Vino la epidemia y están cerrados los antros, los bares, las discos, los restaurantes. Cerraron las playas y los hoteles de los grandes centros turísticos. En preparatorias y universidades de todo el país se suspendieron las clases. De pronto, en menos de un mes, a los grupos criminales que controlan la venta de droga a nivel local se les cayó el mercado.
¿En dónde están ahora los ejércitos dedicados al narcomenudeo? ¿A qué saludable actividad se dedicarán durante las semanas, tal vez los meses, que dure la emergencia?
Todo anuncia que vienen para el país meses terribles, no solo por el tema sanitario, sino porque el Covid-19 va a provocar que los grupos criminales migren a otros delitos.
La pandemia llegó a México en el peor momento. Encontró un país hundido en un derramamiento de sangre sin precedentes. 2019 fue el año más violento de que hay registro: la tasa de homicidios llegó a 24.14 por cada cien mil habitantes. Marzo pasado ha quedado como el mes con mayor número de homicidios de que hay memoria (..). En los primeros cinco días de abril, a la lista de la muerte se sumaron 429 víctimas más, según datos delObservatorio Nacional Ciudadano, ONC.
El Ejército, la Guardia Nacional, los cuerpos de seguridad de todo el país, que ya se hallaban totalmente rebasados por los niveles de violencia, deben ahora distraer sus esfuerzos haciendo frente a la emergencia sanitaria: vigilan hospitales, almacenes, tiendas departamentales.
Monitorean el traslado de medicamentos y equipos médicos, e incluso el transporte de alimentos.
La Sedena coordina a autoridades estatales y municipales, hace censos de capacidades hospitalarias, construye la infraestructura en que serán atendidos los posibles pacientes contagiados.
¿Es probable que las altas cifras de violencia de marzo tengan que ver con la llegada del Covid-19? De acuerdo con expertos y analistas de seguridad, los grupos criminales se están valiendo ya de la pandemia para iniciar una búsqueda de control de territorios: “Iniciaron abril dándose con todo, precisamente porque ya advirtieron que la emergencia es para ellos una ventana de oportunidad”, apunta Francisco Rivas, director del ONC.
La misma disputa por territorios, y una paulatina migración hacia otros delitos han sido advertidas en el sureste del país por el secretario de Seguridad Pública de Quintana Roo, Alberto Capella. Con el cierre de hoteles, restaurantes y antros, los criminales ven con interés el control del transporte de carga y de mercancías, la invasión de terrenos, el tráfico de medicinas e instrumental médico.
Durante las semanas que vienen, a lo largo del país las calles estarán repletas de negocios, tiendas y almacenes con las cortinas cerradas. Habrá poca afluencia de transeúntes, y cada vez menos pasajeros en el servicio público.
No habrá dinero ni gente en las calles.
El robo a negocio y el robo a transeúnte ocupan los primeros lugares en la incidencia delictiva. Los delincuentes comunes y las bandas que operan en municipios y alcaldías comenzarán a maquinar cosas para obtener flujos de efectivo.
¿Qué riesgos correrán los ciudadanos cuando aumente la emergencia?
Los expertos aseguran que los grupos criminales inevitablemente irán por otros mercados. Que a resultas de esto es muy probable que en el mes de abril veamos un repunte en los homicidios, y que a partir de junio podría verificarse un alza significativa en el número de delitos patrimoniales: el secuestro y la extorsión.
Durante la reciente oleada de saqueos en almacenes y tiendas departamentales y de conveniencia, 185 personas fueron detenidas. La mayor parte de estas eran reincidentes. En la Ciudad de México se acaba de llevar a cabo la detención de un líder narcomenudista de Magdalena Contreras, El Fabián, que ante la caída del mercado de la droga al menudeo organizó el saqueo de almacenes y tiendas departamentales.
La jefa de gobierno de la Ciudad de México anuncia, por otra parte, que los elementos de la Secretaría de Seguridad Pública hipertensos, con sobrepeso y con enfermedades crónicas, serán retirados del servicio, para no ponerlos en riesgo de contraer el coronavirus.
¿Cuántos serán aislados en total? ¿Cientos, miles? ¿Cómo se va a subsanar enlas calles esta ausencia?
Francisco Rivas ha escrito que parece venir sobre el país una tormenta perfecta. El gobierno federal ha instalado un centro de inteligencia encargado de monitorear la relación entre Covid y delito. Es vital que esto ayude a anticipar lo que viene. Que esto ayude a detener lo que viene.
Todo cambió en una semana. La vida en Tijuana perdió el dinamismo cotidiano en la línea fronteriza que conecta a esta ciudad de Baja California con Estados Unidos. El paso común de mexicanos por Ped East y Ped West se restringió y ahora está abierto sólo a ciudadanos estadounidenses y a los extranjeros con residencia o con una visa de trabajo “del otro lado”.
Por el contrario, los vecinos de San Diego se volcaron a la ciudad mexicana para comprar artículos de limpieza, desinfectantes (como cloro) principalmente, porque allá ya no hay tras la crisis por el contagio de Covid-19.
La historia la vive y cuenta a La Razón Enrique Arce, un guerrerense que desde 2006 volteó a ver a la frontera para vivir, primero por trabajo y luego por decisión familiar, y que en 2012 se mudó a Rosarito, Baja California.
Ahora, explica, los turistas con visa no pasan a EU, hay inspecciones secundarias y están detectando ahí a los visitantes; si no tienes visa de trabajo, no pasas.
“Las filas de autos han disminuido, hay 100 u 80 carros, dependiendo de la hora; a veces se ven hasta cinco”, narra, en entrevista telefónica.
Hay mucha cautela entre la gente de Tijuana y Rosarito, ciudades donde ya casi 70 por ciento de los negocios está cerrado, afirma.
Apenas el viernes pasado, él pasó a San Diego; ahora no puede, no sólo por la restricción de Estados Unidos, sino por esa cautela que, dice, todos mantienen al conocer la situación por el coronavirus en Estados Unidos.
