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miércoles, 9 de julio de 2025

LA “ANATOMIA del EXCESO de…ZAPATOS”: “ESPECTACULO FAMILIAR de EMPERADORES de N.L YA son MATERIA del ESCRUTINIO de DIARIO ESPAÑOL”…es valido convertir vida de un hijo en contenido? ¿Dónde termina promoción y comienza explotación ?


La periodista Carmen Moran Braña,en el diario español,El Pais,se refiere hoy al mas reciente escándalo protagonizado por el gobernador de N.L Samuel García y su esposa Mariana Rodríguez Cantú que ya es mucho más que una anécdota viral. Es un espejo de una época donde la sobreexposición digital y el consumo conspicuo se entrelazan, desdibujando los límites entre lo privado y lo público, entre la infancia y el espectáculo.

La escena: una niña de poco más de un año, Mariel, convertida en protagonista involuntaria de un reality doméstico. Su vestidor, con 120 pares de zapatos y decenas de vestidos, es exhibido urbi et orbi como si fuera una boutique de lujo. La reacción social no se hizo esperar: la imagen de la pequeña rodeada de excesos evocó de inmediato a Imelda Marcos, símbolo universal del derroche y la desconexión con la realidad.

La lógica del influencer: regalos, marcas y capital social

Rodríguez Cantú, influencer de alto calibre, justifica la acumulación de prendas y accesorios como consecuencia de su rol: son regalos de marcas interesadas en asociarse a su imagen. No hay compra compulsiva, sino una economía de la atención donde el niño es, sin quererlo, moneda de cambio y escaparate.

Esta lógica, si bien habitual en el ecosistema digital, plantea interrogantes éticos profundos: ¿hasta qué punto es legítimo convertir la vida de un hijo en contenido? ¿Dónde termina la promoción y comienza la explotación simbólica?

Desconexión social y brújula extraviada

La pareja, hiperconectada en redes, parece cada vez más desconectada del pulso social. El escándalo no reside en el origen del dinero, sino en la incapacidad de percibir el abismo que separa su cotidianidad de la de la mayoría. La ostentación, lejos de ser un acto inocente, se transforma en un síntoma de una desconexión emocional y cultural: han perdido la brújula que orienta hacia la empatía y la mesura.

Infancia como espectáculo: ecos de Delphine de Vigan

La inquietante novela “Los reyes de la casa” de Delphine de Vigan ,le sirve a Carmen Moran como marco conceptual: padres que vuelcan su vida en redes, niños convertidos en personajes, infancia expuesta como mercancía. El libro advierte sobre el trauma potencial de crecer sabiendo que cada gesto, cada travesura, cada lágrima fue consumida por miles de extraños. La huella digital se convierte en herida emocional aún no descrita por la psicología, pero ya intuida por la literatura y la jurisprudencia.

Riesgos y preguntas sin respuesta

  • ¿Cómo procesará Mariel, y tantos otros niños en situaciones similares, el haber sido objeto de consumo público desde la cuna?
  • ¿Qué consecuencias tendrá sobre su identidad y relaciones futuras haber crecido en un escaparate?
  • ¿Quién protege la intimidad de quienes aún no pueden decidir sobre ella?

No hay respuestas únicas. Pero la experiencia internacional muestra que los tribunales han intervenido cuando los derechos de los menores se ven vulnerados por la sobreexposición digital. Sin embargo, el juicio más severo, advierte la literatura, no será el legal sino el íntimo: el reclamo de los hijos a los padres por una infancia convertida en espectáculo.

Elegancia de la advertencia

La intención de este análisis periodístico radica en mirar más allá del escándalo inmediato. No se trata de juzgar el número de zapatos, sino de advertir sobre el extravío de los adultos que, en su afán de conexión digital, se desconectan de la realidad y de las necesidades emocionales de sus hijos. La sobreedad aquí es la capacidad de anticipar, con madurez, las heridas invisibles que deja el exceso y la exposición sin límites.

La invitación final es clara: lean a De Vigan, reflexionen sobre los límites de la intimidad familiar y recuerden que la infancia no es un escenario, sino un territorio sagrado que merece ser protegido de los excesos del mundo adulto.

