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domingo, 30 de noviembre de 2025

«ESTALLIDOS de DRONES con EXPLOSIVOS,GRANADAS,MINAS y METRALLA NARCA HAN INCENDIADO YA 281 MIL HECTAREAS de BOSQUE en ZONA de TOPONES de CHAPITOS y la MAYIZA»… cuando la guerra estalló, el bosque estaba seco y listo para arder, pero «vamos ganando» dice Harfuch.


Los bosques que unen los estados de Sinaloa, Durango y Chihuahua se transformaron en una zona de guerra invadida por minas terrestres ocultas en las montañas y explosivos artesanales lanzados desde drones y avionetas. La disputa interna del Cártel de Sinaloa no solo alteró la vida de las comunidades y desplazó a miles de familias, también provocó la peor temporada de incendios en los últimos 10 años.

En el primer semestre de 2025, más de 281 mil hectáreas de bosque ardieron en esta región de la Sierra Madre Occidental,una cifra superior a las 124 mil hectáreas registradas en el mismo periodo de 2024, y más de lo que se perdió durante todo ese año, cuando se incendiaron 130 mil hectáreas. 

El daño también rebasa las 170 mil hectáreas afectadas en todo 2023, un año considerado crítico por la sequía histórica que azotó a México. La magnitud del desastre de esta región contrasta con el resto del país, donde los números de dos años atrás aún no han sido superados.

La pelea entre grupos del Cártel de Sinaloa estalló en septiembre de 2024, con la ruptura de las facciones ligadas a los hijos de Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo, e Ismael Zambada García, alias El Mayo. La confrontación inició después de una supuesta traición que habría facilitado la entrega de El Mayo a Estados Unidos. Desde entonces, la violencia ha dejado más de dos mil asesinatos, casi tres mil personas desaparecidas, desplazamientos forzados, pérdidas económicas por el cierre de negocios y caída de empleo en varias regiones del estado.

Habitantes de Sinaloa, Durango y Chihuahua entrevistados aseguran que varios de los incendios del último año comenzaron después de enfrentamientos armados y ataques con drones en lo profundo de los bosques. “Veíamos pasar el dron, luego se escuchaba la bomba, una explosión, y al ratito levantaba el humito y se prendía el bosque”, relata un poblador entrevistado en la zona serrana del sur de Sinaloa, en los límites con Durango.

Sandra Guido, directora de Conselva, Costas y Comunidades, una organización ambiental que trabaja en temas de conservación y desarrollo sustentable que tiene su base en Mazatlán, Sinaloa, explica que el tamaño de la devastación actual es resultado de varias circunstancias que se conjugaron con el contexto de violencia, como sequías prolongadas que dejaron el bosque seco y vulnerable, recortes presupuestales a la Comisión Nacional Forestal (Conafor) y a gobiernos locales, además de la reducción de programas de prevención y reforestación.

“La vegetación es más susceptible que cualquier asunto, llámese un vidrio o cualquier otro tema, te genere incendios con un alcance mucho mayor porque toda la vegetación está degradada”, explica la ambientalista.

Cuando la guerra estalló, el bosque estaba seco y listo para arder.

Sinaloa, pueblos en el abandono

Lupita espera en la cancha de futbol de la primaria de Chirimoyos mientras su esposo recibe atención médica por una úlcera estomacal que le ha provocado vómitos con sangre. Habla en voz baja y recuerda lo ocurrido dos meses atrás, cuando hombres armados retuvieron a su hijo de 15 años durante horas, le revisaron el celular y lo presionaron por información sobre la ubicación de campamentos rivales.

“No le hicieron nada pero se llevó un buen susto. Ahora casi no sale; me ayuda en la milpa. Vamos a sembrar y de regreso”, recuerda.

Es la mañana del sábado 30 de agosto y la escuela primaria de la comunidad funciona como clínica temporal. Las aulas cerraron hace casi un año por la violencia y hoy son consultorios. En la cancha donde antes jugaban los niños ahora hay sillas de plástico para recibir a los habitantes de Chirimoyos, La Petaca y El Cuatantal, tres poblados ubicados en la sierra del sur de Sinaloa, casi en los límites con Durango. Es la primera brigada médica organizada por Periferia Subversiva, un colectivo de Mazatlán que intenta cubrir el vacío dejado por las autoridades.