“Temor hay en EU, ahí sí, para que veas, porque la mayoría de los markets están cerrados; está en cuestión de cosas de limpieza, latas, carnes, leche, huevos; porque toda la gente está comprando con temor… allá sí los veo con temor; aquí, en Tijuana, la gente se ve normal… inclusive los mercados sobreruedas se siguen poniendo, pero únicamente los que venden verduras, pescados y carnes. Aquí todos los días hay swap meet (establecimiento de varios negocios)”, detalla.
Dentro de la normalidad señala que hay puestos de revisión en Tijuana y Rosarito, “de la Guardia Nacional, Ejército, de policías municipales”, de donde están regresando a la gente a sus casas, pues “aquí mucha gente anda en la calle, anda gente trabajando”.
De “allá para acá”, asegura, no les están pidiendo nada para ingresar.
Con una fotografía muestra cómo en la garita vehicular de Otay, con rumbo a San Diego, hay tres autos por línea, cuando normalmente se forman más de 500 vehículos, asegura. En el cruce sólo están viendo que no lleven en exceso alimentos y bebidas, añade.
La Cámara de Comercio de Otay Mesa, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza en San Diego formalizaron el cierre temporal del cruce Ped West, en la Garita de San Ysidro, a partir del domingo. Sólo estará en funcionamiento para este tipo de cruces el Ped East, el cual funcionará de manera normal.
La dependencia estadounidense informó que desde el 21 de marzo, en los cruces peatonales hay una reducción de flujo de 70 por ciento, misma cantidad que, estima, cayó en los vehículos. La medida de restricción también se programa para el domingo en el cruce en la Garita de Tecate.
RIESGO SÍ, PERO NO FREAK. “En cuanto a ser una ciudad fronteriza y estar al lado de Estados Unidos, sí se percibe un tanto como riesgo; sí es un pensamiento generalizado, mas la gente no está frikeada por eso, tan simple y tan sencillo porque no cerraron las fronteras. Está abierta para ciudadanos y emigrados”, explica Rosa Isela Molina, madre de familia que sigue trabajando en Tijuana en esta fase 2.
Avecindada en la ciudad fronteriza desde 2009, originaria de Sinaloa, es empleada de una empresa que tiene actividad de primera necesidad, cuyo primer cambio drástico que percibe es que pueda ir a su trabajo en media hora, en una Tijuana con menos tránsito.
Aunque el gobierno de Baja California adelantó la suspensión de clases después del 18 de marzo, para Rosa Isela la nueva dinámica de la ciudad fue muy evidente en la última semana.
“Se siente como un riesgo, aunque sabemos que el riesgo está en todas partes… hay las posibilidades (de contagiarse) en cualquier ciudad del país; la cuestión es cómo te cuidas”, consignó.
Para Rosa Isela y su familia, dividida por la línea fronteriza, esta situación implica dejar de verse, como tradicionalmente lo hacían cada semana.
“Yo tengo familia que está trabajando en San Diego y cruzaba para acá cada fin de semana, pero ahora ya se quedan allá”, lamenta.
Cada hora que un policía pasa deteniendo delincuentes y resguardando la seguridad de las personas vale, en promedio, 18 pesos. Trabajan jornadas ininterrumpidas de 24 horas diarias, que pueden llegar hasta 32 horas de trabajo, mal pagados y a veces sin prestaciones sociales. ¿Alguien se preocupa por las necesidades de los agentes estatales?.
En México, el salario promedio que percibe un policía es de 12,800 pesos netos al mes, de acuerdo con información solicitada por Cuestione a secretarías de seguridad estatales y cifras del SESNP.
Mientras que los policías de San Luis Potosí, que son los que tuvieron mayores salarios en 2019, ganaron 29 pesos por hora (en un esquema de jornada laboral de 24 x 24 horas), los de Tabasco, que son los que perciben los salarios más bajos del país, obtuvieron nueve pesos por hora, poco más de lo que cuesta un kilo de zanahorias.
Sin embargo, el ingreso real (neto) de los uniformados puede ser menor, al considerar que los salarios se desinflan, después de las deducciones de impuestos y otros créditos.
A cambio, el trabajo policial incluye mucho estrés y horarios extenuantes. “Tenemos en las calles policías cansados y mal pagados”, dijo Raúl Benítez, especialista del Centro de Investigaciones sobre América del Norte (CISAN), en entrevista con Cuestione.
Además, seis de cada siete policías destinan una parte de su sueldo a la compra de equipos de protección, como chalecos antibalas, equipos de radiocomunicación y otros elementos necesarios para desempeñar su trabajo, sin que nadie les haya reembolsado lo que invirtieron, de acuerdo con el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI).
¿Mejorar sueldos garantiza mejoras en la inseguridad?
Percibir mejores sueldos tampoco garantiza la seguridad de una entidad. Para reducir la incidencia delictiva en el país, es necesario considerar otros aspectos, como un mejor acceso a la educación y al empleo, la recuperación del tejido social, y programas sociales que alejen a los delincuentes de las calles, dijo Benítez.
Un ejemplo es Guanajuato, cuyos policías están entre los 10 mejor pagados del país, pero también figura entre los estados con los indicadores más altos de inseguridad. En esa entidad, los policías ganaron el año pasado casi 15,800 pesos; este año, obtuvieron un incremento salarial real (tomando en cuenta la inflación) de 27% para ganar 20,000 pesos mensuales. Pero con todo y el aumento, la inseguridad en esa entidad no mejora.
En Morelos, donde un policía cobra 10,000 pesos mensuales, los salarios no se han incrementado desde 2016, pero la inseguridad sí, de acuerdo con información solicitada por Cuestione. Con todo y manifestaciones de los policías en las calles el año pasado para exigir un mejor salario, las autoridades de esa entidad solo les han contestado con un “ya merito”, sin aumentar las percepciones de los elementos policíacos.
Las percepciones mensuales de los policías de seguridad en cada estado están determinadas por diferentes condiciones, como costo de vida de la entidad en la que viven, y no precisamente por el nivel de riesgo al que están expuestos, dijo Benítez.
