El Diputado Federal de Morena y ex-Senador de la Republica, Ricardo Monreal, «causalmente» ese político que lleva los mismos 8 sexenios en el poder que duró el «Mayo Zambada» sobornando gobernadores y generales , salio a tuitear con el pecho inflado y cara de “yo no fui”, tras publicar en redes su rechazo de que la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda le haya congelado una cuenta en el banco HSBC.
Palabras mas, palabras menos, el legislador negó tener cuenta en ese banco y que nunca le han bloqueado nada, que se conduce con la legalidad de un monje trapense y que la calumnia y la mentira no pueden usarse para hacer campaña.Para que quede clarísimos dijo inocente como bebé recién bañado al que mas vale no pregunten por el resto de su historial.
El dementido hizo volcar las redes en su contra y fue casi sentenciado por el tribunal digital.
Un breve desmenuce de las respuestas (porque sí, aquí se exhibe el doble y mas del triple de lo que niega) cuando el tuit de Monreal tenía 806 respuestas en 13 horas, el 90%+ es un baño de realidad colectivo. La gente no compró la negación y le tiró todo el archivo completo sin piedad:
El clásico “nunca digas nunca” Varios le recuerdan que Rocha Moya, Luisa Alcalde y otros morenistas también negaron cosas “categóricamente”… y luego les cayó el chahuistle. El mensaje implícito: “Ya te tocó, compa”.
El narco-archivo de Zacatecas (las 12 toneladas de mariguana) Aparece una y otra vez. Le recuerdan que cuando fue gobernador de Zacatecas, encontraron toneladas de mota en bodegas de su familia y que “arregló” para que nadie pisara la cárcel. Frase estrella: “Fuiste de los primeros #NarcoGobernadores de la izquierda mexicana”.
Enriquecimiento exprés y matemáticas callejeras Un usuario hizo la cuenta: 49 años de “servidor público” con sueldos entre 25 y 60 millones de pesos… y patrimonio declarado de hectáreas que vale casi 71 millones de dólares. Conclusión popular: “¿De dónde sacaste los 67.5 millones de dólares que no cuadran, licenciado?” (y le ponen la captura del cálculo).
Panamá Papers, nepotismo y familia Le recuerdan que su familia está “forrada” gracias al erario, que usó ranchos familiares para secar mariguana, que su hijo y parientes viven como jeques y que él sigue haciéndose el santo.
La aclaración que duele más (la de Mario Di Costanzo) Varios citan al analista que le responde: “La UIF no te bloqueó… el banco mismo te canceló la cuenta porque eres cliente de alto riesgo (PEP + sospechas). No confundas gimnasia con magnesia”. O sea, aunque no sea UIF, el HSBC dijo “a este wey mejor lo corremos”.
Los memes y el sarcasmo nivel dios
Uno le pone foto de Monreal haciendo el dedo de honor con la leyenda “saluditos, pinche cínico”.
Otro meme: Monreal riéndose “¿no que el narco era yo?” mientras AMLO, Trump y otros lo miran serios.
Frases que se repiten: “Sigue tú”, “ya te llegó tu hora”, “rendirás cuentas en NY”, “huélele a la iguana amarrada”.
Los poquísimos defensores Hay como 5-6 que le dicen “doctor, confiamos en usted”. Parecen bots o familia lejana. El resto es una jauría.
Conclusión: Monreal quiso cerrar un tema específico (“no me bloquearon en HSBC”) y terminó abriendo la caja de Pandora de todo su historial. La gente no le creyó ni un carajo y le recordó, con lujo de detalles y capturas, por qué la mayoría lo ve como parte del mismo circo de siempre. Negó una cosa… y le exhibieron diez más. Clásico efecto boomerang político: mientras más fuerte gritas “¡es falso!”, más fuerte te gritan “¡ya te conocemos, cabrón!”.
En Michoacán no manda el Estado: administra, a veces estorba, y con suerte negocia. El poder real —ese que decide quién vive, quién paga y quién se calla— lo ejerce el crimen organizado. Y en ese tablero, los colores partidistas importan menos que la capacidad de convivir con la ilegalidad sin hacer demasiado ruido.
