron bajo el argumento de “análisis telefónico y videovigilancia”, pero sin transparentar evidencia concreta, generando dudas sobre el debido proceso.
Además, la militarización de las fuerzas de seguridad en México, documentada en estudios académicos, muestra cómo policías estatales adoptan tácticas castrenses, priorizando la efectividad operativa sobre los derechos humanos. Esto se refleja en el operativo del Grupo Fugitivo, donde participaron Guardia Nacional y Ejército, instituciones con profundos historiales de abusos como tortura, ejecuciones extrajudiciales y violencia sexual.
La Gestapo, por su parte, fusionaba el rigor policial con la ideología nazi, eliminando límites entre seguridad y represión política.
Resistencia social y cuestionamientos
Que dicen la familia de victimas de Grupo Fugitivo dudando de todo:
Los familiares de las víctimas han exigido pruebas de ADN para confirmar la identidad de los cuerpos y evidencias que vinculen a los arrestados con el crimen.
Estas demandas de victimas y detenidos victimas,resuenan con la desconfianza hacia instituciones que, según organizaciones civiles, priorizan resultados mediáticos sobre investigaciones rigurosas buscando no salir raspados en la elección judicial, pues ya habia llamados a boicotearla.
La protesta en el puente internacional —similar a las movilizaciones frente a la presidencia municipal de Reynosa de las familias de victimas— subraya un patrón de resistencia frente a un sistema percibido como opaco y abusivo, nada humanista, poco trasformador y muy ligado al crimen organizado bajo el gobierno de Morena y Americo Villarreal.
En contextos como Tamaulipas, donde el crimen organizado y las fuerzas de seguridad “colusionan en vez de colisionan”, la criminalización de la protesta reflejan dinámicas autoritarias. La Gestapo, por ejemplo, basaba su poder en denuncias anónimas y perfiles raciales o políticos, mientras que en México, la “guerra contra el narcotráfico” ha normalizado la suspensión de garantías bajo pretextos de seguridad, mientras esta se deteriora cada vez mas.
Este caso, más allá de su tragedia particular, ilustra cómo la militarización y la impunidad del estado policiaco ,pueden erosionar el Estado de derecho, replicando lógicas históricamente asociadas a regímenes totalitarios que se creían extinguidos.
En Sinaloa, la impunidad no solo reina: se ha vuelto costumbre, y la barbarie es el precio que pagan Sinaloense por un Estado ausente que hace lo que puede y resulta que puede muy poco.
La barbarie crece mientras el gobierno y sus autoridades encabezadas por el superecretario Omar García Harfuch,apodado “Batman”.
Celebra la impotencia y aplaude la ineficacia.
Convierte la debacle en trofeo y la incapacidad en bandera.
Erige monumentos a la derrota y le otorga medallas al fracaso.
Viste de éxito la rendición y de logros la claudicación.
Premia la inacción, condecora la omisión.
Hacen de la tragedia un mérito y de la ineptitud un logro.
Transforma el desastre en hazaña y la vergüenza en orgullo.
Corona la torpeza y ensalza la resignación.
Enaltece la mediocridad y festeja la descomposición.
Hacen de la incapacidad una virtud y del retroceso un avance.
¿Cómo se vería y sentiría el éxito de una verdadera estrategia de seguridad?
1. Calles seguras y ambiente de confianza
Las familias podrían salir de noche, caminar por sus colonias y disfrutar los espacios públicos sin miedo.
Los niños regresarían a jugar en los parques y los negocios abrirían sin temor a extorsiones o balaceras.
2. Reducción tangible y sostenida de delitos
Los homicidios, secuestros, desapariciones y robos disminuirían de manera clara y comprobable, mes tras mes.
Los medios dejarían de reportar levantones,masacres ,despojos de autos y hallazgos de fosas clandestinas como parte de la rutina diaria.
3. Presencia de autoridad confiable y cercana
La policía y militares serían vistos como aliados, no como amenazas o cómplices.
Los operativos serían preventivos y eficaces, no solo reacciones tardías a la violencia y que llegan siempre a la hora de los velorios.
4. Justicia y fin de la impunidad
Los responsables de crímenes serían detenidos y procesados, no protegidos o ignorados.
Las víctimas tendrían acceso a la justicia, no al olvido.
5. Paz social y reactivación económica
El comercio florecería, habría inversión y empleo, y los desplazados podrían regresar a sus hogares.
El miedo dejaría de dictar la vida cotidiana.