Un policía tiene cuatro veces más riesgo de morir que una persona que no lo es. Tan solo el año pasado 446 policías fueron asesinados en México, es decir, más de uno cada día, de acuerdo con un informe de la organización Causa en Común. Además, más de la mitad (53%) sufrió afectaciones a su salud, como aumento o disminución de peso, irritabilidad y enojo, así como problemas estomacales, por mencionar algunas derivadas de su actividad laboral, según datos del INEGI.
Este esquema, prometía fortalecer las actividades de investigación criminal, mejorar la percepción de seguridad en el país, e incrementar la confianza de las personas en las instituciones policiales, sin embargo no establece plazos para lograrlo.
Estos cálculos fueron realizados por el Secretariado, con base en encuestas de la Organización de las Naciones Unidas, que arrojaron que el promedio mundial fue de 2.8 policías por cada mil habitantes en 2006.
Que un estado tenga más policías no necesariamente se traduce en que haya mejor seguridad. Un ejemplo: la Ciudad de México, la única entidad que casi llega al estándar mínimo requerido, al tener 1.6 policías por cada mil habitantes, de acuerdo con el informe del SESNSP, es una de las más peligrosas del país. Tan solo en los dos primeros meses de este año, la capital mexicana registró el mayor número de actos delictivos en el país, con 38,500, de acuerdo con datos del Secretariado.
“Tener un estado de fuerza alineado con los estándares internacionales es muy subjetivo, sobretodo por las necesidades en materia de seguridad de cada país, aunado a que ¿de qué sirve tener más policías, si los que hay están cansados y mal pagados?”, dijo Raúl Benítez, a Cuestione.
El estado de fuerza no solo debe estar determinado por el número de policías en las calles, sino por la efectividad de su trabajo. Sin equipamiento adecuado y si no se mejoran las capacidades estratégicas y de investigación de los policías, no importará cuántos haya en las calles, agregó Benítez.
Para lograr un estado de fuerza como el requerido por estándares internacionales referidos por el Secretariado, sería necesario que se graduaran 10,000 policías de las 45 academias policiales que hay en el país. Pero con las carencias de equipamiento e infraestructura que tienen actualmente estos centros de entrenamiento, serían necesarios 4.38 años para lograrlo, según datos del informe del SENSP.
Y es que no sólo importa cuántos policías haya, sino qué tan preparados están. En México, el promedio de policías certificados -que tienen un Certificado Único Policial (CUP), el cual contempla controles de confianza, desempeño, competencia y formación inicial- es de 46%, de acuerdo con el Secretariado.
Controles de confianza, ¿son confiables?
Una de las maneras de medir qué tan confiables son nuestras policías son los controles de confianza, que consisten en pruebas psicométricas, psicológicas, de control de dopaje y de polígrafo.
Sin embargo, para la prueba del polígrafo, hay opiniones encontradas: por un lado se cree que violentan los derechos humanos de los policías, y por el otro, que pueden ser poco confiables, dijo Benítez.
La realidad es que de 340,305 policías estatales y municipales evaluados, 84% aprobaron estos controles, con corte al 29 de febrero de este año, según datos del Secretariado. Esto significa que cerca de 54,450 policías que no los aprobaron, continúan resguardando la seguridad de las personas.
Algunas de las secretarías de seguridad estatales han referido que por falta de recursos, no existen las condiciones para liquidar a los policías que no aprobaron estos controles, por lo que, aún sin ser confiables, siguen activos, explicó Benítez.
Otro de los problemas es que, aún cuando estas evaluaciones se aplican a todas la personas que se quieren integrar a las filas de la policía, una vez dentro de las corporaciones policíacas, esos exámenes se les realizan en promedio cada dos años, dijo Miguel Garza, especialista del Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde), dedicado al desarrollo de investigación en materia de seguridad, en entrevista con Cuestione.
Derechos humanos fundamentales como el acceso a una vida digna, así como condiciones laborales y salariales dignas, son para todas las personas que viven en México, pero al parecer, los policías, no son considerados como merecedores de estos derechos.
Y eso impacta en la seguridad de toda la ciudadanía.
Directamente el presidente Andrés Manuel LópezObrador ordenó la creación de un Sistema de comando de incidentes, que entre otras cosas está diseñando rutas logísticas para evitar una ruptura en el suministro de alimentos durante la Fase 3 del coronavirus.
El nuevo sistema es una copia del que tiene la FEMA, el organismo para emergencias de gobierno de Estados Unidos, que integra dependencias, instalaciones y capacidades de todo el gobierno estructurada en cinco grandes áreas funcionales: comando único, operaciones, planeación, logística, inteligencia e investigaciones.
Gobernadores expresaron al Gobierno federal su inquietud sobre el impacto económico por el coronavirus, el número de ventiladores y el uso o no de cubrebocas en las calles.
En reunión virtual con miembros del Gabinete, el Mandatario de Hidalgo, Omar Fayad, quien padece la enfermedad, tuiteó que discutieron la necesidad de fortalecer las estrategias para impulsar la economía de las familias en las entidades.
Francisco Domínguez, de Querétaro, reveló que solicitó que el Presidente Andrés Manuel López Obrador sostenga reuniones para estrechar la coordinación frente al Covid-19, tanto con los Gobernadores del País, como con sus empresarios.
De Tlaxcala, Marco Mena posteó que en la reunión con gobernadores del centro-occidente también hablaron de insumos médicos, disponibilidad de infraestructura hospitalaria y disposición de pruebas del nuevo coronavirus.
En el encuentro estuvieron 11 Mandatarios estatales de las zonas centro y occidente.
El virus se propaga mediante las gotas expulsadas de una persona infectada que entran en las mucosas de la boca, nariz y ojos, por lo que las autoridades sanitarias recomiendan lavarse las manos constantemente y que se evite a toda costa tocarse la cara; una vez dentro del cuerpo el virus infecta la garganta para sujetarse en las células de la mucosa del fondo de la nariz y garganta para usar las proteínas de la superficie de éstas para penetrarse en ellas y reproducirse, ya que se multiplicaron las células infectadas el cuerpo responde con inflamación para inhibir el virus, es en ese punto donde surge el dolor de garganta y la inflamación de las mucosas que generan la aparición de fiebre. (Haz click para agrandar el gráfico)
El 14% de las personas infectadas presentan complicaciones respiratorias y el 6 por ciento sufre una enfermedad más grave como falla pulmonar, choque séptico y fallo orgánico.
fuente.-C. Alejandro Sánchez, Ismael F. Mira, Roberto Alvarado y Luisa Ortega.
