El presidente del Senado de la República, Gerardo Fernández Noroña denunció haber recibido amenazas de muerte a través de dos de sus cuentas de redes sociales, por lo que solicitó la intervención de la Policía Cibernética para identificar a los autores, pero recibió una mediocre respuesta que pone a relieve la calidad de esta policia,le revelaron que luego de una sesuda investigación,no habían podido rastrear el sitio de Internet de donde salieron las amenazas, aunque le dijeron que no había elementos para preocuparse.
En su video charla de ayer jueves, el legislador que tiene el ego monumental y ha pasado su carrera sembrando vientos y cosechando tempestades, ahora se encuentra en la peculiar situación de sentir el aire a contrapelo.
Ahora que le paso
El legislador, acostumbrado a la polémica y a la lucha puerco a cuerpo en redes y tribunas, ha denunciado amenazas de muerte que le llegaron por YouTube y TikTok, con el ominoso mensaje: “Tu cabeza tiene precio y fecha”. Y claro, el amigo Noroña, siempre tan transparente, asegura que para protegerse hará público en tiempo real cada rincón al que se dirija, para que, si no llega, todos sepamos en qué tramo le pasó algo. ¡Qué nobleza la de este hombre, que no duda en convertir su vida en un reality show de seguridad nacional!
Pero aquí viene lo bueno: el señor Noroña, que cuenta con el respaldo del área jurídica del Senado y la Policía Cibernética, se encuentra con la respuesta más esperada: “No pudimos rastrear el sitio de origen, pero no se preocupe, no hay elementos de preocupación”. ¡Vaya consuelo! Si a un senador de la República, con toda la infraestructura del Estado detrás, no le pueden localizar la fuente de una amenaza, ¿qué esperanza le queda al ciudadano de a pie? ¿Acaso la Policía Cibernética solo sirve para dar talleres de alfabetización digital y repartir recomendaciones en redes?
La realidad es que, mientras los ciberdelincuentes hacen de las suyas, la Policía Cibernética se mantiene ocupada en impartir más de 4,800 talleres y realizar cientos de miles de acciones de orientación, pero cuando de verdad se necesita, el rastreo parece quedar en el limbo digital quedan en el mas profundo ridiculo por su incapacidad manifiésta.Así que, si usted, querido lector, piensa denunciar una amenaza en línea, prepárese para recibir una alerta informativa, un taller de prevención y, si acaso, un “no pudimos encontrar el origen, pero no se preocupe”.
En fin, el señor Noroña sigue sembrando y cosechando, pero esta vez la cosecha fue un “no se preocupe” de las autoridades. Y si a él, con todo y su visibilidad, no le pueden ayudar, ¿qué nos queda a los simples mortales? Quizá solo reír, para no llorar, y seguir navegando en el mar de la impunidad digital.
Con informacion: ELUNIVERSAL/

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