Los jóvenes se movilizaron a través de redes sociales, reunieron donativos y convocaron a médicos. Durante la jornada atendieron casos de diabetes e hipertensión; encontraron niños sin vacunas actualizadas y un agotamiento emocional marcado por depresión, ansiedad y enfermedades relacionadas con el estrés.

“La gente no se reconoce como víctima, pero todos refieren que están estresados por lo que está sucediendo. Su salud mental está muy afectada”, explica Mariela Reyes, médica rural que forma parte de las organizadoras.

Durante meses, drones sobrevolaron los bosques y lanzaron explosivos que encendieron las montañas. Los enfrentamientos intentaban frenar el avance de grupos enemigos. Los pobladores vieron el fuego avanzar entre los pinos sin que nadie pudiera detenerlo.

“Era bastante lumbre por todos lados y al mismo tiempo. Para donde volteara había incendios”, recuerda María Claudia, una habitante de Chirimoyos que acudió a la brigada por medicamentos para la hipertensión.

Ella misma participó de “lumbrera”, como llaman en el pueblo a quienes combaten los incendios. Uno de esos días de mayo, las llamas estaban por alcanzar las primeras casas de madera en la entrada del poblado. La comunidad entera se movilizó. Mujeres, hombres, jóvenes y niños salieron con picos, palas y rastrillos improvisados para abrir una brecha que frenara el fuego. Trabajaron dos días enteros pero las llamas no cedieron. La lumbre rodeó los cerros que resguardan los tres poblados. Durante semanas, las montañas ardieron sin que los pobladores pudieran hacer más que resistir y esperar.

Chihuahua, el despojo en la Sierra Tarahumara

En los municipios del sur de Chihuahua que colindan con el norte de Sinaloa y Durango, el acoso criminal contra la población indígena de la Sierra Tarahumara se ha recrudecido en el último año por la disputa interna entre tres grupos criminales del Cártel de Sinaloa.

Pobladores y activistas, que pidieron reservar su identidad por seguridad, cuentan que los armados incendiaron bosques como una estrategia para desplazar comunidades y apropiarse de los recursos forestales, especialmente de la madera.

En esta región destacan los incendios forestales ocurridos fuera de temporada. Entre diciembre de 2024 y febrero de 2025, en los municipios serranos de Batopilas, Guachochi, Guadalupe y Calvo, Guazapares, Morelos y Urique se registraron 13 incendios atemporales que arrasaron con unas 600 hectáreas de bosque, una situación que no había ocurrido al menos en la última década.

Uno de estos incendios llegó desde Bacayopa, municipio de Choix, Sinaloa. Durante dos días grupos armados se enfrentaron. Algunos habitantes aseguran que uno de los bandos prendió fuego al bosque para expulsar a los rivales ocultos en la montaña; otros sostienen que el incendio inició tras la quema de vehículos en la carretera. Las versiones coinciden en que el fuego avanzó y cruzó fronteras estatales sin que nadie pudiera controlarlo.

“Los incendios de este año fueron por el crimen. En toda la Sierra Tarahumara se ha metido el crimen para apoderarse del bosque. Utilizaron drones para asustar a la gente que no hiciera ninguna denuncia contra ellos”, relata un poblador de Guachochi.

Los grupos armados han endurecido el control sobre estas comunidades: corrompen a las autoridades ejidales, se apoderan de la industria maderera y despojan a las familias de animales domésticos y alimentos.

Según el líder de una organización indígena de la sierra Tarahumara, la violencia se ha vuelto parte de la vida cotidiana.

“Si encuentran comida que están preparando, hasta eso se llevan; ahora para alimentarse andan pidiendo tortillas, y si no, mandan hacer tortillas a la fuerza. Quien se ponga rebelde es amenazado. Hace unos meses mataron a un indígena porque trató de defenderse del abuso que están cometiendo”, cuenta.

El miedo ha obligado a familias enteras a dormir en el monte para proteger a mujeres y jóvenes ante el riesgo de incursiones nocturnas y reclutamientos forzados, y otras familias han decidido huir a ciudades como Delicias, Chihuahua capital y Cuauhtémoc, que están a más de 400 kilómetros de sus viviendas.

