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sábado, 18 de octubre de 2025

EL «ABRAZO del COBRADOR»: «BAJO NUEVA LEY y SI se CUMPLIERA en TAMAULIPAS la CHISPA del CDG que ABRAZA la EXTORSION y al GOBERNADOR seria CASTIGADO con 15 AÑOS de CARCEL»…es solo un «supon».


En Tamaulipas, donde el narco tiene más protocolos que el propio Congreso, de manera reciente el jefe de la seguridad de Don Américo Villarreal,el General Arturo Pancardo, se puso en modo de predicador cívico: invitó a la gente a “denunciar las extorsiones”, como si no supiera —o fingiera no saber,porque ademas también lo conoce (…fue jefe de Octava Zona Militar en Reynosa)— que las listas de cobros las trae la propia “Chispa” del Cártel del Golfo, ese lugarteniente que no usa pasamontañas y se toma selfies con el gobernador humanista.

La escena es escandalosa, pero la inteligencia militar o federal ni siquiera se sonroja: el brazo ejecutor del cobro de piso en Reynosa abrazando y cenando con el aun gobernador que debería castigarlo, le sonrie.

Cual es la novedad

Desde Palacio Nacional, Ernestina Godoy, Consejera Jurídica de la Presidencia, anunció con solemnidad quirúrgica que la reforma para castigar la extorsión contempla penas de seis a quince años de prisión, dependiendo de quién, cómo y desde dónde se cobre. Porque no es lo mismo exprimir tortillerías que hacerlo con charola o desde un penal con red celular desbloqueada por la falta de vergüenza del gobierno.

Godoy detalló que el nuevo marco busca coordinar los tres niveles de gobierno “para prevenir, investigar y sancionar” este delito. Palabras contundentes, aunque en Tamaulipas suenen a eco lejano entre gatilleros impunes. 

La ley ahora permitira sancionar sin denuncia previa, que en teoría acabaría con el silencio por miedo; pero en la práctica, cualquiera que se atreva a denunciar termina en la lista negra del cobrador.

En papel suena prometedor: armonización legal, castigos duros, persecución de oficio, extinción de dominio para el extorsionador. Todo perfectamente alineado para que la justicia funcione. Pero la realidad se burla con descaro: la extorsión en México no es un problema de leyes, sino de hacerlas valer.

Así que, mientras los juristas discuten agravantes y penas, en Tamaulipas los agravios se siguen cobrando en efectivo. Si al “lugarteniente abrazador” realmente le aplicaran el nuevo artículo con todos sus agravantes —por delincuencia organizada y por operar desde la sombra del poder criminal y politicamente organizado—, le alcanzarían los años de cárcel para aprender tres idiomas y escribir sus memorias de como le ha movilizado el voto en campañas politicas al PAN,PRI y ahora MORENA,como dijo el empresario extorsionado Gabriel Hernandez,antes de morir ejecutado y señalar de responsables por anticipado,a La Chispa y el Fiscal Irving Barrios Mojica.

Pero nadie se confunda: aquí la extorsión no se castiga con prisión, sino con promoción y el único que paga es el ciudadano que todavía cree en la denuncia… o en los discursos que prometen castigar al crimen mientras lo acomodan en la primera fila del templete los responsables de combatir al crimen ,no organizado,autorizado.

Con informacion: ELNORTE/

"ATRACÓ el ATRACADERO en COATZACOALCOS ?": "RESTOS de RESTAURANTE ARRIBAN a PLAYAS a 500 KM de DONDE FUE LEVANTADO al FILO del AGUA SIN PENSAR en la FUERZA del MAR"...la fragilidad de las obras con vocación turística.


Quién diría que un restaurante turístico terminaría cruzando medio Golfo, convertido en balsa fantasma. “El Atracadero”, aquel sitio de selfies frente al malecón de Tuxpan, soltó amarras sin pedir permiso y navegó —arrastrado por lluvias e improvisación— hasta Coatzacoalcos. Quinientos kilómetros de travesía para recordarnos que el concreto también flota… cuando el urbanismo se hunde.

