El Gobernador de Chiapas, el morenista Eduardo Ramírez Aguilar, encabezó ayer la primera Rodada Ciclista 2025 por la Paz y contra la Adicciones, pero lo hizo rodado de elementos fuertemente armados de la Secretaría de la Defensa Nacional y de la Guardia Nacional (GN), Tuxtla Gutiérrez,la capital de la entidad.
Un grupo de militares pertrechados siguió al Gobernador, Ramírez durante los 15 kilómetros que recorrió en su bicicleta marca Giant, desde la Plaza La Gloria hasta el Parque de la Juventud sobre el Boulevard Belisario Domínguez, junto al comandante de la Séptima Región Militar de la Sedena, Alejandro Vargas y el Alcalde de Tuxtla Gutiérrez, Ángel Torres.
Que nos manda decir la imagen, mas que el gobernador
La imagen es un retrato perfecto del surrealismo político mexicano contemporáneo: un gobernador morenista, Eduardo Ramírez Aguilar, encabezando una “Rodada Ciclista por la Paz y contra las Adicciones” en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, arropado por un batallón de soldados armados, Guardia Nacional y funcionarios, todos en pose triunfal, como si la paz se pudiera pedalear entre fusiles y cascos.

Más allá del discurso oficial, la escena transmite un mensaje claro y contradictorio: la paz se celebra bajo resguardo militar, como si la convivencia ciudadana solo fuera posible si está fuertemente custodiada.
La imagen de ciclistas y funcionarios sonrientes, flanqueados por soldados en posición de combate, parece un sketch involuntario: “¡Pedaleen por la paz, pero no suelten el rifle!” La “convivencia familiar” se convierte en un operativo de seguridad, donde la bicicleta es símbolo de esperanza, pero el chaleco antibalas es el verdadero uniforme del día.
El evento ocurre en un contexto donde Chiapas ha sido escenario de enfrentamientos armados recientes, como la balacera en Las Champas, Frontera Comalapa, que incluso derivó en un incidente diplomático con Guatemala tras la incursión ilegal de la Fuerza de Reacción Inmediata Pakal (FRIP) en territorio extranjero, donde ya no eran policias.
La creación de esta fuerza élite, bautizada con el nombre de un mítico gobernante maya, suena épica, pero en la práctica responde a una escalada de violencia que ni los discursos ni las rodadas logran disimular.
El gobernador, en su transmisión en vivo, proclama la valentía de los chiapanecos y la coordinación con el Ejército, mientras la realidad muestra que la paz es tan frágil que necesita 700 ciclistas inscritos y decenas de soldados para recorrer 15 kilómetros sin sobresaltos.
La entrega de una escultura de Pakal al gobernador, como símbolo de fuerza y legitimidad, parece más un ritual para conjurar los demonios de la inseguridad que una celebración genuina de la paz.
En resumen, la imagen nos dice, con humor involuntario y gravedad latente, que en Chiapas la paz es un evento con registro previo, medalla, camiseta… y escolta armada. Porque aquí, para pedalear tranquilo, primero hay que blindar el carril.
Con informacion: ELNORTE/

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