Instalaciones de la mina de fluorita en San Luis Potosí, al norte de México
El Ventolín, la marca comercial más conocida del medicamento utilizado para tratar crisis asmáticas, hunde sus raíces en el suelo árido de San Luis Potosí. Una mina ubicada en este Estado al norte de México concentra el 20% de las reservas mundiales de fluorita. Lo que de inicio son unas rocas del tamaño de una bola de tenis, de color marrón rosado, se transforman en un gas esencial para fabricar los inhaladores que utilizan pacientes con enfermedades respiratorias, el grupo más vulnerable a la Covid-19.
El 80% del total de estos aparatos, estima Orbia, la empresa propietaria de la mina, usa la fluorita que se produce allí. En plena crisis del coronavirus, el decreto del Gobierno mexicano que suspende todas las actividades “no esenciales” durante un mes ha sumido en la incertidumbre las operaciones de esta planta y amenaza con interrumpir de forma brusca la cadena de suministro global.
La mina de San Luis es una colina rocosa punteada por arbustos. Bajo tierra, tiene unos 15 kilómetros de túneles que se adentran hasta una profundidad de 360 metros. Es el punto de arranque. Allí, el personal hace estallar la roca y la transporta hasta una especie de trituradora que rompe la cosecha en pedazos de unos seis centímetros de diámetro. De las aproximadamente 6.000 toneladas de mineral que se extraen al día, una parte importante se envía a una planta en Matamoros, cerca de la frontera con Estados Unidos, para su conversión en ácido fluorhídrico.
La siguiente parada es otra fábrica en el Estado de Louisiana, en Estados Unidos, que transforma el material en gas refrigerante. De allí, se transporta a Reino Unido donde se purifica hasta alcanzar los estándares médicos. El producto acabado se vende entonces a los fabricantes de inhaladores de todo el mundo. Las 8.000 toneladas de gas que produce la empresa anualmente son suficientes para 400 millones de inhaladores, según sus estimaciones. Su negocio de flúor reporta unas ventas de aproximadamente 800 millones de dólares al año.
Los engranajes de esta compleja cadena multinacional están ahora en riesgo. México declaró a finales de marzo la emergencia sanitaria y decretó la suspensión de actividades “no esenciales” al menos hasta el 30 de abril. El sector sanitario, así como el agroalimentario y el petrolero, entre otros, fueron exentos. No fue el caso de la minería, salvo unas pocas excepciones: las minas de carbón que abastecen a la Comisión Federal de Electricidad y las metalúrgicas que proveen a alguno de los proyectos prioritarios de la Administración, entre ellos la construcción de la refinería de Dos Bocas o el Tren Maya.
Pero la planta de San Luis está en un limbo. Es una mina y, por tanto, “no esencial”. Produce un insumo para material sanitario y, en consecuencia, podría estar exenta. En una carta enviada a las autoridades, a la que EL PAÍS ha tenido acceso, la empresa cita el decreto de suspensión para justificar su continuidad. El documento oficial permite “la manufactura de insumos, equipamiento médico y tecnologías para la atención de la salud”, una categoría que la compañía considera aplicable a sus operaciones. El consejero delegado de Orbia, Daniel Martínez-Valle, atribuye la confusión a la ambigüedad del decreto. “Lo que nos preocupa es que el Gobierno nos trate como una mina y que tengamos que cerrar a menos que las autoridades evalúen caso por caso si quedamos exentos”, sostiene.
Acompañan la carta peticiones escritas de clientes cuyo suministro depende de la fluorita producida en San Luis Potosí. Entre ellos, está la india Cipla, el segundo mayor fabricante de inhaladores en el mundo, y la británica Glaxo, productora del famoso Ventolín. Ambas consideran “crítico” el mantenimiento de las operaciones de la mina. Debido a la concentración de la explotación de la fluorita –un 60% en China, otro 20% en la planta mexicana– la cadena global es poco flexible y los fabricantes tiene un margen muy escaso para tapar un boquete del tamaño que supondría el cierre temporal.
“Sin el mineral, la cadena médica de suministro está muerta”, asegura Sameer Bharadwaj, el presidente de Koura, la rama de Orbia que se ocupa del negocio de la fluorita. “Cuando una planta de la cadena está cualificada, no puedes cambiar la fuente. No puedes ir a China, comprar gas y enviarlo al Reino Unido”. Bharadwaj añade un elemento más a la mezcla: un aumento de al menos un 10% en los pedidos. “Muchos de nuestros clientes están desabastecidos y estamos recibiendo más pedidos porque están anticipando mayor demanda por la Covid-19”, dice por teléfono desde la oficina de Boston.
La cacofonía de la Administración en la cruzada contra el virus ha complicado la comunicación. El Consejo de Salubridad General que emitió el decreto de suspensión está presidido por el secretario de Salud, pero fue el de Relaciones Exteriores quien leyó el documento ante las cámaras. Desde hace dos semanas, Orbia ha llamado y escrito a varias Secretarías para aclarar su situación sin obtener una respuesta oficial. La empresa también se ha comunicado con las Embajadas de EE UU, Francia y Reino Unido en México para intentar abrir un canal de comunicación.
Este periódico se ha puesto en contacto con las Secretarías de Salud y Economía. La primera ha redirigido la consulta a la segunda. Un portavoz de Economía asegura, a su vez, que son los funcionarios de Salud “los únicos que pueden hacer interpretaciones” del decreto. De todos modos, el portavoz señala que el documento “no establece ningún mecanismo de permiso/exención" y que “salvo que la mención al sector en los Acuerdos publicados por Salud sea expresa, no se puede decir que alguna empresa o sector estén automáticamente incluidos en la lista de actividades esenciales".