Mientras las autoridades hablan de rescate y custodia, la estructura mutilada del restaurante encarna algo más profundo: la deriva de la planeación costera, la falta de previsión ante los embates naturales y la fragilidad de las obras con vocación turística, que se levantan al filo del agua sin pensar en la fuerza del mar.

El Atracadero, con su mitad varada en Los Pinolillos y la otra danzando frente al Holiday Inn, parece una metáfora de Veracruz mismo: partido, arrastrado, pero todavía reconocible en su absurda resistencia. Un recuerdo flotante de cómo la naturaleza, cuando decide exhibir su poder, no necesita pedir citan permiso de las autoridades que con toda laxitud dan permisos.

Con informacion: ELNORTE/ @Redes/

LAS «LECCIONES de la GUERRA y el ESTRATEGA INCAPAZ»: «PRENSA ESPAÑOLA destaca VIOLENCIA que HARFUCH COMBATE MULTIPLICÓ por CUATRO la de 2024″…casi siete de cada diez personas privadas de la libertad no aparecen y eso eleva la letalidad.


Es probable que la guerra en Sinaloa haya producido una cosecha de mentiras más abundante que cualquier otro suceso reciente en México. La frase es casi perfecta porque no es mía, sino una paráfrasis de la entrada del texto inicial de George Orwell sobre la guerra civil española en su libro El Poder y la Palabra.

Ha pasado más de un año desde que se desató la guerra entre las facciones Guzmán y Zambada del crimen organizado en Sinaloa. Sobre ella se han dicho en redes sociales y medios una enorme cantidad de falsedades y teorías de conspiración que no tienen fuentes, sustento ni evidencia, pero que en la vox populi y la comentocracia chilanga se asumen como “hechos”. Por eso y porque un año es tiempo suficiente, quiero poner en este texto algunas lecciones sobre la que considero es el conflicto interno definitivo de esa entelequia que es el Cártel de Sinaloa.

Apunto primero que esta es la peor crisis de inseguridad en la historia de Sinaloa, que no es producto solo de una disputa entre “narcos”. Por su complejidad y alcances criminales, la respuesta federal militarizada ofrecida hasta ahora por el Estado sigue sin generar una tendencia sostenida a la baja en las violencias patrimoniales y letales que afectan a la gente en lo social y lo económico.

La guerra más cruenta

La primera lección duele, pero hay que aceptarla como es: la guerra Guzmán vs. Zambada –y sus aliados– es la más cruenta que ha vivido Sinaloa en su historia. Soporto esta afirmación con datos: desde el 9 de septiembre de 2024 hasta el 15 de octubre de 2025, Sinaloa acumula saldos abrumadores: 2.162 homicidios y 2.601 secuestrados, de las cuales un 70% permanece desaparecida, según la base de datos que hemos construido en Noroeste; 1.763 familias desplazadas en zonas rurales de Culiacán, Badiraguato, Concordia; además de 58 policías y 70 menores asesinados. Violencias que se expresan a diario en balaceras, masacres y hallazgos de cuerpos maniatados, torturados, desmembrados o decapitados con mensajes misóginos e intimidantes firmados por ambas facciones que revelan la vigencia de la afrenta perpetrada el 25 de julio de 2024 en Huertos del Pedregal.

En lo que va del año, Sinaloa registra 65 homicidios por cada 100.000 habitantes y, aún cuando no alcanzamos el máximo histórico de 86 que se registró en 2010, es éticamente obligatorio considerar la violencia de las desapariciones que, incluso, supera a los asesinatos.

Por eso, aunque metodológicamente y por respeto a sus familiares que los buscan, no podemos sumarlos, si consideramos que casi siete de cada diez personas privadas de la libertad no aparecen, estaríamos ante una tasa mucho más grande de letalidad en el estado.

Otro dato sobre la dimensión de esta crisis humanitaria es que hoy en Sinaloa se cometen 108 delitos del fuero común al día, lo que implica que con casi 40.000 delitos en total, 2025 se proyecta como el año más violento de la historia sinaloense, superando en un 8% al 2011, cuando se registraron 36.864 delitos de este tipo.

