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lunes, 18 de febrero de 2019

UN "AÑO con el CHAPO": "CUENTEADO" por el EX-COMISIONADO NACIONAL de SEGURIDAD...otro destacado miembro del fracaso "Peñaratista".

En una larga conversación con el director de Proceso, Rafael Rodríguez Castañeda, el que fue comisionado nacional de Seguridad del gobierno de Enrique Peña Nieto de agosto de 2015 hasta diciembre de 2018, Renato Sales Heredia, hizo un relato de su experiencia personal en torno de Joaquín Guzmán Loera. 
Un testimonio vívido, profuso en observaciones y datos precisos, anécdotas y escenas de color, reflexiones y conclusiones. Terminado el juicio del Chapo en Brooklyn, con el veredicto de culpable y la casi segura sentencia a cadena perpetua de quien fuera líder del Cártel de Sinaloa –considerado por la revista Forbes entre los hombres más ricos del planeta–, Rodríguez Castañeda y Sales acordaron publicar la siguiente narración, bajo la firma del exfuncionario de seguridad.
El sábado 11 de julio de 2015, a eso de las 20:30 horas, para el pasmo y asombro de mexicanos y extranjeros, Joaquín Guzmán Loera se había fugado del Centro Federal de Readaptación Social Número 1, conocido como El Altiplano, a través de un túnel conectado al baño de su celda.
Pocos, muy pocos, hubieran apostado por su recaptura. Casi seis meses después, el 8 de enero de 2016, El Chapo era reaprehendido en Los Mochis, Sinaloa, como parte de un operativo que inició la Marina y culminó la Policía Federal.
Aquí contaré cómo viví directamente la historia: 
El 28 de agosto de 2015 el presidente Enrique Peña Nieto me había designado Comisionado Nacional de Seguridad, dependencia que entonces tenía bajo su tutela tres órganos desconcentrados: PYRS (Prevención y Readaptación Social), SPF (Servicio de Protección Federal) y la PF (Policía Federal). 
Para esa mañana del 8 de enero teníamos agendado un desayuno con Ángela Buitrago y Carlos Beristain, dos de los integrantes del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (el GIEI) designado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para acompañar al Ministerio Público Federal en la investigación del caso Ayotzinapa. También estarían presentes Patricia Trujillo, jefa de la División de la Policía Científica; Enrique Galindo, comisionado general de la Policía Federal, y yo. 
La idea era charlar un rato y después hacer un recorrido por las instalaciones de la División, ubicada en Avenida Constituyentes, para que los expertos advirtieran que la Policía Federal contaba con las capacidades suficientes para la identificación de restos humanos, entre otras.
Esa mañana me encontraba desde las siete en la oficina. Cerca de esa hora recibí una llamada del encargado del CISEN (el Centro de Investigación y Seguridad Nacional), quien me informó del fracaso de un operativo en Los Mochis. El Chapo se había escapado… 
Por instrucciones del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, se nos pedía movilizar todas las unidades posibles por carreteras y en Los Mochis. Esa fue la instrucción que transmití a Enrique Galindo, jefe de la Policía Federal: “Mueve todo lo que tengamos por Los Mochis”. Así lo hicimos.
El Chapo y El Cholo habían escapado, como otras veces, a través del drenaje de la ciudad. Las casas de seguridad a las que llegaba el capo contaban siempre con ese mecanismo de salida. Esa era su especialidad: los túneles, la cañería, el drenaje profundo…
Terminado el desayuno, entre bromas por la demostración, a cargo de Patricia Trujillo, de la existencia de San Expedito, un santo que sólo ella conocía (hasta me regaló una estampa de él que aún llevo en la cartera) y que resolvía los asuntos deses­perados, iniciamos el recorrido por las instalaciones de la Policía Científica. 
Entre el desayuno y el recorrido, El Chapo y El Cholo salían del drenaje, se robaban un Jetta blanco que después abandonarían y, en ropa interior chamagosa, despojarían a una señora de su Ford Focus rojo, según la denuncia que llegó al C4 en Los Mochis. 
Una de las unidades de la PF, alertada por el sistema, detectó el vehículo robado en circulación y le ordenó detenerse. Primero descendió El Cholo y trató de convencer a los policías de que los dejaran irse. Después bajó El Chapo, quien les dijo: “¿Saben quién soy?”. Fue cuando lo reconocieron. “Escóltenme y no va a pasar nada”, arguyó. 
Los dos policías de la unidad no se dejaron amedrentar: Llamaron a su superior, quien dio parte del hecho al coordinador de la Federal en el estado, y éste hizo lo propio con el jefe de la División, que avisó al jefe de la policía. 
Los dos agentes, cuya identidad permanece desconocida hasta la fecha por razones de seguridad, fueron y son, por su valor y entereza, ejemplo para la corporación y para todas las policías del mundo. No se dejaron intimidar.
Estábamos, pues, hablando de los drones que usaba la Policía Federal cuando Enrique Galindo me hizo señas. Yo entraba a un elevador y él se disponía a bajar la escalera. “Que dice Castillejos que tenemos al más buscado”, me dijo. “¿A quién ¿Al Chapo? –pregunté–. ¡Pues que nos manden una foto!”… “¡Sí es!”.
Era la foto en la que se le observa sentado en la parte trasera de la patrulla de la Federal, con la camiseta percudida y la mirada ausente. Cuando la vimos y dijimos sí es, nos despedimos apresuradamente de los expertos del GIEI y corrimos a mi oficina, donde se encontraba la red roja más cercana. Ahí marcamos al despacho del secretario y le pedimos a su jefe de ayudantes que lo interrumpiera para que se asomara a su Black Berry a la que le habíamos enviado la fotografía. El asunto era de la mayor de las importancias, de vida o muerte.
“No se le puede interrumpir. Está dando su plática a cónsules y embajadores”, nos indicaron. 
Hablamos entonces con su coordinador de asesores, Guillermo Lerdo, y él fue quien logró, al fin, pasar una tarjeta al secretario, quien luego nos contaría que le extrañaba que los secretarios de Marina y de la Defensa, Francisco Saynez y Salvador Cienfuegos, respectivamente, le hicieran señas en pleno acto oficial levantando los pulgares. Así que interrumpió su mensaje y desde la oficina de la canciller, Claudia Ruiz Massieu, habló con el presidente. Minutos después todos vimos el tweet: “misión cumplida”.
Nos citaron a la una en Palacio Nacional, donde se anunciaría oficialmente la captura. Antes, el presidente quiso platicar con el gabinete de seguridad: ahí nos preguntó detalles sobre la aprehensión. Cuando pude hablar, aludí a la notificación del C4 que permitió que la PF hiciera el alto al Focus rojo. “¿No que un Jetta blanco?”, preguntó el presidente. “Bueno –precisé–, primero el Jetta, luego el Focus”. “¿Qué es eso? –replicó–. A ver: ni tú estuviste ahí, ni ninguno de los que aquí estamos, estuvo. Junten a los operativos, a los que participaron directamente, y en la tarde, ya para el traslado, damos más detalles…”.
Se ordenó entonces reunir a los dos elementos en el hangar de la Marina, afinar el discurso y preparar un boletín conjunto que leería la procuradora Arely Gómez.
Trasladar a Guzmán Loera de Los Mochis a la Ciudad de México fue complicado. La instrucción que le dimos a Nicolás Perrín, coordinador de la Policía Federal en Sinaloa, tanto Enrique Galindo como yo, fue no separarse del detenido. La Marina se resistía. Era “su” operativo. Tuve que hablar con mi paisano Luis Alcalá, jefe del Estado Mayor de la Armada, para que se entendiera que la cadena de custodia, primer respondiente y demás puntos del nuevo sistema, implicaban que quien pusiera a disposición del juez al detenido fueran los autores de la captura. 