La organización Consultoría Técnica Comunitaria A.C., que acompaña jurídicamente a comunidades indígenas de la Sierra Tarahumara, contabiliza tres desplazamientos masivos en el último año que coinciden con las zonas donde se registró el mayor número de incendios.

Entre septiembre y diciembre de 2024 más de 700 personas abandonaron poblados del municipio de Guadalupe y Calvo, y en junio de 2025 se reportó el éxodo de hasta tres mil habitantes del municipio de Moris.

“Las comunidades quedan en medio de esta violencia, no solo del fuego cruzado, también del acoso para que abandonen el territorio o para que jóvenes y hombres sean reclutados. Muchos huyen para protegerlos”, explica una representante de la organización.

Durango, la guerra desde el aire

A principios de noviembre de 2024, cuando iniciaba la batalla intestina del Cártel de Sinaloa, la sierra de Durango fue uno de los primeros territorios en sentir la crudeza de la violencia. Durante una semana, dos avionetas sobrevolaron los municipios de Tamazula y Santiago Papasquiaro, conocidos por ser refugio de la familia de El Mayo Zambada. Las aeronaves lanzaron bombas que estallaron en las montañas.

“Fue un temor muy feo, vino una avioneta a aventar cuatro bombas. Se estremecieron hasta las casas”, recuerda una vecina de Vascogil, un poblado de Santiago Papasquiaro.

La escalada de violencia se reflejó también en la cantidad de incendios que arrasaron esta zona de Durango. Más del 40% del fuego forestal de 2025 se concentró en los bosques de Tamazula, un extenso municipio que limita con Badiraguato, Culiacán y Cosalá, territorios de Sinaloa.

Pobladores de Santiago Papasquiaro, Durango, captaron el momento en el que una avioneta lanzó varios artefactos explosivos. Uno de ellos dice: «parece que soltó otra».

En mayo de 2025, el gobernador de Durango, Esteban Villegas, reconoció que la cifra histórica de incendios estaba vinculada con la violencia que golpeaba la sierra.

“Lo voy a decir tal cual es: hemos tenido más incendios históricos en la zona de Tamazula, pegada a Sinaloa. Nosotros creemos que son incendios provocados por las estrategias de los mismos grupos. Por eso se nos han disparado este año los incendios forestales y las hectáreas dañadas”, declaró.

El consultor en seguridad, Alexei Chévez Silveti, explica que el empleo de drones, minas terrestres y explosivos artesanales revela la evolución de los grupos criminales y la adopción de tácticas y herramientas de corte militar.

“Lo que estamos viendo hoy en día es el uso de artefactos explosivos que tienen mucho más poder letal y de destrucción que una granada o una bomba artesanal, y esto es una carrera donde el estado mexicano va rezagado”, advierte.

El crimen organizado utiliza drones comerciales y agrícolas, cuyo costo oscila entre los 800 y 30 mil dólares, que en moneda mexicana va de los 15 mil a los 500 mil pesos. Originalmente, los drones le servían al crimen para acciones de vigilancia, pero hoy son adaptados para lanzar explosivos como C4 o Semtex, utilizados en la industria minera.

Mientras los grupos criminales perfeccionan sus herramientas de guerra, la sierra intenta recuperarse. Con la temporada de lluvias el bosque reverdece, pero las marcas de los incendios persisten en los troncos carbonizados y en el ánimo de las comunidades. El conflicto aún no ha terminado.

Con informacion: EL UNIVERSAL+/Investigación: Miriam Ramírez/Fotografía: Valente Rosas/Editor: Silber Meza/Editora de datos: Daniela Guazo/Análisis de datos y visualización: Gilberto Leon/Diseño web: Miguel Ángel Garnica/MONGABAY/Editora: Alexa Vélez/Análisis de datos: Vanessa Romo, Alexa Vélez y James MacCarthy, investigador asociado con Global Forest Watch.

«CASI 3 MILLONES de PESOS»: «CRIMINALES EJECUTAN COREOGRAFIA con PRECISION BOVINA para LEVANTAR 65 TOROS de 45 MIL PESOS en RANCHO de AGUASCALIENTES»…lo mismo levantan cuerpos que reses y silencian voces que mugidos.


