En México, miles de personas son grabadas, analizadas e identificadas todos los días por sistemas de reconocimiento facial (TRF) instalados en calles, aeropuertos y estadios.
“El uso del reconocimiento facial en México está creciendo de manera acelerada y sin regulación específica, lo que ha generado serias preocupaciones sobre derechos humanos, privacidad y discriminación, según el informe “No nos vean la cara” de la Red en Defensa de los Derechos Digitales (R3D).
Puntos clave y contexto ampliado:
- Expansión sin control: Miles de personas son grabadas e identificadas diariamente por sistemas de reconocimiento facial (TRF) en calles, aeropuertos y estadios, sin transparencia ni consentimiento. El despliegue de estos sistemas ocurre sin una discusión democrática ni evaluación de su efectividad.
- Fallas técnicas y sesgos: La tecnología presenta errores frecuentes, como falsos positivos y negativos, especialmente en personas de piel oscura, mujeres y adultos mayores. Un estudio citado por R3D muestra que los algoritmos tienen entre 10 y 100 veces más errores al identificar personas afroamericanas o asiáticas frente a rostros caucásicos, lo que evidencia un sesgo estructural en los sistemas.
- Impacto en derechos fundamentales: El reconocimiento facial es considerado por R3D como una tecnología intrusiva, poco confiable y discriminatoria. Afecta la privacidad, la libertad de expresión y la presunción de inocencia, ya que convierte a toda la población en potencial sospechosa y vulnera el derecho a la protesta y la reunión pacífica.
- Discriminación y exclusión: Los algoritmos amplifican desigualdades existentes, afectando de manera desproporcionada a personas indígenas, afrodescendientes y de comunidades LGBTTTIQ+, debido a bases de datos de entrenamiento no representativas y a sesgos en el diseño de los sistemas[1].
- Falta de regulación y transparencia: Aunque existen leyes generales de protección de datos personales, estas no abordan los riesgos específicos del reconocimiento facial. Las autoridades instalan cámaras y recolectan datos biométricos sin mecanismos claros de transparencia, rendición de cuentas ni estudios de impacto. Muchos sistemas se adquieren a empresas privadas sin licitación pública.
- Riesgos de seguridad y privacidad: La centralización de bases de datos biométricos aumenta el riesgo de robo de identidad, filtraciones y espionaje. Una vez que la información biométrica es sustraída, no puede recuperarse ni reemplazarse.
- Crítica al tecnosolucionismo: R3D advierte sobre la narrativa que presenta la tecnología como solución mágica a problemas de seguridad. La vigilancia masiva, lejos de prevenir delitos, puede inhibir la participación cívica y generar miedo en el espacio público.
Propuestas y demandas de R3D:
- Moratoria en el uso de reconocimiento facial en espacios públicos hasta que exista una regulación robusta.
- Límites claros al uso de datos biométricos y auditorías independientes de los sistemas.
- Transparencia en la contratación gubernamental y apertura de un debate público sobre los riesgos de esta tecnología.
- Fomento de tecnologías menos invasivas y con enfoque en derechos humanos.
Contexto internacional y legal:
La Suprema Corte de Justicia de la Nación y tribunales internacionales han advertido que el tratamiento masivo y sin límites temporales de datos biométricos representa una afectación intensa a los derechos fundamentales.
En síntesis: El reconocimiento facial en México se expande sin controles adecuados, exponiendo a la población a riesgos de vigilancia masiva, discriminación y violaciones a derechos humanos, en un contexto de opacidad y ausencia de regulación específica. La sociedad civil exige frenar su uso hasta contar con garantías legales y mecanismos efectivos de protección.
Con informacion: ELECONOMISTA/

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