A la espera de que se pronuncien las autoridades sobre el caso específico, la mina ha seguido funcionando. Sin embargo, si se confirma el cierre durante el mes de emergencia, la empresa estima que se dejarían de fabricar unos 30 millones de inhaladores, en un momento en que el grupo más afectado por la Covid-19 son las personas que ya padecían previamente de enfermedades respiratorias. De cerrarse, la producción tardaría una semana en reiniciar y estabilizar la operación a lo largo de la cadena de suministro.
Estos intentos de acercamiento se dan en un marco de tirantez entre la actual Administración y las mineras. El presidente Andrés Manuel López Obrador se comprometió a no autorizar más concesiones de tierras como parte de su agenda en favor de los pueblos indígenas y de lucha contra la corrupción. Aunque el sector todavía representa un 4% del PIB mexicano, la cifra es la mitad de lo que pesaba en 2011. A esta racha de años de crecimiento negativo se une ahora la crisis provocada por la pandemia y la respuesta del Gobierno. Hay informes de minas que ya han empezado a cerrar tras la publicación del decreto. Mientras tanto y en paralelo a los esfuerzos de Orbia, la Cámara Minera trata de negociar con el Gobierno la ampliación de la lista de excepciones.
Una cadena de acero. Esa es la única división que existe entre el área de atención a urgencias general y la destinada a recibir y diagnosticar a pacientes con síntomas del nuevo coronavirus Covid-19. La cruzas y estás en un área infectada. “Imagina que de la entrada de tu casa a la sala es la ‘zona cero’ donde llegan los enfermos de Covid-19, pero de la sala a la cocina estás fuera de peligro del virus. ¿Dónde quedan la lógica, la prudencia y las medidas de seguridad para nosotros ahí?”.
En el mismo hospital. Una bolsa de plástico, apenas amarrada con un nudo, hay un cubrebocas N95, un gorro, una filipina, bata y botas quirúrgicas desechables, tan frágiles que en el transcurso del día al primer movimiento brusco se deshacen. Lo único que permanece es el tapabocas. Googles y caretas no hay, así que deben reutilizar las del turno anterior o traerlas por cuenta propia, porque al solicitar el material en la jefatura o dirección la respuesta hace semanas es la misma: “no hay”.
El lugar, el Hospital General Regional No. 72 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Es uno de los epicentros de la batalla contra el Covid-19 en México. En donde jóvenes y adultos mayores declarados con el virus o sospechosos de tenerlo, sólo tienen una esperanza: que los médicos, enfermeras y enfermeros los salven. Son así, la primera y última línea de defensa contra la pandemia.
Las condiciones que viven en ese hospital lo describen un grupo de enfermeras, pero no son las únicas, todo el cuerpo médico ofrecen los mismos detalles, las mismas sorpresas, los mismos miedos.
A partir de entrevistas con personal de enfermería y médicos de tres hospitales clave en la atención de pacientes: El 72 del IMSS, La Raza y Centro “20 De Noviembre” del ISSTE, y seguimiento a las diversas manifestaciones que se han desatado en varias partes del país ante el desabasto de insumos, así como la falta de medidas básicas de seguridad en instalaciones hospitalarias, ejecentral retrata lo que ocurre al interior de muchos de los nosocomios que enfrentan problemas y aún no están llenos, porque el pico de la epidemia, de acuerdo a documentos del IMSS, se espera para la última semana de abril.
Es la historia del personal médico, contadas por ellos mismos de manera anónima. Son los que trabajan más de ocho horas continuas, sin descansar un momento, sin comer ni tomar agua. Los mismos que reusan el equipo, lo intercambian entre compañeros para apoyarse o lo compran. Utilizan dos horas para desinfectarse con los materiales que ellos mismos elaboran, y sus días de descanso fueron reducidos al mínimo. También son los mismos que tienen miedo de infectarse o infectar a su familia, los que ganan entre ocho mil y 20 mil pesos mensuales en enfermería, o hasta 30 mil si son médicos especialistas. Y son los mismos que en distintas ciudades del país la población ha agredido y hasta corrido del transporte, bajo la idea de que son “infecciosos”.
“Sí hay mucha molestia porque las jefas se han tomado días, no se han presentado y siguen tomando sus descansos, pero al personal operativo no nos los dan, aunque somos los que más expuestos estamos”. Enfermera del hospital Siglo XXI
La 72, choque de realidades
Hasta el cierre de esta edición al menos 32 trabajadores, entre personal de enfermería, médicos, residentes de medicina interna, e incluso directivos del Hospital General Regional 72, presentaban síntomas de coronavirus, de ellos se han confirmado sólo cinco casos positivos al virus SARS-CoV-2, causante del Covid-19.
A través de un documento fechado el 7 de abril, trabajadores de ese hospital ubicado sobre la avenida Gustavo Baz Prada, en el municipio de Tlalnepantla de Baz, en el estado de México, denunciaron ante directivos, jefes de servicio, delegados y la propia delegación sindical el grave y constante “peligro de contagio” con el que labora todo el personal operativo del hospital ante la falta del equipo adecuado, útiles, instrumentos, herramientas y la tecnología vigente necesarios para el desempeño de sus labores, tal cual lo estipula su contrato colectivo de trabajo.
›No se trata del primer aviso. El documento sentencia que los trabajadores se han inconformado a través de dos escritos anteriores, dirigidos a la delegación sindical del hospital, uno del 26 marzo y otro el 3 abril. Piden, a partir de las recomendaciones del Comité Hospitalario de Bioética, que se lleven a cabo el estudio de casos de Covid-19 entre personal operativo que mantiene contacto directo con los enfermos.
Pero las pruebas para confirmar Covid-19 se hacen prácticamente “a ojo de buen cubero”, asegura una enfermera. Las personas, añade, llegan con los síntomas: fiebre, tos, dolor muscular, dificultad respiratoria o están desaturando —que es cuando no hay el suficiente oxígeno en los pulmones—, “se les toma una placa, se toman muestras de laboratorio y con base a eso el médico en turno toma la decisión de pasarlos a la zona cero o sólo mandarles tratamiento”.