Una mafia fracturada

La segunda lección es que esta no es, como se reduce a diario en la narrativa youtubera, solo una “narcoguerra” entre dos familias de abolengo en esa genealogía que fascina en Netflix. Es el enfrentamiento a muerte entre dos facciones del crimen organizado que formaban parte de una mafia funcional en ese espacio que los expertos denominan la “zona gris” de la macrocriminalidad y donde se cruzan criminales, sociedad y gobierno. Clanes poderosos que se disputan narrativas, mercados y territorios con capacidades, equipo y poder de fuego paramilitares y que despliegan acciones de ataque y defensa que bien pueden clasificarse muchas veces como terrorismo.

Ese modelo mafioso integraba diversos negocios sumamente lucrativos; por supuesto el tráfico de drogas tradicionales (mariguana, cocaína y heroína), y que hoy son mayoritariamente sintéticas (metanfetaminas y fentanilo); pero también videovigilancia clandestina, robo de vehículos, extorsión en módulos de riego, el comercio de vapeadores en centros nocturnos urbanos, prostitución, trata e incluso alcohol ilegal en tiendas de conveniencia. Así lo ha exhibido el decomiso de decenas de toneladas de metanfetaminas y precursores químicos; de más 2.600 cámaras instaladas en Culiacán y Mazatlán, conectadas a centros de monitoreo; el aseguramiento de más de 1.500 máquinas tragamonedas y el robo de más de 7.600 vehículos.

La disputa ha exhibido también la pus debajo de la política sinaloense. Cabe recordar que la primera gran víctima de la guerra actual fue Héctor Melesio Cuén Ojeda, un personaje que fue rector y cacique de la Universidad Autónoma de Sinaloa y que, según la carta de El Mayo Zambada, buscaba el apoyo del crimen organizado para mantener el control de los casi 10.000 millones anuales de presupuesto de esa institución; una universidad que hoy registra un déficit multimillonario por el manejo faccioso y corrupto de sus finanzas, como lo documentamos en Noroeste

Semanas después caería también asesinado Faustino Hernández, líder de la Unión Ganadera de Sinaloa y exdiputado del PRI. Van también y sin que llamen tanto la atención, una decena de asesinatos de funcionarios vinculados a módulos de riego, sobre todo en el Valle del Évora, una de las regiones agrícolas más productivas de Sinaloa en la que el agua es dinero.

Decomisos y detenidos no detienen la guerra

Una tercera lección, acaso la más difícil de digerir, es que si revisamos el comportamiento de los homicidios y las desapariciones con un promedio de 30 días, podemos ver que el comportamiento es bastante uniforme en los más de trece meses que ha durado la explosión de violencias. 

A pesar de los 1.800 presuntos delincuentes detenidos y otros 129 abatidos, prácticamente estamos en el mismo punto que al principio: con cuatro veces más violencia de la que había antes del 9 de septiembre de 2024.

Ese comportamiento preocupa porque abre la posibilidad a la idea de que la respuesta federal y militar en coordinación con las débiles corporaciones locales, quienes han decomisado casi 4.000 armas y destruido más de un centenar de laboratorios clandestinos, ha hecho, en realidad, muy poca mella en la capacidad actual de las facciones para hacer la guerra y en su capacidad de adaptación para seguir matando y desapareciendo a sus rivales, tanto en zonas rurales como urbanas.

Por ejemplo, durante la disputa entre los Beltrán Leyva y el resto de las facciones registrada entre 2008 y 2011, hubo más de 9.000 asesinatos en el Estado, lo que desmonta la expectativa de que la guerra pueda terminar por falta de “mano de obra”, de dinero o de armamento. Queda claro que los clanes cuentan con recursos de sobra para mantener vigente la confrontación y, dada la flexibilidad de la producción sintética de drogas, parece mucho más fácil traficarlas con éxito a través de sistemas de logística legales e ilegales. Esto permite a las facciones hacerse de constantes ganancias millonarias para financiar sus batallas.

