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martes, 13 de mayo de 2025

“CUAL VICTORIA ?…la del CARTEL ?: “CATEAN OTRA VEZ el PENAL del AGUARUTO,HALLAN ARSENAL del CARTEL de SINALOA y el GOBIERNO TE lo VENDE como VICTORIA”…es en realidad la confirmación de un fracaso sistémico y estructural.


El Centro Penitenciario de Aguaruto, en Culiacán, Sinaloa, arrastra una larga historia de crisis, marcada por fugas masivas, autogobierno, corrupción, violencia interna y la constante presencia de armas, drogas y lujos para ciertos internos. 

Histórico de casos en el penal de Aguaruto

Entre 1999 y 2018, el penal acumuló al menos 64 fugas documentadas, y solo en la última década se han registrado más de 300 riñas, 69 homicidios y 33 muertes sospechosas o suicidios. 

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) ha calificado reiteradamente a Aguaruto,junto con los de Tamaulipas, como uno de los peores penales del país, señalando autogobierno, insuficiencia de personal y la existencia de actividades ilícitas como problemas estructurales persistentes.

Las inspecciones y cateos son frecuentes. Tan solo en 2025 se han realizado al menos media docena de operativos de gran escala, en los que se han decomisado desde armas largas, granadas y drogas, hasta sistemas de internet satelital, decenas de celulares y grandes sumas de dinero en efectivo. 

Por qué las autoridades venden como “victoria” un fracaso

Cada cateo exitoso es presentado por las autoridades como un logro en la lucha contra la criminalidad dentro de las cárceles. Sin embargo, este discurso es profundamente engañoso y reactivo: lo que se presume como “victoria” -el decomiso de armas, drogas y tecnología prohibida- es en realidad la confirmación de un fracaso sistémico y estructural.

Argumentos:

  • Reacción, no prevención: Los cateos atienden los síntomas, no las causas. Cada decomiso revela la magnitud de la corrupción y el autogobierno, pero no hay evidencia de una estrategia efectiva para impedir el ingreso de estos objetos. La entrada de armas, drogas y dispositivos sofisticados solo es posible con la complicidad de personal interno y redes de corrupción bien establecidas.
  • Crisis estructural y simulación: La frecuencia de los hallazgos y la reincidencia de los mismos problemas tras cada operativo demuestran que el control real del penal está en manos de los internos y no de la autoridad. 
  • El autogobierno, señalado por la CNDH, es una constante. Las autoridades, en vez de reconocer la profundidad de la crisis, optan por la simulación mediática: presentan los cateos como golpes al crimen, cuando en realidad son la prueba de su incapacidad para restablecer el orden.
  • Impunidad y reciclaje de directores: La destitución y sustitución de directores es una medida cosmética. En los últimos años, Aguaruto ha tenido directores con antecedentes de corrupción y presuntos vínculos criminales, sin que esto haya significado un cambio real en la operación interna del penal.
  • La investigación a custodios y administrativos rara vez concluye en sanciones ejemplares o en una depuración real de las estructuras corruptas.
  • Normalización de la ilegalidad: El hallazgo de internet satelital, armas de grueso calibre, granadas y dinero en efectivo dentro de un penal de alta seguridad es un escándalo en cualquier país. Sin embargo, en Aguaruto se ha vuelto rutina. Cada cateo revela que la “infección” -la corrupción, el autogobierno y la colusión criminal- sigue viva y activa.
  • Desgaste de la narrativa oficial: La insistencia en presentar cada cateo como un éxito erosiona la credibilidad de las autoridades. La sociedad percibe que lejos de avanzar, el sistema penitenciario está secuestrado por el crimen, y que las acciones oficiales son meros paliativos para contener el escándalo mediático, no soluciones de fondo.

Conclusión

En el penal de Aguaruto, cada cateo que arroja armas, drogas y tecnología no es una victoria, sino la evidencia de un Estado rebasado, de una estructura penitenciaria podrida por la corrupción y el autogobierno. Las autoridades venden como éxito lo que en realidad es la confirmación de su fracaso: atender la infección sin atacar lo que la provoca, mientras el crimen sigue mandando y la impunidad es la norma.

Con informacion: NOROESTE/

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