El caso que retrata Grecia Quiroz,la viuda de Carlos Manoz y hoy alcaldesa de Uruapan en el reportaje de El País ,no es una anomalía: es síntoma. Un síntoma de un modelo «morenarco» que llegó prometiendo “abrazos y no balazos” como estrategia de pacificación y terminó normalizando territorios donde la autoridad formal es apenas decorativa. Michoacán es el laboratorio más crudo de esa contradicción: gobiernos que dicen combatir al narco mientras gobiernan —en los hechos— junto a él.
La ecuación es incómoda pero clara: cuando el Estado «morenarco», llamese Sinaloa,Tamaulipas o Michoacán renuncia al monopolio de la fuerza, alguien más lo toma. Y ese alguien no organiza elecciones, pero sí define candidaturas; no legisla, pero impone reglas; no cobra impuestos, pero sí cuotas. En ese contexto, la frontera entre gobierno y crimen no siempre se borra por complicidad directa, sino por omisión sistemática.
Morena llegó con la bandera de la transformación. Pero en zonas como Michoacán, la transformación parece haber sido semántica: cambió el discurso, no el control territorial. La narrativa oficial insiste en que hay gobernabilidad; la realidad —documentada una y otra vez— muestra municipios donde los grupos criminales operan como autoridad de facto.
Decir que todo político está coludido sería tan simplista como decir que ninguno lo está. Pero lo que ya no admite matices es esto: hay regiones donde gobernar implica, como mínimo, tolerar. Y esa tolerancia, en política, no es neutral: es una forma de poder compartido.
Mientras tanto, el ciudadano queda atrapado en medio de dos soberanías: la constitucional, que promete derechos, y la criminal, que impone condiciones. Y cuando ambas coexisten sin conflicto visible, la pregunta deja de ser quién gobierna… y pasa a ser quién permite que eso ocurra.
Que dijo Grecia:
Pregunta. ¿Cómo ha cambiado su vida desde el 1 de noviembre de 2025?
Respuesta. Me cambió completamente. No hay una sola cosa que siga igual. Como madre, quedé al frente de mi hogar y de mis hijos, y también de un municipio que no es fácil de gobernar. Ahora toda la responsabilidad recae en mí, empezando por la seguridad que la Federación pone para mis hijos y para mí. Hay días en que quisiera salir sola a caminar, tomarme una nieve sin que nadie me vigile. No estaba acostumbrada a esto, pero estoy comprometida. La lucha social que inicié con Carlos es un compromiso moral conmigo misma y voy a seguir.
P. ¿Cómo ha sobrellevado el duelo como esposa, madre y gobernante?
R. No ha habido tiempo de asimilarlo. Hay días en que siento que va a entrar a la casa, que lo voy a ver en cualquier momento. Es un proceso difícil. Trato de entender los propósitos de Dios. Al inicio me preguntaba: “¿Por qué nosotros?”. Ahora intento preguntarme “¿para qué?”. Entiendo que soy un instrumento para que las cosas cambien en mi municipio.
P. ¿Cómo enfrenta el miedo?
R. El miedo es natural. Pienso qué pasaría si me ocurre lo mismo que a él. Mis hijos quedarían a la deriva. Ese es mi mayor miedo. Pero no puedo quedarme callada. Debo denunciar. El miedo no puede paralizarte.
P. ¿Qué ha cambiado en Uruapan en estos seis meses?
R. Al principio el municipio se sentía desolado, sin esperanza. Perdió a quien velaba por sus intereses. Ha costado, pero he tratado de demostrar que la sensibilidad social de Carlos sigue presente. Recuperar la confianza ha sido difícil. Él hacía una política disruptiva y confrontativa; yo he optado por ser cautelosa. Eso no significa que me hayan comprado. Seguiré exigiendo justicia.