En un escenario ideal donde la política atiende a la técnica y el conocimiento, la poca correlación que hemos visto hasta ahora entre el innegable trabajo de las autoridades y su impacto en los índices delictivos, sería razón suficiente para repensar y ajustar con mayor velocidad la estrategia de seguridad federal y local. Eso implicaría diseñar e implementar soluciones de mediano y largo plazo que en otros Estados, regiones o países han demostrado ser eficaces, tales como una inversión radicalmente mayor en las policías estatal y municipales, así como en la Fiscalía local, con el objetivo de incrementar la disuasión, apretar la vigilancia y reducir sensiblemente la impunidad. Además de proyectos comunitarios, culturales y deportivos paralelos.

Sé que la idea del fortalecimiento institucional local no es novedosa. Ni siquiera parece deseable dada la pésima reputación y desempeño de nuestras policías y fiscalías. No lo es, pero ante un problema crónico y complejo como la explosión de violencias que enfrentamos, no hay atajos ni recetas mágicas: construir instituciones de seguridad y justicia es condición indispensable ya no para escapar de esta guerra, de la que comenzaremos a salir cuando el Gobierno sea capaz de capturar a por los menos uno de los dos principales generadores de violencia: Iván Archivaldo Guzmán o Ismael Zambada Sicarios; sino para no repetirla.

Es cierto, Sinaloa vive la peor crisis de violencia de su historia, pero no es cierto que sea porque el 25 de julio de 2024 Joaquín Guzmán López decidió raptar a Ismael Zambada García y llevárselo con él a Estados Unidos. La verdadera razón es que, a raíz de esa traición, los Guzmán y los Zambada decidieron hacerse la guerra en Culiacán, la ciudad que ambos consideran suya, y un año después, el Gobierno es incapaz de detenerla.

Con informacion: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/ADRIAN LOPEZ

viernes, 17 de octubre de 2025

«QUE HACEMOS HARFUCH ?…les DAMOS TU ESCOLTA ?»: «OTROS DOS y YA son MAS de 60 POLICIAS CAIDOS en MANOS del CARTEL de SINALOA EXCITADO y EXITOSO»…58 totalmente impunes.


En Culiacán ya no quedan policías para sorprenderse. Este viernes, a plena luz del día y con más militares en las calles que palmeras en la costera, un hombre y una mujer, agentes de Tránsito municipal, fueron asesinados dentro de su patrulla, la número 708-A. Ahí quedaron, Iris “N” y Alberto “N”, convertidos en cifra 59 y 60 de una lista que parece escrita con pólvora y cinismo, con un añadido, 58 IMPUNES.

El ataque ocurrió en el fraccionamiento Rincón San Rafael, a eso de la una y media de la tarde: hora de tráfico, calor y costumbre. Un grupo armado los interceptó y descargó una lluvia de metralla sin titubeos. Los proyectiles atravesaron cristales y chapas oficiales, mientras en el aire flotaba la burla permanente: la de un Estado que presume control con 15 mil militares desplegados que al final sólo sirven de paisaje.

Todo mientras Harfuch sigue jugando a la estrategia y el marcador sangriento ya va 2–58. Los asesinatos de policías cuya cifra era de 58, ahora 60,son la mejor radiografía de una guerra que ya nadie finge entender.En este Culiacán plagado de retenes, drones,helicopteros,aviones y patrullajes militares con al menos 15 mil efectivos,sin contar la pléyade de policías y de declaraciones huecas, los matones siguen viviendo como si nada, mientras los agentes caen de dos en dos.

La Fiscalía hizo lo suyo: acordonar cintas, recoger casquillos, poner sellos. La Secretaría de Seguridad Pública, fiel a su costumbre, calla. Y los ciudadanos, entre la indignación y la resignación, aprendemos a convivir con la nota roja como parte del desayuno.

Porque aquí la muerte uniforme ya no escandaliza. Escandaliza más el silencio con que la maquillan.

