Alejandra Cuevas Morán, absuelta del supuesto homicidio de Federico Gertz Manero, denunció hoy ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) al Estado mexicano por las graves violaciones a los derechos humanos de ella y su familia.
En un mensaje videograbado y difundido en redes sociales, Cuevasacusó al Fiscal General de la República, Alejandro Gertz Manero, de una persecución que concluyó con su exilio y el de sus familiares, luego de pasar por una detención arbitraria, un encarcelamiento injusto de 528 días y una tortura estructural.
Actitud lo dibuja de puerco completo
En el escenario contemporáneo de la justicia mexicana, el fiscal de la Republica,Alejandro Gertz Manerro,recien denunciado ante Comisiónala Intreamericana de Derechos Humanos (CIDH) emerge como una figura que, lejos de encarnar los principios rectores de la procuraduría de justicia, se erige como paradigma de una autoridad desvirtuada, un magistrado que, en lugar de ser baluarte de la legalidad, se convierte en artífice de la arbitrariedad hasta con su familia politica.

Este personaje, investido de potestad y autonomía, desdibuja los límites del Estado de Derecho y, bajo el ropaje de la formalidad procesal, ha perpetrado una persecución feroz,sistemática y meticulosa, sembrando el desasosiego y la zozobra en el seno de una familia que, por su condición y su historia, se convierte en víctima propiciatoria de un aparato institucional corrompido.
El fiscal actúa como verdugo de la dignidad humana, utilizando el poder coercitivo del Estado no para proteger, sino para castigar sin fundamento, para criminalizar la inocencia y para convertir el dolor en espectáculo público.
Su proceder no es un acto ocasional ni fruto del azar, sino la ejecución de una estrategia deliberada y perversa, que ha transformado la justicia en instrumento de venganza personal y en herramienta de sometimiento político.
La detención arbitraria, el encarcelamiento injusto, la tortura estructural y el exilio forzado que impone a su familia politica, no son meras consecuencias de su gestión, sino elementos constitutivos de su ejercicio del poder.
Este fiscal, en su ambición y en su rencor, desprecia la presunción de inocencia y vulnera los derechos fundamentales: el debido proceso, la defensa adecuada, la protección contra la tortura y el derecho a un juicio justo. Su actuación no solo destruye proyectos de vida individuales, sino que fractura el tejido social, sembrando la desconfianza en las instituciones y perpetuando un clima de impunidad y miedo. Es, en suma, un censor de la libertad, un verdugo de la esperanza y un símbolo de la degradación institucional.
En su afán de castigar sin justificación, el fiscal se conviertio en cómplice de la impunidad, en cómplice de la manipulación judicial y en cómplice de la persecución disfrazada de legalidad. Su figura, lejos de ser garante de los derechos humanos, se transforma en su principal violador, dejando tras de sí una estela de dolor, desarraigo y desolación. Su actuar no solo afecta a quienes persigue, sino que envilece la función pública y mancilla el honor de la justicia. Es, en definitiva, la encarnación del abuso de poder y la negación misma del Estado de Derecho.
Con informacion: ELNORTE/

a eso se dedican estos hijos de perra de morena, pinche porqueria de funcionarios y personas ......
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