La vigilancia
Era de rigor, formaba parte de la rutina del día, llegar a la oficina, leer el reporte de los incidentes en los penales federales del país y encender la pantalla del Chapo, la más grande que teníamos ahí, para monitorear sus movimientos. Así había sido todos los días durante el año y poco más que me había tocado custodiarlo.
En El Altiplano, el túnel por el que El Chapo se había fugado seguía abierto. “Es que está a disposición de la PGR”, indicaban versiones internas al respecto. Se había decidido trasladar de nueva cuenta ahí a Guzmán como un gesto de victoria, y nosotros tomamos la determinación de cerrar el túnel. Cualquier multa sería mejor a que El Chapo se fugara de nuevo, decíamos.
Revisamos al derecho y al revés El Altiplano, una vez más, desde la cocina hasta la aduana. Les decía a mis colaboradores: “Cualquier cosa posible es probable. Hay que cerrar todas las posibilidades. ¿Es posible que baje aquí un helicóptero?” “Sí, pero es muy poco probable”, me decían. “Tan poco probable como fugarse por el piso de su baño –contestaba yo–. Hagan imposible que baje un helicóptero”.
Le pedí al secretario Osorio Chong que nos apoyara para colocar cables especiales de seguridad en el penal. Dimos la instrucción: “¡Hagan imposible que suba alguien por esta reja. Hay que poner un aire acondicionado aquí, mover esta tubería allá…!” También había que evitar los puntos ciegos en el monitoreo de las cámaras y asegurarse de que éstas funcionaran sin pasmos.
Pero lo innegable era que El Altiplano había dejado de ser un lugar seguro para albergar al Chapo: el penal se había “conurbado” y las obras del Cutzamala debían seguir su curso. Pero Guzmán era especialista en túneles y cañerías. Así que teníamos que buscar un centro penitenciario donde se dificultara cavar un túnel.
Las corporaciones de seguridad penitenciaria tienen por misión esencial evitar fugas de internos, que se cometan crímenes en el interior, que se organicen motines y que las instalaciones puedan ser incendiadas. Desde luego, bajo esta lógica el trabajo estaría bien hecho si nadie hablara de él, si las cosas negativas no sucedieran. Lo cierto es que los riesgos se mantenían en El Altiplano…
A pesar de que monitoreábamos al Chapo en forma permanente, de que los guardias se turnaban para vigilar las pantallas, de que la señal se replicaba en los teléfonos celulares, de que un grupo especial de PYRS lo vigilaba en todo momento y de que los custodios llevaban cámara en sus cascos, decidimos trasladarlo. Hablamos de los riesgos con el secretario de Gobernación y éste se los transmitió al presidente, quien aprobó el traslado.
Alfonso R. Bagur, comisionado del servicio de protección federal, había dispuesto la operación de personal especializado en evaluación de riesgos en instalaciones estratégicas. Y si bien es cierto que los centros penitenciarios no se incluyen como éstas en la Ley de Seguridad Nacional, vaya que son estratégicos, decíamos nosotros.
Fue ese equipo el que, después de varios estudios, nos hizo ver que el penal número 9 de Ciudad Juárez, en Chihuahua, cumplía con los requisitos de seguridad que necesitábamos para la custodia del Chapo. Sobrevolados sus alrededores, se advirtió que no había ninguna construcción en dos kilómetros a la redonda, y muy pocas en cinco kilómetros. Además, el tipo de tierra pedregosa de la zona permitía sostener que cualquier intento de excavación se detectaría de inmediato. 
Pedimos el apoyo del Ejército y de la Marina, que ya nos habían auxiliado en El Altiplano, para establecer puntos de control carretero en los accesos al penal, que no era precisamente el mejor del país: En el informe de evaluación penitenciaria de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos había recibido una calificación bastante mediocre: 6.55 en una escala del 1 al 10. La CNDH había reportado, entre otras, fallas en los servicios de salud y deficientes condiciones de higiene. No era el mejor, pero sí el más seguro para él.
Trasladamos al Chapo a Ciudad Juárez el 6 de mayo de 2016. Después de los exámenes de rutina, lo subimos a un helicóptero Black Hawk que del Altiplano lo llevó a la Ciudad de México, custodiado por el comisionado de PYRS. En el hangar lo esperábamos los comisionados de policía, del servicio de protección federal y quien esto relata. 
Al llegar lo subimos a la parte trasera de un avión junto con dos custodios y nosotros nos instalamos en la parte delantera. Llegamos a Juárez, donde nos aguardaba otro helicóptero para conducirlo al penal. El Chapo tendría en adelante un módulo de alta seguridad exclusivo para él, con monitoreo permanente las 24 horas del día.
Para su custodia destinamos 75 elementos, 25 por cada órgano desconcentrado al mando de un comandante que me reportaba directamente a mí. Revisamos con detalle el módulo, el patio, los accesos, la estancia, las cámaras. Revisamos los protocolos en el penal. Hablamos con el personal especial asignado, haciéndole ver la importancia de la custodia que iban a emprender. Les prohibimos cruzar palabra con el interno. 
Pernoctamos en Juárez y al día siguiente realizamos otra visita de supervisión en el penal. Después iríamos con frecuencia a revisar las condiciones del internamiento. Habré cruzado palabra en dos o tres ocasiones con el Chapo, básicamente para verificar esas condiciones. No era un hombre altanero. Se mostró respetuoso. Y así hablamos: con respeto, con distancia.
Todos teníamos muy claro lo que podía significar una nueva fuga… para el gobierno, para nosotros. Por eso nos reuníamos cada semana con el coordinador de asesores del secretario para revisar los incidentes del periodo; evaluábamos la estrategia de la defensa para valorar las respuestas mediáticas. En fin, la idea era no bajar la guardia.
La salida
Si el traslado del Chapo de un penal para ingresarlo a otro implicaba de por sí un movimiento logístico plagado de riesgos y problemas, sacarlo con la agilidad suficiente para que no se desatara estruendo mediático o se alcanzara a solicitar una suspensión contra la medida resultaba también complejo.
Como lo relataron algunos medios, el 19 de enero de 2017 se abrió una ventana de oportunidad jurídica al causar estado el último juicio de amparo solicitado por el Chapo contra la extradición. Lo anterior implicaba la inexistencia de la suspensión y la posibilidad de moverlo.
La extracción y el desplazamiento tenían que ser rápidos y efectivos. En comunicación con el secretario de Gobernación, con el procurador general de la República –que ya entonces era Raúl Cervantes–, con el jefe de la Agencia de Investigación Criminal y, exclusivamente, con el comandante a cargo del grupo especial, se trataba de extraer rápidamente al Chapo sin generar sospechas, para evitar el amparo contra el traslado o el ruido de los medios.
Había que tener listos los documentos para el egreso, permitir el aterrizaje del helicóptero de las Fuerzas Armadas que lo conduciría al aeropuerto. Había que avisar a los mandos operativos desplegados en la zona que la salida estaba autorizada, que no se trataba de una fuga. Y había que hacer todo esto en tiempo real. 
Fueron momentos complejos. Un error o una omisión en la cadena de información podía acarrear consecuencias desastrosas, en función del protocolo preparado para el intento de fuga.
Empero, el 19 de enero por la tarde volaba el Chapo hacia los Estados Unidos. Todavía en el aire, por razones de seguridad, se desconocía su destino.
Al día siguiente, como era mi costumbre, al llegar a la oficina encendí la pantalla donde lo monitoreábamos. No lo vi y me espanté. Después sonreí…
fuente.-