Con informacion: NOROESTE/

DE «ESPALDAS porque les DA VERGUENZA ?»: «REOS del AGUARUTO PENAL que COLECCIONA RIÑAS y CATEOS deja MUERTO y 3 HERIDOS»… ….una y otra vez, un dia si y otro también.


El penal de Aguaruto, en Culiacán, volvió a hacer de las suyas. A pesar de ser revisado multiplicidad de veces ,sus muros siguen vibrando al ritmo de las balas y hoy una nueva riña reventó la calma ficticia del reclusorio en mano de los reclusos ,lo que dejó como saldo un muerto y tres heridos, además del hallazgo de armas largas, cortas y un artefacto explosivo que las autoridades prefirieron destruir ahí mismo —porque moverlo era jugarle al Rambo.

El caos de siempre por los corruptos de siempre

La bronca comenzó alrededor de las 13:40 horas, dentro de los módulos donde conviven, si es que puede llamarse así, los internos del penal. Elementos del Grupo Interinstitucional —un Frankenstein de la Policía Estatal, la Guardia Nacional y custodios— entraron a poner orden entre los gritos y detonaciones. Según el parte oficial, la “situación fue controlada”, ese clásico lema que ya suena tan creíble como “castigaremos a los responsables y ya estamos investigando».

Mientras tanto, a las afueras del penal, se reportó una intensa movilización de patrullas y helicópteros; los vecinos ya ni se asustan: otro viernes cualquiera en Aguaruto.

La prisión que colecciona riñas

Y es que el Aguaruto no da tregua: cinco riñas en lo que va de 2025. Una en mayo, dos en junio, una en septiembre y esta última en octubre. Culiacán podría presumir muchos récords, pero este debería dar vergüenza. Las continuas revisiones “a fondo” solo sirven para alimentar los comunicados de prensa, porque cada cateo termina igual: decomisos de armas, celulares, drogas y ahora hasta módems de internet —porque el narco no se desconecta ni tras las rejas.

En la revisión más reciente, dentro de los módulos del penal, se hallaron una carabina M4, un fusil AK-47, cartuchos útiles, dosis de marihuana, cocaína, 13 teléfonos y dos módems de internet, todo cuidadosamente escondido como si el centro penitenciario fuera un Costco clandestino.

Sinaloa, tierra donde el infierno no descansa

El infierno no se limita a los muros del penal. Ese mismo día, dos agentes de tránsito fueron asesinados a balazos en la colonia San Rafael, y cuatro presuntos sicarios fueron detenidos tras un operativo por tierra y aire. Todo se enmarca dentro de una violencia que ya parece endémica, alimentada por la guerra entre Los Chapitos y La Mayiza, que desde 2024 ha convertido a Sinaloa en tablero de guerra.

Y sí, las revisiones continúan…

Cada semana se anuncian operativos “interinstitucionales” que se venden como éxitos. Revisan, confiscan, posan para la foto y prometen resultados. Pero el Aguaruto vuelve a rugir una y otra vez, como si fuera un recordatorio de que allá adentro las reglas las pone el caos. Casi una docena de revisiones después, el penal no mejora ni un milímetro: sigue siendo un agujero negro presupuestal donde la violencia se recicla y la autoridad solo llega para levantar el reporte.

En resumen: el Aguaruto no se arregla, se reanima —a balazos, cada tanto viernes. 

Con informacion: ELUNIVERSAL/

LA «SEDENA CONFIESA ERROR y NIEGA HACKEOS»: «ERRAR es de HUMANOS y ECHARLE la CULPA a OTROS es MAS HUMANO AUN»…negar es también una forma de cifrar: si nadie lo entiende, nadie lo decodifica.


Fue más fácil que robarle un dulce a un pequeño, o al menos eso pareció. Un experimento académico de no más de 650 dólares, realizado allá por mentes ociosas en la Universidad de San Diego, dejó al desnudo —literal y figuradamente— los secretos digitales del mismísimo Ejército mexicano y hasta de la Guardia Nacional. Todo por mirar un poco hacia arriba y jugar con señales satelitales que, sorpresa, no estaban tan encriptadas como decían los manuales.