6. Confianza en las instituciones
Los ciudadanos volverían a creer en su gobierno y en sus autoridades, sintiendo que su seguridad es una prioridad real y no un discurso vacío.
En resumen: Si hubiera una estrategia exitosa, los ciudadanos verían menos violencia en las calles, sentirían tranquilidad en su día a día, confiarían en la autoridad y recuperarían la esperanza de un futuro sin miedo. Todo lo contrario a lo que hoy padecen bajo la misma constantes de siempre, el plan parece bueno, la táctica para aterrizarlo ha sido pésimamente mala.
El fracaso civil y militar ante una violencia imparable
La violencia en Sinaloa, lejos de disminuir, se ha recrudecido hasta niveles históricos, exhibiendo el rotundo fracaso de las estrategias implementadas tanto por autoridades civiles como militares al mando del superpolicia Omar García Harfuch.
El Cártel de Sinaloa, especialmente la facción de los Chapitos, mantiene una capacidad de violencia incontenible e imparable, desbordando cualquier intento gubernamental por restaurar la paz.
Siete homicidios en un solo día: la normalización de la barbarie
El sábado 31 de mayo se registraron siete homicidios en Sinaloa, distribuidos entre Culiacán y Mazatlán, además de dos civiles abatidos por fuerzas federales en El Limón de los Ramos. A esto se suman hallazgos de osamentas y un incremento sostenido en robos de vehículos y privaciones de la libertad. Estos hechos no son aislados: mayo cerró con 188 muertes dolosas, superando el récord de mayo de 2017 y convirtiéndose en el mes más violento de la historia reciente del estado.
Estadísticas que desnudan el desastre
1,389 homicidios dolosos en menos de nueve meses (5.2 diarios)
1,508 personas privadas de la libertad (5.7 diarios)
5,215 vehículos robados (19.7 diarios)
Promedio móvil diario de homicidios: 6.7 asesinatos
Mayo 2025: 188 homicidios, el peor registro histórico.
El conflicto entre los Guzmán y los Zambada, que las autoridades no han logrado contener y por el contrariio complicar, ha sumido a Sinaloa en una espiral de violencia que supera por mucho los niveles previos al estallido de la guerra interna del Cártel de Sinaloa en septiembre de 2024.
La incapacidad de la autoridad: civil y militar
Pese al despliegue de millares de fuerzas federales, la militarización de la seguridad pública y la supuesta coordinación interinstitucional, la violencia no solo persiste, sino que se agrava.
El promedio de homicidios y desapariciones no ha logrado descender ; incluso, tras un breve descenso, las cifras muestran una preocupante tendencia al alza. El triunfalismo oficial es insostenible frente a la realidad de los datos.
“La estrategia del grupo interinstitucional, como eufemísticamente se le llama al despliegue militar, ya lleva más de 8 meses estancada y sin generar reducciones en las tasas de violencias letales, en específico homicidios y desapariciones.”
La militarización, lejos de resolver el problema, ha evidenciado sus límites: los soldados no están preparados para la prevención del delito cotidiano y su presencia no ha impedido la escalada de asesinatos, desapariciones y robos de vehículos. Los resultados son, en palabras de los propios empresarios y organismos civiles, “poco convincentes” y han sumido a la población en un clima de miedo, parálisis económica y desconfianza institucional.
El CDS: violencia incontenible e imparable
La guerra interna entre los Chapitos y la facción de la Mayiza, detonada tras la captura de Ismael “El Mayo” Zambada, ha convertido a Sinaloa en el epicentro de la violencia nacional. El Cártel de Sinaloa, lejos de fragmentarse, ha multiplicado su capacidad de fuego y terror, con enfrentamientos armados, masacres, bloqueos, desplazamientos forzados y ataques indiscriminados.
El Estado, en todas sus formas, ha sido incapaz de contener la violencia de este grupo criminal, que opera con total impunidad y desafía abiertamente la autoridad. El saldo: miles de familias desplazadas, negocios cerrados, pérdidas económicas millonarias y una sociedad atrapada entre el fuego cruzado y la ineficacia gubernamental.
Conclusión: el saldo de la ola
La evidencia es contundente: el plan de seguridad, basado en la militarización y la acción reactiva, ha fracasado rotundamente. Los homicidios, desapariciones y robos no solo no disminuyen, sino que alcanzan máximos históricos. La violencia del Cártel de Sinaloa, especialmente de los Chapitos, sigue siendo incontenible e imparable, mientras la autoridad civil y militar se limita a administrar la crisis y normalizar el horror cotidiano.