LOPEZ OBRADOR "DECLARA la GUERRA a los EXPERTOS,al MERITO,los DATOS y la EVIDENCIA"...el amiguísimo y la lealtad por encima de todo y todos.

Todos callados. Todos disciplinados. Todos, soldados y adelitas del Presidente, escuchando sin cuestionar, oyendo sin chistar, marchando al ritmo del tambor mañanero.

Así son las reuniones del Gabinete de Andrés Manuel López Obrador. Así son sus juntas de trabajo: el Presidente propone y su equipo dispone.

Da una orden y quienes lo rodean la acatan sin preguntar si viola la ley, cumple con la Constitución, es una mala política pública o tendrá efectos contraproducentes para el País.

En este Gobierno no parece haber deliberación; ha sido sustituida por la sumisión. Lo que se precia no es la preparación sino la lealtad, lo que se valúa no es el conocimiento sino la afinidad ideológica.

La voluntad para no tener voluntad. La conversión de los colaboradores en una colección de "Yes men". Los que siempre dicen sí.

Sí a la guerra declarada contra los expertos, los analistas, los técnicos, los posgrados, las universidades privadas, el mérito, los datos, la evidencia.

Sí a la guerra contra el "expertise". Mientras más educación tengas, más fifí eres. Mientras más experiencia poseas, más corrupto debes haber sido. Mientras más grados acumules, más daño le has hecho a México.

Todos los días, desde el púlpito presidencial y desde las dependencias oficiales se manda un mensaje de menosprecio, un dictamen de desprecio, una plétora de prejuicios.

Los que se fueron a entrenar al extranjero regresaron con malas mañas. Los que tienen mayor preparación son quienes produjeron la expoliación.

Si te preparaste para servir o analizar o educar o hacer investigación en tu país no serás aplaudido; serás colocado en el banquillo de los acusados.

Serás crucificado en la plaza pública como miembro de alguna "mafia": científica, social, universitaria, política.

La 4T no trata de componer o mejorar a la administración pública. Trata de purgarla. Satanizarla primero para doblegarla después.

Lo lógica es evidente: sustituyamos a los que creemos corruptos o fifís, por los que sabemos son ineptos pero incondicionales.

Por eso la baja calidad de las ternas que Rocío Nahle envió para ser comisionados de la Comisión Reguladora de Energía y el ridículo que hicieron.

Por eso los currículums irrisorios de nuevos nombramientos en el Conacyt, y la falta de preparación que evidenciaron.

Por eso la falta de destreza de los directivos de Pemex que fueron a presentar el plan de negocios a Nueva York, y las críticas lapidarias que recibieron.

Este Gobierno despide a "neoliberales" y contrata a leales; echa a los que saben demasiado y recluta a los que no saben suficiente.

El criterio para la contratación no es la capacidad sino la recomendación; no es el grado académico estipulado por la ley sino el apoyo político exigido por el Presidente.

No se trata de volver más funcional y eficiente al Estado sino de colonizarlo con los suyos.

En general, encuentro poco útiles las comparaciones entre México y Venezuela, entre AMLO y Chávez; me parecen simplistas y catastrofistas.

Pero la crisis allá debería alertar sobre lo que podría pasar acá: el vínculo entre la poca preparación del Gobierno y la mala administración de la economía; los costos de menospreciar a profesionistas y encumbrar a improvisados.

La debacle económica venezolana tiene poco que ver con el socialismo y mucho que ver con el amiguismo.

El Gobierno se fue apropiando de un sector económico tras otro, despidiendo a los técnicos e incorporando a los devotos; sacando a los expertos y designando a los fieles.

Apóstoles que no argumentan; se hincan. Soldados que no discrepan; siguen órdenes.

Órdenes como la de comprar pipas en Estados Unidos sin importar el precio, la normatividad o el costo de largo plazo.

Órdenes como la de proseguir con los planes para Pemex -incluyendo la refinería de Dos Bocas- aunque amenacen las finanzas públicas.

Órdenes presidenciales basadas en diagnósticos mal hechos, o prejuicios enraizados, o inexperiencia técnica, o información incompleta porque nadie pudo o quiso o tuvo el valor de proveerla.

Ése es el resultado de "limpiar" al Gobierno, con la intención de controlarlo en vez de mejorarlo.

Ése es el resultado de reemplazar a los capaces por los manipulables, por los sumisos.

Un Gobierno que corre el riesgo de tomar malas decisiones, una y otra vez, porque como lo advertía Patton: "Si todos están pensando lo mismo, significa que alguien no está pensando". 

fuente.-Denise Dresser/opinion@elnorte.com (imagen/internet)

domingo, 17 de febrero de 2019

LA CRIMINALIDAD de los AÑOS 70's,el DRAMA de una AUTOVIUDA y un HORROROSO NIETO...de las historias de Lecumberri.



En materia de escándalos y nota roja, la década había comenzado con la acción desesperada de una mujer, prisionera de un hombre que se sabía poderoso e impune, y llegó a su fin con un doble homicidio que sorprendió a todo el país.