En México esta por demas claro que no solo desaparece la gente; también los toros. Sí, esos mismos animales que pesan media tonelada y mugen fuerte, se desvanecieron con la misma discreción que un expediente incómodo

El robo de 65 toros de engorda en un rancho de Tepezalá demostró que la seguridad en Aguascalientes es tan sólida como una reja de papel aluminio. Cuatro hombres armados, un tráiler sin placas y cero revisiones: una coreografía del crimen ejecutada con precisión bovina. Los toros, valuados en 45 mil pesos cada uno, cruzaron todo el estado sin que nadie –ni una patrulla, ni una cámara, ni el sentido común– los notara.

El secretario de Seguridad Pública, Antonio Martínez Romo, explicó con serenidad pastoral que no se pudo detectar “oportunamente” el robo porque, bueno, no sabían que se los habían robado. El aviso llegó seis horas después. Seis. Como si el tiempo en la Secretaría transcurriera al ritmo de una vaca rumiando.

Y claro, los protocolos se van a revisar, las guías de traslado se van a exigir, y las cámaras –esas mismas que no vieron pasar un tráiler entero– seguirán parpadeando ante la nada. No hay marcas en los toros, así que rastrearlos será complicado. Tampoco hay marcas en la vergüenza institucional, así que rastrearla es imposible.

En un país donde desaparece todo, desde humanos hasta ganado, se diría que el crimen ya no distingue especie. Lo mismo levanta cuerpos que reses, lo mismo silencia voces que mugidos. La diferencia es que los toros, al menos, no votan ni protestan contra MORENA que encabeza un gobierno V.SEGUNDO PISO,donde siempre se puede estar peor.

Con informacion: ELNORTE/

«VAMOS AVANZANDO KEMOSABI ?»: «ATAQUE TERRORISTA en BAR de TULA deja 7 MUERTOS y CRIMINALES ESCAPAN SIN RESISTENCIA»…si atacan indiscriminadamente y no encaja en definición de terrorismo,habra que reescribir los diccionarios.


Un ataque armado registrado la madrugada de ayer sábado 29 de noviembre en el bar La Resaka, ubicado sobre la carretera Tula–Refinería, en la comunidad Llano Primera Sección, dejó como saldo preliminar siete personas sin vida.

De acuerdo con los primeros reportes, hombres armados irrumpieron en el establecimiento y dispararon indiscriminadamente contra los asistentes, generando pánico entre quienes se encontraban en el lugar.

Todo esto ocurre, mientras Sinaloa sigue incendiado, Michoacan sitiadores «cuentachiles cuentamuertos» Omar García Harfuch,responsable de la estrategia y con dos agentes de inteligencia desaparecidos en Jalisco a los que no les ha dedicado una letra en algun «tuit», presume AVANCES desde sus redes,que no dibujan la realidad del pais,como grita informe ciudadano en Sinaloa.

«En estos 13 meses de la administración de la Presidenta @Claudiashein ha habido avances significativos en materia de seguridad, las detenciones, los aseguramientos, el incremento de las operaciones en coordinación con las entidades federativas para detener a generadores de violencia, sumado a los otros ejes de la Estrategia Nacional de Seguridad, se ven reflejados en la reducción del 37% de los homicidios dolosos, falta mucho por hacer, pero es importante que la ciudadanía sepa que vamos avanzando.»…OGH/

Pero esto de TULA no fue un simple ataque: fue una masacre sin disfraz, un acto de terror con todas sus letras. Una noche cualquiera, un bar convertido en trinchera improvisada, y de pronto la metralla decide quién vive y quién no. Los disparos llovieron sin aviso, la gente cayó sin entender de dónde venía el infierno, y los responsables se largaron como si estuvieran rodando su propio videoclip del narco, sin un solo obstáculo en el camino.

Muertos y heridos quedaron regados en el suelo, víctimas de una violencia que México ya parece digerir con el café de la mañana. Pero, ¿hasta cuándo seguimos llamando “ataques armados” a lo que claramente son actos terroristas? Porque si un grupo con poder de fuego, organización y dominio del miedo no encaja en la definición de terrorismo, entonces habría que reescribir los diccionarios.

