El parte de guerra oficial de 2025 dice que México “está más en paz” porque bajaron los homicidios, pero el país huele más a fosa, a extorsión y a territorio administrado por cárteles que a Estado de derecho.
Parte de guerra maquillado
- El gobierno presume una reducción cercana al 40% en homicidios: de un promedio diario de 86.9 en septiembre de 2024 a 54.5 en octubre de 2025, como si la sangre cotizara a la baja en la mañanera.
- Mientras celebran la gráfica, el año cierra con casi 14 mil personas que siguen desaparecidas y 33 mil 814 denuncias por desaparición hasta el 26 de diciembre de 2025.
País de desaparecidos, no de muertos
- Las denuncias se parecen a las de 2024, pero las personas que siguen desaparecidas aumentaron casi 11%, porque la desaparición ya es una estrategia: borra el cuerpo, desaparece el delito y condena de por vida a las familias.
- Hasta buscar se volvió deporte de alto riesgo: desde 2014 han asesinado al menos a 16 personas buscadoras, 11 de ellas madres, por atreverse a hacer el trabajo que el Estado abandona.
Territorios administrados por el narco
- Jalisco ofrece la postal perfecta del horror normalizado: el rancho Izaguirre como sitio de desaparición, exterminio y posible adiestramiento criminal, y fosas cerca del estadio Akron, al lado de donde se jugará el Mundial, para que el turismo tenga su “experiencia inmersiva”.
- En Culiacán, la guerra interna entre mayitos y chapitos convierte la ciudad en un tablero donde la vida cotidiana depende de disputas que nadie controla: balaceras, bloqueos, hospitales atacados y escuelas llenas de niños con ansiedad como parte del paisaje.
Economía narca y política desechable
- En Uruapan la ley es simple: emprender significa pagar cuota, cerrar o huir; la extorsión es sistema de control territorial, no excepción.
- El asesinato del alcalde Carlos Manzo, tras pedir ayuda hasta diez veces al gobierno, y el homicidio del líder limonero Leonardo Bravo dejan claro el mensaje: ni el poder político ni el motor económico local están fuera del tiro de gracia.
Guerra de laboratorio: drones, minas y agua robada
- En Michoacán, el crimen ya juega guerra moderna: drones con explosivos, minas antipersona y coches bomba; al menos 26 eventos de violencia explosiva en la región de Apatzingán desde 2022 dejaron 33 personas muertas y 46 lesionadas, incluido un niño de dos años.
- Diez víctimas de minas explosivas hasta mayo, una cada 14 días, y comunidades enteras desplazadas porque sus pueblos se volvieron campos minados en disputa por tierra y aire.
El narco 4.0 y el huachicol de agua
- El reclutamiento ya no es en la esquina sino en TikTok, videojuegos y mensajería: adolescentes enganchados por algoritmos, precariedad y ausencia del Estado, y un aumento notable de desapariciones como costo colateral.
- Y cuando parecía que ya se había saqueado todo, llega el huachicol de agua: redes criminales, algunas ligadas a cárteles, toman pozos, acueductos y sistemas de distribución en zonas con sequía, y revenden el agua bajo esquemas de extorsión, con autoridades coludidas mirando hacia otro lado.
Estado mínimo, crimen máximo
- El mapa de la violencia ya no se dibuja solo con homicidios y balaceras, sino con pueblos desplazados, ciudades sitiadas, economías completas bajo extorsión y un recurso vital como el agua administrado por grupos armados.
- En este parte de guerra, el Estado presume número bonito mientras el crimen organiza, administra y castiga; la verdadera normalización no está en las cifras, sino en que el país se acostumbre a vivir en una guerra que oficialmente, claro, va “a la baja”.
Con informacion: ANIMAL POLITICO/