Los últimos 72 internos —ya no se les llamaba reos o reclusos, mucho menos presos— abandonaron la vieja construcción el 27 de agosto de 1976. Los últimos de los miles que habían dejado allí las horas y los días, desde su inauguración en 1900. Un oscuro torbellino de memorias donde lo mismo cabía el exsoldado revolucionario al que “guardaron” un rato por salir a tirar balazos al aire una noche de 15 de septiembre, hasta criminales brutales, escritores en infortunio, magnicidas y los primeros capos de la droga. Ese era el universo que se cerraba, como quien quiere olvidar un mal sueño, al clausurar la Cárcel Preventiva de la Ciudad de México: Lecumberri.

La vieja cárcel, que había visto tantas historias, cargaba con el estigma adicional de haber albergado los cadáveres baleados de Francisco I. Madero y José María Pino Suárez, asesinados junto al muro trasero. Su vida útil como prisión se terminaba a fuerza de sobrepoblación, de desatención jurídica y de corrupción.

Aquel primer sexenio de los años 70, el de Luis Echeverría, quiso soñar muchos anhelos de modernidad. Uno de esos era una renovación del sistema carcelario, y había comenzado casi con la década. Sergio García Ramírez, que sería el último director de Lecumberri, entre mayo y agosto de 1976, llevaba años insistiendo en la necesidad de renovar ese ámbito de la vida nacional, aunque costara trabajo mirarlo y comprenderlo.

Así, se habían ido construyendo otros reclusorios. Santa Marta Acatitla, en 1957, el Norte y el Oriente entraron en funcionamiento en 1976, el mismo año en que se fugó de Lecumberri el narcotraficante Alberto Sicilia Falcón. Aunque fue capturado a los pocos días, su escape fue el último gran escándalo del viejo penal, y puso en evidencia un secreto a voces: en Lecumberri todo se podía conseguir mediante dinero. Todo el sistema corría aceitado con pesos, pocos o muchos, bajo el viejo principio de que “asegún el sapo, es la pedrada”.

Se cobraba por no lavar las letrinas, por la visita de los defensores, por la visita familiar y la conyugal. Las celdas, en mejor o peor estado, con permiso de tener desde un modesto radio de transistores, hasta televisión a color, se cotizaban de a mil, de a dos mil, de a tres mil pesos, hasta de 15 mil.

De a 5 mil pesos era el pago porque los de nuevo ingreso no hicieran fajina. Los que le entraban a los talleres —imprenta, jabonería, sastrería, mecánica, carpintería, herrería— ganaban unos 25 pesos a la semana, y por cada dos días de trabajo, se ganaban un día menos de condena. Los presos de Lecumberri hicieron, durante décadas, las bancas de hierro forjado de los parques públicos, usando los moldes que tenían el águila del Escudo Nacional de tiempos de don Porfirio.

En esos últimos días, las crujías y las oficinas estaban pintadas de colores fríos: azules, verdes, algún ocre desconcertante. Como ocurría desde hacía décadas, al grito de “¡ya parió la leona!” ingresaban los nuevos reclusos: rateros viejos de edad y de oficio; chavos de greña y camisas estampadas, y algunos, responsables de delitos de más categoría.

Para 1976, ya no existía la crujía “J”, que había aportado al léxico popular del mexicano el calificativo “joto” para referirse a los homosexuales que eran encarcelados. Pero estaban la “I” y la “L”, para quienes cometían fraudes y delitos patrimoniales, la “E” para los culpables de robo y la “D” para los homicidas. A los de nuevo ingreso los mandaban a la “H”, y la “O” Poniente y la “M” alojaban a los activistas y los terroristas. A la “N” mandaban a los castigados dentro del penal. Allí estaban los apandos, esos lugares nefastos, húmedos y malolientes donde nunca entraba la luz del sol.

Lecumberri tenía capilla dedicada a la Virgen de la Merced, redentora de cautivos. Allí rezaban algunos. O buscaban consuelo cuando les pegaba el “carcelazo”, ese rapto depresivo y melancólico que lo mismo había atacado a personajes como el escritor Álvaro Mutis —que en la década anterior se había hecho famoso por dar voz al narrador de la serie televisiva Los Intocables— que a los integrantes del Consejo Nacional de Huelga de 1968 o a homicidas que habían aterrado a la ciudad, como El Pelón Sobera de la Flor.

Cuando García Ramírez recibió el parte final, donde se declaraba vacía la cárcel, existía la expectativa de que en los nuevos reclusorios ya no se escribirían historias aterradoras como la de El Sapo, multihomicida, El Chalequero, asesino serial del porfiriato; de persecución política como David Alfaro Siqueiros, Demetrio Vallejo o José Revueltas. Como las de Lecumberri, no, ciertamente. Pero algunas de las que se han ido construyendo en las prisiones posteriores, resultaron aún peores.

EPÍLOGO. Se dijo que, si hubiera sido por Luis Echeverría, Lecumberri habría sido demolida. También se supo que un grupo de intelectuales se reunió con él y lo convenció de que la construcción tenía un valor histórico y arquitectónico. Aún tomaría 6 años concretar la adaptación que convirtió a la antigua penitenciaría en la sede del Archivo General de la Nación.

En el gremio de los ingenieros rueda una anécdota: a poco del cierre del penal, llegaron los responsables de la remodelación, para encontrarse con que la construcción estaba infestada de ratas que llenaban patios, celdas y pasillos. Algunos de aquellos ingenieros y arquitectos emprendieron en las colonias aledañas una campaña de reclutamiento de gatos. La estrategia parecía muy sencilla: reunir muchos felinos, y soltarlos en la cárcel para que hicieran lo que correspondía a su vocación depredadora.

Cuando los remodeladores volvieron, una semana después, se encontraron con que su proyecto había fracasado: los mininos estaban trepados en los bordes de los muros, mientras la legión de ratas, agresivas y hambrientas, los acechaban abajo, esperando que alguno cayera por cansancio o por inanición. En esa violencia, en esa furia, estaba el último eco de la cárcel de Lecumberri.

CON UN “AUTOVIUDAZO” INICIÓ LA DÉCADA: LA MUERTE DEL PERIODISTA CARLOS DENEGRI. 

En el primer día de 1970, el escándalo despertó a los que habían pasado plácidamente la Nochevieja. Un notorio periodista, Carlos Denegri, temido por muchos, había muerto en su hogar. Tenía un balazo en la cabeza, aparentemente disparado por su esposa, Herlinda Mendoza Rojo, quien, desde hacía año y medio era conocida por Linda Denegri.

Los periódicos vespertinos eran, en aquellos días, los vehículos ideales de los capitalinos para tres cosas: ver la cartelera de los cines, las variedades en los cabarets y centros nocturnos, y leer el escándalo policiaco del momento. Era primero de enero y ya tenían materia prima para la nota principal. No eran aún los tiempos de la expansión del feminismo en México, de manera que Linda fue juzgada y condenada sin atenuantes que, en un pasado más reciente, habrían generado debates importantes y, acaso, una valoración diferente.