“Hay aproximadamente 33 casos de Covid, pero sólo se han hecho cinco pruebas que los confirman, detalla, los demás están como neumonía atípica posible Covid. Pero es un hospital grande, todos estamos expuestos, los pacientes con ese ‘probable Covid’ los pasan a la supuesta zona restringida en el piso dos en las camillas, por los pasillos y el elevador que todos usamos, sólo tapados con una sábana, o sea totalmente expuestos”
A inicios de esta semana, un video difundido en redes sociales del mismo Hospital Regional de Tlalnepantla da cuenta de la inconformidad del personal de todas las áreas. En la grabación de casi 45 minutos, el personal operativo reclama a sus líderes sindicales las deficiencias del equipo, reprochando los días que han transcurrido sin que reciban alguna respuesta.
Antes, el 26 de marzo pasado, alrededor de 70 trabajadores, principalmente médicos y de enfermería del mismo 72 del IMSS salieron a manifestar la exigencia de insumos para atender a los enfermos de Covid-19, como para protegerse.
“La parte de los brotes, como pasó en Monclova, donde hay demostración epidemiológica que hubo un contagio al interior del hospital, no es el mismo caso en la 72. No es el mismo caso. El estudio epidemiológico que lleva varias semanas está demostrando que vino de fuera”. Zoé Robledo, director general del IMSS
20 casos; brote es hospitalario
El primer caso que dio positivo por Covid-19 ocurrió el 18 de marzo y fue del que todos en el hospital se enteraron. El paciente fue colocado en la entrada de urgencias, “a un lado del área de choque, donde hay toma de oxígeno, no hay material y la única manera de aislarlo fue con una cortina”, coinciden en el relato el cuerpo médico.
El contagio interno es posible, a diferencia de lo que sostiene la autoridad, porque de acuerdo al personal de enfermería no se aisló al paciente, así lo relata una enfermera: “pusieron al paciente en la regadera de urgencias, tapado con una cortina, y la única orden que se dio del director y la subdirectora fue que no se pasaran pacientes por ahí. Cando estamos hablando que es la entrada de urgencias, ¿cómo es que no se pase a la gente ahí? Esa no es para nada la técnica de aislamiento adecuada ni para la seguridad de los pacientes ni para el persona”.
›Las autoridades guardaron silencio. Apenas este miércoles, 13 días después de esa manifestación, y un día después del escrito que emitieron los trabajadores, el director general del IMSS, Zoé Robledo habló del caso del hospital de Tlanepantla. Reconoció que 20 doctores de esa unidad habían sido confirmados con Covid-19, pero descartó que se trate de un brote al interior del hospital.
En la conferencia matutina de este miércoles 8 de abril sostuvo Robledo que había un estudio completo, avalado por el doctor Juan Manuel Lira, y la doctora Concepción Grajales, el cual se llevó a cabo hace varias semanas y en el que “concluyen que el brote no fue hospitalario, están siendo… se tomaron las muestras a todos los doctores con todos los estudios de contacto y, efectivamente, hay 20 doctores confirmados, pero no porque se haya iniciado ese brote en el hospital, porque decirlo o incluso siquiera quererlo dejarlo ver, es de una enorme irresponsabilidad”.
El director del IMSS señaló que hubo tres casos de Covid-19 desde el 10 de marzo, cuando llegó un paciente de 60 años “que tuvo todos los cuidados y luego hubo otros dos casos cero, como le llaman los epidemiólogos, que se han investigado”. Son tres líneas las principales por las que se pueden originar el contagio: uno es este primer caso de un paciente, que ya se recuperó afortunadamente; otro es de un médico, una doctora que no estuvo en contacto con pacientes por COVID-19 en ese momento; y otro es un doctor que también simultáneamente trabaja en otro sistema de salud.
“Lo digo porque la parte de los brotes, como pasó en Monclova en donde hay demostración epidemiológica que hubo un contagio al interior del hospital, no es el mismo caso en la 72. Entonces no es el mismo caso, el estudio epidemiológico que lleva varias semanas lo que está demostrando es que vino de fuera”, subrayó el funcionario.
Este miércoles, más tarde, el Instituto emitió un comunicado: “El Instituto Mexicano del Seguro Social informa que en los casos de COVID-19 en el Hospital General Regional No. 72 en Tlalnepantla, Estado de México, no existe brote epidemiológico hospitalario como consecuencia de contagio por pacientes. Añade que en el hospital se implementa el protocolo epidemiológico para la protección de los trabajadores”, se lee en el comunicado que el miércoles emitió el IMSS en seguimiento a lo dicho por su director general al ser cuestionado sobre el brote de contagios al interior de ese centro.
La respuesta ante esa postura oficial fue en el mismo orden de contundente: “Es mentira. No hay protección para los trabajadores, ni tal protocolo; cambian el diagnostico de los pacientes, porque hay muertes de pacientes con diagnóstico de neumonía, y todos los probables los tratan igual, pero no, deben ser Covid-19”, expuso una de las enfermeras.
Tan sólo hasta lo que ella puede constatar porque conoce personal a los afectados, asegura que “enfermeras que yo conozco personalmente son 10 (con Covid), médicos que también ya se enfermaron con riesgo o con diagnóstico son como seis; y no solo es en la 72, otras unidades del IMSS están dando la incapacidad por sospecha, porque tanto al personal como a la gente que llega los médicos están diagnosticando a todos como neumonía, cuando están presentando todos los síntomas de Covid”.
Una doctora de ese mismo centro subraya que lo principal que se debe hacer es sanitizar el hospital, “ya que hay una gran cantidad de médicos contagiados, luego que doten del equipo de protección personal es imperativo, pero si no sanitizan seguirá el contagio y se extenderá más allá del hospital (…) los médicos salen de ahí a trabajar a otro lugar, público o privado. Es un crimen, un atentado contra la salud y es injusto que el director del IMSS Zoé a Robledo se jacte de decir que no es cierto y que estamos preparados”.
