El homenaje de Estado concedido a Hermenegildo Cuenca Díaz, el General del Ejercito Mexicano de los “vuelos de la muerte” en plena Guerra Sucia, da una medida del poder que tienen los militares hoy en México,cita sin equivocarse un ápice ,Carmen Moran Breña en su articulo para el Diario Español, El Pais, y que hemos enriquecido con argumentos que permiten presuponer que esto fue otro exceso al amparo de la impunidad militar.
Fundamentación: Por qué no debió ser homenajeado Hermenegildo Cuenca Díaz
1. Responsabilidad histórica en violaciones graves a los derechos humanos
Hermenegildo Cuenca Díaz fue secretario de la Defensa Nacional durante el sexenio de Luis Echeverría (1970-1976), periodo en el que el Estado mexicano implementó una política sistemática de represión, desapariciones forzadas, tortura y ejecuciones extrajudiciales contra opositores políticos, conocida como la “Guerra Sucia”.
- Documentos oficiales y archivos desclasificados por el propio gobierno mexicano durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador identifican a Cuenca Díaz como uno de los principales firmantes de órdenes de “exterminio” y operaciones militares que resultaron en la muerte y desaparición de miles de personas.
- La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y organismos internacionales han reconocido la responsabilidad del Estado y de sus altos mandos en estos crímenes, que constituyen violaciones graves y sistemáticas a los derechos humanos.
2. Contradicción con los principios democráticos y de justicia transicional
Rendir homenaje de Estado a un personaje identificado con crímenes de lesa humanidad contradice los principios básicos de una democracia y de justicia transicional:
- Desconoce el derecho de las víctimas y sus familias a la verdad, la justicia y la reparación.
- Envía un mensaje de impunidad y de falta de compromiso con el esclarecimiento de los hechos y la no repetición.
- Es incongruente con el discurso oficial de condena a los abusos del pasado y de reconocimiento a las víctimas de la represión estatal.
3. Normalización del poder militar y sus privilegios
El homenaje a Cuenca Díaz es una manifestación del creciente poder e impunidad del Ejército en la vida pública mexicana:
- Refuerza la percepción de que las Fuerzas Armadas están por encima del escrutinio civil y de la ley, manteniendo privilegios y fueros que dificultan la rendición de cuentas.
- Se inscribe en una tendencia preocupante de militarización de funciones civiles y de otorgamiento de contratos y responsabilidades ajenas a la seguridad nacional, como la construcción de obras públicas y la administración de aduanas y bancos.
4. Impacto negativo en la memoria histórica y la cultura democrática
Reconocer con honores a un personaje vinculado a la represión estatal:
- Distorsiona la memoria histórica y dificulta la construcción de una cultura democrática basada en el respeto a los derechos humanos y la rendición de cuentas.
- Es una afrenta a las víctimas y a las organizaciones sociales que han luchado por décadas para que se reconozcan los crímenes del pasado y se sancione a los responsables.
5. Precedente peligroso para el futuro
Este tipo de homenajes sienta un precedente negativo:
- Legitima la posibilidad de que otros personajes señalados por violaciones graves a los derechos humanos sean reconocidos oficialmente, perpetuando la impunidad.
- Debilita los esfuerzos de la sociedad civil y de los organismos de derechos humanos por avanzar en la construcción de un Estado de derecho.
El homenaje de Estado a Hermenegildo Cuenca Díaz no solo es innecesario, sino profundamente dañino para la democracia mexicana, la memoria histórica y los derechos de las víctimas. Representa una claudicación ante los privilegios militares y una negación de la justicia y la verdad. En una sociedad democrática, los homenajes deben reservarse para quienes contribuyeron a la construcción de un país más justo, no para quienes encabezaron la represión y el autoritarismo.
Como lo dice Carmen Moran ,en el EL Pais
“….Los restos del secretario de la Defensa en tiempos de Luis Echeverría fueron depositados este martes en un nicho de honor en el Panteón de Dolores de la capital, con la presencia del secretario Ricardo Trevilla Trejo y la plana mayor del Ejército, cuya comandanta suprema es la presidenta Claudia Sheinbaum.
“Por el honor de México”, se leía en letras doradas tras el cortejo de militares que acompañaba a la hija del general fallecido en 1977. En plena democracia mexicana, un secretario del gabinete de izquierdas de Sheinbaum ha rendido honores a uno de los hombres a quienes los archivos históricos del país señalan como el principal firmante de las órdenes de “exterminio” que acabaron con la vida de numerosos opositores al régimen más corrupto y sanguinario que ha tenido México.