P. ¿Qué falta en la investigación?
R. Más detenciones y que se investigue la línea política. No veo que las autoridades le estén dando la atención necesaria. Carlos iba a ser gobernador de Michoacán. Hay motivos para pensar que quisieron quitarlo del camino. He señalado a Raúl Morón, Leonel Godoy y al expresidente Ignacio Benjamín Campos. No deben descartarse. Si no hay vínculos, que se demuestre. ¿Pero por qué no se les ha llamado?
P. ¿Cuál es el sustento de esas acusaciones?
R. Días antes del homicidio, personas e motocicleta nos amenazaron en nuestra casa. Nunca había ocurrido algo así. Sucedió después de que Carlos se pronunciara contra Leonel Godoy. Hay elementos suficientes.
P. Godoy sostiene que son declaraciones electorales.
R. Me importa más la justicia que cualquier elección. Ellos evaden el tema. Que se investigue, eso daría confianza.
P. ¿Ha detectado irregularidades en la investigación?
R. Las autoridades tienen el poder para llegar al fondo. ¿Por qué a seis meses no se ha vinculado a Jorge Armando con la delincuencia organizada, si hay elementos?
P. ¿Hubo algo irregular en el jefe de escoltas?
R. No. Carlos habría sido el primero en detectarlo.
P. ¿Quién ganó y quién perdió políticamente?
R. Perdimos muchos. Los ciudadanos.
P. ¿El Gobierno ganó?
R. Sí. Quitaron a alguien que sería una piedra en el zapato.
P. ¿Qué margen tiene una alcaldesa frente a los poderes fácticos?
R. Es un municipio complicado. Estamos rodeados de delincuentes y la gente lo sabe. Desde los cerros vigilan. Reconozco el apoyo federal: Ejército y Guardia Nacional han ayudado a reducir homicidios, pero la percepción de inseguridad sigue siendo alta.
P. ¿Quién gobierna en Michoacán?
R. Si vemos las acciones que suceden en el día a día con los ciudadanos, el crimen [organizado]. Cuando el carnicero, el de las tortillas, el taxista, el microbús, externan que siguen siendo extorsionados, levantados, amedrentados. Te percatas de que ellos sí están organizados y nosotros no. En el momento en que un presidente, un gobernador, un diputado tiene nexos con la delincuencia, ahí se acaba el apoyo a la ciudadanía. Ya no eres tú quien gobierna. Ellos gobiernan a través de ti. Carlos lo decía y yo reitero: no necesito que me apadrinen, que me paguen la campaña. No quiero pactar jamás con este tipo de personas. Que me dejen trabajar, que me dejen seguir ayudando a la gente. No nos vamos a meter con ellos, pero que no se metan con nosotros ni con la gente inocente.
P. ¿La han buscado?
R. No.
P. ¿Qué quiere decir con “no nos vamos a meter con ellos”?
R. No voy a ir a los cerros como Carlos lo hacía, a descubrir laboratorios o armamento. No voy a ponerme en esa situación.
P. ¿Los denunciaría?
R. Claro. Pero no voy a enfrentarlos directamente. Soy lo único que tienen mis hijos. Estoy tratando de ser prudente.
P. ¿Qué ha aprendido en estos seis meses?
R. Que la administración pública es una responsabilidad enorme. Carlos era más operativo; yo soy más administrativa, sin perder el contacto con la gente.
P. ¿Cómo continuar la política de seguridad sin riesgo?
R. Se puede combatir la delincuencia sin exponerse de esa manera, si se trabaja en conjunto. Reconozco las detenciones impulsadas por Omar García Harfuch. Espero que quienes participaron en el homicidio sean detenidos y digan si hubo vínculo político.
P. ¿Se ha reunido con la presidenta Claudia Sheinbaum?
R. Sí. Presenté un proyecto para un cuartel de la Policía Municipal y fue aprobado.
P. ¿Cómo define al Movimiento del Sombrero?
R. Surge de la candidatura independiente de Carlos. El sombrero era su símbolo. Queremos llevar el movimiento a otros Estados con filtros estrictos: perfiles ciudadanos, sin vínculos con la delincuencia.
P. ¿Hay posibilidad de alianzas con otros partidos?
R. El movimiento no se sumaría a ningún partido político. Si encabezamos esta candidatura, será bajo el movimiento independiente del sombrero.