Porque la muerte de Denegri, uno de los grandes reporteros de mediados del siglo XX, corresponsal mexicano en la Europa de fines de la segunda guerra mundial, pionero de los noticieros televisivos y muy leído columnista, solamente hizo público algo que mucha gente sabía: que su esposa, la tercera, 24 años más joven, vivía una larga cadena de maltratos y agresiones y que llevaba meses intentando, infructuosamente, separarse de aquel hombre que, más que cortejarla, la había perseguido y presionado para convencerla de casarse con ella.

Las historias de los viejos periodistas del siglo XX hablan de un Carlos Denegri gran narrador, director de la publicación ya desaparecida Revista de Revistas y colaborador de Life. Amigo, por lo menos cercano a los hombres del poder político y económico, parecía que no había barreras a sus deseos y a sus caprichos. Y sí, se hablaba abiertamente de tráfico de influencias, cuando no de corrupción. Combinaba triunfos periodísticos como sus entrevistas a Martin Luther King, John F. Kennedy, Francisco Franco, Golda Meir y muchos más, con un mundo mucho menos luminoso, donde los secretos personales, los negocios turbios y los errores del pasado, se convertían en mercancía que le redituaba buenos beneficios, fuera por explotarlos publicándolos o por conservarlos en las sombras, para alivio de sus propietarios.

En la cárcel, Linda Denegri se atrevió a contar su historia: intentaba escapar de su esposo, que, alcoholizado, se volvía sumamente violento. Aseguró que pretendía ocultar la pistola que Denegri tenía en un cajón, para evitar que la atacara a ella o a sus hijos. El periodista la interceptó. Forcejearon. Ella escuchó una detonación y vio a su esposo caer al suelo. Cuando llegó la policía, ella permanecía en estado de shock. Esa condición, que duró horas, la puso a merced de un abogado que, además de cobrarle muchísimo, nunca logró el menor beneficio de la ley.

Ataques con sables, con pistolas, golpes e insultos, alternados con ruegos, obsequios y etapas de dulzura profunda, compusieron la vida de Herlinda Mendoza junto al periodista Denegri. En el siglo XXI se habría discutido el terrible caso de violencia familiar, acaso de intentos de feminicidio como parte de la historia. Pero hace 49 años, Linda no encontró sino la complicidad para con Denegri por parte de mucha gente, desde directores de prisiones hasta meseros, fuese por amistad, por conveniencia o por temor. Esa complicidad que aún después de muerto el periodista, la mantuvo tras las rejas.

CON UN DOBLE ASESINATO SE TERMINÓ LA HISTORIA CRIMINAL DE LOS 70: EL CASO FLORES ALAVEZ. 

“¡Fue el nieto!”, gritaron los periódicos el 11 de octubre de 1978: cinco días antes, en una casa de Avenida de las Palmas, habían amanecido muertos a machetazos Gilberto Flores Muñoz, exgobernador nayarita y director de la Comisión Nacional Azucarera, y su esposa, la escritora Asunción Izquierdo. El doble homicidio también se convirtió en un escándalo nacional.

Las autoridades, casi de inmediato, afirmaron que el nieto consentido de Asunción Izquierdo, Gilberto Flores Alavez, de 22 años, había caído en contradicciones al narrar los hechos. Nadie en la casa de las víctimas, nietos y servidumbre, se habían enterado de lo que ocurrió en las habitaciones de los abuelos. La clase política exigió la resolución del caso, y se mostró en desacuerdo con las hipótesis policiacas que comenzaban a apuntar hacia el muchacho Flores Alavez. Llovían ataques contra el capitán de la Policía Judicial del Distrito Federal, Jesús Miyazawa.

Fueron 11 las personas detenidas y a quienes tomaron declaración. El cerco se fue cerrando, y finalmente, Gilberto confesó que él era el autor del crimen, “por una enfermedad mental”. Recibió una condena de 28 años de prisión, y, en su momento, se aseguró que el móvil tenía que ver con regaños y disgustos entre los abuelos y el nieto, y la herencia que recibiría cuando ellos muriesen.

De aquellos días data un cartón de Rogelio Naranjo, que hablaba del “horroroso nieto que horrorizó a la horrorosa sociedad”. En esos días, cuando se hablaba “del nieto” a nadie le quedaba duda de que se refería al presunto homicida del matrimonio Flores Izquierdo.

Pero el padre de Gilberto, el médico Gilberto Flores Izquierdo, junto con un equipo de abogados, trabajaron sin descanso para liberar al muchacho, argumentando que se habían manipulado las pruebas forenses para inculparlo. El muchacho, gracias a ese trabajo, fue liberado a principios de los años 90. En 2009, aseguró a la prensa que sus abuelos habían sido asesinados con el conocimiento del entonces presidente José López Portillo, porque Flores Muñoz tenía pruebas de la corrupción de la industria azucarera. Pero en ese lejano 1978, la historia de aquellos ancianos asesinados, vinculados con el más alto poder político, llenó planas y planas de la nota roja más sensacionalista de aquellos tiempos.

Fuente.-

ABOGADO de la "CHAPODIPUTADA" PIDE CONSIDEREN el CAPO la SECUESTRO y la HIZO su AMANTE...la justicia "gringa" a unos les da poco por mucho y a otros mucho por poco.



Un abogado de la amante de Joaquín "El Chapo" Guzmán, quien fue secuestrada, insistió a los jueces que fueran indulgentes con la mujer de 29 años quien enfrenta cadena perpetua.

TE RECOMENDAMOS:


Aunque la esposa del capo, Emma Coronel Aispuro, de 29 años, no ha sido acusada de ningún delito e incluso está considerando regresar a México luego del juicio de su esposo en Nueva York, Lucero Guadalupe Sánchez, de la misma edad, pasará el resto de su vida tras las rejas.

La ex diputada fue secuestrada por orden de Joaquín "El Chapo" Guzmán después de haberla visto en una revistamientras él estaba huyendo y la obligó a convertirse en su amante, según expusieron los abogados.

Ahora Lucero Guadalupe Sánchez se enfrenta a cadena perpetua por haber sido declarada culpable de estar involucrada en su operación masiva de drogas.

La abogada de Sánchez, Heather Shaner, le dijo a The Times: "Mientras [Guzmán] estaba escondido, miraba fotografías de reinas de belleza en revistas y luego enviaba a sus secuaces para que las secuestraran y lo apoyaran para que pudiera seguir adelante con su trabajo sucio".

Shaner refirió que a Sánchez le habían lavado el cerebro después de haber sido secuestrada por la pandilla, y a su vez, su colega, Carmen Hernández, dijo que esperaba que el juez considerara la educación de su cliente y su secuestro cuando se trate de la sentencia.