Mientras tanto, de este lado del Río Bravo, la negación sigue siendo el deporte nacional. El Secretario de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla, apareció en la mañanera con el aplomo de un general que no se inmuta ni con radares ni con hackeos.

“Todos nuestros sistemas son encriptados. Técnicamente todos. Lo de Guacamaya fue falla humana, no de encriptación. Era internet común”, soltó con serenidad cuartelaria. Un mantra tan repetido que podría convertirse en lema bordado en los uniformes: “No era falla del sistema, era humana.”

El informe estadounidense —ese de los 650 dólares que bastaron para desnudar satélites— insinuaba que tanto el Ejército como la CFE transmitían datos sin encriptar por el espacio, dejándolos al alcance de cualquier aficionado con antena y café suficiente para una noche larga. Pero Trevilla negó todo: “No han ingresado. No tenemos ningún indicio.” Como si el mejor firewall fuera la fe.

Claro, negar es también una forma de cifrar: si nadie lo entiende, nadie lo decodifica. Lo cierto es que el recuerdo del “Guacamaya Leaks” sigue sobrevolando SEDENA, ese hackeo de septiembre de 2022 que filtró seis terabytes de correos, informes y secretos que deberían haber estado cerrados bajo diez llaves digitales, pero que sobrevivían en servidores Microsoft Exchange tan desactualizados como los parches de transparencia.

De esos archivos salieron historias de espionaje con Pegasus, informes sobre Ayotzinapa y órdenes clasificadas que nunca imaginaron ver la luz. Y hoy, mientras los techos satelitales se asoman vulnerables ante estudios de mil dólares o menos, el discurso oficial insiste: “todo funciona adecuadamente”.

Porque en el fondo, quizá, encriptar no es tan difícil como aprender a negar con elegancia.

Con informacion: ELNORTE/

LO «TENIAN FICHADO»: «BANDON de CRIMINALES del NEFASTO GOBIERNO PRIISTA que se CONVIRTIO en CARTEL VIGILABA a JUAN RULFO»….ironías del realismo mexicano: el escritor del silencio fue espiado por el ruido del poder.


Había una vez —como en los cuentos donde los héroes no llevan capa sino cuadernos— un gobierno que decidió que escribir era peligroso. No se trataba de la CIA gringa, ni del Mossad Israelita o la KGB rusa: eran de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), la policía secreta del priismo , ese ente amorfo que se disfrazaba de Estado pero actuaba como organizacion criminal y con mucho militar en sus filas. El primer cartel de la era moderna, el que inicio traficando miedo y terminó traficando todo.

Y allí, entre los expedientes amarillentos que olían a tinta y represión, apareció un nombre que parecía no hacer ruido: Juan Rulfo. Sí, el autor que retrató el silencio de los muertos terminó siendo vigilado por los vivos más espectrales del país. Los mismos que anotaban sus vuelos, sus llamadas y hasta sus ausencias. Ironías del realismo mexicano: el escritor del silencio fue espiado por el ruido del poder.

Corría 1968, y el fuego estudiantil encendía las aulas del país. Mientras los jóvenes gritaban por democracia, los rifles del Ejército apuntaban a las cabezas que pensaban. En Ciudad Universitaria, los nombres de Monsiváis, Leñero, Revueltas, Rulfo y Barros Sierra se pronunciaban con respeto… y con miedo. En los despachos de Gobernación, lo mismo ocurría, pero con órdenes de seguimiento. Las firmas de esos intelectuales en un pliego petitorio bastaban para abrirles un expediente. Bastaba escribir “El movimiento estudiantil debe triunfar” para que el Estado los tachara de subversivos.

A Rulfo no lo salvó ni su mutismo. La DFS, brazo oscuro del PRI, lo fichó como si fuera un narco o un espía soviético. Aquellos que, décadas después, serían señalados por sus nexos con el crimen organizado, se estrenaban espiando escritores. El negocio del terror comenzaba con tinta, no con coca.