Estados Unidos ya catalogó a varios cárteles mexicanos como organizaciones terroristas. No lo hizo por gusto, sino porque operan con la lógica del terror: sembrar pánico, humillar al Estado y mostrar que en ciertas zonas la autoridad real tiene otro nombre. Lo de Tula es sólo una escena más de esa película sangrienta sin director, en la que la impunidad sigue firmando los créditos finales.

Con informacion: LA SILLA ROTA/

UN «PERRO en la CARPETA»: «FISCALIA de SINALOA INCORPORA NECROPSIA de LOMITO EJECUTADO con su AMO en MEDIO de MULTITUD de SOLDADOS que PATRULLAN pero NO ESTORBAN»…mas de 2,400 muertos y rumbo a los 3,000 levantados.


La Fiscalía General del Estado de Sinaloa ,convertida en una vulgar «cuentamuertos» bajo el gobierno MORENO-NARCO-SOLAPADO de Ruben Rocha Moya, realizó eyer viernes el primer levantamiento y la primera necropsia oficial del cuerpo de un perro en un hecho vinculado a una ejecución en la sindicatura de Aguaruto,en Culiacán y de un total de mas de 2,400 perpetradas, de acuerdo con NOROESTE.

Este, sería el primer caso tras más 14 meses de guerra interna del Cártel de Sinaloa en que se integra a un animal a la carpeta de investigación por homicidio doloso, debido a que fue víctima directa del hecho.

La necropsia oficial al perro ejecutado junto a su dueño en Aguaruto es el dato más obsceno y revelador de esta nueva masacre en la capital nacional de los homicidios impunes: por primera vez el expediente reconoce al animal como víctima directa del mismo ataque en que un jornalero fue acribillado a plena luz del día.

Lo atípico: un perro en la carpeta

La Fiscalía de Sinaloa levantó el cuerpo del perro y le practicó necropsia como parte de una investigación por homicidio doloso, algo inédito tras más de 14 meses de guerra interna del Cártel de Sinaloa. El animal murió en la misma escena que su dueño, en calles de Aguaruto, presuntamente al intentar defenderlo cuando los sicarios abrieron fuego.

En la escena quedaron el jornalero y su mascota tirados en el pavimento, mientras el procedimiento se realizaba rodeado de militares y corporaciones que ya son parte del paisaje, pero no del freno a los asesinatos. La presencia de colectivos animalistas y rescatistas, invitados a supervisar el manejo del cuerpo, subraya lo excepcional del caso en un sistema acostumbrado a archivar personas, no perros.

Sadismo y mensaje del cártel

El hecho de que los disparos alcancen y ejecuten también al perro encaja con el patrón de sadismo y dominio territorial del cártel que sigue matando sin disimulo, incluso frente a la multitud de soldados que patrullan pero no estorban. No se trata solo de “daño colateral”: la inclusión del animal como víctima revela una escena donde la violencia se ensaña con todo lo vivo que rodea al objetivo.

En otras balaceras recientes en Sinaloa se han documentado perros baleados, mutilados o heridos por explosivos en Mazatlán, Villa Juárez y colonias de Culiacán, como Máster, un mestizo lesionado por un artefacto improvisado, y Esperanza, una perra que terminó paralizada y murió semanas después. Ese rastro de cuerpos animales en las escenas de crimen funciona como firma macabra de una guerra que no reconoce límites ni siquiera en la frontera simbólica que antes dejaba fuera a las mascotas.

Culiacán, matadero con soldados

Mientras la autoridad celebra la “primera necropsia oficial a un perro”, la ciudad sigue acumulando muertos humanos sin verdad ni justicia, consolidando su reputación de laboratorio nacional de la impunidad. El contraste es brutal: se protocoliza por primera vez el cuerpo de un animal, pero el mensaje de fondo es que los grupos armados se sienten tan intocables que pueden seguir ejecutando civiles y hasta sus perros entre convoyes militares.