P. ¿Se ve como gobernadora?
R. Sí. Michoacán necesita algo distinto. Nos llaman novatos, pero cuando la gente se organiza, las cosas cambian.
P. ¿Qué necesita Grecia Quiroz para tomar la decisión de participar en 2027?
R. Que Dios me preste vida. Si Dios me presta vida, daremos la batalla.
P.Si no es en la gubernatura de Michoacán, ¿en dónde le gustaría estar?
R. Participaríamos en el municipio si no se prestaran las condiciones para participar en el Estado.
P. ¿Hay oportunistas que buscan colgarse del movimiento?
R. Sabemos que hay personas que querrán inmiscuirse o llegar a través del movimiento, pero tenemos buenos filtros.
P. ¿El movimiento del sombrero puede sacar a Morena de Michoacán?
R. Sí. Con mucho trabajo.
P. Hace seis meses la escuché decir que no confiaba en nadie de su entorno. ¿Sigue sin confiar?
R. Es difícil confiar, pero no puedo ir por la vida desconfiando de todo mundo. No voy a llegar a ningún lado sola. Tengo que rodearme de un equipo de trabajo de personas que han demostrado lealtad y confianza. Tengo que confiar.
P. ¿Le gustaría ser presidenta de México?
R. Son ligas mayores. ¿Por qué no soñar con llegar a ese lugar y cambiar las cosas en México?
P. ¿Está lista para la guerra sucia?
R. Ya ha habido ataques fuertes. Tendré que enfrentarlos. Estoy preparada.
P. ¿Está lista para gobernar Michoacán y aparecer en la boleta electoral en 2027?
R. Sí, estoy lista.
Con informacion: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/ELIA CASTILLO
Obiel Rodríguez Almaraz, que lo mismo aparece como “director de Comunicación Social”, es decir jefe de prensa de la Presidencia Municipal de Morena en Matamoros,aun a cargo de Alberto «Beto» Granados Favila, pero que en la vida real funge como parte de la estructura del «patron del mal» de Cártel del Golfo (CDG) esta metido en nuevo escandalo que deja ver otra vez la misma conducta inmoral.
Una empresa de la Ciudad de México que llegó a Matamoros por medio del “señor Obiel” para organizar dos eventos: uno en Río Bravo y otro en la Casa del Pueblo el sábado 25 de abril ,ahora se duele de estafa.
Los artistas: Los Caminantes y Sonora Santanera. Todo bien, póster oficial, preventa a $150, la gente emocionada… y al final: ni un peso.El mensaje de la empresa es de antología:
“Obiel nos dijo que no le habían pagado el primer evento… comprobamos que sí le pagaron, era una fiesta privada. Del segundo nos dijo que ‘la maña’ le había quitado todo el dinero y jamás nos contestó”, ya parte de la narrativa en redes sociales.
O sea: el tipo que cobra un sueldazo del erario municipal, que anda de compadre del contador del Cartel del Golfo,lider de los Escorpiones en libertad, gracias al alcalde de Morena,muy y pese a la orden de extradición, y que según él es el único que puede hacer eventos en el ejido 20 de Noviembre, ahora resulta que “la maña” le robó el dinero… la misma “maña” para la que él trabaja de vocero.
¿No es hermoso el círculo vicioso?
Mientras tanto, ahí está el contrato oficial con su firma bien bonita al lado de la del alcalde y demás funcionarios. El señor tiene compromiso de difusión de acciones de gobierno… pero al parecer su verdadero compromiso es difundir la estafa y luego culpar al cártel que lo protege.
El activo usuario de redes, Carlo Vela, ya lo puso en la lona pública: nepotismo, contratos millonarios como jefe de prensa del Golfo… y ahora esto. El mismo sujeto que el presidente municipal (sí, el de Morena) decidió mantener en el cargo a pesar de todo.
Resumen:
Un funcionario público ligado al CDG, cobrando lana del pueblo, contrata grupos musicales, no les paga, y para rematar les echa la culpa al mismo cártel que lo tiene en nómina. Eso, señores, no es solo corrupción.