Lucero Sánchez fue la diputada más joven de Sinaloa (Foto: Archivo)

Guzmán fue condenado en Nueva York por dirigir una operación internacional de narcotráfico tras un juicio de tres meses, en el que fue citada Sánchez.

Uno de los relatos que dio Lucero Guadalupe Sánchez López afirmó que se encontraba en la cama en una casa segura con Guzmán en el 2014, cuando los infantes de la marina de México comenzaron a derribar su puerta.

Ella dijo que Guzmán la llevó a una trampilla debajo de un baño en el que había un túnel que les permitió escapar; y cuando se le preguntó qué llevaba puesto, ella respondió: "Estaba desnudo. Se fue corriendo. Nos dejó atrás".

En su momento, El Chapo había escapado de la cárcel al esconderse en un recipiente de lavandería el 19 de enero del 2001, cuando salió del Penal de Puente Grande. El capo de la droga fue escoltado por policías a la Ciudad de México antes de retirarse a uno de sus muchos refugios junto a la montaña.

En 2014, consiguió otra fuga de cárcel, escapando a través de un túnel iluminado de una milla de largo en una motocicleta sobre rieles.

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QUE PLANEAN los RUSOS que ANDAN MERODEANDO los CABLES SUBMARINOS de INTERNET en el OCEANO ATLANTICO...misteriosos submarinos en el area.

El mapa de los 420 cables submarinos del sistema actual de comunicación (TeleGeography)


Luego de que el gobierno ruso anunciara sus intenciones de desconectarse temporalmente de internet como ensayo de seguridad ante una eventual guerra cibernética, diferentes medios recordaron los reportes sobre misteriosos submarinos que en los últimos años han merodeado los cables submarinos de la red global.

Al menos desde que las relaciones entre Occidente y Rusia comenzaron a deteriorase en 2014, cuando Moscú anexó la península de Crimea y fue acusado de intervenir en el conflicto separatista en Ucrania, los reportes de submarinos ubicados en puntos estratégicos del sistema de conexión han aumentado y provocado preocupación entre los miembros de la Alianza del Atlántico Norte (OTAN), que en respuesta han reactivado un comando naval utilizado en tiempos de la Guerra Fría.

En especial se habla de los mini submarinos Mir-1 rusos,según recuerda la cadena australiana News, que han sido detectados en diferentes puntos estratégicos donde el corte de los cables podría significar una desconexión entre Europa y Estados Unidos o incluso una caída general de internet.

Un daño al sistema de cabes submarinos podría afectar seriamente o incluso cortar el acceso a internet.

Estos aparatos son transportados por submarinos más grandes y desplegados en el fondo del mar.

Una amenaza creciente

Algunos de los primeros reportes surgieron en 2015 en el períodico The New York Times y en el portal Huffington Post, cuando se habló de un creciente interés de submarinos y buques espía de la marina rusa en los cerca de 400 cables submarinos de internet en todo el mundo y a través de los cuales se realizan transacciones por 10 billones de dólares diarios.

"Las razones tácticas son claras. En caso una escalada de tensiones, el acceso al sistema de cables submarinos representa una fuente rica de inteligencia, la posibilidad de crear enormes problemas en la economía del enemigo y una inflada de pecho simbólica para la marina rusa", señaló en aquel entonces el almirante estadounidense retirado Jim Stavidris al Huffington Post.

Mientras que el portavoz de la marina de Estados Unidos, William Marks, dijo al New York Times que "sería una preocupación escuchar que cualquier país esté manipulado los cables de comunicaciones", aunque declinó ofrecer más detalles sobre "operaciones clasificadas".

En diciembre de 2017 un oficial de las Fuerzas Armadas del Reino Unido advirtió que un ataque en el sistema "afectaría de inmediato y potencialmente en forma catastrófica" a la economía global, reportó News.

A finales de ese mismo año el Washington Post también reportó sobre las actividades rusas cerca de los cables de intenet, recordando que la actividad submarina en general del Kremlin ha llegado recientemente a los niveles más altos desde la Guerra Fría.


"Estamos viendo actividad submarina rusa en los alrededores de los cables submarinos en un nivel que nunca habíamos visto. Rusia está claramente aumentando su interés en la infraestructura submarina de la OTAN y sus aliados", indicó al periódico el almirante Andrew Lennon, comandante de la fuerza de submarinos de la OTAN.

En 2018 los reportes de actividad submarina rusa se multiplicaron y generaron una mayor preocupación entre lo países europeos y la OTAN.

Un minisubmarino ruso Mir 1

También lo hizo en los Estados Unidos, aunque, como reporta The National Enquirer, el país no ha denunciado con ímpetu este fenómeno ya que Washington fue el primero en merodear cables submarinos durante la Guerra Fría. En aquel momento algunas de sus unidades, como el USS Halibut, estaban especializadas en acceder a estos sistemas de conexión para obtener inteligencia.

Tal es el peligro advertido por las potencias occidentales que en 2018 Washington aprobó la construcción de un segundo barco especializado en reparación y tendido de cables, e incluyó a un constructor de mini submarinos en sus sanciones a Rusia, señaló el National Enquirer.

De acuerdo a esta misma publicación, los submarinos rusos responden al Directorio de Investigación Submarina Profunda (GUGI) de la marina, y no se conocen exactamente sus capacidades.

¿Cuál es el daño posible?

Cortar los cables es una tarea relativamente sencilla, pero acceder a ellos buscando información requiere de equipos más sofisticados, especialmente para evitar que el agua de mar no llegue al interior.

El submarino ruso Krasnodar (Ministerio Defensa Rusia)

Pero aún si un país tuviera la voluntad de cercenar el sistema y colapsar internet, tampoco sería fácil. La destrucción de cables, ya sea por cuestiones climáticas, accionar de los peces o errores del hombre es rutinaria: se cree que sólo en el Atlántico se rompen 50 año al año.

Incluso en 2007 un grupo de pescadores cortaron por accidente el principal cable que conecta a Vietnam, dejando al país con un acceso muy limitado a internet por meses.

Por otro lado, Taiwán, que mantiene una larga disputa política e histórica con China, manifestó a comienzos de este año su temor a que Beijing pudiera cortar los cables submarinos para afectar a la isla, según reportó el medio Asia Sentinel.

"La posibilidad de que China dañe o corrompa cables y otra infraestructura que conecta a Taiwán con el mundo no debe ser subestimada por la comunidad internacional", destacó en enero el analista Tzeng Yi-suo del Instituto Nacional de Defensa e Investigación en Seguridad, un think tank estatal en Taipei.

Líderes de los países miembros de la OTAN en una cumbre de 2018. La alianza está preocupada por las actividades submarinas de Rusia (Reuters)

Por causa de los frecuentes daños, el sistema opera con un nivel de redundancia alto, es decir que en cualquier momento la capacidad de los cables y su cantidad es superior a la necesaria, para que el tráfico de información puede ser rápidamente redireccionado en caso de un problema.