Lo del “exterminio”, por cierto, lo publicó el gobierno mexicano en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador. La Guerra Sucia dejó 10.000 víctimas en México.

Trevilla Trejo no solo es militar, es un secretario del Gobierno, el responsable de la defensa nacional, quien estos días está tratando de frenar las leyes que la presidenta quiere modificar para otorgar mayores poderes a su secretario de Seguridad, Omar García Harfuch.
En lugar de mantener un perfil bajo mientras pelean la política pública, el general ha decidido conceder honras a tan siniestro personaje.
El Ejército mexicano, al contrario de otros países, no puede definirse ni de izquierdas ni de derechas, aunque mantiene los valores conservadores y jerárquicos propios del cuerpo armado.
En el último sexenio escalaron amplias cotas de poder en el mundo civil, donde se han erigido en constructores y guardianes de aeropuertos, trenes, bancos y aduanas, unas encomiendas que conservan hoy en día. No es la primera vez que un homenaje suscita críticas entre la población, ya sucedió con Salvador Cienfuegos, extraditado desde Estados Unidos, donde fue capturado por supuestas relaciones con el narcotráfico, y a quien la Fiscalía exoneró en México y el presidente López Obrador concedió un homenaje.
El caso de Cuenca Díaz, sin embargo, deja muy corto el episodio de Cienfuegos en términos de historia política.
Sin ahorrar críticas a los “privilegios” que goza el Ejército en México, el maestro de la Universidad de La Salle y profesor en la UNAM Alejandro Martínez Serrano enmarca el sorprendente acontecimiento de este martes en la tradición militar, un cuerpo “que sigue gozando de un fuero propio y cuyos privilegios se han extendido en los últimos años por encima de la ley, algo muy peligroso”, advierte.
¿Quién será el valiente que se los quite?, se pregunta el académico. “Hay un doble discurso en la 4T, por un lado, el del Gobierno, que critica aquellos años de represión de Echeverría y la Guerra Sucia, y por otro el reconocimiento sin crítica a protocolos militares como este. ¿Quién se subordina a quién?”, vuelve a preguntarse Martínez Serrano.
La investigadora del Colegio de México y experta en Seguridad Mónica Serrano necesita meterse en los zapatos del Gobierno para poder explicarse un homenaje público como ese, que a tantas víctimas y organizaciones de derechos humanos ha puesto los pelos de punta. “Era innecesario, podrían haberlo dejado pasar y nadie se hubiera percatado, parece un desafío”, dice. Pero tratando de comprender por qué se ha hecho, quiere pensar que la situación actual del Ejército mexicano es delicada, porque enfrenta situaciones muy duras donde muchos de los uniformados pierden la vida, “incluso aunque es conocido que a veces se exceden con el uso de la fuerza”. Intuye que es una forma de reconocimiento al Ejército en esas funciones de defensa contra el narco, aunque ese homenaje le parece una “reacción exagerada”.
“Desde luego esto no se puede entender como una acción de un gobierno de izquierdas”, dice Martínez Serrano, “porque la izquierda y los militares han sido siempre como el agua y el aceite, al menos están más vinculados al espectro conservador y de valores familiares de la derecha”, afirma. “Es una locura”.
A su parecer, el asunto tiene que ver con la corrupción y los privilegios con los que cuenta, dice, el Ejército en México cuando, por ejemplo,construye el Tren Maya sin que se puedan fiscalizar públicamente sus acciones. Como quiera que sea, el asunto no ha levantado gran polvareda política, aun a sabiendas de las atrocidades que se cometieron bajo la batuta de Cuenca Díaz y el presidente Echevarría, ni una pregunta en la Mañanera a la presidenta sobre el caso.
Algunos de los gestos más relevantes cuando Sheinbaum subió al poder se dieron en el ámbito militar, que recibía por primera vez a una mujer como comandanta suprema de las Fuerzas Armadas, como siempre ha querido denominarse. Y ella, como el anterior mandatario, se han defendido siempre de las críticas de militarización que les dedicó la oposición y algunos de los propios en repetidas ocasiones. El responsable último, dicen, es el presidente, un civil. Visto así, la responsable última de que se hayan rendido honores a Cuenca Díaz por parte de un secretario de Estado es la presidenta. “La historia política lo juzgará y lo encontrará un error”, sostiene Martínez Serrano.
Con informacion: CARMEN MORAN/DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS

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