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Las organizaciones Balto y Togo y otras rescatistas hablan ya de los perros como “las otras víctimas” de la crisis de violencia, una categoría que desnuda al Estado que ni siquiera logra proteger a las primeras. En esa Culiacán sitiada, la necropsia del perro no humaniza al sistema, más bien exhibe al cártel como lo que es: un poder que mata en serie, ante todos, y ahora deja hasta huellas periciales sobre el sadismo con que aprieta el gatillo.

Con informacion: NOROESTE/

«ENCUENTRAN en TAMBO JOVEN DESAPARECIDA en URUAPAN AUN y con MILES de SOLDADOS SELLANDO MICHOACAN»…no es la primera vez que choca el costo con el beneficio.


Maritza Espino Ponce, reportada como desaparecida en Uruapan desde el 24 de noviembre, fue localizada sin vida dentro de un tambo que flotaba en el río Santa Bárbara, y la Fiscalía mantiene abierta la investigación para determinar cómo la asesinaron y quién la tiró ahí. El crimen ocurre justo cuando el gobierno federal presume que “selló” Michoacán con miles de militares y Guardia Nacional desplegados bajo el llamado Plan Michoacán / Plan Paricutín.

Actualización del caso

La joven de 28 años fue hallada la tarde de ayer sábado dentro de un tambo de plástico azul, que flotaba en un canal de desechos del río Santa Bárbara, a la altura de la colonia 18 de Marzo, en la zona oriente de Uruapan. Vecinos detectaron el contenedor, llamaron al 911 y personal de Protección Civil y Bomberos municipales ayudó a asegurar la zona y recuperar el cuerpo para su traslado al Semefo, donde familiares la identificaron como Maritza Espino Ponce.

De acuerdo con reportes preliminares, la víctima tenía entre 25 y 30 años, y la Fiscalía General del Estado abrió carpeta de investigación por homicidio, sin descartar feminicidio, a la espera de dictámenes periciales para establecer causa de muerte y si fue asesinada en otro sitio y luego arrojada al río. Hasta ahora no hay personas detenidas ni se ha informado de una línea de investigación clara sobre responsables o contexto del crimen.

El “Michoacán blindado” de utilería

Mientras el cuerpo de Maritza flotaba en un tambo de plástico, el gobierno federal sigue vendiendo la idea de un Michoacán “sellado” con más de 10 mil elementos del Ejército, Fuerza Aérea, Guardia Nacional y Marina, enviados bajo el Plan Michoacán por la Paz y la Justicia y la operación “Paricutín”.El despliegue incluye casi 2 mil efectivos adicionales, helicópteros, drones y toda la parafernalia castrense que luce muy bien en conferencia de prensa y en videos de arribo de tropas, pero que en la orilla de un río lleno de basura no impidió que una mujer terminara asesinada y embolsada en un tambo.

Ahí está la postal: miles de soldados, convoyes, discursos de “prioridad nacional” y “recuperar la tranquilidad”, al mismo tiempo que a una joven reportada como desaparecida la encuentran en un canal de desechos, como si fuera parte de la basura que las autoridades sí dejan correr río abajo. El mensaje para las mujeres de Uruapan es brutal: aunque te busquen en fichas oficiales, tu cuerpo puede acabar flotando a plena luz del día sin que ni todo el aparatoso “blindaje” sirva para algo más que para la foto.

El crimen organizado sigue dominado las laderas, los ríos y las rutas, pero el gobierno se obsesiona con dominar la narrativa: conferencia en Palacio, cifras redondas de efectivos, promesa de “contener homicidios”, y al final la que aparece contenida es una mujer en un bote de plástico que ni siquiera mereció una explicación pública decente.

En el Michoacán del “plan por la paz”, las mujeres siguen desapareciendo y reapareciendo en tambos, y lo único realmente sellado parece ser la boca de quienes deberían explicar por qué con todo y miles de soldados no pudieron evitar que Maritza terminara así.

Con informacion: ELNORTE/

sábado, 29 de noviembre de 2025

«TERRIBLE SEGUNDO PISO»: «DESAPARECEN 4 CHOFERES de TRÁILERS en OAXACA ORIGINARIOS de REYNOSA que SALIERON de TAMAULIPAS»…se los trago la ruta en medio de la estrategia extraviada.