Como lo dice Carmen en El Pais:

“….La gran escritora francesa Delphine de Vigan tiene, entre sus muchas y deliciosas novelas, una muy inquietante, Los reyes de la casa, en la que plantea el secuestro de una niña que finalmente desentraña la detective Clara Roussel. Es una obra policíaca que aborda el infierno que sufren muchos infantes hoy en día en manos de unos padres que han hecho de las redes sociales su vida. Los graban, los llevan de tiendas, los visten con zapatos y ropitas de marca, muestran el lado más comestible de la infancia, el que ven miles de seguidores, lo mismo que se disfruta con las monerías de perros y gatos. 

Pero qué será de esos pequeños cuando crezcan y vean que toda su vida ha sido de consumo público. Puede que nada o puede que muestren una suerte de trauma aún no descrito, pero que ya se atisba como un riesgo cierto. Lean ese libro.

La pareja gobernadora del Estado de Nuevo León, Samuel García y Mariana Rodríguez Cantú, han protagonizado estos días uno de esos escándalos recurrentes en su casa cuando se les va la mano con las redes sociales, en las que no han dejado de mostrar a su pequeña Mariel desde que nació, en marzo de 2023. 

La muñequita es una ricura y parece lista como los ratones coloraos: lo mismo se embadurna la cara con crema, que se coloca los zapatitos morados de tacón, que se cuelga el bolso para salir a pasear al perro. Su madre la sigue por la casa con el video encendido. Todo queda registrado, todo publicado. Esta semana pasada, Rodríguez Cantú, con la cría en brazos, ha mostrado urbi et orbi el armario de la niña mientras el padre grababa orgulloso.

El escándalo en los medios de comunicación se debió a que el impresionante vestidor de la pequeña mostraba ordenados unos 120 pares de zapatos y decenas de vestiditos. Se la ha comparado con Imelda Marcos, la mujer de aquel dictador filipino que, a su huida del país, dejó en palacio los miles de zapatos que poseía, como si fuera una tienda, una imagen inolvidable.

En vista de la polvareda ocasionada en las redes, el matrimonio regiomontano ha salido a explicar que son regalos que reciben de las marcas comerciales, que no son ellos quienes los compran. Y no hay nada increíble en el argumento, porque así se maneja este asunto. Rodríguez Cantú es una gran influencer y todas las marcas quieren promocionarse a través de ella, el mecanismo clásico, el que enriqueció a la familia en la novela de De Vigan.

El escándalo, sin embargo, no debe ser cuánto dinero ni de dónde provenía el que se ha usado para llenar ese vestidor, que para eso no se necesita un detective. Se comprende que sean regalos, ¿quién en su sano juicio perdería los fines de semana en hacer tantas compras pudiendo regar el asado norteño con una buena cerveza, verdad? 

Tampoco se precisa una consulta al psicólogo para entender que las pegas son otras. Dos, para empezar. ¿Cómo gestionará un niño, cuando le pasen los años, tamaños excesos, si ya los que tienen menos están abotargados sin saber a qué juguete dedican su atención? ¿Y cómo manejarán semejante exposición pública al hacerse mayores? No hay una respuesta única, cada quien es cada quien, pero no es difícil aventurar que la complicada adolescencia puede serlo aún más cuando se ha tenido una infancia tan extraña, tan distinta de la naturalidad que preside las vidas del resto de los compañeros de estudio, de los amigos, de los primos o conocidos.

Millones de personas en todo el mundo gozan hoy de ofrecer su vida, su intimidad y cada enojoso detalle para el gran público. Allá ellos. 

Con la infancia, sin embargo, cabe apelar a la prudencia, por la sencilla razón de que esas cortas vidas están siendo gobernadas por otro sin los permisos pertinentes. Un día, los hijos pueden pedir cuentas y no les faltará razón, como podrían reclamar a los padres que no les hayan atendido convenientemente, que les hayan dejado comer hamburguesas hasta pesar 100 kilos o pasar frío o no llevarlos a la escuela. De asuntos así se han ocupado jueces en todo el mundo y los progenitores no han salido bien parados. Pero tengan en cuenta los padres que el dictamen más doloroso no saldrá de los tribunales, sino del trauma de sus propios hijos cuando les reclamen una infancia dolorosa y una vida adulta marcada para siempre por lo que parecía un juego sin consecuencias. Lean a De Vigan.

Con informacion: CARMEN MORAN BREÑA/DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS

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