La Presidenta Claudia Sheinbaum advirtió hoy a Estados Unidos que ningún Gobierno extranjero le dirá a México cómo se debe gobernar y sostuvo que la soberanía nacional no está sujeta a negociación.
Al encabezar la conmemoración del 164 aniversario de la Batalla de Puebla, la Mandataria federal fijó una postura directa hacia el vecino del norte en medio de las presiones recientes.
Pero hay que decirlo,es una postura políticamente rentable hacia dentro, pero estratégicamente torpe hacia fuera, sobre todo frente a Estados Unidos, el socio del que dependes para economía, migración, energía y seguridad.
Frase por frase: del orgullo a la imprudencia
- “A esos que buscan la intervención extranjera… están destinados a la derrota”
Este arranque convierte cualquier crítica externa en “traición” y a cualquier crítico interno en enemigo de la patria.
No distingue entre injerencismo real y cooperación legítima (extradiciones, inteligencia, acuerdos de seguridad), lo que es pésimo diseño de política exterior: criminaliza el matiz y premia el grito. - “Aplauden a las televisoras extranjeras cuando hablan mal de México”
Aquí se mezcla “México” con “mi gobierno”: cualquier reportaje crítico ya es “hablar mal del país”.
Esta confusión emocional es funcional para la propaganda, pero letal para la diplomacia; si todo cuestionamiento se lee como ataque nacional, se cancela el espacio para negociar en frío. - “Quienes buscan el apoyo externo por no tener apoyo popular… están destinados a la derrota”
Traducido: sólo la mayoría interna legitima cualquier relación con el exterior.
En la práctica, ningunea a gobernadores, oposiciones, ONG y hasta empresas que, por necesidad, tienen que tratar con agencias de EU; es un tiro en el pie para un Estado federal que requiere múltiples canales con Washington. - Cadena de anatemas: Cortés, atrocidades, odio, derrota moral
Se invoca a Hernán Cortés para meter en el mismo costal: crítica, cooperación internacional y colonialismo.
Es retórica diseñada para calentar plazas, no para manejar el expediente de extradiciones, DEA, CIA, comercio y migración donde México no tiene la correlación de fuerzas a su favor. - “A quienes piensan que la presidenta se arrodilla, están destinados a la derrota”
La línea deja claro que el eje no es el interés nacional, sino el orgullo personal de no “verse débil” ante EU.
La diplomacia madura consiste precisamente en saber cuándo cedes en público para ganar en privado; aquí se invierte: se gana aplauso interno a costa de encarecer cualquier acuerdo con el vecino. - Juárez, la República y Lincoln como escenografía
Se usa el momento Juárez–Lincoln para legitimar una narrativa de eterna dignidad resistente, pero se olvida un detalle básico: Juárez negoció, cedió, pidió apoyo y jugó con el poder real de EU.
El discurso actual se queda sólo con la postal heroica, no con la frialdad calculadora del propio Juárez: se roba el símbolo y desecha la estrategia. - “La historia nos dice que el pueblo de México no se equivoca cuando se trata de defender la soberanía nacional”
Decir que “el pueblo no se equivoca” es negar de entrada cualquier evaluación racional de costos y beneficios: si “el pueblo” lo siente, ya es correcto.
La política exterior así se vuelve refrán, no análisis: no importa el déficit comercial, la cooperación contra el narco, ni los procesos judiciales en EU contra tus gobernadores; importa la sensación de ofensa y la respuesta inflamable. - “Ninguna potencia extranjera nos va a decir a los mexicanos cómo nos gobernamos. Somos libres, como los indígenas que partieron a las montañas…”
Comparar la situación actual con indígenas huyendo a la montaña en la Conquista es un despropósito histórico y geopolítico.
México no está “huyendo a la sierra”: está atado por T-MEC, cadenas de suministro, remesas, migración, energía y seguridad compartida; la metáfora épica tapa la realidad: dependemos profundamente de EU.
Por qué no es una posición inteligente frente a EU
- Porque confunde soberanía con berrinche
Nadie discute que México tenga derecho a fijar su política, pero aquí se presenta como “ofensa a la patria” que EU procese a funcionarios o pida extradiciones por delitos que tocan su jurisdicción.
Si cada orden de captura, sanción o filtración de inteligencia se responde con épica de 1862, conviertes la relación bilateral en un campo minado emocional, no en un tablero de negociación. - Porque geopolíticamente México no está en posición de sobreactuar
El principal mercado, el principal inversor, el principal destino de migrantes, el principal proveedor de armas (ilegales, por cierto) y el principal socio energético se llama Estados Unidos.
En ese contexto, elevar el tono patriótico sin una estrategia técnica detrás sólo limita tu margen de maniobra cuando de verdad necesites algo de Washington. - Porque convierte cualquier ajuste de curso en “traición”
Si te paras en el atril a decir que “ninguna potencia extranjera” te dice nada, ¿cómo explicas después un acuerdo de cooperación más agresivo contra el narco, o un endurecimiento migratorio para complacer a la Casa Blanca?
Te amarras a tu propia retórica: cada concesión futura puede leerse como rendición, lo que te encadena a decisiones subóptimas para no quedar como “arrodillada”. - Porque manda la señal equivocada a las agencias de seguridad de EU
El mensaje no es “somos socios maduros”, sino “cualquier acción suya puede ser usada para azuzar el nacionalismo local”.