El régimen lo justificaba todo: “operaciones de control”, “restablecimiento del orden”, “agitadores capturados”. Traducción libre: cárceles, tortura y desaparición. La juventud pedía autonomía; el Estado respondía con bayonetas. Y mientras tanto, en los informes de inteligencia, se registraban los vuelos de Rulfo, las llamadas entre él y García Márquez, las reuniones donde supuestamente maquinaban la caída del orden priista. Pobres burócratas, si hubieran entendido su literatura, sabrían que Rulfo ya los había descrito: almas en pena caminando por un país de muertos.

El autor de Pedro Páramo firmó su nombre, y eso bastó. Bastó para que el sistema lo tratara como enemigo interno. Bastó para que lo espiaran como si sus fantasmas pudieran encabezar un levantamiento. Escribir, en México, siempre ha sido un acto de insurrección.

Los documentos desclasificados del Archivo General de la Nación hoy confirman lo que la historia ya sospechaba: que el PRI no solo gobernaba, también espiaba, traficaba, silenciaba y mentía. Que la DFS —ese Frankenstein político— actuó como cartel de inteligencia y como verdugo de la disidencia.

Y mientras el gobierno enloquecía buscando conspiraciones, Juan Rulfo seguía escribiendo sobre pueblos donde los muertos hablan más que los vivos. Quizá por eso lo siguieron, porque el verdadero poder teme más al que narra la verdad que a quien la grita.

El expediente sigue ahí, con las huellas del miedo institucional. Al final, puede que Rulfo tuviera razón: los muertos regresan a contar lo que vieron. Y los archivos del PRI, tarde o temprano, también hablan.

Con informacion: MILENIO/ MEDIOS/

«CUAL SEXO DEBIL ?»: «CAPTURAN EX-REINA de BELLEZA de MAZATLAN EXHIBIDA por CHAPITA y por TORCERLE el PESCUEZO al CHATO»…ligado a operadores de Los Arellano.


La ex reina de los Juegos Florales del Carnaval de Mazatlán 2011, Lidia Vanessa Gurrola Peraza, volvió a acaparar titulares —y no por un vestido de lentejuelas ni una pasarela— sino porque fue detenida en San Diego, California, acusada de homicidio en primer grado. 

La modelo sinaloense de 32 años está encerrada en el centro de detención de Las Colinas, esperando su audiencia del 20 de octubre. Su víctima: “El Chato”, un operador del Cártel de los Arellano Félix.

Según el registro oficial del Sheriff de San Diego, Gurrola —número de detención 25744615— fue arrestada el 9 de octubre, y el día siguiente ya tenía una acusación formal encima. Mide 1.52 metros, pesa 59 kilos y tiene cabello y ojos castaños. Pequeña en estatura, pero al parecer con peso específico en el bajo mundo.

El crimen que la tiene tras las rejas remonta a una noche caliente del 17 de febrero de 2024, cuando University City, una zona tranquila del sur de California, se despertó con el eco de los balazos. Los policías hallaron dos heridos, uno de ellos ya muerto junto a un auto. El occiso era “El Chato”, con nexos conocidos con Edwin Huerta Nuño y “El Flaquito”, dos operadores del clan Arellano Félix, aunque oficialmente no tenía procesos abiertos.

La cereza del drama: Vanessa supuestamente era pareja sentimental de “El Chato”. Las redes, las fotos y los videos románticos entre ambos se convirtieron en pruebas. Hoy, eso sí, sus perfiles están tan desaparecidos como su vida pública.

Y por si la historia no fuera suficientemente rocambolesca, en septiembre de 2024 —cuando explotaba la guerra interna del Cártel de Sinaloa— el nombre de Gurrola reapareció en los cielos… literalmente. Avionetas lanzaron volantes sobre Mazatlán, Culiacán y Los Mochis donde se la señalaba como operadora de “Los Chapitos”, los mismísimos hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán.

De reina de fiestas a protagonista de un caso criminal internacional. Vanessa Gurrola cambió el cetro por los barrotes, y su historia hoy tiene más giros que una telenovela de narcos. 

Con informacion: NOROESTE/