La doctora advierte: “Yo viví en el Hospital General de México la epidemia del H1N1 y vi como mucha gente moría a causa de este virus, y te puedo decir que estamos en una situación realmente más grave con el Covid-19”.
“Si no sanitizan seguirá el contagio y se extenderá más allá del hospital, porque los médicos salen de ahí a trabajar a otro lugar, público o privado. Es un crimen, un atentado contra la salud y es injusto que el director del IMSS Zoé a Robledo se jacte de decir que no es cierto y que estamos preparados”. Zoé Robledo, director del IMSS.
Viene lo peor
Con tos seca, constipación nasal y dificultad para hablar, una enfermera de la 72 expone a este periódico el temor de que los síntomas que desde hace tres días se le han ido agudizando resulten en un caso positivo de Covid-19. La desinformación y las condiciones impuestas son tan confusas para el personal de salud, que no sabe si la obligarán a trabajar así, si le aplicarán una prueba o lo que ha ocurrido: “si se sienten mal tienen que ir a su clínica, porque aquí no se les va a atender”.
En realidad ya no importa si el contagio fue externo o interno, el problema es que no tienen equipo adecuado todavía y atienden cada vez a más pacientes, lo que incrementa su riesgo. “En cada piso hay un enfermo de Covid, pero los tienen como probables, como neumonía atípica, pero sí son Covid. Hay dos enfermeras hasta para 20 pacientes, como les dieron licencia a embarazadas, enfermos y adultos mayores, hay muy poco personal. Cuando yo estuve en la zona cero, que es el área donde llegan todos los pacientes con probable Covid-19 llegamos a ser dos enfermeras generales para 17 pacientes. No nos damos abasto y encima de eso estamos expuestos porque si no estás en la zona cero y se te ocurre pedir un cubrebocas te dicen que no porque ahí no hay Covid”, denunció otra de las enfermeras.
El propio Instituto calcula que la ola de contagios será dos veces más grande que su capacidad instalada, y esta cantidad podría darse en sólo dos semanas.
›Los trabajadores de la salud están conscientes: “pasando la Semana Santa, se podrían aumentar los casos y ¿qué vamos a hacer, si no tenemos para intubar?; nuestra única protección es el lavado de manos, el tapabocas, el uso de gel y mascarilla, que hay que traer de casa, entonces, si no hay material se está considerando no trabajar”, suelta con desesperación otra de las enfermeras.
Pero en un segundo se da cuenta de sus palabras, esta joven enfermera de 30 años y rectifica, cambia el tono y reconoce que no podrán abandonar el servicio que en esta crisis es indispensable: “obviamente no lo vamos a hacer porque siempre está primero tu paciente, pero nosotros también tenemos familia y quién nos espere en casa. Entonces si estamos corriendo el riesgo, muchos prefieren estar con su familia al riesgo de infectarse. Yo vivo con miedo de estar infectada o que me enferme porque estoy con mis papás que son personas ya grandes, diabéticas y con mis hermanas y mis sobrinos, por eso mantengo mi distancia con todos ellos y el día que descanso me la paso encerrada en mi cuarto”.
Encima de todo el riesgo que implica estar expuesto ante el virus, las adversidades no acaban al terminar el turno. Las agresiones al personal de médicos y de enfermería en las calles es un riesgo latente ante el temor de la gente de que puedan contagiarlos.
Directivos de hospitales ausentes
Otro de los epicentros de la guerra contra el Covid-19 es el Centro Médico Nacional “20 De Noviembre” del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE). Aquí tampoco hay equipo suficiente y el personal médico teme una crisis de salud al interior.
“Por supuesto que hay deficiencias de material, hace falta mucho; no hay ventiladores, monitores estetoscopios, tampoco tenemos saturómetros, no hay ni borboteadóres, que son los frascos que lleva el agua para poner el oxígeno, es el procedimiento más rápido para un paciente que le falta el aire, antes de intubarlo. Lo más básico, no hay ni baumanómetros personales para cada paciente, con eso te digo todo”, suelta molesta una doctora.
›Y añade: “el servicio de medicina interna tiene cinco baumanómetros para 20 camas. Entonces, si hay un caso positivo y tenemos un baumanómetro, lo utilizas y después lo pones en un caso de neumonía o una influenza ¿qué va a pasar? pues una contaminación interna a todo lo que da”.
Pero la falta de insumos no se detiene allí. Los guantes son insuficientes, no hay caretas ni siquiera alcohol en gel. Por eso, el personal ha tenido que comprar su material, preparar las sustancias de limpieza y hasta ponerle nombre para identificarlo. porque los googles y las caretas se intercambian con cada cambio de turno.
En cuanto a la insuficiencia de personal, señala una enfermera, “hay recursos humanos, hay personal, porque a todos nos mandaron a llamar, suspendieron vacaciones, todo tipo de apoyo que son por días, licencias, becas de quienes estaban estudiando algún posgrado, y cancelaron las vacaciones que ya tenían autorizadas”.
Pero, señala con un tono de evidente descontento, las medidas sólo aplican para el personal operativo; “primero nos habían dicho que íbamos a rolar, y que por cada servicio, son cinco enfermeras y la jefa, y que se iban a rolar tres enfermeras por una semana y la jefa y luego las otras tres, pero con el decreto del presidente de la emergencia sanitaria, nos hicieron regresar a todos constantemente, pero no los jefes ni directivos.
“En el hospital los servicios están vacíos, en sí ya vaciaron el hospital. No hay cirugías programadas de ninguna índole, más que sean de extrema urgencia, porque es un hospital de cuarto nivel. Desalojaron el ala derecha para recibir a todos los pacientes que cubran el cuadro sintomático como probable Covid, que tengan fiebre, tos, mayores de 60 años. Aunque llego un niño de 13 años al área pediátrica que sí es Covid-19, pero lo ingresaron como neumonía atípica”, detalla.