Eso es catadura criminal con cargo oficial y sueldo del erario. Y sigue ahí, firmando contratos, cobrando quincena y riéndose de los ciudadanos que todavía creen que en Matamoros gobierna el ayuntamiento y no el cártel. ¿Hasta cuándo, Beto? ¿O ya ni preguntas?
La aguerrida periodista y escritora Anabel Hernández, no solo describe un caso en esta entrevista en el espacio de Aristegui Noticias; pasa lista de asistencia al narco–Estado mexicano y deja a la presidenta parada justo en medio del pizarrón, con el gis de la responsabilidad en la mano.
El contexto: no es “escandalito”, es encrucijada
Hernández arranca recordando algo que el oficialismo finge no oír: México está en un momento histórico, y no porque haya “primera presidenta”, sino porque el país está pegadito a la raya que separa a un Estado débil de un Estado etiquetado como protector de narcoterroristas por Washington.
Esa línea no la trazan los opinólogos de Twitter, sino un expediente criminal en la Corte del Distrito Sur de Nueva York, con número 23 CR 180, donde el gobernador morenista Rubén Rocha Moya no aparece como víctima de la guerra juridica, sino como cohabitante jurídico de Ovidio Guzmán, Joaquín Guzmán López, el Nini y hasta traficantes chinos de fentanilo.
Mientras en el Palacio del segundo piso del gobierno predican “soberanía” y “campaña sucia”, en Nueva York arman carpeta con testimonios y detalles finos de reuniones, montos y favores durante la campaña y el gobierno de Rocha.
El contraste es brutal: de este lado, mañaneras y discursos mecánicamente ensayados; del otro, una acusación armada durante años, no durante un arrebato diplomático de fin de semana.
“Yo lo publiqué primero”: la factura de la hemeroteca
Hernández le pasa una factura incómoda al sistema: el primer señalamiento público de los presuntos vínculos de Rocha Moya con el Cártel de Sinaloa no vino ni del Departamento de Justicia ni de la Fiscalía mexicana, sino de un artículo suyo en Deutsche Welle en abril de 2021, en plena campaña: El “El Mayo” Zambada: la impunidad del gran elector en Sinaloa.
Ahí ya consignaba testimonios de morenistas de casa, compañeros de partido de Rocha, que escucharon al candidato presumir que se había reunido con el Mayo y que contaba con la “bendición” del cártel.
No se trató de una nota aislada sino de más de una decena de artículos entre 2021 y 2023, coronados con el libro “El traidor. Prohibido de la cuarta transformación” (la historia secreta AMLO y el Cártel de Sinaloa), donde menciona decenas de veces a Rocha y describe reuniones casi calcadas a las que hoy aparecen en el indictment. El mensaje subliminal es feroz: los mismos que usaron el caso García Luna como tótem moral ignoraron, minimizaron o atacaron a quien documentaba la compra de campañas por el Cártel de Sinaloa… hasta que los gringos tocaron la puerta con orden de extradición en mano.youtube+1podcasts.apple+1
El expediente 23 CR 180: Rocha en la misma fila que los Chapitos
Hernández subraya un dato que el discurso oficial intenta barrer debajo de la alfombra: Rocha Moya no está en un folio aparte por “diferendo político”, está en el mismo expediente 23 CR 180 que Ovidio, Joaquín Guzmán López, el Nini y otros operadores del Cártel de Sinaloa, junto con empresarios chinos que surtían fentanilo. No es una “nota diplomática”; es la misma estructura judicial, el mismo caso penal, donde políticos y narcos aparecen como parte de una sola red, no como mundos separados que apenas se rozan en la narrativa de la 4T.
El gobierno mexicano pretende ver ahí una historieta motivada por la CIA, pero Hernández recuerda algo básico del sistema de justicia estadounidense: estos casos se construyen sobre testigos directos, colaboradores y coacusados, no sobre recibos timbrados por el SAT del narco. Así como García Luna jamás firmó “gracias por los 20 millones”, Rocha tampoco iba a expedir comprobante fiscal digital; la evidencia va por otro lado: relatos coincidentes, fechas, lugares, rutas de dinero y protección.