Desaparecer en México ya es estadística de rutina: 133 mil 622 personas borradas del mapa, 13 mil 592 sólo en Tamaulipas, como si todo un municipio se hubiera caído por el socavón del “segundo piso” de la 4T. Mientras presumen que ahora sí hay “registro sólido” y que las desapariciones se “contienen”, el tablero oficial sigue pintado de rojo.

Tamaulipas,bajo el Gobierno de Morena y Americo Villarreal se mantiene en el podio nacional de horror, aunque ahora la desaparición ocurrió en Oaxaca.

Cuatro traileros tragados por la ruta

En ese país donde la gente se esfuma por miles, cuatro chóferes de tráiler se perdieron sin rastro en Matías Romero, Oaxaca, muy cerca de instalaciones de Pemex, el 20 de noviembre.

La Comisión Estatal de Búsqueda de Oaxaca emitió fichas para Andrés Eloy Ramos Ceja, Aldher Francisco Moreno Hernández, Juan José Pérez Hernández y Fernando Castro Morales, todos originarios o provenientes de Tamaulipas, pero las autoridades sólo atinan a decir que “la investigación sigue en curso”. 

Carreteras: saqueadas y sin ley

El día que los transportistas bloquearon el país para exigir seguridad, su propio gremio calculó hasta 70 robos diarios de unidades y mercancía, es decir, una industria del asalto funcionando en horario corrido. 

La Coparmex lleva meses advirtiendo que sin rutas seguras no hay inversión ni abasto, pero el mensaje parece chocar contra un muro de concreto burocrático: la economía se frena mientras las bandas avanzan con luz verde. 

Tamaulipas, fábrica de ausentes

De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas, Tamaulipas ya rebasó las 13 mil 592 personas desaparecidas o no localizadas, y se disputa los primeros lugares con Jalisco y Estado de México como si fuera un ranking deportivo. Colectivos de familias acusan que, pese a estas cifras, las autoridades minimizan la crisis y prefieren inflar el discurso de “más localizados que desaparecidos” mientras los buscadores rascan brechas y brechas en vez de recibir justicia.

Segundo piso, mismas fosas

Entre 2022 y 2025 el número total de desaparecidos ha seguido creciendo, con aumentos anuales que confirman que la supuesta “pacificación” es puro eslogan: 2024 y 2025 concentran ya más de 66 mil reportes en apenas dos años. Cambia el inquilino del Palacio, se estrenan pisos, slogans y colores de moda, pero la constante es la misma: las carreteras siguen siendo lotería rusa, el Registro Nacional de Personas Desaparecidas No Localizadas (RNPDNLO)suma y suma nombres, y las familias sólo pueden preguntarse quién será la próxima estadística que se pierda en este país donde desaparecer se volvió parte del paisaje.

Con informacion: RNPDNLOELNORTE/

«ENTREGAR o MORIR en el INTENTO»: «VAQUEROS del NARCO en LANCHAS NO TAN RAPIDAS como los MISILES YA SABEN que EE.UU NO TOMA PRISIONEROS»…tres indiscretos hablaron con The Wall Street Journal.


Se consideran los vaqueros del narcotráfico, tripulaciones altamente experimentadas que transportan narcóticos en pequeñas embarcaciones por mar abierto, impulsadas por una combinación de bravuconería, habilidad y el sueño de una gran ganancia, destacó The Wall Street Journal.

El diario dijo que ahora, designados como terroristas por la administración Trump, enfrentan no solo los peligros de un mar caprichoso, sino también el nuevo peligro de ser barridos por las fuerzas armadas estadounidenses. El lema no oficial del negocio -«entregar o morir»- nunca ha sido tan cierto.

Tres hombres que han tripulado estas embarcaciones, conocidas como «go fasts», hablaron con The Wall Street Journal, describiendo una parte antes poco conocida pero esencial del narcotráfico que ahora está en la mira del Presidente Trump.

Transportan cargamentos de droga con un valor de hasta 70 millones de dólares en las embarcaciones de 12 metros de eslora, a menudo construidas con fibra de vidrio y propulsadas por motores fuera de borda de gran tamaño. Estas embarcaciones son los caballos de batalla de los narcotraficantes a lo largo de 3 mil 200 kilómetros de costa colombiana, y cientos de kilómetros más en Ecuador y Venezuela.