La neumonía que parece Covid-19
Aunque no hay ningún documento que lo haga oficial, la decena de personas entrevistadas por ejecentral sostienen que es un hecho, ante la falta de pruebas, aunque cumpla los requisitos de Covid-19 se le denomina neumonía atípica. “Todos los manejan como probable Covid-19, pero la mayor parte sí son casos positivos. Las pruebas, dicen los encargados de epidemiología son valoradas, pero las valoran a tal grado que depende de cómo venga el paciente. Es decir, casi muriendo, de lo contrario, no hay pruebas”.
Luego de que a finales de marzo el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell descartó que el gobierno de México consideraría la aplicación de pruebas masivas para detectar casos positivos de coronavirus, y el pasado 2 de abril abundó:
“El número de pruebas que se hacen depende del número de casos sospechosos que se identifican, es decir, no hay un plan de decir: voy a hacer tantas pruebas por día. Si en un día hay más casos, se hacen más pruebas. Hasta el momento, el número lo acabamos de ver, hemos hecho cerca de 14 mil pruebas desde que antes que llegara el primer caso, precisamente con la expectativa de que podríamos encontrar casos y después para darle seguimiento a los casos (…)
“¿Cuántas más vamos a hacer? Todas las que se necesiten, todas las que se necesiten para monitorear, para vigilar el curso de la epidemia”, aseveró el doctor López-Gatell.
La enfermera del hospital del ISSSTE lo retrata así: “no se están haciendo las pruebas, no se aplican y aunque mucha gente dice que no es cierto que exista el virus, que no hay o que es un invento del gobierno, la realidad es que la gente sí se deteriora rápidamente, se agravan rápido y lamentablemente sí mueren. He visto pacientes que vienen descompensados, que padecen diabetes, hipertensión, que llevan días enfermos y no se atendieron hasta que se agudizaron los síntomas. Imagínate si además de eso no se les diagnostica a tiempo. Es fatal”.
1,075 internos médicos y 758 enfermeras (os) fueron retirados de los hospitales por la UNAM, ante el peligro de contagio.
El miedo adentro y afuera
El miedo de contaminarse ahora no es el único. Han aumentado los casos de ataques al personal de salud en las calles, acusándolos de infectar el transporte público y en consecuencia los usuarios. Por eso salen portando ropa de civil, ocultando totalmente que sean médicos o personal de enfermería.
“Estoy exactamente en el foco de infección, pues ya con al capacitación y eso uno dice pues me estoy protegiendo pero aun así vamos a trabajar con ese miedo. Porque también a algunos compañeros se les va alguna cosita que no hicieron bien sobre su protección, e incluso hay compañeros de ahí del hospital que están internados porque se contagiaron. A muchos los mandaron a su casa para que siguieran su cuarentena, los graves sí los tienen ahí”, lamenta una auxiliar de enfermería del Hospital de Infectología del Centro Médico Nacional La Raza.
Se trata de uno de los centros médicos considerado como el eje para recibir a los pacientes con síntomas de Covid-19, con un máximo para atender 200 casos graves, pero al igual que en hospitales de Tlalnepantla y el 20 de Noviembre, en La Raza el área de terapia intensiva está lleno de casos “probables” y a la fecha sólo hay dos pacientes confirmados.
›Ante la alerta sanitaria, la falta de personal no tiene mejoría con la llegada de nuevos elementos debido a que, relata una enfermera, “está entrando mucho personal nuevo, que está esperando sus contratos nuevos, pero nos hace falta experiencia, porque debido la falta de apoyo están mandado a muchos enfermeros generales y auxiliares que de algunos es su primer trabajo, entonces los están mandando sin armas”.
Aquí les han entregado insumos, solo les faltan googles y material para limpieza. Pero la división entre las zonas cero apenas la divide una cadena en la puerta. Y aquí también pasan ocho horas continuas, sin sentarse un momento, sin comer o beber agua. Atendiendo pacientes aislados o en terapia intensiva, en total cinco enfermos por cada dos enfermeras, además de urgencias en donde apoyan todos.
Al llegar a su horario les entregan su vestuario esterilizado. Se colocan la bata, dos o tres pares de guantes en cada mano, la filipina, las botas quirúrgicas, la bata, el tapabocas y los googles. Ingresan a la zona cero que está dividida en dos partes, los que están aislados sospechosos de tener Covid-19 y los que están en terapia intensiva, en donde apenas hay cinco porque es la capacidad que tienen, hacen falta ventiladores y al igual que el hospital del ISSSTE no podrían dar atención ante una deficiencia de aire.
Después de dejar a los pacientes, regresa su vestuario y desecha el resto. Se baña el hospital, pero llega a su casa y sigue otro procedimiento. “Yo llego a mi casa, con mi uniforme en una bolsa, llego, lo saco al sol o lo pongo a remojar en cloro y pino para desinfectar, y a parte lo lavo normal con jabón; me meto a bañar otra vez, roseo mis zapatos con cloro y procuro tener siempre jergas limpias con cloro. Porque sí está ese miedo de que nos traemos todo (el virus) en la ropa”.
Tienen miedo. Desde febrero han tenido que cambiar su ritmo de trabajo y atender pacientes, y sigue creciendo el número. No se dan abasto. La incertidumbre es muy grande. “El personal está muy estresado. Están cansados; muchos quieren que se les den un día de descanso o que se vayan rolando, porque desde que empezó (la contingencia) no han descansado”, asegura la joven enfermera. Hay una cierta sensación de soledad.
A la guerra sin fusil
Ventiladores, estetoscopios, baumanómetros ni los insumos más básicos para atender a pacientes diagnosticados con Covid-19 o los considerados como casos sospechosos hay en suficiencia en los hospitales; el material y equipo de protección como googles y caretas para el personal médico tiene la misma escasez.
México
Insumos. Un cubrebocas, traje, bata, gorro y botas desechable es el equipo disponible.
Barrera. Una cadena de acero divide los pacientes de Covid-19 del resto de urgencias.
TURÍN, ITALIA
TEGUCIGALPA, HONDURAS
ROMA, ITALIA
Publicado por: María Idalia Gómez y Jonathán Nácar/