El esfuerzo para cortarlo totalmente debería, en consecuencia, ser enorme, aunque existen algunos puntos estratégicos de mayor concentración donde sería más practicable.

Más verosímil, sostiene The National Enquirer, sería el ataque de Rusia a redes específicas, como el cable DoDIN utilizado por del Departamento de Defensa de Estados Unidos o el SOSUS que la OTAN utiliza apara monitorear movimientos de submarinos.

Otro signo del aumento de las tensiones. Un F-22 Raptor de la fuerza aérea de Estados Unidos interceptando a un bombardero ruso Tu-95 que se acercó al espacio aéreo estadounidense

Las tensiones no se limitan a las profundidades del mar.De hecho, los vuelos de reconocimiento de cazas y bombarderos rusos en las fronteras entre Rusia y la OTAN vienen también en alza, así como también la actividad de la flota de superficie rusa.

Un red vital para la comunicaciones del mundo, pero no la única

Los primeros cables submarinos de comunicación fueron tendidos en 1851 y desde entonces la red global no ha parado de crecer en tamaño y tecnología, conectando a todo el planeta de forma casi instantánea.

En la actualidad hay unos 420 cables que cubren un total de 1.100.000 kilómetros de distancia, de acuerdo al sitio especializado TeleGeography. Convive como una alternativa más barata al sistema de comunicación satelital que seguiría en pie en caso de un colapso del primero.

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LA "SANTA IMPUNIDAD" de la JUSTICIA VATICANA EXPULSA a CARDENAL por "SEXOSO" pero NO lo MANDA al "BOTE"...que dios los perdone aunque si saben lo que hacen.

El papa Francisco devolvió al estado laico al excardenal estadounidense Theodore McCarrick, de 88 años, acusado de abusos sexuales contra al menos un adolescente hace casi medio siglo, una primicia en la historia de la Iglesia católica.

SE CUENTAN POR CIENTOS:

El papa argentino declaró definitiva una sentencia en este sentido de la Congregación para la Doctrina de la Fe, institución del Vaticano que vela por el respeto del dogma católico, precisó el sábado un comunicado de la Santa Sede.
El excardenal fue hallado culpable de haber "infringido el sexto mandamiento (que prohíbe el adulterio) con menores y adultos, con la circunstancia agravante del abuso de poder", según este texto.
Este castigo, sin apelación posible y por lo tanto definitivo, tiene lugar días antes de una reunión crucial, con los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo en el Vaticano, donde del 21 al 24 de febrero abordarán la responsabilidad de los prelados que mantuvieron silenciadas las agresiones sexuales a menores perpetradas por el clero.
El papa ha mandado con esta medida "una señal clara" sobre la tolerancia cero ante los abusos en el seno de la Iglesia, reaccionó este sábado el presidente de la conferencia episcopal estadounidense.
Ningún obispo, por muy influyente que sea, está por encima de la ley de la Iglesia.Cardenal Daniel DiNardo, arzobispo de Galveston-Houston
Los grandes escándalos que salieron a la luz en Estados UnidosChile o Alemania empañaron la credibilidad de la Iglesia católica.
Al excardenal emérito de Washington ya se le prohibió en julio ejercer su ministerio y luego renunció a su título honorífico de purpurado. Con su exclusión oficial de la Iglesia, el hombre, recluido actualmente en el Estado de Kansas, en Estados Unidos, se convierte simplemente en Theodore McCarrick.
La Santa Sede pidió en septiembre de 2017 una investigación al arzobispado de Nueva York, tras el testimonio de un hombre que acusaba al prelado de haber abusado sexualmente de él en los años 70.

"Indicios graves"

Ante los "indicios graves" revelados en la investigación, el papa depuso a finales de julio a monseñor McCarrick de su título de cardenal.
Este caso sacudió la jerarquía de la Iglesia católica estadounidenses, poco antes de la publicación de un informe demoledor sobre los abusos masivos cometidos en Pensilvania.
En 2015, el papa Francisco aceptó la renuncia de monseñor Keith O'Brien a todos los derechos del cardenalato, tras haber dimitido dos años antes como arzobispo de Edimburgo al ser acusado "de actos inapropiados" con jóvenes sacerdotes. El prelado conservó, sin embargo, su título de cardenal hasta su muerte, en marzo de 2018.
El único caso de abandono del título supremo de cardenal remonta a 1927, cuando el papa Pío XI aceptó la dimisión del cardenal francés Lois Billot, quien renunció por motivos políticos.
Expulsar a un prelado es considerado como el castigo más grave para un eclesiástico, privado de todos sus derechos y prerrogativas de sacerdote, como celebrar misa.
El papa exclaustró en octubre a dos obispos chilenos por agresiones sexuales a menores, justo cuando la Iglesia católica de este país estaba sumida en un escándalo sin precedentes.

JONATHAN NEWTON
El papa Francisco y el cardenal estadounidense Theodore McCarrick en la catedral de San Mateo, en Washington, el 23 de septiembre de 2015.

El cardenal McCarrick, un sacerdote que fue nombrado obispo y arzobispo en la archidiócesis de Nueva York antes de ir a Washington en 2001, era uno de los cardinales estadounidenses con más proyección internacional. Durante mucho tiempo, fue muy influyente para recaudar fondos para la Santa Sede.
Aunque oficialmente estaba jubilado, seguía viajando, sobre todo para defender cuestiones de derechos humanos. Tuvo un papel destacado a la hora de exigir reformas que castigaran severamente a los sacerdotespederastas en Estados Unidos.
McCarrick también era blanco de una acusación incendiaria de un prelado italiano jubilado, el arzobispo Carlo Maria Vigano, quien llegó a pedir la renuncia de Francisco y de otros miembros de la curia por haber ignorado durante cinco años el comportamiento del excardenal, presentado como un notorio predador sexual.
Esta virulenta acusación, basada en pruebas escritas, fue lanzada a finales de agosto, en pleno viaje del pontífice a Irlanda, país cuya Iglesia católica está golpeada por numerosos escándalos de abusos.
El papa prometió entonces una investigación adicional sobre McCarrick en los archivos de los dicasterios (ministerios de la Curia Romana) y en las oficinas de la Santa Sede.
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EL 'CHAPO GUZMAN y la JUSTICIA AJENA" que LLEGO del NORTE...haiga sido como caiga sido.