«Estas personas son expertos en el mar», dijo un fiscal colombiano que ha juzgado a tripulantes de embarcaciones que transportan drogas.

«Tienen que conocerlo a la perfección», indicó el fiscal. «Necesitan entender cómo se mueven las olas, cómo mover una embarcación a través de ellas».

Las tripulaciones suelen estar compuestas por tres o cuatro hombres: un piloto, el más experimentado y mejor pagado; un mecánico que soluciona problemas y mantiene llenos los tanques de combustible de la embarcación; un fiador de confianza del comprador y el vendedor; y, a veces, un navegante que guía el camino.

Un piloto colombiano que navega por el Caribe dijo que las tripulaciones buscan cualquier ventaja, desde navegar de noche o con mal tiempo, hasta en tormentas cuando las lanchas patrulleras del gobierno colombiano podrían permanecer en puerto.

«El océano es muy grande, muy grande», dijo el piloto. «Estas organizaciones de narcotráfico viven del tráfico. Seguirán haciéndolo. Esto no termina. Esto continuará incluso si Estados Unidos continúa con sus bombardeos».

Las rutas de contrabando se planifican con semanas de antelación, según la Armada colombiana, y la cocaína a menudo se dirige al norte por etapas.

Algunas tripulaciones recorren toda la ruta ellas mismas, desde Colombia hasta Honduras o incluso México, 24 horas o más, dependiendo del tamaño de la carga, la potencia de los motores y las condiciones meteorológicas. Con la velocidad como prioridad, no se detienen por nada; incluso las paradas para ir al baño se gestionan mientras el barco avanza a toda velocidad.

En otra estrategia, las tripulaciones arrojan paquetes de cocaína bien envueltos al agua, marcados con boyas de colores brillantes o balizas GPS ocultas, para que otra tripulación pueda recuperarlos.

Otra estrategia consiste en reunirse en un punto fijo en mar abierto, donde los contrabandistas utilizan la geolocalización para encontrarse. La cocaína se pasa de una embarcación a otra, que navega hacia el norte.

Un tripulante de un narcotraficante que opera en el océano Pacífico describió un encuentro similar en agosto.

En una entrevista en Cali, este colombiano de 29 años recordó cómo comenzó la operación con la lancha rápida saliendo disparada de un manglar, con dos motores de 250 caballos de fuerza rugiendo mientras el piloto a su lado aceleraba la embarcación bajo un cielo nocturno. El piloto mantuvo el acelerador a fondo, sin disminuir la velocidad mientras la embarcación se alejaba a toda velocidad de la costa, mucho más allá de las ensenadas donde se cargaba la droga, sobrepasando el límite territorial de Colombia y adentrándose en aguas internacionales.

El tripulante, cuya función era mantener el combustible fluyendo hacia los motores, dijo que oteaba el horizonte en busca de patrullas de la Armada colombiana mientras la embarcación se estrellaba contra el agua, mientras el piloto aceleraba en una ráfaga violenta que ponía nerviosa a la tripulación.

«Viajar tan rápido no es fácil. Intenté no prestar atención», dijo. «Y las olas eran enormes».

Doce horas después, la embarcación permaneció inactiva, aunque brevemente, hasta que apareció lo que las autoridades antidrogas llaman un «narcosubmarino» y se detuvo a su lado. Los tres tripulantes transfirieron entonces media tonelada de cocaína, con un valor de 12 millones de dólares en la calle, al semisumergible. Rozando la línea de flotación, la nueva embarcación y su tripulación se dirigieron a México, el siguiente paso antes de llegar al mercado estadounidense de cocaína.

El hombre dijo que ganó unos 10 mil dólares, un buen sueldo en Colombia, pero muy por debajo de lo que ganan los pilotos. Añadió que era poco probable que volviera a ver a esos tripulantes.

El Journal indicó que los tripulantes son un eslabón en una cadena de producción y suministro que incluye a una gran variedad de trabajadores, desde agricultores de cultivos de drogas hasta trabajadores de laboratorios de cocaína, desde ejecutores hasta intermediarios, una red de subcontratistas pagados por carga. No es un sistema jerárquico.

Fuente.-ELNORTE/ THE WALL STREET JOURNAL/