Resultado probable: menos confianza, más operaciones unilaterales, más presión mediática y política desde EU, todo mientras tú sigues vendiendo discursos de soberanía hacia el público interno.
Las 48 leyes del poder: las que aplica y las que rompe
En este contexto, el escritor estadounidense Robert Greene,nos podria aportar conocimiento si volteamos Las 48 Leyes del poder que cita en su libro del mismo nombre, aunque no vamos a enlistar las 48, pero sí las más claras que se ven violadas o forzadas en este numerito patriótico.
Leyes que intenta usar (a medias)
- Ley 27: “Juega con la necesidad de la gente de creer en algo”
El discurso explota la necesidad de un relato épico: pueblo sabio, conquista, Cortés, Juárez, invasión, derrota moral del enemigo.
Funciona para consolidar base, pero si exageras el mito, te quedas atrapada en él cuando la realidad bilateral exija pragmatismo. - Ley 43: “Trabaja sobre los corazones y las mentes”
Toda la pieza está diseñada para emocionar: “pueblo que ama su libertad”, “derrota moral”, “nadie nos dirá cómo gobernar”.
Sí, conmueve; pero el precio es la desactivación del análisis frío que debería guiar la relación con la mayor potencia del planeta. - Ley 37: “Crea espectáculos llamativos”
Batalla de Puebla, referencias a Juárez y Lincoln, desfile simbólico: escenografía perfecta para envolver un mensaje duro en papel de regalo patriótico.
El espectáculo distrae de lo concreto: extradiciones solicitadas, agentes operando, presiones judiciales y de seguridad que requieren cerebro, no tambor.
Leyes que viola frontalmente
- Ley 1: “Nunca le hagas sombra a tu amo” – versión geopolítica
Robert Greene habla de no eclipsar al superior; traducido a relaciones asimétricas, no humilles públicamente al que tiene más poder real sobre tu economía y seguridad si no tienes con qué respaldarlo.
El mensaje “ninguna potencia extranjera nos va a decir nada” dicho al socio del que dependes rompe esta lógica: es bravata sin músculo, que invita a recordatorios discretos de quién manda en las palancas financieras, comerciales y judiciales. - Ley 9: “Gana con tus actos, nunca por argumentar”
Si realmente tienes una relación fuerte con EU, se demuestra con resultados: menos flujo de armas, menos dinero del narco, cooperación efectiva, defensa consular firme.
Aquí se intenta “ganar” con discurso inflamado, pero los hechos (agencias operando, extradiciones pedidas, investigaciones abiertas) van por otro lado; el contraste te deja en evidencia. - Ley 17: “Mantén a otros en estado de terror: cultiva una atmósfera de imprevisibilidad” – mal aplicada hacia dentro
Se intenta usar la palabra “derrota” como amenaza repetida: a quienes critican, a quienes acuden a instancias externas, a quienes “odian”.
El problema: ese clima de miedo verbal es hacia la oposición interna, no hacia el verdadero centro de poder externo; con EU sigues necesitando cooperación, así que tu “imprevisibilidad” se queda en show doméstico. - Ley 29: “Planifica hasta el final”
Un discurso que demoniza toda forma de apoyo externo y pinta a EU como casi siempre injerencista te complica el final del juego: renegociar, corregir, ajustar.
No se ve el final planeado, sólo el aplauso inmediato; la ley dice: piensa en cómo este gesto condiciona el tablero a tres, cinco años. Aquí el horizonte son las próximas encuestas, no la próxima crisis bilateral. - Ley 31: “Controla las opciones: haz que otros jueguen con las cartas que tú repartes”
En vez de eso, el mensaje encierra a México en un binario torpe: o soberanía rígida versión discurso, o “derrota moral” y traición.
Eso le da a EU una carta fácil: presentarse como el adulto pragmático que “solo hace cumplir la ley” mientras México se sube al caballo de la épica; ellos se reservan el pragmatismo, tú la teatralidad. - Ley 45: “Predica la necesidad de cambio, pero nunca reformes demasiado”
El régimen predica que ahora sí se defiende la soberanía como nunca, frente a un pasado de entreguismo.
Pero en los hechos, sigues atado a los mismos tratados, flujos económicos y mecanismos de seguridad: cambias el tono, no la estructura; generas expectativas irracionales en tu base que luego no puedes satisfacer sin chocar de frente con EU.
El orgullo que te mete en el hoyo… y no te deja salir
Lo más peligroso de este tipo de discurso no es el momento de la arenga, sino la resaca.
Cada frase que absolutiza (“ninguna potencia”, “nadie nos dirá”, “destinados a la derrota”) te quita grados de libertad futuros para negociar sin que parezcas incoherente ante tu propia audiencia.
En geopolítica, el orgullo mal administrado se paga con silencios forzados, concesiones en lo oscurito y humillaciones discretas: visas que no salen, investigaciones que sí salen, certificaciones que se ponen en duda, mesas donde no te sientan al centro.
Decirle a EU, desde el balcón, que no te dicta nada mientras por abajo dependes de su mercado y de su aparato de seguridad, no es valentía: es teatro arriesgado con la economía de tu propio país como utilería.
Con informacion: ELNORTE/

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