Los testigos: Ovidio, los Chapitos y el Nini como cronistas involuntarios
En el corazón de la acusación, dice Hernández, están por lo menos tres testigos de lujo: Ovidio Guzmán, Joaquín Guzmán López y el Nini, coacusados que hoy purgan proceso en Chicago pero que forman parte del mismo caso en Nueva York, lo que permite a los fiscales interrogarlos una y otra vez.
A eso se suman testigos que ella misma entrevistó: no solo narcos, sino integrantes del equipo de Rocha que estuvieron presentes en reuniones en Culiacán y Badiraguato, y que describieron con pelos y señales las conversaciones sobre financiamiento de campaña y retornos en forma de protección ya en el gobierno.
Hernández remata con ironía de hemeroteca: lo que está leyendo en el indictment “ratifica casi palabra por palabra” lo que ya le habían contado sus fuentes años atrás.
Dicho de otro modo: mientras medio sistema político se refugia en la coartada del “golpe político”, el expediente narra una vieja historia conocida… salvo para quienes prefirieron no leerla cuando estaba impresa en libros y reportajes, no en papel membretado de la Corte del Distrito Sur.
Estructura estilo García Luna, sin las “focas” de esta vez
Anabel hace un paralelo que le duele al morenismo: la estructura del caso Rocha–Cártel de Sinaloa se parece, e incluso la ve más robustecida, a la que se usó contra Genaro García Luna. Igual que entonces, se trata de una acusación levantada con años de investigación, testimonios cruzados, cronologías y relaciones de protección, no de una ocurrencia redactada al calor de una coyuntura.
La ironía es transparente: los mismos que aplaudían “como focas” la caída de García Luna hoy se indignan de que se use exactamente el mismo manual investigativo contra uno de los suyos. Antes, el expediente estadounidense era casi Palabra de Dios para exhibir el “narco–Estado calderonista”; ahora, cuando el dedo apunta a un gobernador morenista, de pronto todo se volvió montaje, venganza y “injerencismo”.
Sheinbaum, la bomba en las piernas y el conflicto de interés
Hernández afirma que la presidenta sabe perfectamente en qué está sentada: una bomba política y judicial. Relata que, mientras en México la mayoría dormía, parte del gabinete de Sheinbaum se desvelaba para pulir el guion con el que la mandataria saldría a encuadrar la acusación al día siguiente, lo que explica su tono mecánico, ensayado, casi de lectura memorizada.
Más grave aún: acusa un conflicto de interés enorme en la jefa del Estado mexicano, que intenta simultáneamente presentarse como garante de la legalidad y como escudo político de un gobernador señalado por corrupción con el Cártel de Sinaloa. Cuando la presidenta minimiza el expediente, su problema ya no es solo de narrativa, sino de qué tanto está dispuesta a sacrificar la credibilidad institucional del país para cubrir a uno de los suyos frente a un caso donde ni el timing ni la estructura apuntan a “berrinche” estadounidense.
La clase política: entre el ridículo y la negación
Hernández reparte golpes parejo: califica de “pena ajena” las reacciones defensivas de figuras como Enrique Inzunza, que reduce todo a una supuesta represalia por haber hablado de la CIA en el Congreso, como si el Departamento de Justicia redactara indictments al vapor por coraje mediático. No le va mejor a la oposición: la ve fuera de base, convertida en comentarista oportunista de un caso que no entiende a fondo y que usa para hacer chistes, ironías y canibalismo político en lugar de discutir las implicaciones legales y de Estado.
En ese paisaje, la única línea seria que plantea Hernández es brutal en su sencillez: o el gobierno mexicano actúa de inmediato ante la solicitud de Estados Unidos, o se arriesga a que el país sea visto formalmente como protector de narcoterroristas. Lo demás —las poses patrioteras, las conferencias matutinas y los hilos de X— son ruido accesorio frente al hecho duro: un expediente con 15 acusados, narcos y políticos mezclados, que coloca al morenismo frente al espejo que tanto presumió acercarle a sus adversarios.