La justicia para los mexicanos que han sido víctimas del narcotráfico de manera directa o indirecta, casi no llega en este país. La obtienen en el ajeno. 
Especialmente cuando se trata de los capos más notorios de los cárteles de las drogas mexicanos, quienes suelen encontrar en México –entre complicidades e ineficacia de las autoridades- largos procesos que pueden ir dilatando con amparos y que al final lograrán zafarse de algunos, obtener pequeñas condenas en otros, o incluso recuperar la libertad.
Es el caso de Joaquín Guzmán Loera “El Chapo”. Líder criminal que fue del Cártel de Sinaloa y que espera sentencia en los Estados Unidos luego de ser encontrado culpable de diez cargos en una corte de Nueva York y por lo cual le impondrían cadena perpetua.
En México estuvo preso casi doce años. Los primeros nueve de junio de 1993 a enero de 2001 cuando se escapó del penal de Puente Grande, Jalisco; recapturado en febrero de 2014 fue mantenido tras las rejas 17 meses hasta que de nueva cuenta escapó en julio de 2015. Seis meses después fue aprehendido otra vez en enero de 2016, y después de un año en prisión fue extraditado a los Estados Unidos.
Durante esos casi doce años en prisiones mexicanas, a Guzmán Loera se le sentenció únicamente en tres causas penales de más de una docena que se le siguen. En total, por cargos de portación de arma prohibida, asociación delictuosa y cohecho, le dieron 20 años. Pendientes quedaron otros cargos y causas penales.
Las víctimas de Guzmán Loera encontraron la justicia en Estados Unidos.
A saber de acuerdo a las deliberaciones del jurado de Brooklyn, el narcotraficante mexicano fue hallado culpable en diez cargos de los presentados en su contra y en 25 de 27 violaciones a la ley, que incluyen entre otras, participar en una empresa criminal de narcotráfico, conspiración para asesinar, conspiración para fabricar, producir y distribuir cocaína, marihuana y metanfetamina, conspirar para importar cocaína, lo misma para distribuirla, distribución internacional de cocaína, lavado de dinero y uso de armas de fuego.
En tres meses de juicio y 35 horas de deliberación del jurado, en Estados Unidos lograron lo que en México no pudieron o no quisieron en doce años. Procesar a “El Chapo” y sentenciarlos por todos los cargos, delitos contra la salud, delincuencia organizada y asociación delictuosa. Narcotráfico.
En México aparte de la ineficacia del Ministerio Público Federal, y en ocasiones la condescendencia del Poder Judicial en los casos de narcotraficantes, lo que ha imperado es la impunidad. En el juicio que concluyó en Nueva York fue puesta en evidencia esa corrupción. Ex presidentes, Generales, ex secretarios, policías, agentes, soldados, políticos, fueron evidenciados por algunos de los 57 testigos que declararon contra Guzmán Loera, como quienes le protegieron, le concedieron impunidad, y en algunos casos fueron sus cómplices.
Ciertamente en el juicio de Brooklyn no se estaba juzgando al Gobierno de México, pero sí fue evidente por los testimonios, que elementos del Estado Mexicano fueron parte importante en el desarrollo de la carrera criminal de Guzmán Loera y el crecimiento del Cártel de Sinaloa. En ese contexto tres sentencias por cargos de posesión de armas y de pastillas, con un total de 21 años a los que fue condenado “El Chapo” en México, resultan lógicas. No justas, lógicas en un clima de impunidad y corrupción.
Normalmente es así. En un país como México dominado por la corrupción y la impunidad es difícil encontrar justicia. Especialmente cuando la estrategia en los últimos doce años ha sido apostarle al desmembramiento de las cabezas de los cárteles, sin tocar la estructura criminal, las rutas para el trasiego de la droga, los negocios sucios, el lavado de dinero, las cuentas bancarias, la delincuencia organizada. En un contexto así, los cárteles sobrevivirán a la captura de sus liderazgos criminales.
Otros capos cuyos cárteles sobreviven, también han encontrado la prisión en los Estados Unidos. Tres de los hermanos Arellano Félix permanecen, ya procesados, en cárceles norteamericanas. A Benjamín Arellano Félix lo sentenciaron en 2011 a 25 años de prisión y al pago de una multa de 100 millones de dólares. Fue declarado culpable de delitos de conspiración para encabezar una red criminal, por conspirar el tráfico y la distribución de drogas, lavado de dinero entre otros. En México aún no cumple los poco más de 20 años a los que ha sido sentenciado –también tiene causas penales pendientes- pues sólo permaneció en cárceles mexicanas nueve años, entre el 2002 cuando fue capturado y 2011 cuando fue extraditado. La multa en México ni siquiera llegó a los cuatro mil pesos, contra los cien millones que le cargaron en Estados Unidos.
A Francisco Javier Arellano Félix lo detuvieron autoridades de los Estados Unidos en 2006, y a saber oficialmente, en aguas internacionales. Al menor de los hermanos del cártel Arellano Félix le habían dictado la cadena perpetua, pero tras negociaciones su sentencia quedó en 25 años de cárcel y el pago de 50 millones de dólares. En México, este heredero de una de las dinastías mafiosas más violentas de México, ni siquiera contaba con una orden de aprehensión.
Eduardo Arellano Félix solo fue condenado a 15 años de prisión, también en los Estados Unidos, y al pago de 50 millones de dólares. En México y sólo por posesión de arma de fuego, había sido sentenciado a poco menos de ocho años de cárcel.
Otros capos se enfrentaron, después de años de impunidad en México, a la justicia en el país ajeno. Juan García Abrego quien fue líder criminal del cartel del Golfo, fue capturado y entregado a los Estados Unidos, debido a su ciudadanía norteamericana; en 1997 fue sentenciado a once cadenas perpetuas en una Corte de Distrito de Houston, Texas, cuando se le halló culpable de 22 cargos de narcotráfico, organización criminal y lavado de dinero, además fue ordenado a pagar 500 millones de dólares a la autoridad de aquel país.
Osiel Cárdenas Guillén, también ex líder criminal del cártel del Golfo, fue encontrado culpable en 2010 en los Estados Unidos, de narcotráfico. Fue sentenciado a 25 años de prisión más el pago de 50 millones de dólares. Alfredo Beltrán Leyva, del cártel de los Beltrán, fue condenado a cadena perpetua, entre otros cargos por conspirar para distribuir cocaína y metanfetamina de Colombia a los Estados Unidos.
Otros narcos de menor jerarquía en las estructuras criminales de los cárteles de la droga en México han sido sentenciados, como Dámaso López Núñez El Lic, a quien le sentenciaron a cadena perpetua y al pago de 25 millones de dólares, y otros están a la espera en prisiones de los Estados Unidos, como Ismael Zambada Niebla El Mayito, quien fue testigo –al igual que Dámaso- en el juicio contra El Chapo.
El 25 de junio próximo, el Juez encargado del juicio de Joaquín Guzmán Loera dictará su sentencia. Entonces las víctimas habrán encontrado justicia, aun en país ajeno, dado que en el propio impera la corrupción, la impunidad, tanto para narcotraficantes como para quienes desde el Estado, les ayudan en el desarrollo de su vida criminal.

Fuente.-Adela Navarro/